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Pasos Largos

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Acerca de Pasos Largos

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    Por supuesto viajar, pero también bucear, salir al campo y conocer gente

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  • Nombre
    Antonio Fco. Anaya Ruiz
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    Hombre
  1. Mi último diario finalizado: Título: Y ahorita México (Un país increíble) Autor: Pasos Largos Viaje: No interrail Lugares: México, principalmente el sur Fecha: Septiembre-Octubre '07 Dirección: http://forums.inter-rail.org/index.php?showtopic=16531 Y también pongo el de Jordania, el otro diario que tengo terminado y que no lo había puesto por aquí todavía: Título: La Jordania más auténtica (Convivendo con una familia palestina) Autor: Pasos Largos Viaje: No interrail Lugares: Jordania Fecha: Julio '08 Dirección: http://forums.inter-rail.org/index.php?sho...=19364&st=0
  2. Como final de este diario, uno termina poniendo sus conclusiones y qué le ha parecido el viaje, y es lo que voy a hacer ahora. ¿Cómo definir el viaje? Tengo una palabra que lo describe perfectamente: GENIAL. Ya antes de empezar presentía que iba a ser grande, por lo que tuve presente que había que aprovechar cada minuto, y menos mal que lo hice porque no me podía imaginar lo magnífico que sería. México era un país que al principio no me llamaba nada la atención, de hecho fui porque tenía allí a un colega, a Juan, y la verdad que me alegro de haberlo hecho por muchos detalles. Lo primero que tengo que destacar de allí son su gente, todas superamables y encantadores, todos hablan con todos y siempre con una sonrisa. También hay que nombrar la comida: buenísima, además de exótica para nosotros… ¿quién me iba a decir que iba a comer insectos allí? Los lugares que visitamos fueron todos preciosos, algunos por su arquitectura y forma, como Guanajuato con sus casas de miles de colores; y otros por el ambiente que en él se respiraba, como Chiapas con sus indígenas y ambiente revolucionario. Y por supuesto las ruinas de civilizaciones prehispánicas, un sueño de pequeño que en este viaje tuve la gran suerte de cumplir. Pero un viaje no se basa en los sitios que visitas, sino también la gente nueva que conoces y los grandes momentos que puedes vivir con ellos, y se confirma que los hostales y albergues son lugares increíbles para ésto. ¿Hay algo más bonito en un viaje que lo que nos ocurrió en San Cristóbal de las Casas cuando salimos de marcha un grupo en el que había alemanes, estadounidenses, italianos, mexicanos y españoles, y que además no nos entendíamos entre nosotros? Por supuesto hay que destacar a Manolo y Carlos, los chicos catalanes, además de los italianos Mónica y Estéfano, unas grandes personas las 4. Fue gracioso volver a encontrarnos en Mérida los 6 después de varios días sin vernos; mola reencontrarte a gente en los viajes, es una bonita sensación. Tampoco me puedo olvidar de Rosa, la guapa mexicana que tuve la suerte de conocer en Guanajuato. Por último, y no me enrollo más, Juan fue un anfitrión perfecto; nunca sabré agradecerle lo bien que se portó conmigo y todo lo que hizo por mí en este viaje. Gracias a él pude estar más inmerso en la cultura mexicana, en lo diario y cotidiano. También a su hermano Rubén, siempre me acordaré de él cuando vea el libro que me regaló. Por todo esto fue un gran viaje, uno increíble. Tengo que contar una cosa que me ocurrió cuando me volvía a España, y que no me ha pasado a fecha de hoy nunca más, y era que me quería quedar, no quería volver. En todos los viajes siempre llega un momento en el que, aunque te gusté mucho lo que estás viendo y viviendo, pues tienes ganas de volver a tu casa. En esto no ocurrió nunca, de hecho me planteé seriamente quedarme y no volver, me encantaba el país, sus costumbres y su gente. ¿Por qué no quedarme? Al final volví… Al final de todo esto me quedo con la gran suerte de haber vivido un viaje así, lleno de grandes y buenas experiencias y momentos que nunca nadie podrá quitarme…
  3. Acabemos de contar el viaje: Día 16 y Día 17: México D.F. – Madrid – Granada Llegó la hora de volver a España, el viaje había llegado a su fin. Nos despertamos temprano para que nos diera tiempo a preparar las maletas, y a mí a llegar al aeropuerto, ya que mi vuelo salía sobre las 12h00, por lo que deberíamos de salir a eso de las 9h00 de allí. Preparamos las cosas, nos pasamos las fotos, desayunamos y me despedí del compañero de piso de Rubén que se iba a clase. También del gato del piso, que menuda noche me había dado. Nada más acostarme noté un zarpazo suyo en la cabeza porque quería saltar al sofá, donde estaba yo durmiendo. Y de hecho lo consiguió, porque durmió conmigo; me di cuenta cuando en una de las muchas vueltas que uno da por la noche noto que estaba entre el respaldo y yo. El gato y yo Nos hicimos una última foto en el piso de Rubén con el gato y al fondo el símbolo de los Pumas, equipo de fútbol favorito por los universitarios. Juan, el gato y yo Cuando ya salíamos del piso, Rubén tuvo un bonito detalle conmigo y fue regalarme el libro que me había dejado durante el viaje “México Profundo” puesto que sabía que me hubiera gustado leérmelo; de hecho el día anterior me hubiera gustado parar en una librería para buscarlo, pero no nos dio tiempo. Ya el día de antes me lo intentó dar, pero le dije que no; este día insistió diciéndome que para él sería más fácil encontrarlo allí y que me lo tomara como un presente, y que si no lo aceptaba se iba a enfadar, así que al final me lo quedé. Todo un detalle. Y nos fuimos en coche para el aeropuerto. Decían que había mucho tráfico, pero a las 10h00 ya estaba allí. Me dejaron en la puerta de las salidas internacionales y allí me despedí de Juan, Rubén y Marta, agradeciéndole todo lo que habían hecho por mí estos días, y deseando verlos algún día en algún lugar del mundo. Habían sido 3 personas encantadoras. Y ya me quedé solo. Me fui a facturar la mochila, pidiéndole a la chica que me pusiera frágil en ésta; las botellas de tequila debían de llegar enteras. Pasé el típico arco del detector de metales y fui a preguntar si tenía que visar mi salida del país, pero me dijeron que no hacía falta. Y mientras llegaba la hora del embarque, me puse a actualizar el diario, que estaba muy atrasado entonces. Nos montamos en el avión, y éste estaba más lleno que el de la ida. Al lado mía había sentada una chica de Galicia, de una aldea cercana a Orense, que volvía después de haber pasado un mes en México con amigos que tenía allí, puesto que se había pasado 4 años viviendo allí con los padres. El viaje fue normal, y más aburrido que el anterior; menos mal que la chica gallega era simpática y de vez en cuando charlábamos un poco. Aquí no daban periódicos y tardaban mucho en poner las películas. Además, también había que tener en cuenta que el trayecto era hacia el este, por lo que en pocas horas de salir ya se nos hizo de noche. La ruta yo creía que sería en línea recta, pero no, vimos que bordeaban la costa estadounidense y desde allí coger rumbo directo a Madrid. En el viaje actualicé el diario, comimos, de vez en cuando paseíto para estirar las piernas e ir por un zumito de piña, hablar con Diana, e incluso dar alguna que otra cabezadita. Y llegamos a España. Serían las 5h20 hora española, pero para nuestros cuerpos, que todavía se regían con la hora mexicana, serían las 23h20. Y es lo que tienen estos vuelos con cambios horarios tan grandes; si en la ida viví un día de 30 horas, ahora me había tocado vivir uno de 17 horas. Aterrizamos en la T-4 satélite, así que trenecito para la T-4 y allí me despedí de Diana, que tenía que coger otro vuelo para Santiago de Compostela. Yo me fui a por mi mochila y me fui para el metro, quería llegar a la estación de autobuses para coger uno para Granada lo antes posible. No sabía si a esa hora habría líneas funcionando, pero entre unas cosas y otras ya eran las 6h00 y cacho (o y pico), así que me monto y me fui hacia la estación Méndez Álvaro, puesto que desde aquí salían los autobuses mas tarde que desde Avenida América. Y llegué para coger el autobús de las 7h30. Hablé con mi madre nada más montarme para decirle que seguía vivo y poco más. El resto es un viaje clásico para Granada: parada de descanso en Almuradiel y unas 5 horas de camino, en las que eché unas cabezaditas, víctima del jet-lag, y anoté las últimas anotaciones en el diario. Atrás quedaba un gran viaje, y muchas vivencias y momentos inimaginables vividos, las cuales quedarán siempre en mi memoria y es algo que nunca nadie podrá arrebatarme.
  4. ¡¡Estimado alvin!! Ya me parecía raro que no aparecieras en algún momento. Cierto..., soy un poco huevón y tenía que haberlo acabado antes , pero yo termino los diarios que empiezo, no como otros que tienen varios abiertos desde hace ya algunos años... , jejejeje Pues quillo, la charla no tuvo que ser muy buena que digamos; tampoco es que yo diga mucho...
  5. Y vuelta a México D.F. Volvimos a tomar el autobús (28 pesos), metro (2 pesos) y colectivo (2,5 pesos) y nos fuimos para el piso de Rubén. Allí estaban esperándonos él y Marta para ir a comer. Serían las 17h00. Fuimos a comer a un sitio que estaba bastante cerca, que iba Juan pregonando desde hacía tiempo y en el que se hacía un pozole buenísimo, así que fuimos para allá. Aquello era simplemente el patio de una casa y prácticamente el único plato de comida que servían era el pozole, no era un restaurante como tal. Esta comida tenía maíz, cuyos granos bastantes más gruesos de los que estamos acostumbrados, jitomate (tomate) y carne de res o cerdo; te servían al lado un plato con rábano, cebolla y lechuga picada, por si querías añadírselos. También había nachos, y un par de salsas, una como es lógico picaba. Con las cervezas empezamos a hablar un poco de todo. Me comentaron que el pozole es la comida típica mexicana, común a todos los estados, y me preguntaron cuál sería la esapñola, y la verdad, no supe contestar... Pedimos un café de la olla (en mi tierra se llama de pucherete) y para acmompañar un dulce. Se estaba genial en el sitio, y la compañía muy agradable. Comiendo Empezó a hacerse de noche, así que nos fuimos a casa de Rubén a dejar un par de cosas y a ver un poco el D.F. Serían las 19h30. Tomamos un taxi para ir a casa de Marta a por el coche, y la carrera solo nos costó 15 pesos. Y empezamos a ver el D.F. Aquello era impresionante como conducen, es la ley del más fuerte, el que entra primero es el que tiene preferencia, los chilangos (como se les llama comúnmente a los del D.F.) se saltan a la torera las normas de tráfico. Como ejemplo, tuvimos que ir a una gasolinera a llenar el depósito y como estaba en el otro lado de la avenida, se dio un volantazo, cruzando los 4-5 carriles del sentido contrario. Yo flipaba. Y vuelta lo mismo. La gasolina allí es baratísima, solo 7 pesos/litro, y el diésel no existe (dos tipos: 85 ó 92 octanos), pero para qué, con estos precios... Llegamos al zócalo, una gran plaza del Distrito Federal en la que en su centro no hay nada, absolutamente nada. Es sitio de reunión, y de vez en cuando se hacen conciertos gratuitos de gente de la categoría y clase de Joaquín Sabina... En uno de los laterales se encuentra la catedral, la cual es enorme. También el Palacio Presidencial, sede el presidente de la república de México, y el Palacio Municipal en otro lado. Como detalle, el primero es de un partido de derechas, y el segundo de izquierdas (en este país, al contrario del resto la capital suele ser de esta ideología); pues cuando se celebra el 15 de septiembre, día de la Independencia, cada uno la celebra por su lado, y suelen haber enfrentamientos entre los de un bando y los de otro. Catedral Palacio Presidencial (el que no se encuentra iluminado) Palacio Municipal Detrás de la catedral está el Templo Mayor, que son unas ruinas al aire libre donde se originó la ciudad de México. Esa zona es conocida como Tenochtitlan. El motivo por el que la ciudad se instaló allí proviene de una leyenda, que decía que se debía de construir una ciudad donde se viera un águila devorando una serpiente sobre un nopal, y dio la casualidad que fue en un lago. Así que lo que hicieron fue desecar el lago y comenzar a construir el actual México D.F. Si os dais cuenta, el escudo de la bandera de México es exactamente esto mismo: un águila comiendo una serpiente sobre un nopal. Templo Mayor En uno de los lados había unos danzantes, grupos que se suelen reunir en este zócalo para ensayar danzas de las antiguas culturas prehispánicas. Llevan sonajeros en los tobillos y... bueno, mejor os dejo un vídeo para que os hagáis una idea mejor: Y una foto: Danzantes (foto de Juan) Nos volvimos a montar en el coche, y me dejaron ir delante para ver mejor la ciudad. Pasamos por delante de un ángel muy similar a uno que había en Berlín, y que curiosamente era la imagen de una de las postales que le devolví a Juan cuando llegué. Se la compró en aquellos entocnes por eso mismo, porque le recordaba al que existía en D.F. Y después visitamos el Monumento a la Revolución: Monumento a la Revolución Y era hora de irnos a tomarnos unas cervezas. Fueron dos rondas, que pagué yo como agradecimiento a todo lo que estaban haciendo por mí, y para gastar los pesos que me quedaban. Fueron 132 pesos + 8 pesos de propina. Mi capital se quedaba en 61 pesos, así que fuimos a un supermercado para comprar comida que tenía pensado traerme a España; fueron 3 bolsas de frijoles fritos ya hechos, una lata de flor de calabaza, 2 salsas y tortillas, ya que me dijeron que me podían durar hasta 10 días en el frigorífico. Total: 58 pesos. Me sobraron 3 pesos que me quedé de recuerdo... Y para casa de Rubén a dormir. El viaje ya llegaba a su fin. Esta sería mi última noche en México...
