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elmessi

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Todo lo publicado por elmessi

  1. Si te has de quedar con alguno yo optaría por el Bernina, es de largo el mas espectacular, y creo q es más barato que el Glaciar. En cualkier vcaso yo estuve con el swisspass, no con interrail, asi q ni idea de cuanto te costaria (a mi el glaciar fueron 20 y el bernina 11). La ventaja del Glaciar express es q independientemente de lo bonito que sea es un medio de transporte eficaz para conectar Zermatt (lo mejor de Suiza) con el este del pais. Eso si, si volviera a Suiza ni en coña pillaba otra vez los trenes panorámicos, la relacion calidad-precio no compensa y hay trenes normales que hacen la misma ruta.
  2. Hombre, no es por rebajar el ego foril, pero tampoco somos tantos como para producir picos de audiencia... Eso si, si mañana logro alterar el ritmo febril vida de parado (o sea, despertarme antes de las 4 de la tarde) te veré un ratillo hasta que mi frustración por ignorante pueda conmigo.
  3. Feliç aniversari!! (toma ya, en catalufo!!) , no te pases con los shais para celebrarlo, ten cabeza...
  4. Gracias xavalotes!! Asi me gusta, los novatos rendiendo pleitesía a los más veteranos (por mucho que me prodigue mu poco en el foro en los últimos tiempos). P.D. Fdo, el día q aparezcas en una quedada te dejo de considerar novato, hasta entonces no me vale que lleves incluso mas tiempo q yo.. XDDD Saludetes y Gracias!!
  5. Me alegro por ti, pero oye, te has dejado la parte mas importante e interesante... entonces puedes confirmar que Jordi Hurtado esta vivo y que no es un holograma grabado de antiguos programas, como bien dicen los bulos de internet?
  6. ehhhhh!! Q pasa frikies mios!! cuanto tiempo sin pasar por estos lares, leñe... Silvia y yo nos pasaremos seguro por donde esteis, pero lo de la cena aun no tá claro. Buff, me voy a descansar un poco, q esto de volver a postear me ha resultado agotador. Abrazines!!
  7. No, si lo mas curioso del caso es q tanto Silvia como yo tenemos una visita pendiente al valle de los caídos...
  8. Un año despues? xDDDD A ver, q entiendo q quieras agradar a este nuevo publico q te ha surgido, pero no engañemos al personal, q aun estaran entrando cada dia al foro ilusionados para descubrir un nuevo capitulo de tu epopeya por tan maravillosos lugares (nunca comparables a Islandia,por supuesto )
  9. porque no joas!! yo no he visto ná.... (vale, soy de la periferia pero digo yo q algo me tendria q haber tocao, no?)
  10. Los canales Patagónicos: Puerto Edén Al amanecer tuve la vaga ilusión de vislumbrar un rayo de sol penetrando por el ojo de buey del camarote, pero, obviamente, no eras más que una ilusión debida posiblemente al sueño. La movidita noche anterior había dejado graves secuelas en Andrew “el palas”, que era incapaz de salir de la cama aquejado de un abyecto dolor de cabeza. Lo que si había cambiado y mucho era el paisaje que nos rodeaba. Habíamos empezado a adentrarnos en los auténticos canales patagónicos, y desde cubierta nos veíamos rodeados por doquier de pequeñas islas y montañas nevadas que flanqueaban nuestro paso hacia la Patagonia. Esto ya es otra cosa, leñe. La sensación que tienes mientras atraviesas esos angostos brazos de mar es de andar perdido en el más absoluto culo del mundo, navegando por pequeños islotes nunca hollados por el hombre y que se levantan abruptamente cientos de metros por encima del mar, quedando coronadas sus cumbres con nieves eternas desde las cuales se precipitan cientos de cascadas. Tanto pelearnos y matarnos en Huerquerhue para ver una triste cascada y ahora las teníamos ya cientos ante nuestros ojos y las contemplábamos sentaditos en cubierta. Si es que… Fiordos chilenos La charla matinal prometía un día de lo más cargadito. Estábamos navegando por el Canal Wide, uno de los mas estrechos de todo el trayecto, y a lo largo del día atravesaríamos la angostura inglesa (el paso más estrecho de todo el viaje), avistaríamos un barco carguero abandonado y varado en medio de los fiordos y recalaríamos brevemente en Puerto Edén, un poblado indígena en medio de la nada, donde vivían los últimos descendientes de los legendarios habitantes de los fiordos, los Kawesqar. Con tantas cosas por delante, que hicimos? Pos liarnos a jugar al ajedrez, al conecta 4 y a cartas como posesos. Eso es tener espíritu, joer. Jan y su Nutella, una imagen para la posteridad Cansado ya de vapulear a mis contrincantes salí a tomar un poco el aire a cubierta, dejando a Silvia en un duelo a muerte con el palas al conecta 4, y me encontré de bruces con la más viva imagen que quepa imaginar de un barco fantasma. Ante mis ojos desfilaba el Leónidas, un antiguo barco de traficantes de azúcar, que fue abordado pro la policía y que quedo por los tiempos de los tiempos varado en medio d ela nada, sirviendo de refugio en la actualidad para hordas de leones marinos. Cuando entré de nuevo en la cafetería, nuestro afamado barman me puso al día de la historia del Leónidas y de otras muchas cosas que he decidido olvidar. Tanta información de golpe no me cabe, sorry. En vivo daba hasta miedo Angostura inglesa Un rato después atravesamos una curiosa estatua de una virgen, patrona de los marineros chilenos y ante la cual existe la tradición que hay que hacer sonar la sirena del barco cuando pasas delante de ella. Además, cuando sonó, una multitud de leones marinos salidos de no se donde salieron espantados a zambullirse al mar. La patrona de los marinos chilenos Seguimos navegando como Pedro por nuestra casa hinchándonos a nieve, cascadas y bruma, hasta que de golpe y sin previo aviso aparecieron unos rayos de sol (los primeros desde hacia 4 días) y entonces llegamos a un lugar irreal. Teníamos enfrente de nosotros Puerto Edén, una pequeña aldea pesquera inaccesible desde cualquier lugar excepto por la ruta del Navimag. Yacía a los pies de montañas nevadas, construida con casas de madera al estilo de los palafitos de Chiloé. En un pasado remoto este lugar se fundó como estación de apoyo a una línea aérea experimental de hidroaviones que uniría las ciudades de Puerto Montt y Punta Arenas. Alrededor de esta estación se reunió espontáneamente la dispersa población kawésqar, conformada por nómadas marinos que recorrían las islas entre el Golfo de Penas y el Estrecho de Magallanes. Eran cazadores-recolectores que se alimentaban principalmente de mariscos y aves marinas.. Pero a día de hoy es conocido simplemente por ser el último hogar de los supervivientes Kawesqar. Actualmente, el poblado cuenta con una población de alrededor de 250 habitantes y perdura únicamente para proteger a esta etnia, de no más de 20 personas, que está en vías de extinción. El objetivo de la parada era abastecer al pueblo de suministros básicos para la supervivencia, ya que el único contacto de este lugar con el reto del mundo es el Navimag. A decir verdad, las averías del carguero del último mes habían dejado muy maltrecho al pueblo, y la gente estaba practicando una economía casi de subsistencia, sin ningún tipo d a yuda exterior. En el rato que estuvimos parados descargando los víveres, el cielo volvió a cubrirse y empezó a llover al principio, para luego conformar una especie de agua nieve que hacia daño al caer sobre la piel por las fuertes rachas de viento, y en ese momento apareció en un pequeño islote una imagen que llevaré clavada el resto de mi vida. Tras descargar volvimos a ponernos en marcha, ya que íbamos con bastante retraso y no nos podíamos permitir demoras innecesarias. Eso sí, antes de abandonar Puerto Edén embarcaron un par de tipos muy curiosos, que miraban el barco como si de una nave alienígena encontrada en el área 51 se tratara, ataviados con unas extrañas cajas de cartón atadas con cordeles que al día siguiente darían mucho juego. En todo el barco cundió la curiosidad de “Que leches llevaran esos mendas en esas cajas”? Puesto que a los pasajeros nos permitían entrar en el puente de mando hicimos una breve visita al capitán. Silvia a la izquierda dirigiendo la embarcación. que diso nos coja confesaos. Y nada más, al día siguiente nos esperaba el desembarque en Puerto Natales, y dejaríamos atrás los canales patagónicos rumbo a Torres del Paine.
