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Charlos

No encontramos a la madre de Marco

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Queridos foreros. Menos de 24 horas después de haber llegado de mi viaje y tras haber recuperado otras tantas de sueño, aquí estoy, enterito.

 

Bueno, lo que a partir de aquí cuente no será más que otro relato del tipico viaje veraniego por la zona g, pero sólo igual a los otros (y quizá ni eso) en destinos... porque ya se sabe que las experiencias, vivencias, coincidencias, encuentros... hacen que no haya dos interrailes iguales.

 

EL COMIENZO DEL VIAJE

 

Este viaje, como no suele ocurrir, nacio hace mucho, mucho tiempo. Ya en mis recreos de la enseñanza secundaria obligatoria me moría de ganas por terminar el instituto para poder comenzar la carrera por europa a bordo de algo llamado "interrail" del que apenas sabía algunas cosas. Fue mi padre el que me animó a hacerlo, y casi mantuvo la misma ilusión que yo porque saliera adelante. Fue hace un año cuando empezamos a hablarlo en serio entre los amigos. En principio, sería global. Pero tras mucho cavilar, cambiar de opinión, de presuntas fechas y compañeros de viaje, el itinerario quedo perfildo aproximadamente un mes antes de comenzar la aventura, que se daría entre las fronteras de Italia, Grecia y Eslovenia (Turquía para otra ocasión, que estamos empezando) y durante el mes de agosto.

 

Así, y a penas unos días antes del pistoletazo de salida (que se ciñó a las fechas de los billetes de avión reservados con suficiente antelación) el equipo quedó conformado definitivamente: Santi (uruguayo) y yo, Carlos (los dos eramos compañeros de clase en La Laguna, Tenerife) y dos chicas Toledanas, cuyo contacto con Santi se había debido a aquellas casualidades de la vida que nadie espera. Así que ninguno de nosotros conocia por completo al resto del conjunto.

 

Resumiendo: Interrail por la zona G. del 4 al 21 de Agosto, Sara, Magnolia, Carlos y Santi.

 

El comienzo del viaje se marcó en Milán, a donde las compañias de bajo coste nos llevarían por cuatro perras (algunas más de la cuenta los que no compraron el billete más que unos días antes). Allí nos encontraríamos, llegando en tres turnos. Yo, el primero, desde Valencia, Santi, después, desde Tenerife, y por último, las chicas desde Madrid.

 

De esta forma nuestro día 0 concentraba sensaciones de nerviosismo, ilusión, espectación, miedo, curiosidad, desconfianza... Pero sobre todo muchas, muchísimas ganas...

Editado por Charlos

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DÍA 0

 

Como decía, llegaríamos a Milano en fascículos. Yo desde Valencia con un vuelo Ryanair. Lo primero que me sorprendio es la falta de control a la hora de entregarme la "tarjeta de embarque" (puesto entre comillas intencionadamente). No se si fue porque llegaba con la hora un poco pegada, pero llevaba la impresion de la confirmancion en la mano y el dni en la otra, lo puse sobre el mostrador y ni lo comprobaron... maleta padrentro y sin más, a embarcar. Sistema, por otra parte, tremendamente rápido. Cero de cola, pero qué contradicción al llegar al detector de metales y que me pitase hasta una chapa... Por cierto, no me pidieron la autorización que tuve que sacar el dia antes a toda prisa, y que casi me agua el viaje... Con el DNI y punto me apañe perfectamente, y ni para ir ni para volver em hizo falta ésta. No se si sera porque tengo pinta de mas mayor y no se molestaron en mirar la fecha de nacimiento... la cual me vino de puta madre para entrar gratis en algunos sitios más adelante...

El vuelo muy comodo, compré el billete del bus a bordo más que nada por falta de información porque aunque la diferencia es de 70 centimos, mejor me los gasto yo en una cerveza que el señor Ryanair en lo que sea. Al llegar al aeropuerto de Orio al Serio, e ignorando todas las indicaciones que aseguraban que el bus estaba para el lado contrario al que realmente se encontraba, me subi en el mismo. Unos 45-50 minutos hasta Milano, Stazione Centrale.

 

Una vez allí, y casi sin creerme que por fin, que sí, que ahora de verdad ya estaba en Italia, emprendí, a ciegas, el camino hacia el albergue. Orientarme en la ciudad me pareció relativamente fácil, y tras consultar el mapa de mi guía de Italia Lonely Planet, dí con el albergue. De albergue nada. Además de un trato excelente y atento, el sitio estaba de puta madre. Por 18 euros la noche con desayuno, el hostal Due Giardini (con habitacon privada para cuatro y baño individual) estaba muy por encima de otros antros que se hacian llamar hoteles (de 2 y 3 estrellas) de otras grances ciudades como París. Limpísimo, y hasta con tele en la habitación.

