Jump to content
  • Registrar
Conéctate  

Publicaciones recomendadas

22/7/2011

 

 

GOLPE EN LA CIUDAD DEL DRAGÓN

Asalto, lucha y conquista de la capital eslovena.

 

 

Interior del parque Tívoli, Ljubljana. 5:00 AM

 

 

 

 

El sol ni siquiera se ha planteado a salir todavía, y sin embargo ya tenemos a Garrido dando vueltas en la tienda. De hecho, no ha parado en toda la noche, pero esta vez parece más activo. Desvelado una vez más, le pregunto qué leches le pasa y dice que el suelo es una mierda, que no puede dormir, y que se larga. ¿Qué se larga? Si, se larga a la estación de tren, que abre precisamente a esta hora, a tomar un café o algo. En fin, que haga lo que le dé la gana, yo sigo sobando.

 

06parquetvoli.jpg

Campamento de la primera noche, al amanecer

 

 

Un par de horas después, el ambiente ya es diferente. Todos estamos ya medio despiertos y recogiendo las cosas. Garrido, que debe estar más aburrido que un pimiento en la huerta, hace su aparición estelar volviendo de la estación a donde ahora nos dirigimos todos para llamar al tipo del albergue y que nos venga a recoger.

 

Una vez allí, desayunamos en una panadería, recogemos las cosas de las taquillas y esperamos la furgoneta blanca que nos llevará al albergue.

 

Marko, el encargado de recogernos, llega puntual con un gracioso perro y montamos con las cosas. Todo estupendo, un ambiente festivo, e incluso el tipo se enrolla con unas cuantas palabras en español.

 

No negare el mínimo momento de inquietud cuando la furgoneta salió de la ciudad y dejó los edificios atrás, pero mientas pensaba en cómo explicar en esloveno que tenía alguna extraña enfermedad genética que implica que mis órganos no tengan ningún valor, Marko realizó un último giro y se dispuso a aparcar junto a un edificio.

 

El albergue es una casa en las afueras, con cocina, sala común y un par de habitaciones grandes con ocho plazas. En cuanto pagamos y nos asignaron camas, echamos un vistazo alrededor y comprobamos la no presencia de personas de cromosoma repetido, lo cual siempre es una lástima. De hecho, los únicos seres vivos son un grupo de rubitos con pinta de austríacos o similar, que podrían tener puesta más ropa por cortesía hacia los demás, y que no tienen pinta de querer salir a visitar la ciudad precisamente…

 

07coneldiario.jpg

Escribiendo esto que estáis leyendo, en versión taquigráfica

 

 

En fin, nosotros a lo nuestro, que de momento es ir al supermercado a comprar algo de comer, cerveza, champú y jabón. La parte más divertida, contra todo pronóstico, no es la de la cerveza, sino la del champú, y es que en este curioso país tienen decenas de variedades de champús a cada cual más curioso: chocolate con naranja y rosas, claro, pero también caramelo, o el que finalmente cogimos: sabor (olor) a caipiriña.

 

Conseguido este primer objetivo, volvemos al albergue, nos pegamos una ducha (no recomiendo probar estos champús: no saben realmente a lo que anuncia… sólo a jabón) y nos vamos al centro.

 

Siguiendo la tradición, pasamos de autobuses y similares medios de transporte no gratuitos y cobardes, y el centro resultó no estar al final tan lejos, aunque por el camino nos dio tiempo a parar en una panadería y a comernos un delicioso y grasiento Burek, y a ser humillados por la panadera de sesenta años y su excelente inglés, claramente superior al nuestro.

 

08burektime.jpg

Primer Burek del viaje. Aun es fácil imaginarse las arcadas de Pablo...

 

 

 

Una de mis prioridades en cuanto llegásemos a la ciudad era localizar alguno de los sitios donde podría hacerme el famoso carnet ISIC de estudiante internacional, puesto que soy el único que no lo tiene de los cuatro gracias a la maravillosa gestión de las oficias en Barcelona. Esa parte fue muy divertida en su momento, aunque quizás no merece la pena extenderse en detalles. Se puede resumir en que aparentemente en toda la provincia de Barcelona se acabaron los cartoncitos para hacer tarjetas de estudiante, y gracias a eso, voy a ser el único pringao sin descuentos.

 

Pero eso se va a acabar.

 

Cuando llegamos al centro y nos plantamos en una de sus plazas principales, a todos nos vino a la mente enseguida la misma palabra, que se puede utilizar en infinidad de ocasiones para describir todo lo que tiene que ver con Eslovenia: agradable.

¿Agradable? Si, agradable. Creo que esa es la palabra.

 

 

09plazacentral.jpg

10plazabonita.jpg

Pues eso, que es agradable, ¿no? Vamos, que todo guay...

 

 

 

Y es que a poco que empieces a caminar por el centro histórico, estupendamente conservado, es muy fácil pensar así. No es un centro muy grande, al contrario, toda la ciudad es bastante pequeña. Durante el resto de la mañana, caminamos bastante, y llegamos a salir de las zonas más turísticas y a adentrarnos en algunos barrios en la zona por detrás de la universidad de medicina y en calles con tiendas rollo punkarra, por lo que desde luego no se puede decir que sea una ciudad gigantesca.