  11. Hombre, pa esos destinos yo pillaria también uno de 15 grados, q ademas es bastante más económico. Por debajo de esa temperatura practicamente solo lo vas a usar si vas a dormir en un camping o a la intemperie, por lo que no creo q valga la pena. Si sales de Europa ya la cosa cambia, porque es posible que duermas en hostales sin calefa. Yo en Chile y Argentina tuve q sobar vestido de arriba abajo, con manta y chaqueta puesta en algunos lugares.
  12. El consejo de Silvia es dificilmente superable, por lo que solo puedo añadir q depnediendo del tiempo q te pienses quedar con nosotros piensatelo mu bien. yo me puse messi pensando q solo iba a estar el timepo necesario pa q me dieran 4 mensajes y luego sacabó, y al final llevo por estos lares 2 años y muchas vivencias, por lo que practicamente he sido rebautizao. Y encima odio q me llamen messi!!! Por fin despues de 2 años he tenido los arrestos necesarios pa confesarlo...
  13. De los caimanes tambien tengo alguna foto, pero dentro del agua, por cierto Alvin, si que esta petado de turistas, pero a Iguazú hay que ir al menos una vez en la vida, es impresionante. Lo corroboro 100%. A nosotros nos quedaba a tomar por culo de la ruta q hicimos, pero valio la pena el esfuerzo de llegar hasta alli, ademas de la tormenta tropical que atravesamos en pleno vuelo. En cuanto a turistas hay, y un monton, pero normalmente si vas fuera de temporada y te alejas de la pasarela de la garganta del diablo puedes pasear de una forma curiosalmente solitaria por el circuito inferior. Eso si, en el lado brasilero importa un carajo que haya poca o mucha gente, vas a tener follon si o si. q escandalosos son los brasileros, por dios....
  14. Rumbo a los fiordos: la travesía del Golfo de Penas Los rayos de luz del amanecer entraron tenuemente a través del ojo de buey del camarote. Puesto que me tocó la litera de arriba y de lado de popa fui el primero en la habitación en ponerme manos a la obra, y lo primero que hice fue comprobar si ya habíamos abandonado la bahía de Puerto Montt, y…. ALELUYA!! Por fin estábamos en marcha. Subí a desayunar al comedor, puesto que para la hora del desayuno no había turnos, y degusté el típico desayuno continental de toda la vida, aderezado con unos huevos revueltos. En estas que apareció el resto de la trouppe, y nos desperezamos a base de cafés mientras esperábamos la charla informativa diaria. Vista matutina desde cubierta A eso de las 10 empezó la charla, tanto en inglés como en español, y nos comunicaron las cosas que íbamos a ver hoy. Al parecer la noche anterior el barco se había demorado por un problema con el agua caliente que trataban de solucionar antes de partir, y hasta las 3 de la mañana no empezamos a navegar. En cualquier caso eso no iba a alterar el calendario de nuestro viaje. Durante el día íbamos a bordear la costa de Chiloé, entrar en el golfo del corcovado y empezar una pequeña incursión en los fiordos patagónicos mientras bordeábamos la península de Tatiao dejando atrás Puerto Chacabuco, lo que nos llevaría hasta el Golfo de Penas, que cruzaríamos de noche. Aquí es donde la guía puso un semblante serio, y todos nos empezamos a acojonar. Para empezar el nombre de “Golfo de Penas”, ya resulta bastante premonitorio, si a eso le añades que te aconsejan tomarte una pastilla para el mareo, y que la tripulación siempre nos advertía sobre la dificultad de ese paso, pos claro, ya nos veíamos zozobrando a merced de los designios de Neptuno. El Golfo de Penas es uno de esos lugares conocidos por los marinos de todo el mundo. Sus particulares condiciones lo convierten en uno de los pasos de navegación mas peligrosos del mundo, y desgraciadamente es inevitable, puesto que estrechez de los fiordos patgónicos provocan que los barcos tengan q exponerse durante 12 horas a salir a mar abierto con olas de 4 a 8 metros de atura (eso si hace bueno). En ocasiones el barco directamente ha de esperar durante varios días antes de navegarlo para que sea posible franquearlo. En ocasiones ese mismo barco en el que viajábamos se habia visto sorprendido por un temporal imprevisto en plena navegación del fiordo, lo que se solía saldar con la perdida de varias toneladas de carga. Según la tripulación habían visto a gente rezar en el comedor en un día no del todo bueno. Por lo visto, hacía unos meses el capitán osó enfrentarse al golfo de penas con mala mar. Se obligo a todos los pasajeros a enclaustrarse en el comedor por su seguridad. En un momento puntual, una ola gigantesca levanto el barco 4 metros, dejándolo caer violentamente mientras otra ola muy seguida de la parecida altura paso por encima. La cosa prometía, aunque según la predicción del capitán habría buen tiempo y solo se “movería un poco”. Salimos a cubierta a ver que se cocía por allí arriba, y la verdad es que cocerse, cocerse no se cocía nada. Navegábamos a mucha distancia de las prometidas recortadas costas chilenas, con mar tranquila y tiempo nublado. Así que nos dedicamos a ver si divisábamos fauna marina, puesto que esa zona es un lugar de apareamiento de ballenas blancas australes, los animales mas grandes del mundo. Ya que nos habían dicho que si esforzábamos la vista era posible ver alguna cola o una expulsión de agua de sus canales respiratorios, estuvimos durante una hora escudriñando cada rincón del gigantesco mar que se abría ante nuestros ojos. Pero ná de ná. Ni un triste delfín. Yo vi un león marino y fui el gran afortunado de los que estábamos en cubierta, con eso lo digo todo. Tras la comida Luke volvió a sacar el mate, pero esta vez con condiciones. Me invitaba pero tenía que seguir las normas básicas. Yo pensaba “Pero macho, que normas ni que leches, si eres australiano”, pero el que invita manda, así que me dio un pequeño cursillo sobre la forma de tomar mate, es decir : Solo puede rellenar de agua el que invita, siempre se ha de pasar con la bombita (esa especie de pajita de metal que se utiliza para absorber) mirando para ti, cuando no quieres mas has de decir gracias, y cosas por el estilo. Na, un mundillo peculiar. Pasando el rato entre mate y mate Una vez concluido el curso didáctico salimos a cubierta y la cosa había mejorado un poco, se veían algunos de los mil islotes que rompen la superficie chilena en estas latitudes, pero la cosa seguía sin acabar de convencernos del todo. La gente empezó a quejarse de que claro, es que esto no es un crucero, para ver las costas más claramente deberían haber cogido el crucero de lujo de la compañía Skorpios que se acercaba bastante más, etc, etc, etc… Desde la cubierta, antes de entrar al Golfo de Penas Silvia en plan Kenny Un tanto decepcionados bajamos al comedor a cenar y a ver una película que proyectaban en el mismo comedor. Una vez acabada repetimos el ritual de la noche anterior, donde aprendimos que era la primera y última vez que nos sentábamos cerca de la barra, puesto que el camarero, personaje peñazo donde los