 

Dejé ahi la mochila, y tras seguir las indicaciones del amable viejecito que lo regentaba, me acerqué al centro. El Duomo, cuya fachada principal está en restauración, me encantó por dentro. No se si es porque era el primer día y me dejé sorprender facilmente, pero hasta el momento es la catedral que más impacto ha causado en mi. Paseé por la galeria de Vittorio Emmanuelle y me zampé un bocadillo sentado en la Piazza de la Scala. El pan no me pareció muy caro. Italia, en general, no me pareció mucho mas caro que España. Quizá la diferencia fuera mayor hace años y de ahí venga la creencia de los elevados precios en el país de la pasta. Sin embargo ésta no es tan descabellada como yo pensaba, más aún cuando frecuenté centros turísticos por excelencia, donde lo encarecido del mercado es de evidente explicación.

 

Regresé al albergue por la calle Buenos Aires, la más comercial de la ciudad, repleta de tiendas de ropa, pues se acercaba la hora de la llegada de Santi. Por el caminó paré en un supermercado, Sma (de la casa Alcampo) para comprar algo de fruta y agua (luego me di cuenta de que era con gas y tuve que volver). Me acerqué a la estación a recoger a mi amigo, y aunque nos costó vernos, después, la alegría del reencuentro. Vuelta al hostal y tras un poco de aseo a recoger a las chicas. Ya había ganas de saber con quién compartiríamos los próximos 17 días. Y así, por fin nos habíamos reunido las cuatro partes del grupo. Ya estábamos realmente preparados. Tras acompañar a las chicas al albergue, arreglar cuentas en recepción y dejar las mochilas, decididimos salir a dar una vuelta. Una de ellas, Sara, estaba cansada y prefirió quedarse y guardar las energías para otro momento.

 

Así que nosotros tres seguimos las indicaciones del recepcionista para llegar al Corso Como. Una minicalle peatonal en una zona nueva de la ciudad con algunos bares y mucha gente en la calle. Era un botellón pero a lo fino, muy al estilo italiano. Para ser Milan uno se espera otra cosa, y es en momentos como este en los que uno se da cuenta de que en España como en ningún sitio. Para empezar bien el viaje brindando, decidimos pedir unas cervezas costaran lo que costaran... Maldita la hora, cinco euros cada botellín. El tabaco es algo más caro allí, 3,30 costaba un paquete de Camel. Tras pasar una hora sentados allí y charlando, regresamos al hostal caminando por una ciudad que de noche de mostraba desierta. No olvidemos que eras jueves. Tras cuarenta minutos de choleo, llegamos al albergue, deseando que la noche pasara rápido, pues el siguiente día nos esperaban Verona y Venecia.

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DÍA 1

 

 

 

Primer madrugón del viaje. En pie a las 6,30, duchas varias, desayuno (capuchinos, crosanes rellenos de mermelada de albaricoque que se repitieron a lo largo del viaje, y aguachirri roja a modo de zumo de algo) para empezar bien el día. Tras recoger la habitación caminamos hacia la estación (el que nace artista...). Allí compramos nuestros billetes de interrail, e impacientes por estrenarlos tomamos el primer tren que salía hacia Verona,a las 9:05.

 

 

 

Con nuestros petates al hombro fuimos buscando compartimento libre. No pudo ser, aunque el chico que lo ocupaba se bajó en la siguiente parada. De camino ya podíamos sentir la magia del interrail. Los mochileros inundaban el tren, y el buen rollo reinaba en los pasillos. Así, ya en nuestras primeras horas de viajeros conocimos a una sudamericana cuyo consejo de ir a un parque de atracciones en lugar de a Verona obviamos por completo. Así fue que en algunas horas nos plantamos en Porta Nuova, dejamos las mochilas en consigna, y emprendimos el paseo hacia el centro. Tras preguntar a un par de personas (que se mostraron encantadoras) por el camino correcto, al fin llegamos. La plaza del Arena seguramente iría a ser escenario de algun evento proximamente, pues estaba llena de motivos decorativos más propios de las Vegas que de esta pequeña ciudad de casas de colores. Tras pasear por sus callejuelas, visitar las casa de Julieta, hacer la tipica turistada de tocarle una teta y zamparnos un bocadillo sentados en unas grandes escaleras en la plaza de antes, regresamos hacia la estación.

 

 

 

Con una mezcla de casualidad e intención, llegamos antes de superar las cinco horas de consigna que te hacen pagar como tarifa mínima (nos salia a 15,20 € las cuatro mochilas) antes de que empiecen a cobrarte unos 60 cent/hora cada una.