 

11hierba.jpg

Verde era mi valle... y eso que esto es en el centro...

 

 

Sin embargo, al contrario de lo que pasa en otras ciudades pequeñas, no transmite ninguna sensación de provincianismo o de pueblo. Mantiene perfectamente su carácter de capital de un país, e incluso tiene barrios céntricos con edificios nuevos y de considerable altura, pero eso no impide que en todo momento mantengas la sensación de controlar la escala de la ciudad. Es manejable.

 

12rioljubljana.jpg

 

 

Como a cualquier capital, no le falta de nada, desde tiendas hasta bares, fuentes y rincones, plazas y parque; pero todo parece estar más o menos a mano.

 

16lostrespuentes.jpg

El puente triple

 

 

17mercadodefruta.jpg

Mercado de fruta/convención internacional de abejas y avispas

 

 

No lo vamos a negar, como capital no tiene nada que hacer contra muchas otras, enormemente más imponentes, como, que se yo, Roma, Berlín o Praga. Pero las pintorescas casitas de colores, las plazas con césped verde bien cortado o el fantástico espacio central que se forma delante del puente triple tienen su propio encanto particular. Incluso la aparatosa Stoa de estilo pseudo griego, que en otro sitio podría ser pretenciosa o incluso vulgar, aquí forma un delicioso paseo a lo largo del río, con puestos de mercadillo y restaurante que, por supuesto, no podemos ni soñar con visitar con nuestro presupuesto.

 

13pseudostoa.jpg

El amago de Stoa griega del palo

 

 

14floresenlospuentes.jpg

15rioyverdeenljub.jpg

Vistas del río desde diferentes puentes, todo muy romántico y chachi

 

 

 

Cuando pasamos por la zona nueva de la ciudad, localizamos (no sin dificultad y tras un buen rato) una agencia de viajes que podía hacerme el ISIS. Me costó el doble de lo normal en Vigo, doce euros, y un buen rato explicándoles mi matrícula, que tomaban por una factura cualquiera, pero a cambio pude conseguir un estupendo carnet que me permitiría coger el tren a Viena al precio con descuento que nos habían dicho por la mañana.

 

Conseguido este gran éxito, nos recompensamos a nosotros mismos con unas cervecitas en una terraza tan céntrica como cara. Garrido pidió al azar, y le trajeron una cerveza con zumo de no-se-que, que no le gusto una mierda. Para acabar de arreglarlo, una avispa decidió darse un bañito en su vaso. Con la remota esperanza de que el camarero le pudiese traer otra cosa, le llamamos, pero lo único que trajo fue un nuevo vaso, donde hizo el transvase. Ni siquiera habíamos empezado a beber de nuevo, cuando otra nueva avispa se metió también en este vaso.

Ya por seguir la coña, le dijimos a Garrido que pidiese otro vaso, pero decidió pasar del camarero y de la cerveza. Una lástima, porque aun vino una tercera avispa, y habría estado bien poder pedir un cuarto vaso. Oh, si, lo se, es una absoluta estupidez, pero en el momento, parecia totalmente descacharrante...

 

19birrasenljub.jpg

Primera cervecita, desgraciadamente en vaso pequeño. Bueno, vale, no es la primera...

 

 

20conchuck.jpg

Tu amigo Chuck te recomienda que lleves una vida sana. Hazlo o te matará.

 

 

18dragon.jpg

El famoso dragón de Ljubljana es canijo y está rodeado de semáforos y cables

 

 

Aproximadamente a media tarde, nos entretuvimos en el mencionado puente triple con la actuación de un tipo singular con barba de chivo, calcetines negros y rojos por las rodillas y un micrófono, que tenía una labia increíble y que estaba caldeando el ambiente para un espectáculo de malabares.

 

Decidimos quedarnos un rato a ver qué tal se le daba, pero Garrido no aguantó ni diez minutos y nos dijo que prefería irse el sólo a ver el castillo si nos íbamos a quedar ahí. A mí el susodicho tipo intentó elegirme como “voluntario”, pero como tenía toda la pinta de querer engancharme a un arnés con otros tres tipos para que sujetásemos una cuerda con su peso encima, me mantuve discretamente al margen. Es decir, que le mande a paseo haciendo aspavientos mientras retrocedía poniendo caras y diciendo “ni de coña tío, no te me acerques”, mientras el público me abucheaba…

 

Al final, estaba yo en lo cierto, y los cuatro afortunados estuvieron media hora aguantando el peso del funambulista a pulso. Nosotros estuvimos un rato más, y luego marchamos al castillo antes de que le diese por pedir dinero.

 

21malabares.jpg

A partir de aquí, todo un mundo de posibilidades se abrió para Pablo...

 

 

Por el camino, encontramos una zona que parecía de bares y de marcha, incluyendo un garito que nos llamó poderosamente la atención por su sugerente nombre pensado para atraer público hispano.