  6. Día 15: México D.F. – TEOTIHUACÁN – MÉXICO D.F. El plan para este día era el siguiente: ir a ver las ruinas de Teotihuacán y posteriormente comer con Rubén y ver lo que me diera tiempo de Distrito Federal. Así que nos despertamos a eso de las 9h00, un poco tarde para todo lo que teníamos pensado hacer. Desayunamos, nos preparamos y nos fuimos a las ruinas Juan y yo. Al principio éste no iba a venir, de hecho tenía pensado salir ese día ya para Guadalajara, pero Rubén le dijo que se quedara, que mejor que no me dejara ir solo por la ciudad porque se me veía las pintas de guiri. Así que aguantó hasta el final. Tomamos el colectivo, que en esta ciudad son unas furgonetas Volkswagen verdes, en las que te sientas en círculo en la parte de atrás y ya existen varias rutas ya establecidas pero sin las paradas definidas. Un detalle gracioso de éstos es que la puerta lateral la abre y cierra el conductor con una cuerda… El precio es de sólo 2,5 pesos; ya comenté que el transporte público en México D.F. es muy barato. Colectivos Llegamos al inicio de la una de las líneas de metro; aquí había que tener cuidado con las mochilas, así que nos las pusimos delante. Compramos una botella de agua para el día, y nos fuimos a comprar los boletos: 2 pesos cada uno. El destino era la última parada: Indios Verdes. Tardamos unos 45-50 minutos en atravesarnos la línea entera. Nada más salir de esta estación de metro, encuentras muchos autobuses en la calle, no es una estación como tal. Buscamos el que nos llevara a Teotihuacán y nos montamos en él. El precio del boleto fueron 28 pesos, y tardamos un buen rato en llegar, todo por un coche mal aparcado que no nos dejaba pasar y tuvimos que esperar a la grúa, todo esto a unos 100 metros de la entrada a las ruinas. Cuando nos dimos cuenta de donde estábamos parados nos dio bastante coraje. Y compramos la entrada para visitar las ruinas: 45 pesos, como siempre. Desde allí Juan me señaló lo que aparentemente era una montaña, pero que era una de las pirámides de las ruinas. Al entrar, encuentras una explanada y allí vimos a unos voladores, típico de la región de Veracruz. Juan dijo que esperáramos a verlos, que eso era algo típico. Consiste en un poste se suben 4 personas, que son los llamados voladores, que estaban enrollándose la cuerda al palo. En un momento uno en lo alto del poste y se pone a tocar una pequeña flauta y a hacer algo de percusión, y posteriormente se descolgaron bajando dando vueltas mientras se desenrollaba la cuerda que los ataba. Fue curioso verlo: Voladores Voladores Pero habíamos ido a ver las ruinas, así que nos dirigimos hacia ellas. Entramos y pedimos un mapa. Al inicio de la visita lo que te encuentras es la llamada Ciudadela, y hacia la izquierda la Calzada de los Muertos, un largo camino que te llevaba a las dos pirámides de las ruinas: la del Sol y la de la Luna. Comenzamos viendo la Ciudadela en la que existen hasta 15 basamentos piramidales, Ciudadela - Plataforma Adosada Ciudadela Ciudadela Ciudadela Y comenzamos a andar por la Calzada de los Muertos, la cual es bastante larga: hasta 4 km. Tiene su final norte en la pirámide de la Luna, y el extremo norte aún no ha sido descubierto. Y no es siempre tal y como aparece en la primera foto, una simple carretera; te vas encontrando escaleras que tienes que ir bajando y subiendo para avanzar. En los laterales existen complejos arquitectónicos que corresponden a antiguos palacios y templos. Calzada de los Muertos Calzada de los Muertos Calzada de los Muertos Y después de mucho andar, aunque no lo pareciera, llegamos a la primera de las pirámides, la del Sol: Pirámide del Sol Tiene unos 63 metros de altura, siendo la segunda más alta de toda Latinoamérica, por detrás de una que se encuentra en Puebla. Los primeros estudios indican que fue base de un gran templo dedicado al Sol, aunque otros estudios dicen que la divinidad venerada fue Tlácoc el dios del agua debido a la existencia de un canal que circunda su base y haber encontrado enterramiento infantiles en sus esquinas, característicos de ofrendas dedicadas a este dios. Sea dedicada a uno o a otro, tengo que decir que es impresionante, es una mole que impresiona. Pirámide del Sol Y nos dispusimos a subir las grandes escaleras que nos llevaban a la cumbre. La pirámide consta de 4-5 cuerpos, y entre unos y otros hay unos descansillos. Los escalones son un tanto altos, y no muy uniformes, por lo que costaba un poco subir. Subiendo ¡¡Y llegamos a la cumbre!! Y nos hicimos la foto que todo buen escalador se hace al llegar a la cima para demostrar que conseguimos subir: Juan y Pasos Largos en la cumbre de la Pirámide del Sol Descansamos un poco, e hicimos unas cuantas fotos desde allí arriba, porque las vistas del resto de las ruinas eran increíbles: Calzada de los Muertos, desde la Pirámide del Sol Calzada de los Muertos, desde la Pirámide del Sol Calzada de los Muertos y Pirámide de la Luna, desde la Pirámide del Sol Y nos bajamos, había que visitar la otra pirámide, la pirámide de la Luna. Pirámide del Sol (foto de Juan) Seguimos andando por la Calzada de los Muertos, y ya este tramo sí estaba asfaltado. Calzada de los Muertos Y llegamos al final de la calzada que se abría en una plaza, de unos 150 metros de lado con varios edificios dispuestos de formas simétricas; y en uno de sus laterales la pirámide de la Luna. Playa Mayor y Pirámide de la Luna En una esquina de esta plaza se encontraba el Palacio de Quetzalpapálotl, que todavía conservaba restos de pinturas: Palacio de Quetzalpapálotl Palacio de Quetzalpapálotl Detrás de este palacio existe una salida, pero Juan quería ver un museo que habíamos dejado atrás y que se encontraba detrás de la pirámide del Sol, así que teníamos que volver por donde habíamos venido. Le dije que de acuerdo, pero que quería subir a la pirámide de la Luna, así que me esperó. Antes de subir a la pirámide, subí a uno de los templos de los laterales para hacerle unas fotos desde allí… Pirámide de la Luna Plaza Mayor Como se ve en la foto anterior, la pirámide de la Luna es más pequeña que la del Sol, y tiene una basamento piramidal delante adherido. No se puede subir hasta su zona más alta, teniéndonos que quedarnos en la plataforma de delante. Desde allí hay unas bonitas vistas de la Calzada de los Muertos y de la plaza mayor. Plaza Mayor, Calzada de los Muertos y Pirámide del Sol, desde la Pirámide de la Luna Plaza Mayor y Pirámide del Sol, desde la Pirámide de la Luna Al bajar Juan estaba hablando con una de las mujeres que tenía un puestecillo que vendía aros y flechas, además de figurillas típicas, y le estaba contando que recordaba cuando ella era joven que jugaba en aquella zona, antes que se descubrieran todas las ruinas, y que lógicamente en aquellos momentos no se podían imaginar todo lo que tenían debajo. Por lo visto, la Calzada de los Muertos era la carretera por donde pasaba el autobús que iba al D.F. Nos fuimos hacia el museo, que no os penséis que estaba cerca. Tuvimos que llegar a la altura de la pirámide del Sol, y desde allí todavía quedaba 800 metros por un camino. Entramos y la verdad que estaba bastante interesante, y en él había una gran maqueta de lo que sería la ciudad. Y acabó la visita a las ruinas de Teotihuacán. Dejo esta foto de Juan, en la que sale un nopal (símbolo de México) y al fondo la Pirámide del Sol: Teotihuacán
  7. Tu te has hecho un viaje por España y nos la estás intentando colar Qué puntazo el encontrarte gente conocida en los viajes. Esto... entre tú y yo Pandus y que no se entere nadie más, realmente no fui a México, fue un viaje por la meseta central, empezando por Guadalajara y pasando por Valladolid y Mérida, y eso que al final decidimos no pasar por Salamanca... La verdad que había muchos pueblos y ciudades con nombres de los que existen en España, supongo que los pusieron los antiguos conquistadores. Día 14: Mérida – CUZAMA – Mérida – México D.F. Nos despertamos bastante temprano, a eso de las 8h00, para desayunar ya que empezaba a esa hora. El desayuno estaba preparado cuando llegamos: café, pan, mantequilla, mermelada, huevos revueltos, una rodaja de sandía, otra de melón y medio plátano. Me acuerdo porque estaba todo muy bien presentado. Comimos y pudimos dejar nuestras mochilas en los blockers de la habitación, y nos fuimos a buscar a los italianos, que habíamos quedado con ellos para ir a visitar unos cenotes. Teníamos que ir hasta la estación ADO de Mérida para poder ir a Cuzama, el sitio que nos habían recomendado en la oficina de turismo el día anterior. Empezamos a mirar los horarios, pero como estaba todavía medio dormido ni me enteré cuando salían ni cuando llegaban. Solo recuerdo que Juan propuso un plan B para llegar donde queríamos, y era ir colectivo, así que al final hicimos eso. Lo tomábamos en la misma calle y nos costó 20 pesos. El colectivo llegaba hasta el pueblo de Cuzama, y en ocasiones iban hasta la hacienda donde se encontraban los cenotes que queríamos visitar, como fue nuestro caso. Al llegar conocimos a quien iba a ser nuestro guía, Hermenegildo, una persona encantadora. La visita nos costó 150 pesos, y el medio de transporte era muy gracioso: un carro que iba sobre raíles y tirado por un caballo. Más auténtico imposible. Eran los antiguos caminos por los que se transportaba la mercancía que producía la hacienda, y que en la actualidad le han dado este uso turístico. Montándonos en el carrito con Hermenegildo El viaje no es que fuera muy cómodo, como es lógico los vaivenes y los culetazos te los dabas, pero era genial ir de esta forma. Mónica y Pasos Largos Juan y Estéfano Y llegamos al primer cenote. Paramos para visitarlo, y vimos que Hermenegildo retiraba el carro de los raíles, puesto que era el mismo camino para los que iban que para lo que volvían, y había que dejar el camino libre. El nombre del cenote era Chelentun, era semiabierto y de 24 metros de profundidad. Había una escalera que te permitía bajar cómodamente a él. Bajando al cenote Bajando al cenote (foto de Juan) Los italianos estaban sorprendidos porque nunca habían visto un cenote, al igual que yo cuando vi el primero en Valladolid. Hicimos unas cuantas fotos de rigor... Cenote Chelentun ...