 

 

 

Desde aquí cogimos el tren que nos llevara a Venezia. Las vistas al gran canal nada más salir de la estación son increíbles. Los primeros minutos en la ciudad de las góndolas sirvieron de perfectos teloneros para vaticinar la belleza casi irreal que contemplaríamos en nuestros dos días de estancia. Fue allí y gracias a la labia incesante de Santi, donde conocimos a unos madrileños con los que intercambiamos mapas, consejos, y números de teléfonos. Llevábamos albergue reservado, más que nada por miedo, y estos chicos nos pusieron los dientes largos con sus 18 € por noche con baño y desayuno, varios menos que nuestros 25 sin desayuno.

 

 

 

Sin embargo, al llegar a la Casa Gerotto Carlderan, enseguida se nos pasó el enfado. La habitación, para los cuatro solos y con baño, de verdad lo valía. Todo muy limpio y nuevo, y además con unas vistas de impresión, incluso una especie de balconcito muy chulo. Sin demora, dejamos los macutos y a la calle de cabeza. Había que estar de vuelta antes de las 12 (puto toque de queda) así que teníamos que aprovechar bien el tiempo. Al principio siguiedo el gran rio de gente, y más tarde abandonándonos por las pequeñas callejuelas y plazoletas, conseguimos llegar a la plaza San Marco. Es una tentación inevitable la de dejarse perder por la entramada red de puentecillos y callejones que cruza Venecia, y parece casi imposible, pero uno puede estar durante horas callejeando por ellos sin encontrarse apenas un par de turistas. La plaza en cuestión es preciosa, increíble. Nos encantó. Además una "manifestación" del Hare Krishna la llenaba de color y exotismo, matices que concordaban a la perfección con nuestra sensación de haber sido transportados al pasaje de algún cuento. Tanta belleza parecía imaginaria, y aún hoy tengo que hacer un esfuerzo por creer que todo aquello fue verdad, que estuvimos allí realmente.

 

La cena, bañados por la misma música clásica que la que llegaba a los oídos de los comensales de los caros restaurantes de lujo de la plaza. En ese momento en que te comes tu sandwich de atún sentado en el suelo y piensas que no le cambiarias el sitio a ninguno de ellos te sientes de puta madre, y tienes la certeza de que los días que vienen por delante, por muy acompañados que vengan de roña, pocas horas de sueño y falta de comida caliente, serán de los mejores de tu vida. El tiempo nos daría la razón.

 

La vuelta al albergue sucedió a ritmo de paseo, animada por los artistas que copaban las calles venecianas (cariocas de fuego y mimos que asustaban). Tras cruzar dos veces el Gran Canal, perdernos otras tantas, caminar en círculos y al fin preguntando a un par de "mqmf", dimos con la estación Santa Lucia, a solo unos pasos de nuestro ostello. Enseguida a la cama y a dormir. Estábamos rendidos, y el día siguiente necesitábamos las energías a tope. Esto no había hecho más que empezar.

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DÍA 2

 

Las chicas querían descansar, y a Santi y a mí nos quemaba la cama, de manera que nos prestamos voluntarios a salir más tempranito a por el desayuno y llevarlo a la habitación. Compramos unos croasanes rellenos en un supermercado, y caminamos largo y tendido hasta llegar a un barrio residencial lejos del meollo turístico. Haciéndonos entender como buenamente pudimos pedimos cuatro espumosos capuchinos para llevar, y con mucho pulso volvimos al albergue después de más o menos una hora. Pensabamos que seguramente Noli y Sara ya estaría preparadas para salir cuanto antes... Ni de lejos. Todavía tuvimos que esperar otra hora más mientras las princesas amanecían, se duchaban, y se acicalaban para la ocasión. Hoy tocaba conocer la ciudad en profundidad. Cerca de las 11 emprendimos camino hacia la plaza San Marco, esta vez de la manera más recta posible (lo que en Venezia resulta irónico).

 

Así fue como de camino nos encontramos a un yorshire abandonado y bastante hecho mierda. La humanidad de Magnolia fue la que nos embarcó en la curiosa historia que sigue. Ella se empeñó en rescatarlo, así que lo cogimos y comprobamos que llevaba un collarcito identificativo. En él había un pequeño bote de plástico, en cuyo interior estaba el número del dueño enrollado como un pequeño pergamino. Algo sabíamos decir en italiano (bongiorno, ciao, mi scusi...) pero no lo suficiente como para explicar la situación a través de teléfono y sin poder valernos de la mímica (capaz de llegar más lejos que cualquier idioma). De modo que decidimos pedir ayuda a algún transeunte. Si, a esas chicas de ahi... Mi scusi... we have found this dog.. and we think... Ah, que no habla ingles, bueno.... Heeemooss encontrrado este peeerroo peeerdido, si, capici?... Bueno, el caso es que tras paciencia y ganas de entendernos le explicamos lo que había a la linda chica, que iba acompañada de su tambien bella madre. Se mostraron encantadas de poder ayudarnos y asi lo hicieron. La joven llamó y quedamos con el dueño del perro en la plaza a la que íbamos encaminados.