 

22joputa.jpg

 

 

Subimos al castillo y estuvimos un rato dando vueltas por los distintos recintos, la capilla y todo lo que fuese gratis, y quedamos bastante contentos con la visita. Desde arriba nos pusimos en contacto con Garrido, que estaba volviendo al albergue después de bajar del castillo. Quedamos en que nos veríamos para cenar, y empezamos el descenso nosotros también.

 

23castillo.jpg

 

 

24mscastillo.jpg

Vistas desde el castillo e interior del mismo.

 

 

 

De vuelta al hostal buscamos un supermercado, uno de esos “Mercator” que dominan absolutamente el panorama de la compra venta. Teníamos la sensación de estar siendo bastante eficaces en nuestras tareas hoy, pero cuando estábamos a punto de entrar en el supermercado, una señora a la que llamar mayor sería un halago, metida en un chándal rosa y con zapatillas moradas nos adelantó tranquilamente por la izquierda. Fue un momento bastante traumático, que nos hizo darnos cuenta del ritmo post-menopáusico que llevábamos y que ayudó bastante a entender por qué Garrido se había marchado esta tarde, la verdad…

 

Compramos algo de pasta, nata y champiñones y volvimos al albergue. Cenamos abundantemente, bebimos abundante cerveza y se nos hizo tarde en la sala común diciendo chorradas, pero no estábamos muy motivados como para irnos de fiesta al centro, porque queda bastante lejos y además, haber dormido ayer en un parque no ayuda mucho.

 

Así pues, a eso de las dos de la mañana estábamos todos en cama, acumulando fuerzas para otro día que se preveía movidito.

Editado por Exiliado

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

Digo yo, que lo mismo os pongo un montón de fotos que sobran, y os cuento un montón de chorradas y anécdotas cutres que ni os van ni os vienen... si me estoy pasando de "personalista", decid algo, pero es que por defecto aquí soltamos rollo como si sólo lo leyésemos nosotros y tal...

 

Por otro lado, ya que no escribo precisamente cada día, así al menos hay un buen cacho de texto que leer, xD

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

23/7/2011

 

 

LA LARGA MARCHA

De cómo llegar a Viena no es necesariamente sencillo

 

 

Hostal Azur, Ljubljana. 9:00 AM

 

 

 

Una vez más, amanece en un país extranjero, el primero en el que disfrutamos de descanso en una cama.

 

Cabría matizar varias cosas, claro, con respecto a la palabra "disfrutar", porque como todas las literas de albergue estas no tienen precisamente colchones de latex patrocinados por Constantino Romero, sino más bien jergones de campaña dignos de la primera guerra mundial. Además, los dos tipos que comparten habitación con nosotros tienen unas dotes musicales que son, como mínimo, impresionantes. En serio, uno de ellos tendría éxito como barítono. El otro sólo ronca mucho, pero al menos tiene cierto sentido del ritmo. En fin, al tema, que me despisto.

 

Aun dormidos, nos turnamos para ducharnos y vamos pasando a la sala común-cocina-comedor-casino-chating room, con la idea de averiguar a que llaman aquí “desayuno incluido”

 

Pablo ha ido el primero, y no tarda en volver a nuestra habitación con una advertencia “ojo con lo que decís, que me parece que entiende español”

 

La respuesta de Rafa es inmediata y previsible: ¿Quién? ¿La tipa del desayuno? ¿Está buena? Todo ello en con un volumen de voz que ignora absolutamente el consejo de Pablo, claro.

 

Pasamos a la sala y nos encontramos con la chica en cuestión, que debe estar en los veintitantos, y que está preparando unas cestas de mimbre monísimas con algo de fruta, un zumo, un bollo y cosas así en cada una. Entablamos conversación, con cieta prudencia al principio, haciendo gala de los típicos “good morning” en inglés macarrónico con acento nigeriano, pero tras cinco minutos, a alguno le da por preguntar de donde es, y resulta ser colombiana. Cabe preguntarse porque no nos ha dicho nada antes la chica, ya que obviamente hablamos español entre nosotros y tiene que habernos escuchado. Parece ser que hablamos “muy rápido, muy raro, y mal” No llegó a decir mal, claro, pero era fácilmente sobreentendible…

 

La chica era muy maja, y desde luego tenía ganas de hablar. Estaba casada con uno de los dueños del albergue, esloveno, y tenían una empresa conjunta en la que trabajaba mientras se sacaba el master. Nos estuvo contando cosas de la vida en Eslovenia, de los proyectos de futuro que tenía y de cómo echaba de menos hablar en castellano. Según ella, el país es sumamente tranquilo, lo cual se traduce en aburrido, y la gente es un poco estirada. El idioma resulta poco menos que incomprensible para ella y el clima es muy lluvioso, lo cual le resultaba algo deprimente.

Mientras pensábamos que esa chica en Galicia se colgaría de un árbol al cabo de una semana, acabamos el desayuno. La charla siguió entre los cuatro durante casi tres horas, hasta que nos acercamos peligrosamente al mediodía. Y digo los cuatro, porque Garrido apenas hizo una aparición estelar para tomarse un café, y volvió a la cama a seguir sobando.

