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Jaja, q es eso de colgarse la ropa humeda de la mochila??? :bye2: Yo no lo he visto nunca!! Lo k hacia yo era meterla en bolsas de plastico por dentro, y sino darle un pooc con el secador q me habia llevado (XDDDD si, si, no flipas, me lleve el puto secador XD) cuando se podia por el enchufe!

Sigue pronto k este interrail me encanta xd

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anna, pues aparte de ser supercómico es muy útil, aunque hay veces que acabas recogiendo más mierda de la que tenía la ropa antes de lavarla ;) La gente se descojonaba al vernos pasar con los gayumbos colgando ;) ;)

 

kartoffel, no dudes que lo haré, espero que el verano que viene acabe dando tumbos por la zona D :D

 

Bueno, hoy no hay sesión doble, pero hay fascículo, que ya es algo. Un saludo!!

 

Domingo, 24 de Julio de 2005. Día 15.

CAPÍTULO 15 – TIRADOS EN RENNES

 

No eran todavía las 9 de la mañana cuando caminábamos hacia la estación de Saint-Malo. Había estado lloviendo un rato antes, y con los impermeables puestos emprendimos la marcha hacia la estación para coger el tren hacia Rennes, desde donde iríamos hacia París, para pasar un segundo día allí viendo el barrio latino y Montmartre. Recorrimos el paseo marítimo, desde donde esa mañana no había playa que ver, ya que estaba alta la marea y las olas rompían contra la muralla.

 

El día se fue despejando, y terminó por lucir un sol abrasador que nos hizo despojarnos de sudaderas e impermeables antes de llegar a la estación. Nos despedimos de Saint-Malo y el tren emprendió la marcha hacia Rennes. Al llegar a nuestro destino, nos encontramos con una desagradable sorpresa. Todos los trenes a París del día estaban llenos. Tal vez por ser domingo, tal vez por coincidir con la etapa final del Tour, probablemente por las dos cosas nos habíamos quedado en tierra.

 

No podíamos salir de allí hasta las 4 de la tarde, lo cual desbarataba todos nuestros planes. Habían anulado el servicio de consignas de la estación tras los ataques terroristas de Londres, y no pudimos dejar los macutos. Preguntándonos en qué aumentaban tales acciones la seguridad, fuimos a buscar algún sitio para comer, pero estaba todo cerrado por ser domingo, así que tras dar varias vueltas sucumbimos y entramos en un McDollar. Cuestión de supervivencia. El payaso cocainómano que la cadena tiene como logo parecía reírse desde los envoltorios al ver tirar por tierra nuestros principios.

 

Después de acortar sensiblemente nuestro tiempo de vida, volvimos a la estación, desde donde cogimos un tren hasta Le Mans, que era nuestra única opción para llegar a París. Allí empalmamos con otro tren, que tuvimos que coger a la carrera. Como era un regional bastante chungo que paraba cada dos por tres, llegamos a París tardísimo y habiendo perdido todo el día.

 

Nos habíamos quedado sin el segundo día en París. Fue una gran putada, pero ya sabíamos que algo así nos podía suceder alguna vez y no nos quedaba otra que asumirlo. Los contratiempos también forman parte de la experiencia de viajar.

 

Cenamos un kebab en la estación de Montparnasse, que de tanto ir y venir nos la conocíamos ya como la palma de nuestra mano. Tras esperar un rato, sobre las 11 de la noche cogimos el tren nocturno hacia Hendaya. Todavía no tenía muy claro cómo terminar el interrail. Yo me estaba planteando pasar el último día por el sur de Francia para aprovechar al máximo el billete, ya que no tenía claro si nos iban a hacer descuento a la vuelta. Fransuá tiraba ya para casa, y Alex se quedaba en Vitoria para ver a la novia. Se acercaba el final del viaje.

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Bueno pues con esto acabo la crónica del viaje. Gracias a todos los que os habéis interesado por la historia y a todos los que hicisteis posible este viaje con vuestra sabiduría :P.

 

Lunes, 25 de Julio de 2005. Día 16.

CAPÍTULO 16 – VUELTA A CASA

 

Pasamos la noche en el tren, tirados en los asientos con el saco de dormir, como otras veces. En el vagón nos enteramos de que sí que nos hacían el 50% en los billetes desde la frontera, que era algo que no teníamos muy claro si también valía a la vuelta.

 

La lluvia repiqueteaba contra la ventana cuando sonó el despertador. Estábamos llegando a Hendaya y era el momento de tomar una decisión. Estaba cansado tras tantos días de viaje, y después de haber vivido tanto los tres juntos, me apenaba acabar el viaje solo, así que decidí volver a casa aprovechando el descuento.

 

Nuestro lema durante el interrail era “resistencia y unidad”. La resistencia no sé, pero la unidad se perdió en la estación de Irún, donde nos bajamos al final. Alex cogía otro tren para ir a Vitoria y Fransuá y yo volvíamos a Extremadura pasando antes por Madrid.

 

El viaje duró todo el día, pero sólo cuando Fran se bajó en Navalmoral de la Mata y acabé quedándome solo en el vagón, fui consciente de que el viaje había llegado a su fin. Me resultaba raro pensar que ése sería el último tren que cogería en un tiempo, después de pasar tantas horas sobre las vías. No era capaz de asumir que pasaría los días en una misma ciudad, oyendo el mismo idioma y sin llevar la casa a cuestas… No podía asimilar el estarme quieto.

 

Una mezcla de tristeza y satisfacción me invadía mientras le daba vueltas a estas ideas. Sin embargo, el abatimiento por el fin de la aventura, no era mayor que la alegría de haberla vivido. Después de aquellos intensos dieciséis días, me sentía cansado pero eufórico, deseoso de repetir la experiencia, como estoy seguro que haré.

 

Caía la noche cuando al fin llegó el tren a Badajoz. Y con ello creo que llega el momento de concluir mi relato. Cargué una vez más con la mochila, y bajé del vagón. El viaje había llegado a su fin. Mientras mis pasos me alejaban del tren, tuve la certeza de que aquello era a la vez final y comienzo: empezaba una nueva cuenta atrás hacia el siguiente interrail.

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Durmiendo (o intentándolo) en nuestro albergue de París, la estación de Montparnasse. Obsérvese la intensidad lumínica de la sala, la foto no tiene flash.

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