¡¡y al agua!! Se podía meter uno por una escaleras, o saltar desde una plataforma que estaría a unos 3 metros de altura. Como consejo: no os tiréis de esa altura de cabeza; yo como soy un poco cafre se me ocurrió y duele… Pasos Largos antes de saltar Bañándonos en el cenote El agua estaba buenísima, y como podéis ver en las fotos el agua cristalina; una pena el no haber llevado gafas de bucear. Unos guiris tenían y estuve a punto de pedírselas porque se veía un fondo chulísimo. Terminamos de bañarnos, y nos fuimos a nuestro carrito, a proseguir la marcha hacia el siguiente cenote, el más lejano de todos (tienen la costumbre de parar en el primero, luego en el tercero y por último el que se encuentra en medio): Camino al siguiente cenote Éste se llamaba Bolonchoojol, y era cerrado. Hermenegildo nos enseñó el hueco por donde entraba la luz al cenote y era precioso ver el agua tan azulada por ahí: Cenote Bolonchoojol desde una pequeña abertura Tenía 34 metros de profundidad, y para entrar había que bajar por unas escaleras verticales en un hueco bastante estrecho, de hecho dejamos las mochilas porque no se podía entrar físicamente con ellas colgadas: Bajando por las escaleras Llegamos a la plataforma, unas cuantas fotos de rigor y ¡¡cómo no!! A volver a bañarnos: Cenote Bolonchoojol Bañándonos en el cenote Bañándonos en el cenote Juan y Estéfano saliendo del cenote Como podéis ver en una de las fotos, éste tenía una acumulación de piedras en los que se podía hacer pie; el resto era muy profundo. Detrás nuestra iba una pareja que venía con los padres de uno de ellos, llegábamos a un cenote y ellos aparecían después. Pues en éste vimos al padre, que tendría unos 60-70 años no solo bajar, que ya era bastante peligroso porque un resbalón y abajo, sino también bañarse. Olé sus narices… Estuvimos otro ratillo y vuelta para ver el último cenote. Juan, Pasos Largos y Estéfano en el carro El camino de raíles El camino de raíles Llegamos al cenote nº 2. Hermenegildo, como en las otras ocasiones, soltaba al caballó cuando estábamos llegando que él ya solo sabía donde tenía que irse, y nos frenábamos solos. Los carros Este último cenote era más profundo. Había que tener cuidado al bajar porque había sitios con roca que resbalaba. Hicimos las fotos correspondientes y al agua. En éste había un árbol que les llegaba las raíces casi al agua: Monica observando el cenote nº 2 Cenote nº 2 Cenote nº 2 Cenote nº 2 (foto de Juan) En la foto de mi colega se puede ver lo cristalina y lo azuladas que son las aguas de los cenotes. En éste había una plataforma a unos 4-5 metros, así que desde allí nos tiramos, de pie lógicamente... Saltando Los cenotes están geniales, aparte de ser preciosos como podéis ver en las fotos, es una sensación curiosa estar bañándote en ellos, así que si alguno va a la península del Yucatán que no dude en visitar alguno de ellos. Salimos y ya nos fuimos de vuelta. En el camino nos cruzamos con un carrito, y como éramos nosotros los que volvíamos nos tuvimos que bajar, retirarnos de la vía y dejar pasar al otro. Así es como lo tienen establecido, el que vuelve es el que debe dejar paso. Seguimos el camino, y Hermenegildo se paró al lado de un eneken y nos comentó que por lo visto los mayas lo utilizaban para obtener la fibra; y éstos los cultivaban siendo conocido como el oro verde. Y comenzó a contarnos una historia. Nos dijo que en su familia eran 13 hermanos, y que todos dormían en el suelo. Harto como estaba de dormir ahí, a los 12 años le pidió a su abuelo que le enseñara a tejer una hamaca, y eso fue lo que hizo, fabricarse una como hacían los antiguos mayas. Tal y como él dijo, “quién le iba a decir entonces que esa misma años después le serviría como hamaca matrimonial. Ya no la tiene, se fue deteriorando con los orines de sus hijos, pero podemos hacernos una idea de la resistencia de las hamacas de eneken. Pues mientras nos contaba esta historia cogió el trozo de una hoja de esta planta y empezó a sacarle las fibras para hacer una pulsera que le regaló a Mónica, previamente demostrarnos la resistencia de éstas. Y llegamos al sitio de donde salimos. Además de los 150 pesos que nos costaba la visita, cada uno le dimos 50 pesos de propina a Hermenegildo por lo simpático y agradable que era, así que todo me costó 200 pesos. Mereció la pena. Preguntamos si había llegado el colectivo, puesto que eran las 13h30, la hora a la que habíamos quedado con él, pero nos comentaron que no. Nos ofrecieron ir a pueblo en unos carritos tirados por bicicletas, pero dijimos que no. Mientras esperábamos si venía o no decidimos ver un poco los alrededores. La hacienda La hacienda Viendo que no venía nadie Juan tuvo la idea de ir andando hacia el pueblo, ya que no estaba lejos. Así que 2 italianos, 1 mexicano y 1 español bajo un sol infernal andando por una llanura solitaria de la península del Yucatán se dirigían hacia la civilización… Caminando hacia Cuzama Llegamos al pueblo de Cuzama, esperamos unos 10 minutos a que llegara el colectivo, más bien un minibús. Nos costó 14 pesos, y en el camino me quedé dormido; estaba reventado. Llegamos a Mérida, y nos fuimos a comer al mismo sitio donde nos habíamos encontrado el día anterior. Serían las 16h00 y teníamos que darnos prisa puesto que Juan y yo teníamos que coger un vuelo a México D.F. Queríamos comida corrida, pero a esa hora ya no tenían; así que el mexicano y yo pedimos una torta, un bocadillito de carne en salsa con aguacate y algo más; total 24 pesos cada uno. Comimos corriendo y dejamos a los italianos allí comer tranquilamente; se habían propuesto venir al hostal para despedirnos. Fuimos al hostal, nos duchamos, preparamos las mochilas y llegaron Estéfano y Mónica. Por lo visto se acababan de cruzar con Analis, una chica de Florida que conocimos en el hostal de San Cristóbal de las Casas. Parece que se confirma que Mérida es un sitio de reencuentro. Nos despedimos de los italianos. Mónica me dijo que se me notaba triste, y era verdad… me estaba dando cuenta que mi viaje se acercaba a su final. Tomamos un taxi que nos avisó el dueño del hostal, y nos montamos para que nos llevara al aeropuerto de Mérida. El taxista era bastante simpático, de hecho nos paró en una nevería que él conocía porque Juan tenía ganas de una nieve; nos aconsejó de coco, así que yo me compré una de este sabor y de guanábana, que no sabría definir el sabor pero que estaba muy buena; el mexicano coco y mango e invitamos al taxista a un vasito de coco. En total las tres nieves nos costó 21,50 pesos. Llegamos al aeropuerto y la carrera nos costó 80 pesos. Facturamos las maletas, nos terminamos las nieves y nos fuimos a embarcar. El vuelo era nacional, por lo que no había ningún control policial, aunque yo tenía preparado el pasaporte por si las moscas. La compañía se llamaba Volans, era de bajo coste que estaba empezando; el precio de los 2 boletos fueron 1.700 pesos, que ya Juan había comprado antes de que yo llegara a México. El vuelo salía a las 18h35, y su destino era Toluca, la capital del estado de México. Se encontraba cerca del Distrito Federal (México D.F.), la capital del país. El viaje tuvo varios momentos graciosos y era cuando se disponía a hablar el comandante. Empezó diciendo: Buenas tardes damas, caballeros, chiquillas, chiquillos… Y empezó a hablar como si le estuviera contando a un niño pequeño que significaba estar a 3.500 pies de altura, que sería mucho más alto de lo que pudiera llegar Buzz Lightyear y cosas así. Como detalle, en estos viajes de bajo coste dentro de México sí reparten comida gratis: simplemente una bebida y una bolsa llenas de santurrones, hechos de maíz y trigo y que llevaban chile y limón ¡¡cómo no!! Siguiendo la recomendación de Juan, de beber pedí tequila con naranja. El vuelo duró unas 2 horas, y en el aeropuerto de Toluca tomamos un autobús que nos llevó al barrio de Santa Fe de México D.F. Allí nos recogió Rubén, el hermano de Juan, que venía con Marta, su novia. Nos montamos en el coche, y empecé a darme cuenta de lo que es el tráfico en México D.F.; lo único que voy a decir que era impresionante. Nos fuimos a comer a un sitio donde hacían burritos, que es una comida típica del norte. Yo pedí un burrito mexicano, que tenía carne de res, aguacate, nopal (en mi tierra chumbera, en Granada he escuchado que palas, en otro lugar de España ni idea)… y estaba bastante bueno. Pedimos una cerveza de 1 litro para los 4 y nos pusimos a hablar. Tanto Rubén, que ya lo conocía del anterior paso por México D.F., como Marta me parecieron dos personas muy agradables. Todo nos costó 228 pesos, que pagamos entre Juan y yo. Y nos fuimos a casa de Rubén a descansar. Marta ya se fue a su casa. Ya era tarde, y allí nos esperaba su gato, bueno el de su compañera de piso, que no nos dejaba tranquilos: si cogí algo de mi mochila, lo tenía encima, y le gustaba mucho jugar, pero el problema era que mordía… Era gracioso, pero un poco hartible. Llegamos sin hacer mucho ruido puesto que las compañeras de piso de Rubén estarían durmiendo. Nosotros dormiríamos en el salón, yo en el sofá y Juan en el suelo en una esterilla. Le dije que no me importaba dormir en el suelo, pero me calló y me dijo que no, que al sofá. El gato lo encerraron, a mi colega no le hacía gracia que lo tuviéramos por allí porque estaba muy nervioso y podría arañarnos la cara… Recuerdo que cuando me tumbé para dormir tenía las piernas fatal por las picaduras de los mosquitos; si mal no recuerdo creo que fue por Tulum cuando me empezaron a molestarme bastante. Incluso en una ocasión Mónica se asustó al ver un bulto en mi pierna que era de una picadura. Y se acabó el día...
