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no sin antes reírnos un rato cuando Alex se quedó aprisionado en las puertas de acceso al metro

 

jajjaja... aparte de las puertas de los trenes q no se como lo haciamos pero siempre nos pillaban, yo tb me quede atascado en la del metro :( :D y ya te ves a todos empujandome o cogiendome desde el otro lado.... si es q podrian hacer los tornos mas anchos, es q no piensan en los mochileros xDDD

 

Muy bueno el diario Fish! :P sigue con el q ya hay mono ;)

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FISH!!!por lo q leo y por lo q me suena si mi memoria "fish" no me falla...tu eres uno de los cacereños a q si??!!!!!!!!!jiji dime q no me ekivoco!!tengo q leer tu diario bien pq he llegado y veo q sois lo peor y no parais de escribir ni en vacaciones, jaja

 

Ali tiene vuestras dires y hasta q no venga del pueblo no os puedo agregar así nos pasamos fotillos y nos contamos el final de nuestros viajes jajaja, q odiseas eh???los sinrumbo, jaja tengo una morriña majo q no puedo con ellaaaaa

 

PD:voy a leer tu diario con detenimiento, y espero q si salimos no nos pongais a parir, jeje ya sabes, siempre quedará utrech...jaja :lol:

Evidentemente teníamos que coincidir otra vez!! :D :lol: Me alegro de verte, bueno leerte :D Ahora recuerdo que me dijiste el primer día en el tren (vaya la que liamos) que te metías por aquí, pero no sabía que eras una enganchada como yo ;).

 

Pues sí, has acertado, aunque yo no soy cacereño pero casi. El viaje de puta madre, aunque la mitad ya lo sabéis de cuando nos íbamos encontrando por media Europa. La otra mitad ya ves que lo he escrito por aquí, como portador oficial del diario. A estos dos no los veo desde el último tren, porque vivimos cada uno en un sitio.

 

Yo también tengo muuuucha morriña de los buenos tiempos, a mis colegas de Badajoz los tengo aburridos de tanto hablar del interrail (que se jodan por no venir :D). El año que viene repito fijo, a ver a dónde.

 

Pues sí que hay que pasarse muchas fotillos. Yo ahora estoy con una mierda de ordenador que se apaga cada dos por tres y conexión lenta, pero en Septiembre tiro para Cáceres (exámenes argg) que tengo allí la adsl y será más cómodo lo de las fotos. Por cierto, mi email es () aunque sea de gmail me puedes agregar que es mi cuenta de messenger también, pero ahora no me conecto apenas. Yo no tengo ningún email, vosotras pasasteis la libretita en el tren, pero nosotros no llegamos a apuntar nada.

 

Oye, ya he leído por ahí que 200 euros sólo el viaje!!!!!!!!!!!!!! :bleh: Sabíamos que érais muy chungas, pero no tanto :lol:. Nosotros casi 400, billetes aparte y 7 días en albergue. Claro que yo calculo que entre cervezas y marihuana lo menos 100 euros han caído fijo.

 

Bueno, espero que os guste el diario, aunque os ponga a parir ;) Seguimos en contacto

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Siguiente capítulo:

 

Jueves, 21 de Julio de 2005. Día 12.

CAPÍTULO 12 – EN LA BRETAÑA FRANCESA

 

Dejamos atrás París e intentamos dormir algo en las dos horas que tardaba el tren hasta Rennes, pero no hubo manera porque el vagón estaba lleno y estábamos bastante incómodos.

 

Lo primero que hicimos al llegar, fue dirigirnos hacia la oficina de turismo de la ciudad para conseguir algún plano y preguntar por un albergue. Íbamos a pasar el siguiente par de días visitando la zona de Bretaña, así que tomaríamos Rennes como campamento base. Como de costumbre no teníamos nada reservado, pero habíamos llegado temprano y encontramos sitio sin problemas.

 

Comprobamos que el albergue tenía cocina, a la que sacaríamos provecho más tarde. Pero primero daríamos una vuelta por la ciudad. Ya teníamos un plano que previamente habíamos conseguido en la oficina de turismo, o eso creíamos, porque Alex lo había perdido. Él aseguraba que se había perdido “solo”, pero no entraremos ahora en estas matizaciones. El caso es que tuvimos que volver a la oficina de turismo. “Hemos encontrado el albergue pero hemos perdido el plano”, comuniqué en inglés a nuestra llegada. Ya de paso me aprovisioné de diversos folletos de la zona. Hicimos la ruta que recomendaban por las calles del centro de la ciudad, y así conocimos Rennes.