 

Pasandonos por el forro las barreras lingüisticas nos dimos cuenta de que madre e hija eran majísimas, así que el camino al punto de encuentro nos lo pasamos haciendo algo parecido a charlar. Eran de Lecce, algun lugar del Sur,y también estaban de turismo por la ciudad. ¿Y vosotros? Nosotros españoles.. Ah! España, molto bella! En fin, buena gente. Al llegar a la plaza ya estaba el dueño esperando. De lo poco que entendimos y lo mucho que dedujimos, concluimos que el hombre era el dueño de un restaurante y tenia varios perros y solian desaparecer con cierta frecuencia.

 

Ya finalizada la buena acción, no encontramos motivo para separarnos de Antonia y su hija (lo siento pero no recuerdo tu nombre!), así que entramos juntos a la catedral de San Marco y pasamos juntos buena parte de la mañana. Para entrar había bastante cola, pero cundia mucho y en unos quince minutos estábamos dentro. Cuidado al entrar, pues no permiten pantalones por encima de las rodillas ni homrbos descubiertos en las chicas. Las nuestras, que son muy descocadas, se vieron en un aprieto. Para solucionarlo, ofrecia en la puerta unos trapos de balleta por el modico precio de un euro. Menos mal que quedan personas buenas y una chica que salia del edificio le cedio el suyo a Magnolia. A sara la tapamos como buenamente pudimos con un pañuelo palestino que yo llevaba. La podre no podia casi ni andar... Que pintas... pa habernos matao. El caso es que por dentro no es gran cosa, asi que un vistazo rapido y para fuera.

 

Teníamos intención de entrar al palacio que hay al lado, del que había leido que se podía acceder a unas antiguas mazmorras y que era gratis. Ilusionados por no tener que pagar, nos pusimos a la cola... Poco nos duro, pues a pocos pasos de la entrada habia un cartel que indicaba la biglietteria... Santi entro para investigar y volvio con malas noticias. 10 erules la broma... Asi que de forma consensuada los 6 nos dimos media vuelta. Tras intercambiar direcciones y numeros de telefono "por si acaso" nos separamos de las guapas italianas, y nos dirigimos a un parque que hay al fondo de lo que es (o lo que mi ignorancia considera) Venecia, allí, al fondo a la izquierda, para poder comer agusto tumbados a la sombra.

 

No lo había dicho antes, pero las fuentes en Venezia abundan, y el agua corriente es bastante buena. Nosotros bebimos agua del grifo durante todo el viaje por razones economicas y no tuvimos ningun problema.

 

Al lío, después de comer y al post-apalanque necesario, el resto de la tarde se nos pasó deambulando por la ciudad sin más. Nos reímos muchísimo por nada en especial, y cuando nos cansamos de no hacer "nada", nos dirigimos a un super para comprar algo de vino. Esa noche nos apetecía beber y charlar apalancados. Ahí conocimos a un grupete muy majo con los que hablamos un rato por aquello de ser españoles... No sería la primera vez que nos vieramos...

 

Volvimos al albergue con intención de salir en un rato... Sin emabrgo una cosa llevo a la otra, y las circunstancias nos condujeron a una intensa conversación que ya se había hecho muy necesaria. Hacia falta dejar las cosas claras y pulirlo todo para hacer de nuestra convivencia la mejor. Hablamos muchísimo esa noche, creo que nos acostamos como a las 2 o 3 de la mañana. Al final del todo, la tranquilidad y el buen rollo se dejaban sentir. A la camita con una ancha sonrisa.

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¿De qué hablasteis? Qué bonito lo del perro, si es que Interrail es toda una experiencia, ayudasteis a una familia que se sentía desolada...Sigue cuando puedas y a ver donde te volviste a encontrar a esos españoles.