  8. Si es que cuando uno se pone, se pone... Día 13: Valladolid – MÉRIDA Nos levantamos ese día bastante temprano, ya que teníamos que tomar el autobús hacia nuestro penúltimo destino: Mérida. Actualmente es la capital de la península del Yucatán y por lo visto en una época pasada fue una ciudad muy importante desde el punto de vista comercial, pudiendo ser lo que es la actualidad Nueva York. Tengamos en cuenta que en los años 50 México fue uno de los países más prósperos del mundo. Salimos de Valladolid a las 8h15 y el precio del boleto fueron 74 pesos, ya que íbamos en 2ª clase; en 1ª nos hubiera costado unos 105 pesos. A los 5 minutos de salir hubo una parada para que los conductores desayunaran, así que Juan aprovechó y compró unos bocadillitos de carne en salsa, que lógicamente picaban un poco. En el camino me puse a actualizar el diario. Llegamos a Mérida a eso de las 11h30. Nos bajamos del autobús en lo que sería una parada, porque estación como tal no era. Comenzamos a nadar sin rumbo hasta que preguntamos donde estaba la plaza principal ya que allí supusimos que allí estaría turismo para preguntar. Y eso hicimos. Llegamos, buscamos la oficina de turismo y allí preguntamos por un hostal para pasar la noche además de pedir información sobre la ciudad. Nos recomendaron el Hostal Santa Lucía, que pertenecía la red de Hostelling Internacional. Y allí fuimos. Llegamos al hostal y nos pedían 85 pesos por noche en el dormitorio. En éste había muchísimas camas, haciendo que aquello fuera muy estrecho. Como vimos que el techo se estaba cayendo cogimos las literas de abajo. A eso hay que sumarle que una tubería del cuarto de baño se había roto y se estaba inundando, aunque ya la estaban arreglando. Sí, era un poco cutre, pero nos quedamos en él. Prácticamente estábamos solos, creo que 6-7 huéspedes solamente. Algo bueno que tenía el hostal es que había internet gratis, así que aproveché para ver el correo. Dejamos las cosas y nos fuimos a ver la ciudad. En la oficina de turismo preguntamos por una playa que nos habían recomendado el día anterior una mexicana en Chichén Itzá, Celestum, o visitar algún cenote. Nos comentaron que para ver estos últimos había unos tours organizados por agencias de viajes. No sabíamos que hacer, así que decidimos ir a comer porque teníamos hambre; ya veríamos después qué hacer con el estómago lleno. Nos paramos en un restaurante para comer, lógicamente comida corrida. Yo pedí sopa de pasta y unas puntas de bistec en salsa, con sus tortillas, agua y algo más. Todo fueron 30 pesos. Empezamos a comer, y empecé a comentar a Juan que me sonaba que dijeron los italianos que habíamos conocido en San Cristóbal de las Casas que ese día estarían también por Mérida. No termino la frase, y veo que se levanta y se va hacia la salida ; yo me vuelvo para ver que hace, puesto que estaba de espaldas a la puerta y a quién veo entrar: ¡¡a los italianos!! ¡¡A Mónica y Estéfano!! Fue un auténtico puntazo; nos saludamos con gran alegría de volver a encontrarnos, y como estaban buscando un sitio donde comer se sentaron con nosotros en la mesa. Ya nos contaron qué habían hecho en estos días y cuales eran sus planes para los días que les quedaban en México. Y en mitad de la comida entra al restaurante otro rostro conocido: una chica americana que dormía en nuestra habitación en Oaxaca. Reconoce a Juan y se sienta también con nosotros a comer, junto con un japonés que iba con ella, aunque tengo que decir que ésta era muy saboría. Mi colega se puso a hablar con ella, puesto que habla perfectamente inglés, preguntándole qué había hecho, dónde había estado,… Le contó que había estado en San Cristóbal de las Casas, pero que no le gustó porque no había fiesta, y mi querido Juan tuvo la gran ocurrencia de decirle que se fuera a Cancún, que aquello le iba a encantar que habría gringos como ella; ella le dijo que no era así, y dejó de hablarnos… En fin, ella se lo pierde. Reencuentro con los italianos Terminamos de comer y nos fuimos los 4 a visitar la ciudad. Prácticamente todo lo importante está en la Plaza Principal. Plaza Principal Empezamos a hacer un poco el tonto con las cámaras, haciéndonos Mónica y yo una foto a la vez: Mónica, foto de Pasos Largos Pasos Largos, foto de Mónica Empezamos a hablar en hacer un tour por los cenotes, y un hombre nos escuchó así que llamó a una agencia y consiguió que nos ofrecieran uno por 350 pesos. Lo vimos muy caro, así que fuimos a la oficina de turismo para que nos comentaran como llegar por libre. Nos comentaron que lo mejor es ir hasta Cuzama, y desde allí que nos llevaran a una hacienda que podríamos visitar 3 cenotes por 150 pesos. Era mucho más barato que por agencia, así que decidimos ir al día siguiente viendo previamente que nos diera tiempo llegar al avión que teníamos que tomar por la tarde-noche.. Salimos de la oficina, y subimos al Palacio Municipal para ver la plaza desde arriba y con la catedral al fondo. Palacio Municipal Palacio Municipal Plaza desde el Palacio Municipal (foto de Juan) Hacía calor y teníamos sed, así que terminamos en una nevería. Me pedí un agua de piña colada (8 pesos) que os aseguro que estaba buenísima. Nos sentamos en la plaza tranquilamente y como seguía con sed fui a comprarme otro agua. En la nevería Cuando volví de comprar el segundo agua vi que había un chico de la tierra hablando con los italianos, puesto que estaba estudiando su idioma. Nos explicó un poco la ciudad y nos recomendó un sitio donde vendían hamacas de muy buena calidad. No recuerdo que lo haya comentado antes, pero en la península del Yucatán la gente suele dormir en éstas, no en camas como tal. Cuando el día anterior estuvimos paseando por Valladolid Juan y yo, vimos un par de casas con las puertas abiertas, y se podían ver las hamacas colgadas dentro de la propia casa. Queríamos visitar la catedral, que habría a las 16h00, así que para hacer tiempo fuimos a ver la tienda (serían las 15h30). Ésta estaba en frente de donde habíamos comida, y vendían artesanías mayas. El comerciante nos explicó varias cosas curiosas: Mérida es la capital de la hamaca y son de herencia maya. Se hacían de eneken, que es parecido al agave (planta de donde se obtiene el tequila), aprovechándose su fibra para la fabricación. Las de buena calidad tienen una garantía de 12-15 años, y no hay ningún problema si se mojan. Nos estuvo enseñando varias hamacas, e incluso probamos alguna y os aseguro que son supercómodas. Como curiosidad nos enseñó el libro del “Hamaca Sutra” que no creo que tenga que comentar de qué trata. En relación a los precios, pedían por una hamaca de eneken 1.900 pesos, pudiendo rebajar a 1.200. Eran bastante caras como os podéis imaginar, pero hay que tener en cuenta la calidad y que ellos lo usan como nosotros usamos un colchón de una cama. De ahí nos fuimos a la catedral, la cual en su interior era muy simple; sólo había enorme Cristo en una cruz de madera en el centro, y varias fotos de la visita de Juan Pablo II, y poco más. Catedral Catedral En la misma plaza estaba el Palacio Estatal que visitamos puesto que había varios frescos de un artista local en los que se reflejaba la historia de México y Mérida. Palacio Estatal Interior del Palacio Estatal Sala del Palacio Estatal Fresco Y continuamos visitando la ciudad. Buscamos unos arcos que correspondían a las antiguas 8 entradas de la ciudad, de los cuales sólo quedan 3, consideramos patrimonio nacional. Encontramos 2, y el tercero estaba muy lejos así que pasamos de buscarlo. Arco y Cuartel de Dragones Arco del Puente Volvimos de la plaza a visitar lo único que le quedaba a la ciudad, la casa de Montijo, que cuando llegamos estaba cerrada. Creo que pertenecía a un antiguo conquistador, y en la puerta había esculpidos dos españoles que estaban sobre cabezas mayas supuestamente. Casa de Montijo Nos volvimos a sentar en la plaza y decidimos irnos a tomarnos unas cervezas en nuestro hostal para platicar un poco tranquilamente, así que hacia allá fuimos. En el camino compré la postal más cara de todo el viaje: 7 pesos. En la plaza con los italianos Llegamos al hostal y como el ordenador estaba libre, Mónica me pidió que le enviara un correo a Carlos y Manolo, los catalanes, diciéndole en qué hostal se encontraban puesto que éstos tenían pensado venir a Mérida también (ellos estaban en el Trinidad, muy cerca del nuestro). Pedimos unas cervezas (12 pesos). Comenzamos a hablar y vimos la posibilidad de poder comprar algo y cenar allí, pero al dueño del hostal no le hacía gracia que gente de fuera estuviera por allí, así que decidimos cenar fuera. Se fueron, habiendo quedado para más tarde, y yo me quedé escribiendo un correo a la familia. Juan se había quedado en la puerta del hostal hablando con el chavo de éste, y al rato lo veo entrar acompañado. ¿De quién? ¡¡De los catalanes!! Bueno, me pareció increíble encontrar a esta gente también allí. Fue un puntazo, pura casualidad, puesto que ellos pasaron por la puerta y Juan fue el que los vio. Dejé de escribir el correo, y nos pusimos a hablar de lo que habían hecho en los días anteriores, y nos dijeron que habían llegado a Mérida el día anterior, y que curiosamente se alojaban en el mismo hostal que Mónica y Estéfano. Con Carlos y Manolo en el hostal Estuvimos un rato platicando con ellos, y ya le dijimos que habíamos quedado con los italianos para cenar, y que lógicamente se vinieran. Nos despedimos para prepararnos un poco y a eso de las 20h30 nos fuimos a la esquina en la que habíamos quedado. Allí estaban Mónica y Estéfano esperándonos, y le dimos la sorpresa diciéndole que habíamos visto a los catalanes y que también habíamos quedado con ellos en su hostal. Y nos fuimos hacia allí a esperarles jugando una partidita de billar. Y aparecieron. Nos juntamos los 6 que ya habíamos estado juntos en San Cristóbal de las Casas y que el azar quiso que nos juntáramos nuevamente en Mérida. Fue increíble, de éstos momentos inolvidables que siempre existe en cada viaje. Volver a encontrarte a gente que has conocido en éste es un momento de gran alegría. Los 6 magníficos Y nos fuimos a cenar por detrás del mercado, a un lugar que nos había recomendado el recepcionista de nuestro hostal. Nos dimo cuenta que Mérida es una ciudad que no suele haber mucha gente por la noche ya que la notamos muy solitaria. Para cenar pedimos lo típico: los panuchos, que viene a ser una torta acompañada con frijoles, res,… y estaba bastante bueno. Pedí un par de panuchos y una sopa de lima, que estaba buenísima, y todo me costó todo 41 pesos (2x8 panuchos + 25 sopa de lima). Juan y los catalanes habían comprado cerveza en una tienda de al lado para tomárnosla mientras comíamos. Cenando (foto de Mónica) Cenando Panucho Terminamos de cenar y nos fuimos a darnos una vuelta. Nos fuimos para la plaza principal, donde nos sentamos un rato para conversar un poco, y después decidimos irnos a una cafetería a tomar helado, café o lo que cada uno quisiera. En la Plaza Principal En la cafetería algunos pedimos unas bolas de helado, otros simplemente café o té. Pagué yo todo puesto que el día anterior había sido mi cumpleaños y quería invitarles a todos; ¡¡qué mejor manera de celebrarlo que entre colegas!! Aunque fuera con un día de retraso… Curiosamente el mismo día que yo cumplió años Estéfano, así que fue doble celebración. Me costó todo 148 pesos + 12 que dejé de propina. Y nos fuimos. Nos despedimos de los catalanes, que al día siguiente abandonaban Mérida, deseándole suerte en lo que les quedaba de su aventura latinoamericana. A los italianos los veríamos al día siguiente. Y nos fuimos a dormir. Fue un día increíble, no por la ciudad, que como veis no es que tuviera mucho que visitar, sino por los reencuentros que hubo. Lo importante de los viajes no son solos los monumentos que ves, sino también la gente que conoces, los momentos que vives,... y esta jornada fue especial porque tuvimos la gran suerte de volver a encontrarnos con unos amiguetes. Tengo que decir que éste fue un gran día.