haya, no paraba de tratar de instruirnos acerca de todo lo que se le venía a la cabeza, especialmente acerca de las virtudes de la dictadura de Pinochet. Y lo pero es que el menda no callaba. Tu tratabas de ignorarlo educadamente aquiesciendo con la cabeza pero el tío volvía a arrancarse. Ya de noche la cosa empezó a animarse. Empezamos a notar que el barco se movía más de la cuenta, e inauguramos un nuevo juego. Coger una pelota hecha con papel de aluminio, y construir dos porterías con botellas de cerveza. Cada vez que el barco se inclinaba a un lado al otro, uno ponía la pelota encima de la mesa y la dejaba ir sin darle fuerza, a ver si entraba. Con semejante tontería estuvimos una hora. Cuando más se movía el tema, me entraron ganas de asearme, así que me fui pa los baños comunitarios y realicé varios ejercicios de funambulista para evitar que la puerta se abriera con cada ola. Cuando me dispongo a volver al comedor aquello ya empieza a parecer una montaña rusa, me cuesta mantener el equilibrio por las estrechas escaleras y las olas chocan violentamente contra el barco, levantando gotas de agua por encima de mi cabeza. “Joer, si que se movía un poco, si”. En el comedor me encuentro sola a Silvia y a Arturo, y cuando les pregunto por el resto me dicen q están en la cubierta superior. Un tanto sorprendido me dirijo como puedo hasta allí, y me encuentro a mis colegas haciendo una especie de Surf, manteniendo el equilibrio como buenamente pueden y trastabillándose permanente mientras gritan de emoción. Ante semejante panorama un oficial de la tripulación les echa una soberana bronca y nos vamos derechitos a la cama con los primeros síntomas de mareo. En la cama tenemos la extraña sensación de que somos unos bebés a los que su madre los está meciendo con mimo en la cuna. Afortunadamente la posición de nuestras camas hace que nos balanceemos de arriba abajo, y no a los lados, por lo que no hay riesgo de pegarnos el trompazo padre al cae de la litera. Poco a poco se me van cerrando los ojos, mientras dentro de la cabeza aparece el pensamiento de lo insignificante que somos y lo expuestos que estamos a bordo de un barco en medio de un océano embravecido.
  15. Vaya, a nosotros los caimanes se nos escaparaon... grrrrr´. De las mariposas si me acuerdo, como pa no acordarse. En el tren que lleva hasta la garganta del diablo pasan como 2 millones de ellas todas en fila... Por cierto, Silvia como te pasas con el pobre klero leñe, con lo bien que se porto con nosotros. Aunque es cierto q es un desvergonzado q arrampla con todo (especialemente con la cerveza )
  16. Anda!! Gracias a esa gente que me lee (o dice hacerlo ), me caeis bien sin siquiera conoceros... Puerto Montt: embarcando en el Navimag Sucede que a veces uno se pasa media vida mirando embobado en un mapa esa parte del mundo que le llena de incógnitas, preguntándose que leches habrá en tan aislado y quebradizo terreno cercano a la Antártida, y un día se despierta por la mañana y es el gran día de embarcarse en un carguero de dudosa fiabilidad rumbo a los fiordos chilenos. Años y años esperando ese momento, y cuando abro la ventana…. “- BINGO!!! Lluvia”. Así que desayunamos frugalmente, nos embutimos nuestros chubasqueros y nuestra ropa de más abrigo hasta el punto de emular al muñeco de Michelín, y salimos para Puerto Montt, desde donde partía el barco, tras despedirnos de nuestros atentos anfitriones de noches pasadas. El trayecto entre Puerto Varas y Puerto Montt es muy corto, cerca de 12 kms, y las únicas noticias que me habían llegado de semejante lugar eran poco halagüeñas, pero la verdad es que se quedaban cortas ante semejante panorama. Puerto Montt viene a ser la capital administrativa de la región de los lagos chilenos, y ofrece un contrapunto estremecedor con el resto de la región: lo que antes eran bosques se convierte en asfalto puro y duro, lo que era aire puro se convierte en contaminación a troche y moche, y lo que era un encantador paraje se convertía en sórdidos suburbios repletos de gente de poco fiar (si si, de esa que me gusta). Al llegar aproveché para ir a una farmacia a luchas por unos antibióticos, puesto que la aventura del día anterior me había dejado como resaca un horrible picor de garganta y un empanamiento aún mayor del que suele ser habitual en mi, así que mejor prevenir que curar. Antes de embarcar fuimos de compras a un supermercado del centro para abastecernos un poco de las posibles carencias de 4 días de viaje en barco. En otras palabras, había que comprar cerveza, cerveza y más cerveza. Dimos unas cuantas vueltas por la calle Angelmó, la principal vía de la ciudad, aprovechando para hacer alguna compra necesaria (ese maravilloso y chillón jersey rojo que me compré, dios en que estaría pensando), y comimos un poco de pollo una vez más antes de ir a la sala de embarque, donde nos reunimos con varios conocidos del viaje. Jan ya se estaba empezando a poner nervioso ante la cercanía del zarpe y irrumpía en el silencio generalizado de la sala con sus legendarios “ESTO ES INCREIBLE!!!!” o “DE PUTA MADRE!!”, mientras Silvia y yo escondíamos nuestras cabezas bajo las capuchas de los chubasqueros procurando que no se nos relacionara con semejante engendro. Calle de Puerto Montt (a que da ambientillo?) Mercado Angelmó sala de embarque del Navimag A eso de las 2 aparecieron un par de tipas que serían algo así como nuestras guías durante la travesía y nos explicaron sin ahorrar en detalles la ruta de viaje. Nuestro barco era el carguero Navimag, la única compañía con licencia para transitar por los fiordos chilenos, y dado que no era un crucero de lujo, íbamos a estar acompañados durante el viaje con una carga tan variopinta como coches, autobuses, vacas, terneros y contenedores varios. También nos informaron de las normas de seguridad tan exhaustivamente que tuve la certeza que íbamos a naufragar y morir congelados al más puro estilo Titanic (este pensamiento venía muy sugestionado por el hecho de que el barco no había salido en un mes por problemas técnicos, y la previsión meteorológica no era precisamente buena). Tras la charla, rumbo pa´dentro. Tras una extraña espera en la zona de carga nos subieron en plataforma a los camarotes, y debido a que habíamos optado por lo más barato tuvimos el placer de tragarnos enterito el maravilloso perfume animal que inundaba el primer piso de aposentos. Puesto que íbamos a compartir habitación con dos personas más estábamos intrigados por conocer a nuestros compis, y en ese momento apareció Luke invitándonos a un mate. Australiano, fotógrafo, hombre apuesto donde los haya, con un curioso sentido del humor y una adicción cercana a la obsesión por la hierba argentina. Un rato después salimos a explorar el resto del barco, en lo cual se tardaba entre 10 y 15 minutos, pues la zona habilitada para pasajeros era ciertamente pequeña. Lo mejor eran las dos cubiertas superiores desde donde íbamos a