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¿De qué hablasteis? Qué bonito lo del perro, si es que Interrail es toda una experiencia, ayudasteis a una familia que se sentía desolada...Sigue cuando puedas y a ver donde te volviste a encontrar a esos españoles.

ahiiiiii,infeliz,de que te crees que hablaron hasta las 3 de la mañana

hablar es la palabra clave que se usa para mencionar "eso"

que mente mas calenturienta tengo :) :D

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Y "eso" es la palabra clave que se usa para mencinar "aquello", no?? Jaja xD

Pues la verdad es que fue una sesion de charla sincera como he tenido pocas... La situación era un poco rara, pues las chicas y yo no nos conocíamos de nada. El punto de unión era Magnolia-Santi. Yo iba con el, y Sara, con ella, asi que no era de esperar que las cosas marcharan bien por inercia... Nos toco currarnoslo, pero al final estuvimos de putisima madre. Os echo de menos nenas!!

 

Bueno, que voy con el día tres...

 

DÍA 3

 

Nos levantamos tempranito, a eso de las 8. LLovía en Venecia, seguramente porque ese día nos íbamos. De camino a la estación paramos para tomar unos cafés y resguardarnos del agua. Sin prisa pero sin pausa, el tren que nos llevaría a Bologna salía enseguida. Sueñecito mañanero de camino a la ciudad universitaria por excelencia. Al llegar nos dimos cuenta de que esa era su cara y su cruz, pues a mediados de Agosto poca gente se dejaba ver por sus calles. Seguramente fue la mezcla de eso, la mala alimentación y el extraño clima de aquel día lo que hizo que la ciudad nos pareciera triste y apagada. Para más inri era domingo, y estaba todo cerrado, teniéndonos que conformar para comer con las pocas rebanadas que nos quedaban de pan bimbo.

 

 

Nota: Ir al baño en Italia es, por lo general, difícil (si no ya veréis la que se montó en la estación de Milano el último día...). En las estaciones suelen cobrar y no es normal encontrarse baños públicos gratuitos por las calles. Para solucionar este dilema siempre podemos contar con la ayuda del Mc'Donals. Nosotros usamos muchísimo sus baños, que no están insalubremente sucios (aunque tampoco relucientes)... y sólo consumimos su basura en una ocasión por razones-límite que ya explicare (conste soy un anti Ronald!).

 

Sigo. Caminamos desde la estación hasta la plaza Mayor, pasando por una especie de parque con unas esculturas un tanto grotescas a costa de las cuales pasamos un buen rato. Entre unas cosas y otras se nos había hecho la hora de comer, y tras ir a información turística a por un mapa de la ciudad y pasar por el McDonals a hacer de las nuestras (al hilo de lo de arriba), nos acurrucamos en una especie de banquitos de marmol incrustraos en la fachada de la catedral donde podíamos resguardarnos de la interperie, que traía un viento frío muy cabrón. Ahí malcomimos lo que pudimos, y nos hicimos amigos de unas ancianitas muy majas que nos hablaron de la belleza de su país, aconsejándonos no perdernos Florencia ni Roma, y, por supuesto, felicitándonos por haber elegido su ciudad como destino, a la altura,según ellas, de las dos anteriores.

 

Sara, Magnolia y yo nos quedamos un rato sentados, y Santi mientras tanto fue a visitar el Palazzo Communale que estaba cerquita. Ahí, según sus palabras, fue asediado por un italiano con pinta de erudito que le sirvió de guía, aunque resultó ser un poco impertinente, pues se enfadaba con Santi cuando no le etendendía y no le dejaba hablar... ¡Con vaya uno se fue a juntar! El caso es que cuando Santi salió de allí con la oreja un poco roja, continuamos la andanza. Entramos a la catedral, que por dentro no es espectacular, pero tiene unas capillas en los laterales que resultan curiosas de ver. Nos llamo especial atención un fresco en una de ellas (al entrar a la izquierda) que representaba el cielo y el infierno... Nos fijamos en la sutileza de la iglesia para no mostrar ningún pene, y la habilidad para crear entornos y representaciones macabras. Con los pelos de punta salimos para continuar callejeando por las calles de la ciudad. Callejear es lo que más hicimos, pues no llevabamos pelas para entrar a museos y demás. En muchos sitios con el carnet de estudiante te rebajaban un par de euros a lo sumo, pero ni con esas. Así que nos quedamos con las ganas de subir a las famosas torres torcidas.

 

Arrastrando los pies y con gran apatía, pasemaos durante un ratito más. El hambre se dejaba sentir en nuestro estado de ánimo, y el día gris no arreglaba la situación. Ya de vuelta a la estacion, y subjetivamente desencantados con la ciudad, decidimos que había que comer más. Ibamos justos de dinero, pero no tanto, y por mucho que nos apretáramos el cinturon (y aún asi se nos caían los pantalones) el esfuerzo no merecía la pena al no disfrutar con intensidad del viaje.Así que esa noche, que tocaba en Florencia, había que cenar caliente.