  9. Llegamos a Valladolid, y Juan tuvo que cambiar dinero porque ya no le quedaban pesos. Nos fuimos al mercado a comer; yo elegí pozole, una sopa con maíz que tiene múltiples variedades, pero que es muy típico a lo largo de todo México. La comida nos costó 25 pesos cada uno, más 5 de propina. Luego como teníamos sed compramos un agua de Jamaica (10 pesos). Comida corrida - Pozole Nos fuimos hacia nuestra habitación, pero cogimos una calle para ver un poco el barrio donde estábamos, buscar un convento que había por allí. Una note curiosa, las calles van por números y no por nombres, como en Europa. Y dando una vuelta Juan entró en una tienda que era una zapatería, en la que los zapatos eran de cuero y los hacía un hombre mayor que estaba allí. Empezamos a preguntarle si los hacía él y poco a poco empezamos a entablar una conversación con el colega. Nos estuvimos un buen rato hablando con el hombre, perfectamente pudimos estar allí 45 minutos, ya que era una persona muy entrañable. Hasta se nos hizo de noche. Fue una de estas personas que conoces en un viaje y que sabes que no vas a olvidar. Esta foto me la hizo Juan sin darme cuenta: El hombre y yo Nos despedimos de él y seguimos paseando por el barrio, el cual era muy tranquilo, en busca del convento: Por el barrio Por el barrio Hasta que encontramos el convento, el cual estaba iluminado: Convento de San Bernardino de Siena Y seguimos paseando. Era mi cumpleaños, así que yo quería invitar a Juan a una cerveza, pero no encontramos ningún sitio para ello. El mexicano me dijo que tranquilo, que ya lo celebraríamos en México D.F. ¡¡Pero yo quería tomarme una cerveza ese día!! Lo único que pudimos hacer es comprar una botella de agua por 8 pesos, menos de la mitad de lo que nos costó en Chichén Itzá. Llegamos a la habitación y vimos ropa tendida, así que debía de haber gente. Nos duchamos, escuchamos un poco de música, yo escribí un poco el diario y a dormir. Y así fue mi cumpleaños del año 2007. No estuvo nada mal puesto que estuve haciendo algo que me encanta: estar viajando para conocer sitios y personas nuevas.
  10. Día 12: Valladolid – CHICHÉN ITZÁ – VALLADOLID Era el día 2 de octubre, mi cumpleaños. Curiosamente era la segunda vez que lo pasaba con Juan. El primero fue 2 años antes en Berna, el lugar donde nos conocimos… y quien me iba a decir entonces que volvería a pasar otro día como éste con él a tantísimos kilómetros de mi casa. Pero contemos el día. Nos levantamos relativamente temprano, a eso de las 8h30-9h00. El boleto de autobús para ir a Chichén Itzá era para las 11h00, así que como teníamos tiempo de sobra aprovechamos para ir a reservar otra noche más la habitación que teníamos rentada. Fuimos al sitio donde estaba el casero y estuvo bastante más simpático que el día anterior; nos preguntó cómo habíamos dormido, cómo estaban las habitaciones, si estábamos bien,… Volvimos a pagarle 100 pesos más entre los dos. Después nos fuimos al mercado a desayunar. Vimos si tenían “paquetes” de desayuno; Juan pidió uno con tortilla y yo otro con huevos motuleños, además de zumo, café, tortillas y frijoles, éstos batidos. Total: 90 pesos entre los dos (40 pesos + 45 pesos +5 pesos de propina). De ahí, a la terminal ADO, que es de donde salía nuestro bus. Ese día me enteré que ADO es una empresa privada que suele trabajar en el sur de México, y que en vez de usar la central de autobuses tiene su propia estación, salvo en sitios como Distrito Federal que es compartida. Nos montamos en el autobús, Chichén Itzá estaba a unos 40-45 km de Valladolid. Y llegamos a nuestro destino, donde había muchísima gente, excursiones,… Voy a comprar los boletos para poder visitar las ruinas: 95 pesos cada uno. Te dan el billete, y también una pulserita que te tienes que poner, algo que me resultó curioso. En el primero veo que el precio es de 45 pesos, así que voy a preguntar que por qué me han cobrado 95, y es que resulta que 45 van al gobierno federal, y los otros 40 al estado. Desde que lo declararon maravilla del mundo, que fue ese año aquel concurso, supongo que querrán aprovecharse de él. Compramos una botella de agua (18 pesos), y nos vamos hacia la entrada. Allí te quitan un trozo del billete, como es normal, pero también una parte de la pulserita. Y entramos a una de las 7 maravillas del mundo moderno, y se notó porque estaba aquello atestado de gente. Lo primero que encuentras nada más entrar es una gran explanada donde se encuentra la famosa pirámide: Pirámide Y me hice una foto para demostrar que yo, Pasos Largos, estuve allí. Era la primera maravilla del mundo que veía… Pasos Largos con la pirámide de Chichén Itzá Juan propuso que nos uniéramos a un grupo y así escuchar la explicación del guía, y eso fue lo que hicimos. Mientras se organizaba el grupo me puse a hacer fotos. Tengo de la pirámide de todos los ángulos, sitios, posición del sol,… Cada vez que pasaba por al lado le hacía una, ya que se encuentra en el centro del recinto y porque merece la pena. El grupo al que nos unimos eran de españoles, y el guía tenía rasgos auténticos mayas. Nos enseñó fotos antiguas de las ruinas, y de cómo fueron descubiertas por unos observadores de pájaros. Chichén Itzá es una ciudad que tiene mezcla del antiguo pueblo maya con el tolmeca. Y me enteré de poco más de sus explicaciones, puesto que los guías me suelen cansar, y además, éste hablaba muy bajito y era un poco soporífero. Lo primero que fuimos a ver fue el juego de pelota. Gran Juego de Pelota En la zona alta se colocaban los sacerdotes, y el edificio del centro, al fondo del campo, es donde se colocaba el árbitro. El juego consistía simplemente en mediante golpes hacer pasar por un aro una pelota de latex, pudiendo llegar a durar los partidos varios días. En éstos solían haber varios lesionados, los cuales eran retirados del campo. Gran Juego de Pelota Gran Juego de Pelota Seguimos andando, y habían muchos puestecillos, y los comerciantes te llamaban la atención diciendo que sus precios eran baratos, que eran para catalanes. Como decían unos de esa zona del grupo, que hasta México ha llegado su fama de tacaños. Otra punto curioso de las ruinas es el cenote sagrado, el cual era abierto y bastante grande. Se sabe que está comunicado con otros cenotes, y que se han encontrados restos de personas en él, pero curiosamente no cuerpos humanos enteros. Cenote sagrado Volvimos a la zona central de las ruinas, nueva foto a la pirámide. Pirámide En uno de los laterales de la pirámide la escalera acaba en dos cabezas de serpiente, y si mal no recuerdo, el monumento está orientado de tal manera que una cierta hora y un cierto día (supongo que 12h00 del 21 de junio, día más largo del año) las escaleras forman una sombra que simulan una serpiente. Cabezas de serpiente de la pirámide Detrás de la pirámide se encuentra el templo de los guerreros, el cual tiene en su zona alta una figura que simula a un mensajero. Templo de los Guerreros Mensajero en el Templo de los Guerreros Paramos en un puestecillo, de los muchos que había por allí, y de ahí fuimos al observatorio, también conocido como el Caracol, donde acababa la visita con el guía. La antigua cultura maya se observaba mucho las estrellas, y hay que tener en cuenta que antes de la llegada de los españoles supieron que la tierra era redonda. El Caracol El Caracol Y ya libres, empezamos a ver lo que nos quedaba de las ruinas, así que ahí van una serie de fotos de pequeños palacios y otros: La Iglesia Fachada este de Las Monjas Casa Colorada Plaza de las Mil Columnas Columnata de la Esquina Norte El Mercado Quería comprarle un detalle a mis sobrinos, así que en uno de los puestecillos encontré un traje típico del Yucatán para mi sobrina, y como el niño es un flipao de los animales le compré una cabeza de un jaguar. Me costó ambas cosas 150 pesos, y me costó bastante regatear, estuvimos atascados en 160 mucho tiempo (el precio original del vestido era 180 pesos y la cabeza de jaguar en 80-100 ). Después de mi compra fui a recoger a Juan y volver a ver más tranquilo el juego de pelota. Al salir encontré una camiseta de mi talla del calendario maya, que me costó 50 pesos. Y ya que estaba ese día en plan gastoso y de compras, fui a un puesto a por un calendario maya tallado en piedra que me gustó el precio, y además la señora me cayó bien. Y en ese momento empezó a llover de una manera impresionante. Rápidamente hacemos el trato (me ofrecieron directamente 50 pesos, en vez de los 80 que me dijeron anteriormente ), taparon todo con plásticos y todo el mundo corriendo a las pocas zonas techadas que había en las ruinas, que principalmente eran los servicios. Era gracioso ver a tantísima gente corriendo para resguardarse para acabar dentro de los aseos. Era una situación un poco cómica, porque nos encontramos al guía allí que seguía dando la explicación. Paro de llover y salimos. Ya nos dirigimos hacia la puerta. A las 20h00 había un espectáculo de luces pero eran las 16h00, habría que esperar mucho y además, no sabríamos como volver a Valladolid puesto que no había autobuses a esa hora. Así que decidimos abandonar las ruinas. Compré unas cuantas postales (4 x 5 pesos/ud) y nos fuimos. Fueron unas ruinas que me gustaron bastante, así que aquí dejo unas últimas fotos: Puestecillos Mascarones de la esquina suroeste El Osario o Templo del Gran Sacerdote Templo de las Grandes Mesas Plataforma de Águilas y Jaguares Gran Juego de Pelota Pirámide y Templo de los Guerreros Pirámide Nos fuimos andando hacia el pueblo más cercano: Piste. Tardamos unos 20-30 minutillos. Buscamos algún sito en el pueblo para ver si encontrábamos algún sitio para comer, pero nada. Viendo que no hacíamos nada allí, decidimos tomar el colectivo (20 pesos cada uno) hacia Valladolid. Tuvimos que esperarlo en la plaza, en la cual había una antigua iglesia la cual fue construida con las piedras de la pirámide de Chichén Itzá: Iglesia en Piste (Foto de Juan)