poder observar los paisajes que iríamos cruzando en nuestra travesía austral. En una de estas cubiertas había un ajedrez gigante del que dimos buena cuenta. Pa´dentro con los bártulos Perdón por los caretos (en especial el mio) Partida con Andrew, Silvia arbitra Vista de la bahía de Puerto Montt desde la cubierta Solo llegar a la cubierta conocimos a Arturo, un madrileño que llevaba un mes vagando por Argentina, y que sólo llegar a Puerto Montt le habían robado a punta de navaja el móvil y la cartera, ya decía yo que esa ciudad no tenía mala pinta, leñe. Eso si, el tipo no perdía la compostura en ningún momento, la viva imagen de la tranquilidad. Un mate más de Luke y apareció un simpático ingles llamado Andrew, que a partir de ahora será conocido como “el palas” en este relato, que también estaba viajando solo. Entre delirios de Jan con la Nutella y sus virtudes, las risas de todos respecto a sus locuras y la demora en el zarpe, conocimos a una pareja de holandeses que estaban dando la vuelta al mundo como luna de miel, y ala, ya estaba completada la trouppe que íbamos a compartir este periplo durante los siguientes días. Puesto que empezaba a anochecer y el barco no se movía ni para atrás bajamos a la zona del restaurante en la primera llamada para la comida, a eso de las 7:30, por cierto, mucho mas buena de lo que cabía esperar. Después de cenar salimos otra vez a ver si por algún milagro nos moviamos, pero nada, los estibadores seguían cargando la mercancía y parecía ser que la cosa se iba a demorar más allá de lo esperado, así que regresamos a la zona del bar ( que obviamente se iba a convertir en nuestra favorita), donde nos dedicamos a dar rienda suelta a nuestras ansias alcohólicas en una especie de comuna hippy en la que cada cual aportaba algo. Resultado final: primera noche y ya no nos quedaba alcohol. Ejemplo de como transcurrió la mayor parte de la travesía. Con los ojos chispeantes por la bebida nos fuimos a dormir con la vista de Puerto Montt clavada en la retina. Cuando demonios dejaríamos esta ciudad del averno?
  17. La épica vuelta al lago Llanquihue, autostop bajo el diluvio Dios mío, no me lo puedo creer!! Las 10 de la mañana y aún en la cama!!. Por primera vez en una semana pudimos descansar plácidamente hasta las tantas, sin prisas ni quehaceres diarios. En teoría debíamos esperar a Jan, que había ido a ver a un amigo a Puerto Montt y luego vendría a buscarnos para volver a la ciudad para embarcarnos en el carguero Navimag. Sin embargo a eso de las 10:30, mientras nos desperezábamos Jan entra en nuestra habitación con rostro compungido. -Chicos, traigo mala noticia para ustedes Al parecer se retrasaba el zarpe del barco por problemas técnicos, ya que el puerto de la ciudad había sido cerrado por el mal tiempo, así que íbamos a tener un día perro en un lugar que tampoco tenía grandes cosas que hacer. Sin embargo quien no tira de ingenio es porque no quiere, así q Jan nos conminó a un peculiar proyecto que se traía entre manos desde hace tiempo y que no había podido llevar a cabo, dar la vuelta entera al lago Llanquihue, el segundo más grande de Sudamérica tras el Titicaca, en Perú. Aceptamos su sugerencia y quedamos después de comer, para empezar esta curiosa aventura, que con el paso de las horas se convirtió en un suplicio y en un reto casi casi personal. La misión era ir coordinando transportes entre los diferentes pueblos que bordeaban el lago. Es decir, hacer algo así como Puerto Varas-Frutillar-Puerto Ocay-Las cascadas-Ensenada-Puerto Varas. Parece fácil verdad? Pues no. El Osorno entre las nubes Partimos sobre las 4 de la tarde bajo una intensa lluvia camino de Frutillar, pueblo de colonos alemanes, y la verdad es que paseando por sus calles tienes más la sensación de estar en Frankfurt o en Munich que en Chile. Pueblo muy cuidado (muy caro también), que poco o nada tiene que ver con el resto del país. A destacar un precioso embarcadero a la orilla del lago, desde el que teóricamente debía verse el volcán Osorno, pero que ese día se encontraba oculto tras las espesas nubes que no paraban de descargar sobre nosotros. En el pueblo había incluso un museo alemán, que Jan nos invitó a visitar aunque pasamos mucho, para decepción suya. Embarcadero de Frutillar Calles de Frutillar Tienda frutillarense con Jan, cuando todavía me caía bien La próxima parada era Puerto Ocay, donde el tema se empezó a desmadrar. Llegamos al pueblo y preguntamos por el siguiente bus a Las Cascadas (es un pueblo, ojo). La tipa con una sonrisa malévola (estos son unos pringaos) nos dice que no hay más buses en esa dirección, que hemos de volver atrás ya que es demasiado tarde. Guay. El pueblo parecía precioso, pero ay amigo, no estábamos allí de turismo sino para cumplir una gesta épica. Nos ponemos a hacer autostop a ver si cuela. Normalmente la gente nos mira mientras pasa de largo con sus coches con gestos de “pobres diablos”. Conseguimos que se pare un coche, en el que van dos tipos que parecían sacado de la peli “Ciudad de Dios”, y nos dicen que ellos van hacia el otro lado, que no podían llevarnos. Vuelven a pasar los mismos tipos 10 minutos después. Escudriñando la cantidad de pesos que debíamos llevar en los bolsillos. Por suerte tenemos pinta de vagabundos, así que pasan mucho. La lluvia arrecia cada vez más, y por fin vemos un microbús en la distancia. Preguntamos al chofer y nos dice que el va para Osorno. Puesto que no teníamos otra opción, Jan, hundido y derrotado, acepta volver atrás sin completar la gesta. Pero oh sorpresa! Pasamos por una intersección y se le iluminan los ojos. Obliga a parar al conductor en medio de ninguna parte y nos convence para bajar. Un tanto sorprendidos nos bajamos (“yo que sé, él hace tiempo que vive aquí y sabrá lo que se hace”) y nos dice que hemos de hacer autostop ahí para dar la vuelta. En ese momento empieza a diluviar, no tenemos ni agua ni comida, y en la carretera no se avista un solo coche. Media hora después, ya calados, pasa un coche y se para. Por supuesto, con la que estaba cayendo, tenía que ser una ranchera que iba casi llena, con la parte de atrás descubierta. Cedemos a Silvia el asiento interior que estaba libre y Jan y yo nos acomodamos detrás. Mientras los simpáticos abuelotes interrogaban a a Silvia y le decían que estábamos como cabras intentado dar la vuelta al lago a esas horas, Jan y yo vivimos un momento eufórico en la parte de atrás (ya se que suena mal) mientras acabamos de empaparnos hasta los sabañones, con un viento del carajo y un frío exagerado. El martirio dura cerca de media hora. La mujer nos deja en la puerta de su casa, que, por supuesto, no estaba en un pueblo, sino que era una casa en medio de la nada a pie de la carretera, y se ofrece a ayudarnos en el caso de que no encontremos a nadie que nos lleve a Las Cascadas, ofreciéndonos alojamiento y cena. Me veo tentado de aceptar su oferta, pero claro, la vuelta es la vuelta y Jan