 

Llegamos a la ciudad con los últimos minutos de sol, y tras un par de preguntas oportunas nos orientamos, caminando en la dirección correcta hacia el Ostello Santa Monaca. He de decir que no tuvimos ningun problema con la gente de Italia, al contrario, fueron amabilísimos en lo que a preguntas del tipo "Dov'é tal cosa" se refiere. Más simpatica la gente de a pie que los currantes de trenes y demás. aunque por lo general eran majos.Comentando esto con un italiano simpatico que nos toco en un compartimento nos dijo que seguramente los trabjadores que nos antedian mal detras del mostradores serian los mas majos del mundo en la calle, y que la gente que se portaba de puta madre fuera nos trataria a patadas en su curro. Logica aplastante.

 

El ostello estaba genial, y aunque un poco caro para lo que habiamos visto y vimos despues (17 € en habitaciones compartidas sin desayuno) nos gusto mucho como estaba montao. Los horarios estaban claramente establecidos, los carteles estaban en todos los idiomas, en recepcion nos trataron genial, y por megafonia ponian musiquita de mañana. Tras preguntar al recepcionista (que hablaba perfecto español), atendimos su recomendacion para cenar barato. Asi que fuimos al restaurante Syrakusa, que no fue tan barato como decia. No se si salimos a unos 7 u 8 erules por cabeza, que no esta mal joder, pero nosotros estabamos pelaos. Pizzas para todos e incluso ensaladita, agua, y un sitio muy chulo, con sus velitas, y muy tranquilo.

 

Ya de vuelta al albergue nos topamos con una plaza que esta en la misma calle que éste, con una terracita con musica y un ambiente muy guapo. Mucha gente joven apalancada bebiendo cerveza, fumando porritos... Total, que nos quedamos (si es que es muy facil liarnos). Ahi, sentados en un banco, conocimos a Sandro, un argentino majisimo, a una israelita descalza que nos dio a Sara y a mi una lección sobre lo que realmente es bailar las cariocas y no lo que haciamos nosotros (eeh que estamos empezando). Desgraciadamente se acercaba la hora del cierre (puntos en contra del albergue) y teniamos que irnos. Molestando mucho al entrar, y de charreta con un español muy majete que viajaba solo, nos despedimos del día que empezamos en Venezia, pasamos en Bologna y acabamos en Firenze...

 

 

*****************************

La hostia, voy a tener que cortarme que cada dia me sale mas largo. El dia 4 en la mitad de palabras, va!

 

Editado: incoherencias lingüisticas de cojones! es el sueño..

Editado por Charlos

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A mí no se me ha hecho larga para nada, más largos los he visto por ahí que se recrean en demasiados detalles, aquí a lo que vamos, callejeasteis por la ciudad y punto, eso está bien, no hace falta contar lo que se vio en cada calle. Guay, lo sigo capítulo a capítulo.

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Pues nada, ahí va...

 

 

 

DÍA 4

 

 

 

El Ostello Santa Monaca anunciaba la hora del despertar a las 9 de la mañana, pues a las 9:30 cerraba sus puertas. A tiempo de tomar una duchita y organizar un poco la mochila, nos reunimos con las chicas para ir en busca del desayuno sin el cual era imposible arrancar el dia. Ya con las pilas cargadas tras engullir unos bollitos con pasas y como no, capuchinos, empezamos a andar. De casualidad dimos con el Palazzo Pitti, que se alza señorial. Seguimos el ritual: merodear, acercarse a la entrada, preguntar el precio, descubrir los descuentos siempre insuficientes ya por ser europeos o estudiantes, y darnos media vuelta.Por lo que vimos desde fuera parecia tener unos jardines bastante chulos, pero no había forma aparente de entrar por la jeta, así que seguimos el viaje. Tras cruzar el puente Vecchio con sus deslumbrantes escaparates, proxima parada en la plaza de la Signora. Más deslumbrante, si cabe, que estos. Es increible como pueden concentrarse tantas joyas del arte (copias u originales, daba igual) en tan pocos metros cuadrados. Estatuas por doquier e imponentes edificios hacen de este uno de los lugares más bonitos de la ciudad.

 

 

 

Tras flipar, fotografiar todo cual japoneses, y posar para ser fotografiados, intentamos entrar al palazzo Vecchio del que se rumoreaba ser gratis... Ja! Tras tragarse Santi una cola del copón (jusjus) y luego unirnos a él, armar la de dios para pasar el detector de metales (que si el cinturon, que si que llevas en la mochila, que me des la navaja suiza que me la guardo yo y luego vienes a por ella...) el tipico chafe... Si creeis que algo es gratis en Italia, ¡no os engañeis! La biglietteria estara acechando en cualquier rincon esperando vaciar vuestros bolsillos... Y si no, tranquilos, os querrán cobrar por entrar al baño! ¿Spain is different? Pues anda que Italia...