Al final, tuvimos que acabar la charla e hicimos el check-out. Recogimos todas nuestras cosas y marchamos a la ciudad de nuevo, caminando. Eran más o menos las doce de la mañana.

 

Para cuando llegamos a la estación, el sol pegaba fuerte sobre nuestras cabezas, y nos metimos en el edificio buscando la taquilla donde comprar el billete a Viena. Estábamos bastante contentos, pues por fin íbamos a rentabilizar el carnet ISIC, que otros años se queda peligrosamente cerca de no servir para nada, con un ahorro de casi treinta euros en este billete. O esa era la teoría, claro.

 

En otra jugada maestra del Cosmos, que controla los tiempos como nadie y sabe acecharte sin que te des cuenta, resultó que las plazas para ese billete con descuento en concreto estaban limitadas y, por supuesto, no quedan. Quizás mañana, dicen. O si no, pagar cerca de sesenta euros (que va a ser que no) En fin, de nuevo our gozen in a pozen.

 

Nos apalancamos en una esquina de la estación, que por cierto estaba llena de españoles, a debatir la estrategia. Después de darle muchas vueltas a todo, de estar a punto de cancelar Viena y de pensar recorridos alternativos, decidimos coger el primer tren a Maribor. Al menos nos acercaríamos a Austria, y allí quizás tendríamos mejores oportunidades. Y veríamos una ciudad más, que siempre se agradece.

 

Charlamos un rato con un chico que estaba viajando solo por Europa a golpe de interrail y que nos identificó como españoles gracias a nuestros gritos, y después empezamos a a pensar que deberíamos comer algo. Garrido y yo fuimos los encargados en esta ocasión de la intendencia, y fuimos a los ya famosos garitos 24 horas de enfrente de la estación.

 

Inevitablemente, y ante la escasez de opciones, a cada cual mas desagradable, volvimos con lo peor que encontramos, unos bureks. Pero no unos bureks cualquiera, no. Un burek, plato tradicional en tierras balcánicas, puede ser un verdadero manjar, una especie de ensaimada de hojaldre rellena de queso, carne o manzana, segun la variedad. Pero estos no. Estos eran diferentes. Grasientos. Industrializados. Malolientes. Unos bureks tan malos que uno de ellos intentó morderme y todo de pura mala leche. Ya se sabe, in Soviet Russia, bureks eat you, y todo este rollo…

 

Al final subimos al tren correspondiente dirección Maribor, que salía puntual poco después de las tres de la tarde. Quemábamos así una etapa más del viaje y la verdad, lo veíamos todo negro. Literalmente. Y es que tan pronto como los raíles giraron conduciéndonos dirección noroeste, apuntamos directamente a una inmensa y grandiosa masa de nubes negras, sumamente amenazadoras. Me parece que vamos a ir borrando los planes de tomar el sol.

Como tantas otras veces, no lo sabíamos en ese momento, pero más nos habría valido bautizar esa tormenta, porque estaba a punto de convertirse en nuestra compañera de viaje más fiel.

Y ya que no lo hicimos en su momento, me voy a permitir el lujo de hacerlo ahora. Es la tercera gran tormenta de los Vagabundos’ Tour, así que empezará por “C”. En ese caso, sugiero Camila. O Cordelia. Bah, qué leches, es mi tormenta, y quiero un nombre melodramático.

 

Sera la Tormenta Cleopatra.

 

26maribor.jpg

Maribor. El cartel de la estación y tal...

 

En un inútil intento por dejar de desvariar, resumiré que en un par de horas llegamos a la estación de tren de Maribor. Y prácticamente, ahí acabamos la excursión, porque la tormenta estaba en su máximo apogeo sobre nosotros, y la idea de salir a visitar la ciudad era poco menos que absurda.

 

Lo primero, y para evitar problemas, fue comprar el billete a Viena. Tal como yo había predicho (¡¡¡Os lo dije!!! – dedo acusador – ) , el precio aquí era, exactamente, el mismo que desde Ljubljana, menos el precio del billete para ir a Maribor.

 

Así la eleccion, teniendo a elegir entre pagar un pastizal y esperar a mañana por la mañana, se tomó sola. Haríamos noche en Maribor y saldríamos temprano por la mañana, para llegar a Viena antes del mediodía. Compramos el billete para los cuatro, mandamos un rudimentario email al hostal donde tenemos reservada habitación para esta noche, y trazamos un astuto plan magistral para el resto del día.

Cogeríamos las cosas imprescindibles para pasar la noche, como los sacos de dormir, y lo guardaríamos todo en la mochila de Pablo, que este año hace de mochila común (la Pablochila la llaman) Como la estación no cierra, no necesitaríamos las quechuas, y dejaríamos todo en una taquilla en la estación, para no cargar con las cosas.

 

La primera fase se cumplió sin problemas (dado que consistía en meterlo todo en la taquilla, no nos arrogamos mucho mérito), y a continuación nos dedicamos a hablar y hacer el tonto un rato, con la esperanza de que dejase de llover.