no esta dispuesto a admitir su derrota. Media hora más haciendo autostop bajo la lluvia mientras Silvia se refugia bajo un árbol. Se adivina otro colectivo a lo lejos. Lo paramos y Si!! va a Las Cascadas. Subimos al bus mientras los pasajeros nos miran extrañados viendo a 3 extranjeros goteando todo lo goteable y exhaustos con el moquillo colgando. Llegamos a Las Cascadas y Jan nos dice “A partir de aquí es cuando puede ser más difícil encontrar a alguien que nos lleve la carretera no muy buena”. Un cuarto de hora, media hora, tres cuartos de hora. Por ahí no pasa ni dios. Se va el último bus en dirección contraria. Estamos atrapados. El pueblo en si son 4 casas mal puestas, y no hay nadie en la calle. Pueblo fantasma. Bien. Eso sí, unos rayos de sol atraviesan las nubes y se forma ante nsootros el arco iris más espectacular que habíamos visto hasta entonces en nuestra vida. Alguna recompensa debíamos de tener, leñe. Según nuestro loco alemán “estábamos predestinados a ver esto por todo lo que habíamos pasado”, vale si, lo que quieras. "Estábamos predestinados a ver esto" Vemos aun tipo por la calle, lo abordamos. Tiene un coche, pero se niega a llevarnos, dice que su coche no puede ir por esa carretera, y nos aconseja quedarnos a dormir en el pueblo y partir al día siguiente en el primer bus en dirección contraria. “Que no, que no, que hemos de dar la vuelta”. Nos dice donde vive un hombre que tiene un todo terreno y pallí que vamos a ver si nos puede llevar. Nadie en casa, pero vemos un todoterreno en un callejón con gente alrededor. Nos acercamos y empezamos a regatear un precio para que nos lleve. Aquí llega el momento Jan “Somos machilistas y tenemos poco dinero” (textual). Acordamos el precio y un fulano que dice ser pastor cristiano nos lleva. Resulta ser que la dichosa carretera era un camino de cabras sin asfaltar, por en medio de un espeso bosque, con toboganes permanentes y precipicios a los lados, por el cual es imposible transitar a más de 30 kilómetros por hora, y todo esto de noche ya cerrada. Si que era difícil hacer autostop aquí Jan, si.. Llegamos otra vez en medio de ninguna parte, pero con carretera asfaltada y volvemos a hacer autostop. Esta vez paramos un coche enseguida y nos deja en la entrada del pueblo. Un colectivo hasta casa y ALEUYA!!! Lo conseguimos. Solo nos ha costado cerca de 12 euros por barba, un resfriado de narices y un par de calcetines que nunca podré volver a ponerme por culpa del moho. Durante el trayecto en colectivo enseñamos a Jan a decir cosas tan útiles como “DE PUTA MADRE” que no duda en gritar alocadamente ante el rostro consternado del resto del bus. Llegamos a casa, segunda fiesta de despedida de Jan (“No me gusta despedirme dos veces de la misma gente, esto está mal”), aderezada por unos spaguettis a la carbonara de Silvia y a dormir con el frío aún metido en los huesos. Al día siguiente embarcábamos… ¿o no?
  18. a ver, yo hablo por lo q me contaron porque no pude ir a ver un partido de futbol en Buenos Aires (cosas de mi partenaire). en cuanto al tema de la peligrosidad, obviamnete si te ubicas en al barra brava puedes pasar un rato muy divertido (modo mucha ironia on), por lo demás no hay problemas, digo yo (ojo, si te pegan un navajazo no em hago responsable, eso solo una opinion, q no hayq ir con psicosis a los sitios). Las entradas al partido si las compras por tu cuenta te salen regaldas para nuestros estandares, pero como lo pilles por hostal cuando veas los precios reales tendras la sensacion que sin darte cuenta te han quitado un riñon para venderlo al mejor postor en el mercado negro. Y en cuanto a dónde ver el partido...pos hombre, eso es una decision muy particular, depende de q equipo te guste mas, aunque para mi la cancha de Boca tiene incomparablemente mas ambiente q el Monumental de river, q es mucho más abierto y no se nota tanto el espectaculo de la gente. Por algo le llaman Bombonera...
  19. Parque Nacional de Chiloé, tras los pasos del Trauco El suave repicar de las gotas de lluvia contra la persiana nos desvelo sobre las 9 de la mañana. Demonios, parecía q en ese lugar el sol había dejado de existir y había sido sustituido por un gigantesco cabezal de ducha. Bajamos a desayunar al comedor donde nos encontramos al típico escocés con cara de bobo con el q tuvimos la ya consabida conversación acerca de donde era, donde iba y donde había estado, y curiosamente el menda también iba a ser un compañero de viaje durante los 4 días de travesía por los fiordos chilenos rumbo a la Patagonia. Tras desayunar un poco fuimos a recepción, donde nos esperaba el marido de la dueña del hostal, dispuesto a darnos unas cuantas vueltas en su flamante y retrógado renault 21. La primera parte de la excursión consistió en un pequeño recorrido por los aledaños de la ciudad, que nos llevó a barrios puntos panorámicos donde la vista de la ciudad, y especialmente de los palafitos, era ciertamente espléndida. En uno de los montes de alrededor se hallaba el cementerio de la ciudad, donde el guía nos contó la extraña particularidad de la concepción de la muerte en la isla. En Chiloé los entierros son una excusa para la fiesta. Se sigue el dicho aquel de “No llores por mi muerte, sino que celebra mi vida”, y lo siguen a rajatabla. Además, los familiares de los fallecidos acuden asiduamente al cementerio para cuidar las tumbas de sus familiares, con lo cual los cementerios acostumbran a parecer jardines cuidados con esmero, en los que las tumbas más antiguas relucen como el primer día. La ciudad de Castro, con la capital al fondo Palafitos, desde lo alto Cementerio de Castro Un rato después volvimos a la ciudad para ver de cerca los palafitos, las construcciones legendarias de la isla. Todo en Castro tiene relación con el mar, y no podía ser menos los hogares de los primeros chilotas, aunque en ocasiones la fuerza del mar destruía los cimientos de las casas y se iban con el mar navegando cual plataforma petrolífera. Los caprichosos colores de las casas eran el resultado de la necesidad de los habitantes por dar un toque de alegría mediante diferentes y chillones colores ante el cielo gris que siempre les acompañaba. Palafitos El viaje prosiguió hacia Chonchi, pueblo portuario con una hermosa iglesia, posiblemente la que mas me llamo la atención de cuantas vimos, pero llovia de tal manera que me fue imposible sacarle fotos. De nuevo en marcha, esta vez con un trayecto algo más largo, y ahí es cuando Silvia se dedicó en cuerpo y alma al divertidísimo (y no exento de riesgos) entretenimiento de interpelar a todo chileno con el que nos encontráramos sobre Pinochet y a ensalzar a Allende. Teniendo en cuenta que Chile no hace tanto que es una democracia esa pregunta puede resultar un tanto incómoda para la gente, y lo cierto es que el tipo en cuestión no era precisamente una perla del comunismo, como la inmensa mayoría de chilenos con los que nos encontramos en el camino. No