 

 

 

Bueno, no pasa nada, el patio interior por el que se accede a las taquillas es bastante bonito y ya merece la pena. Unas cuantas fotos, recogemos nuestros objetos puntiagudos y a la calle. Camino al Duomo pasamos por la Piazza della Repubblica y el Mercato Nuovo, entramos a un pequeño palacio ¡gratis! pero no demasiado bonito, y las chicas entraron a mear a un restaurante fino (ya que se ponen...) y caminando hacia el Duomo, allí que llegamos.

 

 

La cúpula estaba en restauración... solo por fuera, uf, que susto. Tras tragarnos una de estas colas que primero acojonan pero luego se pasan en un pedo, nos colamos en este majestuoso edificio. Quizá su esplendorosa fachada en marmoles de diferentes colores sea la culpable de que su interior decepcione. Es algo bastante escueto, miras aquí y allá esperando ser sorprendido por algo, y eso no ocurre... hasta que te posas cual palomo bajo su cúpula y alzas la vista. Ya de por sí ,por la incómoda postura, la boca se te abre (ha de ser que los musculos del cogote tiran de los de la mandibula), pero al ver aquello se abre más. Lamentandonos por no poder subir hasta ella (creo que 6 €, no recuerdo bien), nos conformamos con las vistas a ras del suelo, que no están nada mal. A parte de esto no tiene mucho más, así que pa fuera.

 

Ya abierto el apetito, seguimos el consejo de Xavi (el españolito de la noche anterior, ver día 3) que nos había hablado de un chiringuito barato de pasta fresca en el Mercado Central. Atravesamos un mercadillo muy animado, una plaza cuyo nombre no recuerdo, y una basilica en la que, qué raro, habia que pagar por entrar. Tras llegar al mercao central, toavía nos costó un rato encontrar el susodicho garito. Al final preguntamos a una señora de un puesto que nos atendió amabilísimamente, y nos indicó que lo que buscábamos estaba,como todo en esta vida, al fondo a la izquierda. Allí pudimos degustar unos fantasticos gnocchis (no se si no habre escrito bien) con una salsa que nos recomendó la tipa y unos también ricos espaguetis bolognesa. Pedimos hasta café, y todo los salio a unos 5 o 6 euros por cabeza. Después de comer nos espanzurramos un rato a la espalda del edificio, disfrutando de una riquisima sombra, y seguimos el camino a las cuatro y pico. La tarde sucedió con sosiego, paseamos por las calles de Florencia, y de camino a ninguna parte dimos con una iglesia, la de San Marco, donde tuvimos la suerte de coincidir con el ensayo de un concierto de música clásica que se daría esa noche. Fue un momento con mucha magia. A resaltar el cadaver de cura disecado que se conservaba en una de las alas del edificio para gozo del público (puaj).

 

Como ya se sabe, caminante no hay camino, asi que nuestros inquietos pies nos llevaron a un parque del extrarradio donde nos sentamos un rato. Y dijimos nosotros: coño, con lo bonito que es Florencia, qué leches haremos aquí. Así que nada, media vuelta. Ya eran como las 7, y desde abajo habíamos visto que al otro lado del río, en la colina, había una especie de castillin y paseo. Las chicas, que ya habían estado, recordaban vagamente unas vistas muy bonitas de la ciudad desde allá arriba. Así que sin más dilación, pusimos rumbo a la montaña. Anduvimos y anduvimos y subimos y subimos y subimos... Pero al llegar allí, se nos pasó el hipo. Vaya vistas! Podíamos ver los tres (si mal no recuerdo) puentes que cruzaban el rio, los edificios más importantes sobresalir de la urbe, el Sol poniendose... un paisaje espectacular. Después de aquello nos adentramos en el bosquecillo que subía hasta la cima. Las chicas y yo nos quedamos sentados en un banquito, y santi se aventuró a la espesura... Tras un rato, apareció el tio con un montón de moras que había cogido de por ahí dentro... Que tela...Este chico es un personaje!!