 

Aprovecho ahora para disculparme por la falta de información precisa de las ciudades, pero no tengo la guía (que si recordáis se quedó en Brujas) para poder consultar acerca de calles o monumentos. Sólo dispongo de la libreta de notas del viaje que tengo ahora mismo delante y mi memoria, que las fotos ayudan a refrescar. De todo ello se surte este escrito.

 

Hablar de la pérdida de la “biblia” me trae a la memoria otro objeto que se quedó atrás en nuestro camino. No, no fueron los trozos de pollo que olvidamos en algún coffee-shop. Tampoco el cacho de mano que me quedé enganchado en una valla aquel mismo día en Ámsterdam. Fue casi al principio del viaje, pero olvidé contarlo en el capítulo correspondiente. Resulta que llevábamos una neverita con algo de comida para los primeros días que, por alguna extraña razón, Alex utilizaba de llavero (sí, todavía no sé por qué, pero las llaves de su casa estaban enganchadas a la cremallera). La nevera se nos rompió, y lo que sigue es fácil de suponer: las llaves de Alex acabaron junto con la nevera en algún contenedor de París. ¿Declaración de principios?

 

Continúo tras el inciso. Caminamos por las calles del centro de Rennes hasta que el hambre pudo con nosotros y volvimos al albergue, donde preparamos en la cocina unos espaguetis que supieron a gloria después de tanto bocadillo. Después del banquete y fregar, esperamos un rato hasta el check-in y entramos en nuestra habitación, donde dormimos un rato.

 

La ropa limpia empezaba a escasear. Digo limpia por llamar de alguna manera a aquellas cosas arrugadas con olor a humedad que había en el fondo de la mochila. Es lo que tiene lavar a mano. Utilizando como de costumbre el lavabo con un calcetín a modo de tapón, lavamos nuestro escaso vestuario, que posteriormente distribuimos colgándolo por la habitación.

Después me fui a duchar el primero, y como el baño era una mierda que no tenía una triste cortina ni plato de ducha, el agua acababa saliéndose por debajo de la puerta. Cuando nos dimos cuenta se había inundado la habitación y el agua estaba llegando al pasillo. Hicieron falta varios rollos de papel higiénico para secar todo. Entonces comprendimos que el cepillo que había dentro del cuarto de baño no era una indirecta para que tuviéramos limpia la habitación, sino que cumplía otra función. Mientras te duchabas, tenías que utilizarlo para ir conteniendo el agua y así no se saliera del baño.

 

Durante la cena conocimos a unos murcianos que acababan de empezar el interrail, y que iban a todo tren, cenando filetes con patatas y cerveza en cantidades. Estuvimos bastante tiempo hablando con ellos en la cocina, con las consiguientes llamadas de atención por las voces que acabábamos dando. Estaban un montón, siete u ocho, y al final acabamos saliendo con ellos a tomarnos algo. A la hora a la que por fin nos movimos, creo recordar que poco más de medianoche, estaba ya casi todo cerrado, pero al final acabamos encontrando un pub abierto donde cayeron unas pintas, eso sí, compartidas entre 3 porque nos salían a 6 euros cada una.

 

Después de estar un rato en aquel bar compartiendo experiencias de viaje, regla sagrada de todo mochilero, se nos hizo bastante tarde y regresamos al albergue, donde se quiera o no, hay que madrugar. Siguiente destino: Mont St. Michel.

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Pues sí, has acertado, aunque yo no soy cacereño pero casi. El viaje de puta madre, aunque la mitad ya lo sabéis de cuando nos íbamos encontrando por media Europa. La otra mitad ya ves que lo he escrito por aquí, como portador oficial del diario. A estos dos no los veo desde el último tren, porque vivimos cada uno en un sitio.

 

entonces d dnd eres? vas a studiar a cáceres?

 

 

Oye, ya he leído por ahí que 200 euros sólo el viaje!!!!!!!!!!!!!! shock.gif Sabíamos que érais muy chungas, pero no tanto biggrin.gif. Nosotros casi 400, billetes aparte y 7 días en albergue. Claro que yo calculo que entre cervezas y marihuana lo menos 100 euros han caído fijo.

 

y al final hasta nos sobró y nos dimos un festín!! veo q fuisteis unos buenos aprendices, acabasteis peor q nosotras, jajaja, lo de el perro haciendo sus necesidades al lado vuestro me marcó jaaaaajaja

 

a vosotros no os encontramos más pero en Niza a la vuelta vimos a los almerienses, y los asturianos no volvimos a verles tampoco!!vosotros?