solo se declaraban abiertamente adeptos al antiguo régimen, sino que parecía q la historia que habían estudiado en la escuela difería mucho de la que estudiamos nosotros (para ellos durante la dictadura hubo 300 desaparecidos, no 30000, y afirmaban rotundamente que el golpe de estado evitó una guerra civil). Puesto que esto es un diario de viaje y no un discurso histórico no me voy a poner rebatir sus argumentos, si bien me resulto como mínimo sorprendente). De camino al parque nacional de Chiloé paramos en un pequeño cementerio, donde un curioso individuo con pinta de ermitaño y que casi juraría que vivía en una cueva, estaba sacando brillo a la tumba de sus padres. Iniciamos la ya consabida conversación acerca de la historia política de Chile y continuamos nuestro trayecto, mientras nos recomendaba encarecidamente que volviéramos a Chiloé a disfrutar de nuestra futura vejez. Una idea francamente interesante y sobre la que en un futuro le daré muchas vueltas a buen seguro. Cementerio chilote Por cierto, que no había comentado la curiosa sensación que produce montar en un coche con un conductor que se declara abiertamente pinochetista, pero q nos regala los oídos con las canciones de Victor Jara. Si es que el mundo es raro, raro, raro… Eso si, el tipo también se esforzó en tratar de explicarnos las diferentes leyendas locales. Un peculiar gnomo con cara de malo, amante de las jovencitas chilotas que las secuestraba y violaba asiduamente. Por lo visto la leyenda se hizo grande durante no se qué conflicto armado, cuando los hombres de la isla iban a la guerra y a la vuelta las encontraban embarazadas. “Y aquí que ha pasado?” preguntaban. “Ná, el Trauco” solían contestar. Una hora después llegamos a Cucao, puerta de entrada al parque nacional. Nadie en la taquilla, genial, p´adentro sin pagar. La idea era llegar hasta el mar por un sendero que atravesaba una espesa jungla de arrayanes y luego una zona de dunas cercanas al Pacífico. A falta de guía, un perro que parecía saber muy bien su cometido nos hizo de guía (no me miréis como un loco, juro que cuando estábamos perdidos simplemente seguíamos al chucho que parecía saber bien donde iba y además cuando nos deteníamos gentilmente nos esperaba). Caballo chilote Lago en el parque nacional realmente no se que estaba haciendo Cuando salimos de la jungla descubrimos lo caprichoso q puede llegar a ser el tiempo en este lugar. Solo quedar al descubierto empezó a soplar lo más parecido a un huracán que he visto en la vida y a diluviar con fuerza. Silvia decidió volverse y esperarme en la caseta de la entrada, mientras yo ilusionado como un imbécil me empapaba dispuesto a ver por primera vez el océano Pacífico( por cierto, un nombre muy poco adecuado para el océano más bravío que existe en el mundo) El camino aunque largo se me hizo ameno cuando tropecé con dos australianos que también iban a tomar el carguero hasta Puerto Natales. Parecía ser que todos los turistas que deambulaban por la zona en ese momento teníamos la misma idea. Por fin en el Pacífico Tras las fotos de rigor fui al reencuentro de Silvia, y volvimos a la entrada para encontrarnos con nuestro esforzado guía, que tras ardua jornada de trabajo se encontraba dormitando en el coche con el periódico tapándole la cabeza. Vuelta a Castro, más canciones revolucionarias y de golpe: “Ostia, q no le he hecho una foto al pollo en los palafitos”. A pesar de ponerme unos ojos como platos el tipo se para en los palafitos antes de llegar al hostal para que Karak pueda tener su foto de rigor. Llegada a Castro, despedida inexplicablemente efusiva de la gente de los dueños del hostal (algo me dice que les pagamos de más), intercambio de monedas históricas de escaso valor un poco de comida rápida y fuimos a ver la catedral de la ciudad, la más grande de la isla, aunque como me suele pasar siempre (soy un maldito gafe) cerrada por obras. catedral de castro Y poco más, durante el trayecto de vuelta hasta puerto Varas anocheció, lo que convirtió el paso del estrecho de cacao en un espectacular trayecto al atardecer, mientras nos alejábamos de la isla donde las sirenas fantasmales de sus cuentos mitológicos nos despedían entre lágrimas (perdón por el momento poético, era tan bonita la frase que tenía q soltarla). Al llegar a la casa de nuestro amiguete Jan nos encontramos con su fiesta de despedida, con lo cual nos acoplamos, nos dieron de cenar un extraño mejunje hecho con patatas y hortalizas y departimos un rato antes de irnos a dormir a nuestra gélida y para nada añorada habitación. Al día siguiente nos esperaba el gran día del trayecto en barco hacia el fin del mundo, pero la mala suerte, el mal tiempo y la peculiar locura de nuestro amigo Jan nos embarcarían en una aventura muy diferente.
  20. Hombre, 15 dias en Chile es un poco apresurado (creo yo). nosotros estuvimos unos 14 dias en chile, pero solo hicimos la parte Sur antes de continuar para Argentina. el problema es que si vas a Patagonia no puedes evitar la tentacion de acercarte a calafate o a Bariloche desde Chile, con lo cual son dias q se te van yendo.. a mi el viaje se me paso en un suspiro, y esoq fue un mes entre chile y Argentina, y en algunos lugares estuvimos solo un dia (y de algunos me arrepeitno horrores no haberme quedao mas, como valparaiso, chiloé o Torres del Paine). asi q si tienes 15 dias mejor q pienses en una zona mu concreta, no intentes embarcarte una odisea epica y fugaz para abarcar todo un país, porque no lo disfrutaras con las prisas. P.D. Por cierto, el otro dia lei no se donde que existe una especie de bono para autobuses rollo interrail, que abarca Chile, Argentina, Brasil y Perú, pero no se hasta q punto sale a cuenta, y depende mucho del país q vayas a visitar, puesto q las diferencias de precio entre estos paises por trayecto son muy grandes. ( a nosotros un viaje de 12 horas en chile nos costo 12 euros, y un viaje de la misma duración en Argentina unos 45)
  21. hombre, yo no lo recuerdo taaaaaan caro como dice interpreter. La zona de PAtagonia es mas o menos igual q España, excepto en Chaltén, donde se han vuelto locos y parece ser q tienen una microeconomia noruega. En el Norte y Buenos Aires es algo mas barato q en españa, depende donde te metas, pero puedes comer muy bien entre 4 y 7 euros. La bebida (q al fin y al cabo es loq cuenta, dejemonos de leches) igualito q en España, y el alojamiento unos 7-8 euros. En cualkier caso a la hora de comer lo emjro es irte a un super, pillaterte un cacho de carne de 300 gramos de la mejor ternera q probaras en tu vida y montarte una parrillada en el hostal. Lo q si es cierto q Argentina ha dejado de ser el chollo de hace 3-4 años, espcielamente en el caso del transporte q te sangran. Calcula unos 50 euros por 12 horas de recorrido. Las tasas aeroportuarias las pagas cada vez q pilles un avion antes de embarcar. Oscilan segun el aeropuerto, pero normalemnte son unos 20-30 pesos.