 

Ah, no habia mencionado que en algún momento del día compramos dos botellitas de vino en un super, así que de camino al nivel del suelo vimos unas escalinatas con unas vistas cojonudas de la ciudad de noche y un ambiente muy bueno. Mucha gente joven en nuestra misma situación, pero sin llegar a ser los jolgorios etílicos (más conocidos por "botellón") que nos montamos aquí en España. No, allí todo el mundo tranquilito,cada uno en su sitio... Menos el vino de nuestra botella, que iba bajando. Habia que inmortalizar el momento, y quien nos iba a decir que los chicos a los que pedimos apretaran el botón, serían nuestros compañeros de farra lo que quedaba de "noche"(razón de las comillas: el ostello cerraba a la 1). Unos holandeses majísimos, Tim y Han (o Jan, tetuasaber), con los que hablamos, reímos, compartimos juguito de uva... Habían oido algo acerca de un concierto de rock en la calle, en una plaza que estaba por algun sitio por alli, señalaban con el dedo... ¿Venis? Nos falto tiempo para apuntarnos...

 

De camino cantamos, gritamos, reimos, nos pringamos con las moras (hay fotos muy buenas de esto).. en fin, dimos el cante, como españolitos que eramos, ante la atonita mirada de los transeuntes. Tras seguir a los holandeses llegamos al lugar que buscabamos... Coño... este sitio nos suena... Hostia puta! Si es la plaza de anoche!! Que de tuti!! Contentos por el descubrimiento, coreamos las ultimas canciones del concierto de una especie de rock-folclorico que ya estaba terminando. No nos importó, pues la euforia creada a partes iguales por las circustancias, nuestros nuevos amigos, y los grupos hidroxilo que corrian por nuestra sangre nos llevaron a una velada de las mejores que recuerdo. Muchas risas, conversacion en atropellado inglés, historias contadas... Todo ello tiraos en el suelo que es como mas gusto le da a uno hacer estas cosas, y bebiendo a morro de la botella.

 

Las chicas se fueron antes, y Santi y yo nos quedamos un rato más. Ya en pie, charlamos con este y aquel, algunos españolitos, un par de mexicanos... Yo estuve bailando un rato las cariocas y ello me llevó a echar unas risas con un abuelete vagabundo... Aunque no lo creais, esto de las cariocas nos llevo en muchas ocasiones a conocer gente de esta que no te esperas conocer. Muchas personas se acercaban a probar y algunos otros a enseñar... Os digo que es una buena forma de relacionarse socialmente, asi que ya sabeis, tipicos rezagados!! Lamentablemente se acercaba la hora de irnos, y con mucha pena nos despedimos de Tim y Han (que por cierto eran miembros de un grupo llamado "Chopstick Masacre" que prometi promocionar) y del resto de gente que conocimos aquella noche.

 

EL albergue cerraba a la una, y nosotros, confiados por la cercanía de la plaza, salimos hacia alli a menos cinco, acompañados por un yucatanense (usease de Yucatán) que Santi había conocido antes. Bah, seguro que esta abierto... Mucha atención a lo que nos pasó... Esto es pa contarlo. Vamos hacia alli con toda nuestra pachorra, y llegando al presunto albergue miro la puerta y... Santi, me cago en la puta... QUE ESTA CERRAO!! Nos quedamos en la puta calle! Y ahora que hacemos!! A todas estas el yucatanense que hoy por hoy tenemos solidas sospechas de que nos estaba tirando los tejos, diciendo: "No pasa nada... este.. yo tengo mi hotel aqui al lado, se pueden venir..." Yo desesperao, Santi con la pachorra que le corresponde... Miro la hora. Pero como va a haber cerrao, si son las 00:58!! No hay derecho. Pues yo no me quedo en la calle. Total, que alli me puse a aporrear las toscas puertas de madera con los dientes apretados y cagandome en la *~#arroba. Y nadie nos abria, pero yo venga a aporrear, dispuesto a echar la mas severa de las broncas pues aun no habia llegado la hora oficial del cierre. Venga a darle con el puño. Pum Pum... y nada. Asi que se me ocurrio la fantastica idea de llamar a Magnolia y suplicarle que bajara a abrirnos. La pobre estaba durmiendo, y con voz de ultratumba me dijo "Pero tronco que estoy en pelotas" a lo que le conteste que por favor se pusiera una toalla o algo pero que estabamos en la calle y que bajara a abrirnos porfi porfi. Total, que tras unos minutos, atención... Se asoma Magnolia... por LA PUERTA DEL VERDADERO ALBERGUE que estaba unos metros mas allá... efectivamente en pelotas, tapada con una minitoalla, con una cara de sobada increible, que nos mira con expresión atónita y nos dice, sin entender nada... "Eh! Que esta abierto joder!!" Santi y yos miramos... y evidentemente nos descojonamos. Nos habiamos equivocao de puerta!!! Pa habernos mataos. Partidos de la risa y ante la cara de mosqueo del recepcionista, entramos pa dentro. Que tela lo nuestro... anda vamonos a la cama que mañana madrugamos...

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