 

venga ya nos pasamos fotos pues!!animo con el diario q mola! y recuerdos desde madrid!!

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Capacidad de amistad yonquil...wo, sí señor. Lo del agua a mí nunca me ha pasao (más que na porque nunca he comprao agua en el extranjero). Pero la he visto y creo que no me pasaría. A parte, si hay que comprar se compra una botella grande en el carrefour que cuesta 17 céntimos y se sabe que es sin gas. Por lo demás el relato me parece muy ameno y divertido. Eso está bien. :lol:

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Hola gente, soy nuevo por el foro, pero ya estoy enganchao a varios diarios a la vez, no me canso de leerlos e imaginarme a mi en esas situaciones haciendo el interrail jeje. enga Fish sigue asi!! que lo haces de puta madre y ya estoy a pavo de mas jaja.

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entonces d dnd eres? vas a studiar a cáceres?

 

Sí, soy de Badajoz pero estudio en Cáceres, así que en pocos días tiro para allá.

 

veo q fuisteis unos buenos aprendices, acabasteis peor q nosotras, jajaja, lo de el perro haciendo sus necesidades al lado vuestro me marcó jaaaaajaja

 

jajajaja se me había olvidado!!! Por eso ni lo he puesto en el diario, yo creo que es de esos recuerdos traumáticos que se te quedan en el subconciente y al cabo de los años te vuelves loco y nadie sabe por qué :lol:

 

Ése fue nuestro momento más decadente con diferencia. Pero bueno, vosotras también tendréis vuestras historias, durmiendo tantos días a la aventura.

 

El mismo día un predicador me enganchó y me empezó a hablar de dios y que cambió su vida y que yo tenía que creer para que me ayudase y tal y cual. Me vería pinta de oveja descarriada :lol:

 

a vosotros no os encontramos más pero en Niza a la vuelta vimos a los almerienses, y los asturianos no volvimos a verles tampoco!!vosotros?

 

Nuestras últimas coincidencias fueron en Bruselas, que os vimos, y luego me encontré con una amiga de Cáceres, flipante. A los demás no los volvimos a ver desde Amsterdam.

 

Saludos luiyika :lol: (vaya nick chungo que te has puesto) :lol:

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El día 13... falta poco para el final.

 

Por cierto, bienvenido umaru! Espero que disfrutes del foro y cuidado que engancha :lol:

 

 

Viernes, 22 de Julio de 2005. Día 13.

CAPÍTULO 13 – LA MAREA

 

Despertamos con el tiempo justo para bajar a desayunar. Aquella mañana Fransuá decidió prescindir del desayuno para dormir 20 minutos más. Íbamos a ir al Mont St. Michel, pero como apenas salían trenes hacia Pontorson (el pueblo más cercano a la abadía) y no nos habíamos levantado a tiempo para el de la mañana teníamos que esperar hasta las 2 de la tarde para el siguiente. Para hacer tiempo fuimos a hacer la compra, dimos unas vueltas por Rennes y de paso buscamos un ciber-café desde el que consultar horarios de trenes.

 

Como traductor oficial, una vez más me tocó preguntar en un bar, porque dando vueltas nos iba a ser difícil encontrar algo. Una camarera muy simpática me indicó varios en el plano y fuimos al más cercano. Cerrado. Después fuimos a otro, también cerrado, pero que según ponía en la puerta, abría a mediodía. Como faltaba media hora, esperamos en un parquecito que había enfrente, pero fue pasando el tiempo y allí no apareció nadie, así que tras la pérdida de tiempo decidimos irnos a la estación, comiéndonos un bocadillo por el camino.

 

Cogimos un tren bastante rústico que hacía ruidos extrañísimos y se tambaleaba cuando cogía velocidad. Si aquel cacharro no tenía lo menos un siglo, poco le faltaba. A pesar de todo llegamos a Pontorson sanos y salvos. La abadía está a 9 kilómetros de allí, pero saliendo de la estación hay una miniestación de autobuses desde donde salen autobuses frecuentes. Mientras esperábamos allí en compañía de alguno que otro mochilero más, llegó el autobús desde el Mont St. Michel y una chica le preguntó al señor autobusero cuándo salía el próximo. El tío no tenía ni idea, y eso que resultó ser el que nos llevó hasta la abadía media hora más tarde.