  22. Chiloé, tierra de mitos Tengo la muy mala costumbre de buscar imágenes, fotos e información de los lugares que voy a visitar cuando planifico un viaje, para discernir si vale la pena una visita o no. Eso niega completamente la posibilidad de la sorpresa de la espontaneidad. Sin embargo siempre hay un lugar que supera todas tus expectativas y cuyo auténtico valor es imposible de cuantificar a través de una fría y desangelada imagen. Eso me sucedió con la isla de Chiloé. Nos levantamos, como es de rigor en estos días de viaje, a eso de las 8 de la mañana, ateridos de frío. Puesto que habíamos dormido vestidos para contrarrestar la gélida temperatura salimos rápidamente de casa de Jan hacia la estación, donde compramos los billetes para Castro, la capital de la isla de Chiloé, a unas 6 horas de Puerto Varas. Tras un recurrido insulso durante un par de horas llegamos hasta el trasbordador que atravesaría el estrecho de Cacao, donde pisaríamos pro primera vez la isla de Chiloé. Decir que el paso de Cacao es espectacular es quedarse corto. Poco a poco, desde la cubierta del trasbordador te vas acercando a una isla cubierta de una bruma perpetua, mientras los delfines, lobos marinos y aves a ras de mar en busca de presas, flanquean tu entrada a un mundo que se intuye diferente desde la lejanía. en la cubierta, paso de Cacao pajarracos en Cacao Arribamos a tierra firme y volvimos a subir al autocar, que nos llevo durante 3 horas por un paisaje lluvioso y verde donde las granjas y las colinas son los dueños del lugar. Pasamos por Ancud, segunda población en importancia de la isla, que daba la sensación de un pueblo abandonado por todo el mundo, incluidos sus propios habitantes, dando un halo de misterio entre las mohosas casas que parecían a punto de derretirse o de ser engullidas por el musgo verde que crecía por doquier. Cuando llegamos a Castro, el panorama era muy distinto. Un pueblo bullicioso, a pesar de lo cual seguía manteniendo el encanto propio de la isla. En la parada de autobús aguardaban apostados los ya típicos cazadores de turistas para ofrecernos alojamiento. Una se nos acercó y nos dijo que nos ofrecía alojamiento por 7000 pesos, a lo cual Silvia se negó rotundamente, consiguiendo una rebaja de 1000 pesos. Gran negociación, si señor. Tras dejar nuestras cosas en la habitación nuestro estómago empezó a demandar algo q llevarse a la boca, así que le pedimos a nuestra nueva anfitriona que nos aconsejara algún lugar tradicional de la zona. El restaurante en cuestión estaba situado a orillas del mar, construido sobre unos palos de madera q hacían de cimientos marinos, los llamados palafitos, típicas construcciones de la isla. Nos dimos un buen atracón de pescado y marisco por unos 4000 pesos, mientras la música tradicional chilota, muy parecida a nuestros tradicionales villancicos, inundaba el desierto salón. Tras ventilarnos la comida ávidamente salimos a conocer un poco el pueblo, mientras buscábamos la estación de colectivos para ir hasta el pueblo de Achao, que la noche anterior nos habían recomendado fervorosamente. Puerto de Castro más del puerto Lo primero que llama la atención cuando llegas a Chiloé es la lluvia, insistente y fina, que acompaña diariamente a los chilotes en sus rutinas diarias. Aquí la lluvia no se ha de odiar, forma parte del paisaje y es un rasgo crucial para entender la isla y la mentalidad de sus habitantes. Ya nos lo dijeron “en Chiloé llueve 300 días al año, los otros 65 hace mal tiempo”. La isla, ubicada en el archipiélago del mismo nombre, es la segunda mayor isla de toda Sudamérica, tras la más remota tierra del fuego. Aquí conviene olvidar todas las ideas preestablecidas con las que llegas desde Chile. Las costumbres, la cultura e incluso la lengua, difieren del resto del país continental, a lo cual ha contribuido el aislacionismo de la isla, siempre defendido por sus habitantes. En realidad, había un proyecto de unir la isla con el resto del país mediante un puente, pero la población isleña renegó de dicho proyecto, para tratar de preservar sus rasgos distintivos. Su microclima, lluvioso y frío, es duro como pocos, a pesar de lo cual el principal y casi exclusivo modo de vida de la isla es la pesca. Su cultura espitual esta compuesta por una mezcla de brujería y leyendas religiosas, con figuras mitológicas que acompañan la soledad de los chilotas y en las cuales creen a pies juntillas. Gnomos del bosque, sirenas, barcos fantasmas jalonan la vida diaria de los pescadores que salen al mar a faenar bajo condiciones meteorológicas casi siempre tormentosas. Por si todo esto fuera poco, las icónicas iglesias de Chiloé, recias construcciones de madera con reminiscencias vikingas, están catalogadas como patrimonio de la humanidad, al igual que los palafitos, el hogar de los antiguos moradores de la isla, unas casas de color pastel construidas a mano con madera, cuyos cimientos son unos palos de madera anclados al fondo marino, para aprovechar las mareas de los fiordos que se extienden a lo largo del sector oriental. Para acabar de completar el bucólico cuadro, la isla es hogar habitual de pingüinos y lobos marinos en su litoral oriental, mientras las ballenas blancas, el mamífero más grande del planeta habita en época de apareamiento en las frías aguas del golfo del Corcovado acompañadas de delfines, al sur de la isla, donde acaba la carretera panamericana en Quellón. Karak en los palafitos mitología chilota Achao es todavía más remoto y misterioso que el resto de la isla, puesto que se encuentra en una isla todavía más lejana a la que llegas tomando otro trasbordador. El pueblo es pequeño y espectral, parece que a la gente se la haya tragado la tierra, así que estuvimos paseando por la bahía, el puerto y la plaza mayor en la más completa soledad, observando los barcos varados envejecidos en la costa que se habían convertido en el hogar de las aves. costa de Achao paseando por la desierta Achao Uno de los mayores atractivos del pueblo es la iglesia, la más antigua del archipiélago, construida por los jesuitas por allá 1730 y desde la que se domina todo el pueblo, anclado a los pies de los cerros que lo rodean. iglesia de Achao Tras deambular como fantasmas embutidos en nuestros chubasqueros por las desiertas calles volvimos a Castro, donde dimos buena cuenta de medio pollo al ast en un lugar de comida rápida y regresamos al hostal, donde apalabramos una excursión con el marido de nuestra anfitriona en su coche particular por la mitad del precio habitual, para conocer el parque nacional y los aledaños de la ciudad. El día siguiente prometía.