  11. Jajajaja, como debe de ser. La verdad que sí, al volver a ver las fotos de este viaje y ver esas playas... quien pudiera estar allí ahora. Sigamos con el diario: Día 11: Tulum – VALLADOLID Nos despertamos a eso de las 9h00. Juan se levantó y se fue para la playa, y yo le seguí un poco más tarde (soy de despertar lento). Me metí en el agua, y aquello era genial: todavía con las legañas en los ojos meterte en el mar, el agua caliente, la arena blanca y el mar calmo puesto que el arrecife hacía de barrera e impedía que las olas llegaran a la orilla. Observé que seguían las barcas de pescadores en la arena, y me extrañó porque nos comentaron que salían sobre las 7h00 y volvían a las 15h00 con la pesca, pero Juan me dijo que sí había visto salir a algunos… Empezamos a hablar metidos en el agua y la verdad que había pocas ganas de salir de allí, pero el check-out era a las 11h00. Era el día 1 de octubre, en ese momento la fecha que más tarde me había bañado en el mar (si la memoria no me falla). Llegamos a nuestra cabaña, nos duchamos, recogimos nuestras cosas y nos fuimos a… pues no lo sabíamos, porque no teníamos planeado que hacer ese día. Teníamos pensado ir hacia Chichen Itzá, pero decidimos ir hacia Valladolid que está cerca de estas ruinas y el alojamiento nos saldría mucho más barato que en este sitio tan turístico. Queríamos desayunar en el mismo sitio que el día anterior, pero ninguno de los dos teníamos mucho efectivo y no aceptaban tarjetas, así que decidimos irnos hacia el pueblo de Tulum. Me pregunta Juan que si hacemos un ray para llegar a Valladolid, y le digo que sí… sin tener ni idea que es un ray, pero es que uno se apunta a un bombardeo. Se para un taxi y le pedimos que nos lleve hasta el crucero, que es el cruce de la avenida grande de la ciudad con la carretera de Valladolid-Mérida, donde estaba el famoso semáforo del día anterior. Nos pide 40 pesos, intentamos regatearle hasta los 30 pero no aceptó y se largó. Luego pasó otro taxi que sí nos aceptó los 30 pesos. En el mismo cruce había un pequeño bar, bueno bar,… más que bar era simplemente una cocina con una mesa en el centro donde te ponían de desayunar. Era bastante cutre, pero tenía su encanto. Nos ofreció empanadillas a 5 pesos/unidad y café soluble. Mientras desayunábamos nos pusimos a platicar con el colega; nos contó que un jugador de fútbol muy famoso en la liga mexicana (Juan lo conocía) paró allí a comer y dijo que las mejores playas que conocía eran las de Tulum, mucho mejores que las de Cancún y Playa del Carmen. Después de mucha cháchara nos cobró 30 pesos por el desayuno. Le preguntamos que sí podríamos llegar a Valladolid haciendo un ray, y nos dijo que sí, que los trailes y los camiones suelen parar en el cruce, así que para allá nos fuimos. Y ¿qué es un ray? Pues es simplemente hacer autostop. Tardamos poco, solo 10 minutos para que se parara el primer trailer. El conductor, muy simpático, nos dijo que subiéramos, que nos llevaba; el copiloto era más seriote, no habló nada. Él no iba a Valladolid, pero que nos dejaría a mitad de camino, en el cruce donde él se tenía que desviar, así que aceptamos, ya iríamos avanzando poco a poco. La cabina era enorme, cabíamos las 4 personas con nuestras mochilas incluso. Empezó a contarnos de las carreteras de la zona, de los jaguares y orangutanes que todavía existen por aquellos montes y varios temas más. En el camino se nos cruzó una tarántula enorme, que la vimos los 4 desde la cabina del camión, que ya era bastante alta de por sí, y nos sorprendió a todos. Y llegamos al cruce donde nos iba a dejar, tardamos unos 45 minutos. Le agradecemos el detalle de habernos llevado hasta allí y nos despedimos. Y vimos donde estábamos, en mitad de una llanura, donde se cruzan 2 carreteras y lo único que había era un puestecillo que aprovechamos para comprar una botella de agua (10 pesos). En otras palabras, en mitad de la nada. En mitad de la nada Esperamos a que pasara alguien, pero no, solo de tarde en tarde algún taxi. Esperamos unos 15-20 minutos y empezó a llover una barbaridad. Vamos a refugiarnos a un toldo que había por allí, y vimos que se para un taxi. Se baja el hombre, bajo la lluvia, a abrir el maletero para que nos montemos. No pide 50 pesos cada uno para Valladolid; le decimos que ese precio para los 2; nos lo baja a 40, le decimos que no; que no seamos tontos y que nos montemos,… al final accedimos. Y menos mal, porque tardó en parar de llover. De copiloto tenía a una mujer vestida con un traje típico de la península del Yucatán: blanco con muchas flores (más adelante hay fotos). En los taxis la música suele estar muy alta, pero este se pasaba 3 pueblo; para hablar con Juan que lo tenía al lado tenía que darle voces. Llegamos a Valladolid, y le preguntamos al conductor donde podíamos buscar alojamiento. Nos dice que en frente de la parada había un amigo suyo que rentaba habitaciones. Vamos a verle y nos atiende un hombre enorme de cierta edad que apenas se podía mover; hablamos con él desde la calle y nos pide por la habitación doble 100 pesos al día. Le decimos que sí, le pagamos cada uno su parte y nos da las llaves y nos indica donde están. Nos indica que en la puerta está su nombre escrito: Antonio “Negro” Aguilar. Nos dimos cuenta que tenía un póster enorme de un jugador de béisbol y nos dijo que él era jugador de joven. Posiblemente fuera él. Nos vamos hacia nuestro alojamiento, y vemos que no era un piso, sino un solar con varias habitaciones construidas, cada una con sus camas, y cuarto de baño propio. Tenían el detalle de tener sábanas y hasta pastillas de jabón para cada uno. Habitación en Valladolid Dejamos las mochilas y nos fuimos a ver la ciudad. ¿Y que tiene Valladolid? Pues los cenotes, que ahora explico que son. La península del Yucatán nos la podemos imaginar como un gran queso gruyere, con muchas cavidades en el suelo donde se ha formado un lago de agua dulce y la gente suele bañarse, y eso es un cenote. Se calcula que pueden existir 3.000-3.500 en toda la península del Yucatán. Le preguntamos al taxista por ellos, y nos ofreció llevarnos a uno de ello, pero cuando salimos no lo encontramos. Paramos a un taxi para que nos llevara y nos cobró 20 pesos por persona, y la verdad, lejos no estaba, tardamos 5 minutos. Llegamos a uno de los cenotes más famosos de aquella zona: el Cenote Samula. Al ser tan famoso, en éste hay que pagar para visitarlo, 25 pesos/persona. Entrando al Cenote Samula Entramos por una pequeña cavidad gracias a unas escaleras en las que había que tener cuidado porque resbalaban, y había varios carteles indicando que no se hacían responsables si tenías un accidente. Atravesamos la entrada y pudimos ver toda la cavidad, y aquello era chulísimo: un gran hueco con un lago en el centro; además había una pequeña obertura en su zona más alta, por la que se veía las raíces de un árbol llegar hasta el agua. Y había peces en el agua, unos negros con los ojos muy brillantes de unos 25-30 cm, y otros más pequeños que se acercaban a morderte. Cenote Samula Cenote Samula Cenote Samula Hicimos algunas fotos, nos pusimos el bañador ¡¡y al agua!! Al principio daba un poco de miedo bañarse en un sitio así, pero luego nos metimos los dos y nos fuimos nadando hacia las raíces. Era una sensación rara estar bañándote en esa agua y mirar hacia arriba y saber que estás dentro de una cueva. Y lo curioso que era bastante profundo, no se podía hacer pie. Bañándonos en el cenote Bañándonos en el cenote Cuando llevábamos un buen rato empezó a llegar gente y a bañarse como nosotros. Llegó una familia, una mujer con 3 niños, y me sorprendió una cosa que también observé en la playa y era que ella se bañaba con la ropa puesta y me dijo Juan que esto fue debido a que cuando llegaron los españoles le metieron tanto pudor que todavía no se atreven a descubrir su cuerpo. Nos pasamos un buen rato, 1h00-1h30 hasta que decimos irnos. En ese momento entraron un gran grupo de españoles y aquello empezó a llenarse, así que buen momento para irnos. Cenote visto desde la abertura superior Vuelta a Valladolid. Como vimos que estaba cerca decidimos ir andando. Había un camino al lado de la carretera así que nos pusimos a andar. Tardaríamos 30-40 minutos en llegar. Yendo hacia Valladolid Pasamos por al lado de la habitación, así que aprovechamos para dejar un par de cosas y nos fuimos a comer algo. ¿Dónde? Pues al mercado, el sitio más barato. Estaba por la plaza principal, y allí preguntamos si había algún sitio para cambiar puesto que nos habíamos quedado sin efectivo. Cambio del dinero que me queda 110 € = 1.628 pesos. Y por fin nos fuimos a comer, comida corrida: un plato de frijoles con cerdo, tortilla, aguacate y un trozo de melón, todo por 25 pesos. Comida corrida Juan tenía que hablar por teléfono, así que yo me quedé dando una vuelta por la plaza para esperarle. Plaza Me acerqué a la iglesia, a echarle un vistazo, y vi que estaban de celebración; había muchísima gente y en el atrio habían puesto sillas y un escenario. Llegó Juan en ese momento, y nos enteramos que luego habría bailes regionales. Iglesia de San Servancio Damos una vuelta, el mexicano tenía que meterse en internet, así que yo aproveché para buscar la postal de turno del cenote donde habíamos estado, pero no hubo suerte… Veo que empieza la actuación y voy hacia allá. Llega Juan nuevamente, y como teníamos sed nos fuimos a buscar un sitio que nos vendan agua. Nos compramos 2 vasos grandes de agua de pitaya con limón, que estaba bastante bueno pero sabía principalmente a limón (15 pesos/unidad). Y empieza aquello. Por lo visto todos los días de octubre hacen este tipo de actuaciones ya que es un mes especial. Empiezan a repartir bocadillitos, puesto que es costumbre servir comida a los invitados. Pillamos unos y estaban ricos, y lógicamente picaban un poco. Vemos la actuación, que eran bailes y canciones de la zona, y todos vestidos con los trajes típicos. Vimos 3-4 bailes, uno gracioso porque tenían que llevar una botella en la cabeza y decidimos irnos. Ahí van unas fotos (siento que estén poco borrosas, pero no quería usar flash): Mujer vestida con el traje típico del Yucatán Bailes regionales Bailes regionales De vuelta pasamos por la estación de autobuses ADO y sacamos los boletos para ir al día siguiente a Chichen Itzá, 20 pesos cada uno en 2ª clase. No había muchos camiones para ir allí, y la vuelta no sé como la haremos puesto que el último que sale de allí era a las 17h00; pero eso ya lo veríamos al día siguiente. Decidimos pasar una noche más allí, puesto que el alojamiento era barato, y al día siguiente ir hacia Mérida. Llegamos a nuestra habitación, nos duchamos, Juan se echó a dormir y yo me puse a escribir el diario. Otro día en México.