 

Cuando llevábamos ya una hora haciendo el subnormal en la estación, Garrido y yo nos arriesgamos en un momento de aparente receso y hacemos una expedición a la estación de autobús, que es el edificio de enfrente, y donde contra todo pronóstico (es sábado y tarde) hay un Mercator abierto, así que compramos algo de comer y para desayunar mañana.

Apenas volvemos a la estación, ya llovía de nuevo a mares.

 

A medida que pasaban las horas, la situación pasó rápidamente de aburrida a rara, de rara a aberrante, de aberrante a tristísima y de tristísima a lamentable, a medida que hacíamos todo lo que se puede hacer en una estación para entretenerse. ¿Y que se puede hacer, diréis?

 

Se puede jugar a las cartas, claro. Pero no será hoy, porque las hemos olvidado dentro de la taquilla, y ninguno quiere asumir el coste de volver a pagar tres euros por el despiste.

¿Emborracharse? Gran idea, pero todo está cerrado a estas horas de un sábado, y los posibles bares de la ciudad están a veinte minutos de lluvia torrencial.

 

Así que agudizamos nuestro ingenio. Al fin y al cabo, somos un dos ingenieros, un publicista y un arquitecto, algo debería ocurrírsenos. Pensamos, pensamos, y pensamos. Y comenzamos una competición de levantarse del suelo con una sola pierna. Inventamos nuestro propio baile regional folclórico. Comimos todas las galletas que nos quedaban, y no eran pocas. Hicimos juegos de palabras con desenladrilladores, y perseguimos pasajeros para inquietarlos.

La poca gente que pasaba, empapada, se quedaba mirándonos con caras de incredulidad, y en sus ojos se leía una súplica ¿Dónde está la policía cuando hace falta?

 

Pero al final, hasta de hacer el imbécil se cansa uno, y la fiesta torno en apatía, sentados en una esquina o paseando.

 

Hubo un único episodio más que nos entretuvo, y fue cuando, contra todo pronóstico dado nuestro aspecto de tiraos, dos chicas se acercaron a nosotros y empezaron una conversación en inglés. Sin duda, habían sido atraídas por el aura de magnetismo animal de Rafa y su apostura sin par, que bajo la apariencia de un chico sencillo y bohemio de aspecto cuidadosamente descuidado brillaba con fuerza, creando un conjunto irresistible. Disculpad un minuto, voy a guardar este billete de cincuenta euros.

 

El caso es que se veía a la legua que no eran más que unas crías, que de ninguna manera llegarían a los dieciocho. Si su aspecto no llegaba para delatarlas, que si, cuando les preguntamos su edad cuchichearon entre ellas en esloveno, para después decir “diecisiete”. Ya nos es buena señal que tengan que consensuar su edad, pero además, aunque uno no es un experto en lenguas eslavas, si que se me los número hasta el cien en ruso, y lo siento, pero шестнадцать son dieciséis…

A Rafa, por supuesto, no le importa en absoluto, y a nosotros para charlar un rato, tampoco, así que pasamos un rato entretenidos.

 

27eslovenasdemaribor.jpg

Con las chicas eslovenas. Controlando a Rafa para que no acabe en prisión.

 

Después de esto, milagrosamente hubo una pausa en el diluvio bíblico, y salimos corriendo hacia el centro. Ya había anochecido, pero dimos una vuelta por la ciudad, que por ser diminuta pudimos ver entera.

Tiene buena pinta, y cierto ambiente a pesar de la noche terrible que hace, y al igual que Ljubljana no destaca por sus monumentos, pero está bastante bien.

Cenamos en un sitio que servía poco más que kebabs, pero tenía formas de restaurante chachi y nos hizo sentir pequeño burgueses una vez más, aunque Pablo jura y perjura que sintió físicamente como se le estrechaban las arterias mientras comíamos la enésima comida asquerosa del viaje.

 

Pero la tregua no podía durar, y una hora después empezaba a llover de nuevo. Volvimos a la estación y nos metimos en la sala de espera donde nos había asignado el jefe de estación para pasar la noche.

Teníamos compañía, un vagabundo que ya habíamos visto por la tarde rondando la estación y que por lo que se ve, debe vivir ahí. Desgraciadamente, desprendía un intenso hedor, que incluso superaba al nuestro a chucho mojado, de esos a los que no te acostumbras fácilmente.

 

Coñas aparte, estos episodios dan que pensar. Podemos quejarnos mucho de nuestras chorradas, pero aquel pobre hombre tenía que pasar por ello cada día. Tenía una herida bastante fea en un pié, y absolutamente nada más que lo que llevaba puesto encima, pero sin embargo se apreciaba que intentaba mantener la dignidad humana, razonablemente bien afeitado, sobrio y hasta sonriente con nosotros.

¿Qué es lo que hace que una persona acabe así?

Debe ser muy jodido no tener una casa, ni un trabajo, ni familia que te cobije, ni amigos que te guarden… Cuando uno piensa en estas cosas puede quedarse un buen rato bastante tocado. Pablo especialmente estaba bastante enajenado con la situación. – Sea como sea, no quiero acabar así – repetía sin parar, mascullando entre dientes. – Lo que sea, pero acabar así no –

 

A veces, llevar una vida de “pseudo-vagabundo” unos días ayuda a abrir los ojos. Se aprenden muchas cosas.