  23. Hasta los mas pekes se nos hacen mayores!!! Felicidades niña!!
  24. Puerto Varas: Jan, ese hombre Una vez más, ese maldito artilugio de infame nombre llamado despertador hizo su efecto excesivamente pronto para nuestros deseos. Hicimos las maletas deprisa y corriendo (es lo que tiene dormirse siempre) y fuimos directos a la calle para perdernos una vez más tratando de localizar la estacion de trenes. Llegamos a la estación por magia divina y tomamos un café, como siempre nescafé (y es que en chile es imposible tomar un café como dios manda). La noche anterior Silvia había llamado a un fulano alemán que vivía en Puerto Varas al que contactó mediante la pagina de couchsurfing, y que se había ofrecido para alojarnos en su piso, así que quedamos con el en una cafetería del centro del pueblo. En esta ocasión el autobús dejaba bastante que desear, y además no sólo era de largo recorrido, sino que además hacía las funciones compartidas de autobús de línea normal y corriente con sus correspondientes paradas en cada pueblo, y lo que no son paradas también, alli la gente para un autobús donde le place, con lo cual la gente se iba subiendo y se quedaba de pie en medio del pasillo. Vamos, como gatos enjaulaos. Eso si, durante el trayecto de 6 horas nos pusieron la película de Batman, para que se hiciera un poco más amena la cosa. Unas seis horas después arribamos a Puerto Varas, le preguntamos a la tipa de la estación donde está el centro de la ciudad y nos dice “uy, eso queda lejísimos, tienen que tomar un colectivo”. Ese “lejísimos” significaba 10 minutos andando, y es que el tema de las distancias por allá no lo llevan demasiado claro. Encontramos el café donde habíamos quedado y esperamos a que llegara el afamado Jan. Se me hace muy difícil describir a nuestro nuevo amigo: excéntrico, divertido, alocado, emotivo, mujeriego, extrovertido, extravagante, excesivo, alegre…. Todos los adjetivos se quedan cortos para definirle. No sólo eso, sino que sus más que serias dificultades con el castellano le llevan a expresiones tales como: - “Desde aquí puedes ver el camino de leche” (refiriéndose a la vía láctea) - “Es la raja!!!” (esto a no se cuantos decibelios y en medio de un bar atestado de gente, por cierto, el signifcado de la expresión viene a ser algo así como “es la leche!!”) - “ De puuuuuta madre!!" (con el mismo volumen de decibelios, esta vez en un autobús y repitiendo lo que Silvia y yo le enseñábamos con toda nuestra buena voluntad, mientras el conductor se descojonaba) - “Somos machilistas y tenemos poco dinero” (regateando un transporte con un tipo que se lo miraba como a un gato verde) [i]el amiguete Jan[/i] La verdad es que Jan fue el personaje de los primeros 10 días de viaje, y tanto Silvia como yo guardaremos siempre muy buen recuerdo de él. El tipo aprovecho sus contactos en agencias de viajes para acoplarse con nosotros al viaje en barco por los fiordos chilenos hasta Puerto Natales , así que íbamos a compartir con él una buena parte de nuestras desventuras. Nos invitó a una empanada para comer (nada que ver con las españolas, digamos que ésta viene a ser algo así como la madre de todas las empanadas), que allí es la comida típica de los pobres (valen 800 pesos=1 euro), y te deja lleno a reventar, aparte de estar buenísimas. Nos acompañó a su casa, que era una especie de residencia de estudiantes, donde íbamos a tener una habitación amplísima para nosotros dos solitos, eso sí, fría de narices. Haciendo el mongolo en casa de Jan Cuando Jan se fue a trabajar Silvia y yo aprovechamos para ver un poco el pueblo y luego visitar los saltos del Petrohué, la principal atracción de la zona, que se encuentran a una hora del pueblo. Puerto varas viene a ser algo así como un holograma de Pucón pero en versión alemana. Durante mucho tiempo toda la zona del lago Llanquihue, donde se asienta el pueblo, fue una zona de inmigración alemana, y eso se percibe permanentemente en la forma de las casas, las iglesias y sobre todo, en los precios (caro de narices para ser Chile). Eso sí, en esta ocasión no es solo uno el volcán q bordea el lago, sino dos, y además mucho más mono que el de Pucón. Vamos, la imagen de la forma cónica con el contorno del cráter nevado que todos tenemos de un volcán es la que ofrece el volcán Osorno. La zona también ofrece la posibilidad de practicar todo tipo de actividades domingueras, al igual q Pucón, aunque con un nivel de oferta infinitamente menor. Vistas del volcán Osorno desde Puerto Varas La tipica iglesia tétrica que fascina a Silvia En cuanto a los saltos del Petrohué son unas pequeñas pero impetuosas cascadas, o más bien unos rápidos, q yacen a la falda del volcán Osorno, lo que crea un paraje impresionante, y unas fotos ciertamente cojonudas. Además desde allí se puede llegar hasta Bariloche en Argentina mediante el cruce de lagos, lugar al que no pudimos ir a pesar de su cercanía (cosas de la logística, q le vamos a hacer oiga). Saltos del Petrohué Más saltos, esta vez sin estorbos delante De vuelta al pueblo, pasamos por el embarcadero para seguir disfrutando de las vistas al lago y al volcán, charlamos con dos personajes un tanto alcoholizados que nos invitaron a cerveza (la auténtica bebida nacional según ellos, ni pisco ni leches), y también utilizamos el típico recurso que une a todos los pueblos allá donde vaya, el fútbol, que se vive con un fervor comparable al de argentina, aunque sus equipos no sean tan competitivos a nivel internacional (por cierto, q todos los chilenos son del Madrid, manda huevos). Embarcadero de Puerto varas De vuelta a casa ya de noche nos duchamos y nuestro enfervorizado amigo nos invitó a unirnos a la fiesta que estaban organizando unos compañeros suyos de trabajo en su nombre y en el de otra compañera, puesto que dejaban el trabajo, y en su caso, el país para volver a casa. De copas Con un par de copas de más fuimos a otro bar con otros amigos suyos, esta vez con un rollo mucho más tranquilo, en una terraza a orillas del lago bajo la luz de unas velas, donde empezamos a acoplarnos al maravilloso mundo del dialecto chileno, con el “cachai” (entiendes), “la huevá”, “la cagá” (idéntico significado, pero allí la dicen cada dos por tres), y Silvia trato de imitar el acento chileno con escaso éxito mientras yo satisfacía los ruegos de nuestros comensales hablando catalán (con acento Santako, of course). Fue allí donde nos hablaron de las extremas diferencias sociales que existen en el país, donde el dinero se concentra en muy pocas manos mientras que la gran mayoría del pueblo vive en la pobreza y endeudada hasta los callos de las manos para poder llegar a final de mes. Una de las peculiaridades de este país es que puedes comer fuera casi al mismo precio que comer en casa, y que el sueldo medio es de algo menos de 400 dólares al mes. Ya a medianoche Jan nos invito a unirnos a él y a un amigo, el inolvidable Coki, para irnos de discotequeo por el cercano Puerto Montt, pero al día siguiente nos esperaba un lugar que nos fascinó, la isla de Chiloé.
  25. Pues nada, pa seguir con la originalidad: Feliz 2009 desde Viena nenes!! Silvia y Dave P.D. Yo tb habia leido "pelo"...
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