  12. Nos fuimos al chiringuito donde trabajaba Olaf para pagarle la visita a los arrecifes de coral y me fui a la cabaña para ponerme el bañador. Dudé entre llevar la cámara o no, pero me convencieron diciendo que había unas bonitas fotos de las ruinas, así que cogí una bolsa de plástico y para la barca. Cuando volví me estaban esperando. Con nosotros iban una pareja de franceses, Tomás y su chica que no sé el nombre. Eran bastantes simpáticos, y además el chico hablaba algo español. En la lancha Llegamos al arrecife, y allí el guía ató la barca a una boya. Nos dijo que estaríamos 45 minutos buceando, y que nadáramos a favor de corriente, que nos recogería más adelante; ahí comprendí lo que en buceo se llama una inmersión caribeña. Era opcional coger un chaleco, así que ni Tomás ni yo nos lo pusimos. Nos pusimos unas aletas, gafas, tubo,… ¡¡y al agua!! Teníamos que nadar por el filo del arrecife, eran las normas ya que la lancha no podía pasar por encima de ellos puesto que los rompería. Lo que vimos: impresionante. Algunos eran grandísimos, gorgonias enormes, erizos con púas enormes, y peces de muchísimos colores y formas. Increíble,… y precioso. Había zonas donde el coral era tan alto que no podías aletear, e incluso te podían hacer cosquillas en la barriga cuando pasabas por encima de ellos. Fue genial. Me di cuenta que la barca y no estaba detrás mía, sino delante, así que al pasar cerca me llamó y para arriba. Nos juntamos los 4, y lo que hicimos fue ir hacia las ruinas para verlas desde el mar. Había muchísima más gente que cuando nosotros la visitamos, y las calitas estaban llenas. Hicimos varias fotos, aunque era difícil que te salieran cuadradas porque la barca subía y bajaba continuamente. Éstas son las que salieron medio bien: Las ruinas desde el mar Las ruinas desde el mar Estuvimos un ratillo y nos fuimos al final de nuestro paseo que era bucear otra vez. Nos llevaron a un lugar marcado con una boya naranja donde habían enterrado 3 cañones de los antiguos barcos españoles que estaban enterrados en la arena y que aparecieron cuando pasó el último huracán 2-3 meses antes de nuestra visita. Para que no se estropearan decidieron echarlos al mar, a así tenían otra atracción turística. Estaban a unos 4 metros de profundidad, y solo eran el cañón en sí, y tendrían unos 3-3,5 metros de longitud. Y seguimos buceando. Yo creía que iba a ser como la anterior, así que iba a mi bola y me dejé llevar por la corriente. Seguía flipando con lo que estaba viendo, y en un momento levanté la cabeza y me di cuenta que estaba solo, no encontraba a nadie. Veía que la lancha no se había movido, y además ya se habían montado los otros 3. ¡Así que no tenía que haber nadado a favor de corriente! Empiezo a nadar en contra, pero era casi imposible, hasta que vi a la lancha moverse hacía mí para recogerme. Riéndose me preguntaron que donde iba, que si estaba cansado. ¡¡Yo que sabía que no había que alejarse de la lancha!! Pero mereció la pena perderse. Salimos de la lancha y nos fuimos al chiringuito de Olaf para platicar un poco. Serían las 14h00 de la tarde. Con lo que habíamos desayunado, estaba claro que no íbamos a comer. Era un chiringuito auténtico: de techo de paja y los asientos eran columpios. Chiringuito de Olaf Chiringuito de Olaf Llegaron unos conocidos de Olaf, un rasta y una chica que ambos vendían artesanías. Éste puso algo de salsa y se pusieron los dos a bailar. Se estaba genial allí. Bailando salsa Mientras hablábamos vimos que en muy poco tiempo se puso nublado, era impresionante lo rápido que cambiaba el tiempo. Desde el mar, el océano Atlántico, veíamos que se estaba formando una tormenta, y venía hacia nosotros, pero Olaf decía que no nos llegaría, que pasaría por al lado. Y tenía razón, pero los truenos llegamos a oírlos bastante bien. Luego se fue formando otra, pero también pasó por el lado. Estuvimos un buen rato charlando con él, de diversos temas. Nos tomamos una cerveza cada uno (20 pesos por unidad), aunque queríamos un piña colada, ya que estábamos en el Caribe, pero no tenía zumo de piña en ese momento para hacerlo. Por lo visto ya estaban en temporada baja, y por eso no había mucha gente en la playa, pero que a eso de las 17h00 empezaría a llegar la gente del pueblo, algo que no ocurrió puesto que seguramente la lluvia los habría echado para atrás. Después de un rato me fui a dar una vuelta por la playa y a bañarme. Olaf y Juan Playa Playa Playa Cuando volví de bañarme Juan se había ido a descansar, así que yo me fui para la cabaña. Se senté en las escaleras a poner al día el diario, y en la cabaña de al lado estaba Sergio, el recepcionista que también estaba fuera de la suya, así que nos pusimos a hablar. Empezó a contarme como habían montado sus socios de la cooperativa y él las cabañas, que llevaban 8-9 meses y estaban empezando como quien dice. También me contó como tuvieron que afrontar el último huracán que pasó; por lo visto la policía avisa unos días antes y te obligan a desalojar todo aquello y llevar a la gente a unos refugios, algunos incluso a la fuerza, que ya tienen habilitados para estas ocasiones en el pueblo. Por lo visto cuando llegaron vieron que se habían ido varios tejados de las cabañas, y las más cercanas a la playa se habían hundido en la arena. Y volver a reconstruir todo para volver a la normalidad. Juan llegó al rato y se unió a la conversación. Se fue haciendo de noche y entre los mosquitos y los saltones, otros insectos, no paraban de picar en las piernas , así que decidí irme a ducharme y ponerme algún pantalón largo. En las duchas el agua no había calentador, pero no importaba porque no salía el agua fría. En las cabañas nos encontramos a Olaf, que nos propuesto que si después salíamos de marcha, salsa, y lo típico de allí. Nos fuimos al restaurante a cenar y esta vez pedimos un pescado cada uno y una cerveza (220 pesos las dos cenas). En la mesa de al lado escuché a un par de chicos y una chica que estaban hablando de Grazalema y de mi zona, así que me puse a hablar con ellos. Eran una pareja de vascos y un catalán; los primeros venían de Guatemala y el segundo de Cuba, y se habían conocido allí. Estuvimos hablando un rato, y comentaron lo caro que eran las cabañas; era cierto para lo que estábamos acostumbrados a pagar, pero solo íbamos a estar un día, y además aquello era un sitio turístico y así ayudábamos a un grupo de gente que estaban empezando en este negocio. Me dijeron algo curioso, y es que los andaluces no solíamos salir a viajar en plan mochileros; no me había dado cuenta hasta ahora y es que los andaluces no salíamos mucho en plan mochilero. No lo había pensado, pero puede que sea cierto, nunca he conocido a andaluces en ninguno de mis viajes, que haberlos haílos, pero lo más común ha sido cruzarme con gente del norte. Nos despedimos, saludamos a Olaf y nos vamos. Me dijo Juan que si nos íbamos a un bar cercano con billar y demás; le comenté que me daba igual así que al final nos fuimos a la cabaña a descansar. Éste se acostó prontísimo, y yo me puse a escribir un poco. No había electricidad y tenía que iluminarme con velas; si a eso le sumas que solo había una cama de matrimonio con una mosquitera hacía aquello un sitio bastante especial. En aquel momento me hubiera gustado estar acompañado de otra persona ¿de quién? Quien sabe… Habitación de la cabaña Escribí un rato, y como estaba lloviendo decidimos no poner la mosquitera. A mitad de la noche un mosquito nos despertó a los dos, así que decidimos ponerla. Se acabó otro día más.
  13. Hace ya bastante tiempo que no escribo en el foro, por varios motivos que no me voy a poner a describir aquí, pero dejé este diario sin finalizar. Soy una persona que me gusta acabar las cosas que empiezo, así que después de un tiempo de relax y desintoxicación de internet en general, creo que ahora es buen momento para finalizar este diario. El viaje continuaba por el sur de México, acabábamos de llegar a Tulum, en la costa caribeña. Día 10: TULUM Llegamos a Tulum bastante temprano, podían ser perfectamente las 7h30 de la mañana. Me despido del chico que había conocido en el autobús, ya que éste continuaba hasta Cancún, y cogimos las mochilas. Estábamos un poco perdidos en la estación de autobuses, así que nos dispusimos a buscar unas cabañas a pie de playa que nos había recomendado la chica italiana que conocimos en el trayecto entre Oaxaca y San Cristóbal de las Casas, que pertenecían a una sociedad de pescadores y que ahora alquilaban como alojamiento turístico. Preguntamos a un chico en la estación que donde se encontraban estas cabañas, y nos dijo que siguiéramos la calle hasta un semáforo, y un par de indicaciones más. Comenzamos a andar por dicha calle, que era una gran avenida con varios establecimientos turísticos a un lado y a otro, y eso era todo, no tenía mucha forma de ciudad. Comenzamos a andar y conforme avanzábamos me entraron ganas de darme cabezazos contra una pared puesto que había muchos centros de buceo y como ya dije me dejé el carnet de buzo en España. Seguimos andando, y después de mucho andar apareció el semáforo; vimos que el camino todavía se preveía largo, así que decidimos tomar un taxi para que nos llevara a nuestro destino. Nos costó 30 pesos la carrera, y hay que decir que todavía nos quedaba un buen rato para llegar. Llegamos a recepción que era una cabaña, para que nos dijeran si tenían alojamiento, y nos enseñaran las cabañas. Algunas estaban sobre plataforma, pero nos llamó la atención una que estaba enterrada en la arena; nos dijeron que fue por un huracán que hubo 2 meses antes. Lógicamente alquilamos una de las cabañas sobre plataforma: 350 pesos entre los 2, más 50 pesos de fianza por la llave, que te la entregaban con un cordón para que te la colgaras al cuelo mientras estabas en la playa. Intentamos regatear, pero no pudo ser, tenían el precio fijado por todos los socios. Cabaña Uno de las personas de recepción, Olaf, nos comentó la posibilidad de hacer snorkel en los arrecifes de coral, algo que yo encantado de poder hacer. El precio era 150 pesos para los mexicanos, y 250 pesos para el resto. Yo, medio en broma, medio en serio, empecé a protestar así que al final me lo dejó en 150 también si íbamos a las 12h00 ya que tenían gente reservadas para esa hora, así que decidimos ir. Dejamos las cosas en la cabaña, nos duchamos y nos fuimos a desayunar a un restaurante-chiringuito que habían allí al lado. Pedimos un desayuno maya (65 pesos cada uno) y ha sido una de las veces que más he desayunado en mi vida; había café, zumo, ensalada, nachos, tostadas (de pan de molde, hasta los madrileños han llegado aquí), y el plato estrella: había como un par de tortas, un par de huevos motuleños (como fritos) y alguna salsa, plátano frito y un poco de ensalada , así que con esa cantidad de comida el precio no estaba nada mal. Lógicamente no fuimos capaces de comérnoslo todo. Desayuno maya Serían sobre las 9h30, así que nos fuimos a visitar las ruinas. No estaban lejos de la cabaña, a 10 minutos escasos. Olaf nos dijo que los domingos las visitas eran gratuitas. Yo me fui hacia la taquilla para preguntar si podíamos entrar, pero el tío me dijo que la entrada costaba 45 pesos. Le dije que me habían comentado que los domingos las visitas eran gratis, pero el colega me dijo que solo apra los mexicanos. Juan se descojonaba. Empieza a no gustarme esta discriminación. Y comenzamos a ver las ruinas y eran preciosas. Estaban rodeadas por una muralla, teniendo que entrar por un pequeño hueco, y dentro de estos límites era donde se encontraba la parte sagrada de la cuidad. Las casas del pueblo se hacían en los exteriores, y eran de madera, así que lo único que ha perdurado hasta la actualidad han sido los templos de piedra. Me contó Juan que cuando llegaron los conquistadores se quedaron impresionados al ver la ciudad, por lo visto en España no había una ciudad tan grande como aquella en esa época. Entramos por un pequeño hueco y vimos que aquello era impresionante. Primera vistas de las ruinas La ciudad estaba al lado de la playa, entre pequeños acantilados y pequeñas calitas. La muralla rodeaba a la ciudad excepto por la costa. Ruinas Ruinas Los caminos estaban acordonados, por cuerdas que estaban muy bajas, y uno no se podía salir de ellos. Juan y yo saltamos uno simplemente para hacernos una foto, y escuchamos al fondo unos pitidos y un par de personas corriendo hacia nosotros. Nos quedamos parados, para saber que habíamos hecho, y nos dijeron estos vigilantes que no se podía traspasar la cuerda, que si nos volvían a ver haciéndolo nos expulsarían del recinto. Bueno, cumpliríamos las normas, pero puedo decir que no fuimos los únicos que nos saltamos los límites. Ahí va la foto prohibida: Pasos Largos saltándose las normas Continuamos la visita, viendo los distintos templos, el palacio,… Ruinas Ruinas Ruinas El palacio Bajamos a una de las calitas de las ruinas, a remojarnos los pies, y ese fue mi primer contacto con el mar Caribe, y tengo que decir que el agua estaba caliente, algo que me sorprendió bastante. Calita Y continuamos con la visita. Ahí van otras fotos de las ruinas: Ruinas Ruinas Ruinas Templo de las pinturas Juan y Pasos Largos en las ruinas de Tulum Ruinas Una de las cosas que llamaban la atención era la cantidad de iguanas que habían por todas las ruinas. Era algo impresionante, habían por todos lados. En las fotos anteriores porque no se aprecian pero os aseguro que en algunas hay iguanas por algún lado. Iguana Iguana Se iba haciendo la hora de nuestro paseo en lancha, así que decidimos irnos. Compré la postal de rigor (5 pesos) y nos fuimos. Unas últimas fotos panorámicas de las ruinas: Vistas de las ruinas Vistas de las ruinas
  14. Por eso mismo escribí este post al principio, porque sabía que mucho de lo que iba a escribir podría crear mucha polémica y porque soy consciente del estado actual del foro. Mi opinión por supuesto que la iba a dar porque, tal y como dijo -dea- al haber escrito este post, si no la diera ésto no sería un diario de viajes, sino una guía turística. Como final del diario: Epílogo Cuando escribía el diario sé que he sido bastante pesado con algunos detalles y que en ciertas ocasiones me he extendido demasiado, pero quería que fuera así para que tuvierais la visión más real posible de cómo se vive realmente allí, de sus costumbres, y de la forma de pensar que tienen, y de este modo que cada uno sacara sus propias conclusiones sin que estén influenciadas en las mías. Calificar de que una cultura es mejor o peor que otra... bueno, es algo muy subjetivo, lógicamente. Mi punto de vista ya lo conocéis en el anterior post, y con algunas pinceladas de otros. A mí personalmente no me gustaron muchas de las costumbres que allí tenían, pero son las suyas y hay que respetarlas. Eso no quiere decir que las comparta, para nada, de hecho muchísímas veces me hervía la sangre cuando veía ciertos comportamientos y normas que tienen. Por eso mismo ya comenté que si el viaje hubiese durado 1 ó 2 días menos no me hubiese importado. De todas maneras, y cuando ya ha pasado el tiempo, que es cuando realmente disfrutas de los viajes, aunque terminara un poco alterado tengo que reconocer que no me arrepiento haber visitado Jordania, ya que he tenido la gran suerte de haberme inmerso, en mayor o menor medida, en la cultura y forma de vida de un país musulmán. Soy consciente de que muchos no tendrán la oportunidad de ver y vivir lo que yo experimenté allí, por lo que me siento una persona muy afortunada. Tuve la gran suerte de conocer otra Jordania, la más auténtica. Quiero aclarar una cosilla, no penséis que Moayad no sabe lo que pienso y opino sobre sus costumbres y cultura, hemos tenido más de una conversación sobre ello; además sería una tontería haberla escrito en internet que es un medio al que puede acceder prácticamente todo el mundo. Cierto es que tenemos mentalidades e ideas totalmente opuestas, pero nos las respetamos mutuamente, y por eso seguimos siendo buenos amigos, con todo lo que esta palabra conlleva. De hecho ambos esperamos que pueda volver yo a Jordania para poder asistir a uno de los días más importantes de mi morillo: a su boda, y así de camino ver nuevamente a su padre, hermanos, amigos,... que ya he dicho que se portaron todos genial conmigo. Para finalizar, agradecer a los pocos que hayáis seguido y leído el diario, espero que os haya gustado.