 

El autobús nos costó 1.80€, y te llevaba hasta la misma puerta de la abadía. Al poco rato de montarnos, vimos dibujarse en el horizonte el Mont St. Michel. La majestuosa abadía es una de las construcciones medievales más impresionantes que se conservan en el mundo. Y hay una peculiaridad que la hace si cabe más interesante. El monto está rodeado por una extensión enorme de arena, que se cubre por completo cuando sube la marea, siendo imposible su acceso excepto por la carretera que llega hasta la puerta. No es de extrañar que sea uno de los monumentos más visitados de Francia.

 

Cuando llegamos la marea estaba baja, y grupos de excursionistas recorrían los alrededores de la abadía, que horas después se inundarían por completo. Como vimos en el cartel que indicaba la hora de marea para que se retiraran los coches, empezaría a subir hacia las 7 de la tarde. Las mareas no son demasiado frecuentes hoy día, pero habíamos tenido suerte y disfrutaríamos del espectáculo.

 

Si hay una pega que poner al Mont St. Michel es que está abarrotado de turistas. Pero descubrimos que no había por qué subir por las calles de los restaurantes y tiendas de souvenirs. Tomamos una ruta alternativa. De las calles principales, salen multitud de callejuelas y escaleras por las que también se puede ir subiendo. Teníamos toda la tarde por delante, así que fuimos sin prisas y disfrutando de las vistas que nos brindaba la abadía.

En una de las salas que encontramos dentro, había una exposición en la que se explicaban las obras que estaban realizando, que pretendían restaurar el carácter marítimo de la abadía, es decir, aumentar la frecuencia de subidas de marea, que según parece era lo habitual antes. Por otra parte, también constaba en el proyecto la desaparición del camino que une el Mont St. Michel a la costa mientras sus alrededores están inundados. De este modo, eliminarán los parkings y la abadía será únicamente accesible a pie por una pasarela, convirtiéndose completamente en una isla durante las subidas de marea.

 

Después de haber recorrido prácticamente la totalidad de la abadía, y haber hecho un poco el spiderman por algún muro, nos tiramos en el césped junto a una muralla desde la que se podía ver la inmensa extensión de arena que pronto quedaría cubierta por el mar. En aquellos momentos sólo se podía ver una delgada línea azul en el horizonte. Un helicóptero sobrevolaba los alrededores buscando excursionistas rezagados.

 

Cuando llegó la hora de comienzo, una extraña música en plan chill out gregoriano empezó a sonar por unos altavoces. En un principio parecía que el proceso iba a ser eterno, pero la verdad es que la marea inundó todo con bastante rapidez, y aproximadamente en una hora el mar ya rodeaba al Mont St. Michel. Es algo extraordinario de ver. Quedamos de acuerdo en que si había un ranking de subidas de marea en el mundo, ésta tenía que ser por fuerza la primera.

 

Bajando hacia la salida de la abadía, no dejaban de escucharse por los altavoces los avisos de que retiraran los vehículos del parking, que en unos minutos quedaría inundado. Sorprendía salir de la abadía y encontrarse con una escena tan diferente a la que habías visto unas horas antes. Como habían avisado, efectivamente el agua anegó por completo la zona en poco tiempo. No habíamos contado con que la parada de nuestro autobús estaba ahora en el área inundada, así que o lo esperábamos mientras nos refrescábamos las piernas o preguntábamos dónde paraba. Escogimos la segunda opción.

 

En la vuelta hacia Rennes, el tren que nos llevó era todo lo contrario del anterior, todo automático y ultramoderno, lo que se dice el último grito en trenes. Si no lo estrenábamos nosotros, poco nos había faltado. Estábamos en el último vagón, y nos asomamos a ver la cabina del conductor. En ese momento llegó éste y como nos vio con las caras pegadas al cristal, nos dejó entrar a verla y allí nos estuvimos haciendo unas fotos con él.

 

Por si nos cerraban la cocina, al volver a Rennes, fuimos medio corriendo al albergue (a ratos sin el medio). Allí cenamos sobras variadas que habíamos guardado en la nevera del día anterior.

 

Después subimos a la habitación, donde tocaba la habitual colada. La ropa limpia empezaba a escasear. Digo limpia por llamar de alguna manera a aquellas cosas arrugadas con olor a humedad que había en el fondo de la mochila. Es lo que tiene lavar a mano. Utilizando como de costumbre el lavabo con un calcetín a modo de tapón, lavamos nuestro escaso vestuario, que posteriormente distribuimos colgándolo por la habitación. Ahora sí, tocaba dormir.