En fin, no nos quedaba otra que irnos a dormir y esperar al día siguiente. Rafa tuvo una idea genial, y montó toda una cama con hojas de periódico para mantenernos separados del suelo asqueroso. Apagamos la luz, nos metimos en los sacos, hicimos lo que pudimos por acomodarnos al duro suelo, y cerramos los ojos.

 

 

El olor, sin embargo, seguía ahí.

 

28estacindemaribor.jpg

El campamento en Maribor. Menos glamouroso que otras veces.

Editado por Exiliado

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

24/7/2011

 

 

LA CIUDAD DEL OSO PANDA

¡Cómete el bambú, cómete el bambú…!

 

 

Sala inmunda en la estación, Maribor. 5:40 AM

 

 

 

Apenas han pasado cuatro horas desde que nos tumbamos con nuestros sacos en este antro mugriento, pero como estamos deseando salir de aquí cuanto antes, no nos importa demasiado madrugar. Aparentemente, ya no huele tan mal, lo cual achacamos a que nos hemos acostumbrado a nuestro amigo durante la noche. Sin embargo, en cuanto levantamos la cabeza nos damos cuenta de que el mendigo sonriente ya no está, y si podemos fiarnos de Garrido, salió huyendo de nosotros a eso de las tres.

 

En realidad, no sabemos muy bien cómo tomarnos esto: ¿olemos terriblemente mal? ¿O en algún momento pensó que no estaba del todo a salvo con nuestra inocente compañía?

 

En fin, no vamos a pensarlo demasiado. Más bien vamos a meternos corriendo en nuestro tren. El ambiente ahí dentro, en un tren internacional prácticamente vacío y desayunando precariamente en vasos de plástico, es mucho más agradable. No hace frío, hay periódicos gratis, y en la pulcritud del vagón se intuye ya la promesa de Austria, que en nuestras mentes es sinónimo de orden y precisión.

Tenemos un folleto con los horarios de los trenes, que a priori nos hace mucha gracia, porque tiene unas horas muy peculiares, como las “6:17” o las “7:03”

 

Y sin embargo, tan pronto arrancamos podemos comprobar que estos “alemanes de segunda” no tiene nada que envidiar a los del norte, y en cada diminuta estación provinciana el maquinista clava los horarios al segundo. Para gente criada en una ciudad con autobuses cada hora y sin horario fijo, resulta cuanto menos impresionante…

 

El viaje se hace bastante corto y enseguida estamos pisando la estación de Wien Meidling. Me toca a mí cargar la pablo-chila hoy, así que me despreocupo totalmente de la ruta y nos dejamos guiar por el flamante GPS del móvil de Garrido. Durante un rato, no paro de quejarme (y lo hago siempre) de que con tanta tecnología ha muerto el romanticismo de los viajes ¿Qué fue de las horas perdidas en Verona dando vueltas a la ciudad con veinte kilos de peso? ¿Las discusiones en Roma que casi llevan al desastre por la ruta a seguir? Discutir y cargar peso bajo el sol de julio no parece muy “romántico”, pero al menos procurábamos que cada paso fuese por zonas interesantes. Y en efecto, la ruta por la que nos lleva Garrido es directa y eficaz, pero atraviesa un suburbio infinito y apestoso junto a las vías del tren.

 

29vienae.jpg

Un país serio, de gente seria, por fin...

 

 

Por el camino, hacemos chistes mil a costa de la sorprendente fascinación de Rafa por Viena. El chaval es un músico consumado y apasionado del piano, y la simple mención de la ciudad le trae a la mente imágenes barrocas de conciertos a cuatro manos y Mozart deslumbrando a la corte, claro. Pero Rafa, no nos vamos a engañar… no vas a encontrarte ningún maldito piano por la calle, la mitad de la gente de la ciudad son guiris con el oído musical de un arenque en conserva y Mozart… bueno, Mozart era un capullo engreído al que en el siglo XXI le pegarían en el cole por moñas…

 

La primera sorpresa que nos trajo Viena vino de la mano, o más bien zarpa, de un oso panda, presente en pegatinas en señales y coches. No sabíamos muy bien a que venía, pero pronto empezamos a ver carteles, más pegatinas, osos panda en carteles de publicidad… se estableció una especie de competición, que para cuando acabó el día estaba en un parcial de Pandas 17 – Pianos 2.

La ciudad de Viena pasó de ser la capital de la música a ser la ciudad del oso panda, para desgracia de Rafa, que se picaba más y más con cada nuevo panda que encontrábamos. Asúmelo, hombre, un oso panda es considerablemente más mono que un piano, y mucho más abrazable.

[N.d.E.: los osos panda son animales agresivos, territoriales y desagradables, con unos hábitos bastante asquerosos y que raramente son blancos y negros gracias a su costumbre de revolcarse en su propia orina. Pero bueno.]