  15. Acabar, acabar,... todavía no, aunque practicamente esta todo dicho. Piensa que todavía queda mi llegada a España, conclusiones, epílogo, agradecimientos, índice, bibliografía, créditos,... Pero lo tuyo es un diario de viaje o una tesis doctoral??? :lol: La verdad que no lo sé. En fin, terminemos el diario: DÍA 11 - lunes, 28-jul-08: Estambul - Madrid - Granada Por fin en casa Llegamos a Estambul con media horita de retraso (la hora prevista eran las 5h50), algo que no me importó lo más absoluto porque estaba simplemente de tránsito; mi vuelo a Madrid salía a eso de las 10h10, así que todavía me quedaban algunas horas por delante. Dando vueltas empecé a ver un grupo de españolitos, algunos de los cuales ya había visto en el vuelo de ida Madrid-Estambul. Está claro que el mundo es un pañuelo. Mientras llegaba la hora me puse a actualizar un poco el diario. Nos montamos en el avión, ya volvía a casa por fin. Nunca creí que diría ésto de un viaje, pero éste ha sido un poco especial. Comimos, sigo escribiendo y llegamos a Madrid a eso de las 13h25 hora local; recuerdo el cambio horario, es una hora más respecto a Turquía y Jordania. Luego lo típico, recogida de maletas y corriendo al metro para llegar lo antes posible a la estación de autobuses y coger el autobús que me llevara a Granada. Quería coger uno que salía a las 15h30, pero hasta las 17h30 no había plazas libres, así que me tocó esperar. Mientras estaba esperando a que saliera mi autobús llamé a mi familia para decir que ya había llegado y que seguía vivo. Y ya hablando con mis hermanas me desahogué con ellas. Nunca creí que lo diría de un viaje, pero quería volver; es cierto que cuando estás por ahí, te puede gustar mucho un sitio, pero a veces sientes algo de morriña, te apetece volver a casa, pero aquella vez no es que me apeteciera, es que lo necesitaba. El motivo por el que estaba así era porque allí había visto muchas cosas que no aceptaba para nada. Lo más destacable y que me alteró más la sangre fue el trato que tienen hacia la mujer. Me parece increíble que, como se dice comunmente, estando ya en el s. XXI todavía existan sociedades tan sumamente machistas como aquella. Por lo que pude ver allí, practicamente una mujer no tiene opinión para absolutamente nada, incluso tiene que pedirle permiso a su marido para salir a la calle y tomarse un café con alguna de sus amigas; a veces tenía la impresión que las educan para que sean la criada de un hombre. Allí una mujer allí es "propiedad" de un hombre. No entendía lo sumamente celosos que son los varones allí. Como ya he comentado, si una mujer está casada (y sin estarlo) no puede tener contacto ninguno con ningún hombre, y si digo ninguno es ninguno. Sirva como ejemplo el hecho de estar sentado en un autobús y tener que dejar un espacio porque no se puede sentar junto a una mujer, o el hecho de ir por la calle y tener que cruzar la acera para dejar una distancia prudencial con ellas. La relación allí es como dos imanes que se repelen. A veces pensaba que había que tenerles miedo. Cómo es posible que haya estado en una boda, y no sólo el hecho que haya una diferenciación de salas entre hombres y mujeres, ni tampoco que no podíamos haber llegado al mismo tiempo que los novios para no ver a la novia, sino que ni siquiera sepamos ninguno de los allí invitados el nombre de ella. Cuántas veces he dicho que no podía sacar la cámara de fotos por si salía alguna mujer en el marco de la foto, no que estuviera centrada en ella. También me chocó bastante el por qué el hombre puede ponerse la ropa que quisiera, y la mujer sólo algo barato y ancho porque es lo que dicen los dichos del Corán. Me sentó bastante mal el hecho de al ver una mujer con un pantalón vaquero, se le chillara porque decían que iba provocando y está antes el bien colectivo al individual (o como le pregunté yo a mi morillo, ¿no será que lo que prevalece es el bien del hombre sobre el de la mujer?); creo que provoca porque no están acostumbrados. Cuando cuento ésto siempre digo, medio en broma aunque con parte de serio, que cuando volví a Madrid vi una mujer de 40 años y me volví a verla, porque hacía muchísimo que no veía a nadie en simplemente unos pantalones. Esta discriminación tan grande, la verdad que me hervía la sangre en muchísimas ocasiones. Recordaba a Nagham, la sobrina de Moayad que la verdad que me encantó por lo graciosa y simpática que era, y me daba pena que dentro de unos años empezarían a educarla para ser una mujer de su marido, y que yo posiblemente no pudiera volver a verla. Recuerdo que no conocí a la hermana de Moayad que viven en la calle de al lado, ni ninguna sobrina, y que sólo vi a su madre en 4 ocasiones en los 8-9 días que estuve durmiendo en su casa. Para intentar ser lo más objetivo posible, tengo que comentar también los deberes del hombre. Cierto es que en una herencia, éste siempre recibe el doble que la mujer, pero también hay que reconocer que las responsabilidades y gastos que tenía un hombre son muchísimo mayores que las de una mujer. Recuerdo que comenté que todas las ganancias de un varón son para los dos, y que las de ella son para sí mismas, no aportan nada a su familia. Y también reconozcamos la gran cantidad de dinero que se tiene que gastar para la dote y la organización de la boda, y ahí todo, todo, todo es responsabilidad del novio. Desde mi punto de vista, este trato que tiene la religión musulmana hacia la mujer no la acepto para nada, pero pensemos un poco históricamente. En sus inicios, allá por el s. VII fue una revolución porque ya se establecía una especie de pensión hacia la mujer en caso de quedar viuda, y a los ojos de Dios la consideraban igual que el hombre. Para la religión cristiana siempre han habido muchos conflictos en relación a la imagen de la mujer; hasta el s. VI no se consideró que tenían alma, hecho que no fue aceptada por muchos, y hasta que no hubo muchas reformas religiosas, entre ellas las de Lutero, ocurridas durante el s. XVI no dejó de considerarse un ser maligno para los reformistas; la religión católica siempre ha puesto a la mujer como símbolo del mal. Aquí en España no hay que irse muy lejos, simplemente a la época de la dictadura; muchos hemos recibido el correo de un estracto de la asignatura Economía doméstica de la Falange Española en la que se educaba a las niñas para que fueran sumisas a su marido. Y hasta hace 30 años prácticamente no existía ningún tipo de pensión de viudedad, algo que se puede considerar que existía muchos siglos anteriores para las mujeres musulmanas. Aún así, y será por la mentalidad y opiniones que tengo sobre determinados temas, me chocaba bastante esta diferenciación tan grande entre el varón y la mujer, que tenía que respetar pero que para nada compartía. He comentado varias veces lo bien que me habían tratado, algo que es cierto y no me cansaré de decir, pero lo que no me gustaba era que se portaran tan bien simplemente por el hecho de ser hombre. Tengo que decir que, por supuesto, no aceptaba para nada los deberes y responsabilidades que tenía una mujer por el simple hecho de ser mujer, pero tampoco los del hombre. Otra cosa que no me gustó para nada fue la importancia que le dan a que pertenezcas a una religión u otra. Me sentó bastante mal que Moayad tuviera que decir que yo era cristiano, no podía decir agnóstico porque nadie me hablaría y me mirarían muy mal. De hecho, administrativamente tienes que pertenecer a la religión musulmana o a la cristiana, no aceptándose ninguna de las otras o no pertenecer a ninguna. Me molestó también el hecho que si hubiera dicho que era musulmán me hubieran tratado y aceptado mejor. Opino que tenemos que respetarnos todos, sea cual sea nuestras creencias e ideas, pero allí es distinto, pienso que no hay mucha libertad religiosa en estos países. Es una sociedad que me recordaba a la de la dictadura española, las mismas ideas y formas de comportamiento. Desde mi punto de vista, lo más triste es que me di cuenta que la gente joven, los que tienen nuestra edad, no quieren cambiar, son muy conservadores y prefieren que la sociedad continúe tal y como es ahora, no quieren avanzar. Fue algo que me dio mucha pena. Todo ésto fue mi desahogo con mis hermanas. Necesitaba soltarlo. Es raro decir que ansiaba volver, pero era la realidad. El viaje fue muy enriquecedor, aprendí muchísimo y tuve la gran suerte de estar inmerso en otra cultura y forma de vida distinta a la nuestra, pero si le hubiera quitado 1 ó 2 días no me hubiese importado. Ya más relajado, me monté en autobús camino a Granada. El viaje llegaba a su fin.
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