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Sábado, 23 de Julio de 2005. Día 14.

CAPÍTULO 14 – UN DÍA DE PLAYA ATÍPICO

 

La ropa no se había secado por la mañana, pero aquello no era nuevo. Como de costumbre atamos camisetas, calcetines y gayumbos por fuera de la mochila para que se fueran secando por el camino. Modo mercadillo ambulante, una solución un tanto pintoresca pero eficiente. Nos dirigimos hacia la estación de trenes, ya que íbamos a Saint-Malo, pero de camino se nos puso a llover, así que tuvimos que ponernos los impermeables, así como a las mochilas.

 

Anduvimos desde la estación de trenes hasta la oficina de turismo. Desde allí caminamos durante unos cuarenta minutos a lo largo del paseo marítimo, hasta llegar al albergue. No estábamos muy convencidos de encontrar sitio en sábado y ya bastante tarde, así que nuestras opciones eran simples: si había sitio, pasaríamos allí la noche, y si no improvisaríamos. En la playa estaba descartado dormir simplemente porque al subir la marea, no había playa.

 

No teníamos reserva pero sí suerte, y en el albergue quedaba sitio. Además fue el más barato del viaje (13.90 € si no recuerdo mal), así que nos quedamos sin dudarlo. Dejamos las mochilas en el cuarto de equipaje y nos fuimos a la playa, que estaba justo al lado.

 

Por fin pudimos dar un alivio a los pies quitándonos las botas para andar por la arena. La enorme playa estaba casi desierta, y la marea baja dejaba ver las grandes rocas que asomaban del agua a lo largo de toda la costa. Improvisamos allí unos bocadillos con algo parecido al chopped que unas salchichas que habíamos comprado por la mañana. Empezamos a tirar las pieles a unas gaviotas que había al acecho y que dieron buena cuenta de ellas, hasta que empezaron a venir a montones desde toda la playa y nos acojonamos por su gran superioridad numérica.

 

Después de comer nos acercamos al agua, a pesar de que los nubarrones que cubrían el cielo no invitaban precisamente al baño. Sí, estábamos descalzos y en bañador, pero con el forro polar puesto. Tras meter los pies en el agua y comprobar que aquél era un hábitat más apropiado para los pingüinos que para nosotros, nos decantamos por dar una vuelta por la playa.

 

Caminamos por la orilla hacia la zona intramuros, dirección al fuerte que se veía desde la playa. A medio camino empezó a llover y subimos al paseo marítimo, donde consultamos algunos horarios de trenes en un ciber-café, para planificar un poco por dónde íbamos a hacer la vuelta a casa, que por desgracia se acercaba cada vez más y ya era inminente.

 

Al llegar al albergue conocimos a un nuevo compañero de habitación: una vieja loca, que se puso de los nervios al ver con quién le habían metido en la habitación, que se suponía no era mixta. Le enseñamos el papel donde ponía nuestro número de habitación, y entonces se puso a revolver histérica su maleta, tirando papeles por la habitación hasta que encontró el recibo con el número de dormitorio. Estaba como poseída, farfullando para ella misma unas veces y diciéndonos cosas incomprensibles otras. Daba bastante mal rollo, pero era lo que había. La vieja no paraba quieta, y le dije como buenamente pude que a nosotros no nos diera la brasa y que fuera a recepción a quejarse. Al final resultó ser un error y nos cambiaron a otra habitación, donde había un interrailero alemán con el que estuve hablando un rato. También había lo que intuimos era un militar por la mochila de camuflaje que había junto a la otra cama.

 

Esa noche cenamos a lo grande: preparamos arroz con huevos, tomate y filetes, todo junto, en la cocina del albergue. Allí nos encontramos con la vieja loca de antes, que había cogido una cacerola, había echado una pizza doblada dentro y la había metido en el horno, para después dormirse sentada en una mesa.

 

Mientras cenábamos conocimos a tres chicas de Navarra que estaban recorriendo la zona de Bretaña y Normandía en coche, con las que estuvimos hablando hasta bien entrada la noche. Queríamos haber salido por la noche, pero el tiempo no acompañaba. No había dejado de llover desde por la tarde, de modo que nos quedamos con las ganas de ver algo más de Saint-Malo. En fin, al día siguiente continuábamos nuestra ruta, que empezaba a ser de regreso. Volvíamos a París.

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