 

Al final. Por supuesto, llegamos a la calle del albergue, que gracias a nuestro estupendo alemán fue rápidamente rebautizada como “calle holocausto”, y entramos en él, un edificio antiguo de techo altísimo. Llamamos al timbre y salió a recibirnos una anciana señora de aspecto frágil y encantador, de las que es fácil imaginar con una bandeja de galletas y una taza de chocolate. Sin embargo, resulta ser más bien la madrastra de Blanca nieves, y con un inglés exquisitamente pronunciado y lo que Pablo luego calificará de “voz sexy”, la señora empieza a decirnos que nuestros motivos para cancelar la reserva el día anterior no son fuerza mayor y que tenemos que pagar la noche, aunque no hayamos estado.

 

Obviamente, gente que duerme en la calle si hace falta no va a pagar por una noche que no hemos disfrutado, así que empieza una cruda negociación donde cobra fuerza la idea de salir corriendo sin más. Al final, in extremis llegamos a una especie de acuerdo que es más o menos un win-win. Moveremos la reserva, estaremos una noche más y pagaremos 35 euros por dos noches. No está mal para lo que pintaba la discusión, pero no deja de ser el albergue más caro que hemos pagado nunca, con la salvedad del primer hostal en Milán, hace ya cinco años, donde un paquistaní y su familia nos timaron miserablemente…

 

La habitación está bastante bien, aunque un poco apretadas las cuatro camas, pero tenemos cocina, un baño bastante decente… lo suficiente para que se nos quite el mosqueo. Nos apalancamos un rato, porque estábamos bastante hechos polvo, hasta que el sentimiento de culpabilidad por pasar de Viena empezó a superar al cansancio, y entonces salimos a dar una vuelta.

 

30hostelviena.jpg

nuestra habitación desde la perspectiva de las pezuñas de Pablo

 

 

Fuimos andando hasta el centro, porque así es como se conocen de verdad las ciudades, por supuesto, aunque la mitad del camino no tenía demasiado interés. De hecho, incluso era un tanto sórdido, con máquinas expendedoras de caramelos en la puerta de fábricas y talleres abandonadas, pero más adelante entramos en una calle comercial bastante más animada y a partir de ahí empezamos a creernos que estábamos en la capital de un país civilizado.

 

Cuando empezábamos a entrar en el famoso Ring, nos asaltó una especie de jipy colgao con preguntas extrañas: -¿eh, eh, os gustan los helados?-

Mientras nos preguntamos de dónde leches ha salido este tipo y porqué quiere matarnos/violarnos/robarnos un riñón, el tipo empieza a gesticular señalando a gente y soltando excusas hasta conseguir que miremos a donde indica. Y sorprendentemente, al final del tembloroso dedo del nostálgico de los 60 hay un montón de guiris comiendo helado en tarrinas. Así que seguimos sus indicaciones, y a la vuelta de la esquina encontramos una especie de fiesta diurna montada como promoción de Ben & Jerry’s.

 

39jerry.jpg

Maldita la gracia de comerse un helado con este tiempo pero... ¡es gratis!

 

 

31helados.jpg

Pues imaginad el panorama, si esta es la que ha pasado la censura...

 

 

Cargados con una cuantas tarrinas de helado, empezamos a recorrer el Ring en sentido horario con cierta parsimonia, refugiándonos en portales palaciegos cuando la lluvia nos impide caminar, porque por supuesto, hace un tiempo bastante asqueroso. The weather, que dirían los ingleses.

 

Después de hacer más o menos la mitad del recorrido pensado para hoy, y ya saturados algunos de nosotros de tanto palacio barroco de pega con molduras de hormigón (excepto Rafa, que tiene cara de enamorado), y obligados por la lluvia, nos metemos en un típico café vienés en la plaza de la universidad, pasado el ayuntamiento.

 

40ring.jpg

Palacio barroco del palo #143...

 

 

32ayuntamientoviena.jpg

El ayuntamiento y sus geranios son, hasta ahora, lo más original de la ciudad

 

 

Visto lo visto, para ser Viena no es caro, y se supone que es casi obligatorio tomarse algo en algún café, pero los cinco euros por un café y un Apfelstrudel dolerán una temporada. Además, me siento indignado porque mi estupenda pronunciación (einen Apfelstrudel, bitte) en perfecto alemán de Mordor me ha conseguido una sonrisa de la camarera pero ninguna clase de descuento.

 

Cuando la tormenta nos da un respiro, salimos a intentar terminar el recorrido, con Garrido rumiando entre dientes quejas infinitas por cualquier chorrada. Finalmente, llegamos al centro, a la plaza de San Miguel, donde yo me emocioné un rato hablando (sólo, por lo que parece) sobre las bondades de la Looshaus y sus líneas puras y modernas, sus ricos mármoles y la controvertida historia de su proyecto, construcción e inauguración. Todo esto, como cada vez que hablo de arquitectura, para nada, porque mientras tanto los indigentes culturales de mis compañeros están haciendo fotos a esculturas pseudo barrocas de escayola, o haciendo comentarios de alta escuela como “aquí huele a mierda de caballo”. En fin, sigamos…

 

41loos.jpg

La famosa (para algunos frikis de mierda) Looshaus

 

 

33looshaus.jpg

icono de la modernidad vienesa de princiCALLA DE UNA MALDITA VEZ, MARIO

 

 

Después de recorrer algo más del centro y llegar hasta el Albertina, decidimos hacer un último paseo hasta Kartner Straβe (calle de la carne en alemán macarrónico del nuestro) y ahí ya volver al albergue, pero no fuimos capaces de ponernos de acuerdo en la ruta a seguir, nos separamos accidentalmente, y perdimos a Garrido. Seguramente sabrá buscarse la vida solo, así que no nos preocupa.

 

35albertina.jpg

34nearalbertina.jpg

Desde el Albertina, frente al hotel Sacher (el de las tartar)

 

 

La lluvia y el frío han actuado limpiando la calle de guiris, así que podemos hacer la visita al exterior de la catedral de San Esteban y al templo de Zara que hay prácticamente al lado con calma. Una breve visita de paso a la “casa donde vivió Mozart”, que no es más que otra patraña para turistas y cuyo mayor interés es que de las rendijas del suelo salen los vapores de la calefacción y se está calentito, y de ahí al metro rumbo al albergue.

 

37sanesteban.jpg

Catedral antigua

 

 

36templozara.jpg

Catedral moderna

 

 

38mozarthaus.jpg

lo más divertido que se podía haecr en la Mozarthaus: nada

 

 

Cuando ya estuvimos allí, y no tardamos mucho porque el metro de Viena es acojonantemente veloz, nos pusimos a reflexionar en qué demonios íbamos a cenar, porque ya solo nos queda una triste caja de barritas energéticas Sirius y un par de salchichones. En estas estábamos cuando suenan unas llaves y por la puerta entra un grupo inequívocamente español, de madrileños para ser más exactos.

 

Cuando se han instalado montamos una especie de coloquio en la cocina y averiguamos que vienen de (palabras suyas, lo juro) las cavernosas profundidades de Getafe, en el bajo vientre del inmundo sur de la capital. A pesar de venir de un lugar que nos pintan como los arrabales de Djibouti, son gente bastante agradable y maja y nos entretenemos todos un buen rato, hasta que el hambre impide seguir.

A estas horas no soñamos ya con encontrar un supermercado abierto, pues ya han pasado las 9 y este es un país serio, así que nos conformamos con un típico puesto salchichero en la calle que da buenos resultados y engaña al estómago.

Podríamos sentirnos culpables por estar alimentándonos de kebabs, bureks y salchichas, pero en vez de eso decidimos mirar el lado positivo del asunto. Así, intento imaginarme de que color serán los ojos del médico que me recete las pastillas del colesterol, y si serán suaves las manos del que me opere del infarto, y tan tranquilo.

 

A la vuelta al albergue, nos espera una última sorpresa: más inquilinos. Viendo que son chinos, no tiene pinta de que se pueda sacar mucha conversación de aquí, pues es conocida la proverbial introspección y timidez de esta gente en el extranjero. O igual no, porque el chico (son una pareja) nada más llegar fue a la puerta del baño a esperar a Pablo, que en cuanto salió se encontró en la puerta a un asiático bajito y sonriente que le ofrecía la mano y no se estaba callado. Y es que no son exactamente chinos, sino de Hong Kong, y no tardan en demostrarnos que en la isla tiene un carácter, como poco, más abierto.

 

En fin, la conversación nos dura hasta pasadas las doce, y después hacemos ruido un rato más, hasta que el sueño nos acaba de derrotar y nos vamos todos a la cama.

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

Muy bueno el diario, lo sigo con expectación a la espera del desenlace final.

Lo de los nombre de los viajes creo q los llevais un poco mal. jajaja Lo digo xq el InterRail de 2008 por R. Chepa y Polonia sería más bien el de Centroeuropa y este el de Europa del Este. Simplemente hacer este comentario chorra y sin mucho valor.

 

Yo tb he hecho un InterRail este verano sobre las mismas fechas (el mío la 2º quincena de Julio) aunq sólo coincidimos en Viena y Budapest en la ciudades visitadas.

 

Esta muy interesante el diario y con algunos puntos muy buenos como el del colesterol último!

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

Ojala algún día te animes a seguir con el diario o por lo menos darnos la sorpresa de que tienes un blog en el que cuentas tus aventuras, que muy raro seria que no hubieseis tenido un vagabundo's tour este año!!!

Compartir este mensaje


Enlace al mensaje
Compartir en otros sitios web

Join the conversation

You can post now and register later. If you have an account, sign in now to post with your account.

Guest
Responder a este tema...

×   Pegar como texto enriquecido.   Pegar como texto sin formato

  Only 75 emoji are allowed.

×   Tu enlace se ha incrustado automáticamente..   Mostrar como un enlace en su lugar

×   Se ha restaurado el contenido anterior.   Limpiar editor

×   No se pueden pegar imágenes directamente. Carga o inserta imágenes desde la URL.

Cargando...
Conéctate  



×

Información importante

Continuando en el sitio, aceptas nuestros Términos de Uso y Normas. Además, hay cookies. Puedes ajustar las cookies o continuar tal cual.