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Pero qué sitios más wapos por dioxxxx!!!

 

Viva Alemania!!

 

No sabía que habías puesto ya dos capítulos nuevos... falta comunicación, ehhh?? XDDDDDDDDD

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Pero qué sitios más wapos por dioxxxx!!!

 

Viva Alemania!!

 

No sabía que habías puesto ya dos capítulos nuevos... falta comunicación, ehhh?? XDDDDDDDDD

 

 

Yo es que soy el friky de la habitación y no del salón como vosotras, el salón para fumar, beber y ver la TV

 

 

:cool:

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Día 4. Baden-Baden – Mummelsee – Freudenstadt – Alpirsbach – Schiltach – Triberg – Freiburg im Breisgau.

 

Nos levantamos temprano puesto que el desayuno era de 7:30 a 8:30. En el buffet blibre nos pusimos como gordos, rodeados de colegiales adolescentes escandalosos. Pillamos las mochilas, check out y al coche. No habían dado ni las 8:30 y ya estábamos en ruta.

 

Pillamos una carretera que cruzaba la parte norte de la selva negra uniendo Baden-Baden con Freudenstadt. El paisaje era brutal, pero la niebla empezó a no dejar mucho a la vista. A mitad del camino nos paramos en Mummelsee, un pequeño lago entre montañas donde dicen que habita un fantasma. Bajamos del coche, dimos un paseo hasta el lago pasando por esculturas horrendas y una iglesia muy curiosa, tocamos el lago, foto al fantasma y a seguir la ruta.

 

Maldita nieblaaa

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Escultura

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Iglesia

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Mummelsee

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El camino hasta Freudenstadt fue como un paseo por las nubes, debe ser un paisaje muy chulo pero la niebla es lo que tiene. Freudenstadt no tiene mucho que ver, lo único reseñable es su plaza gigante dividida en cuatro cuadrados, centro de un plano en forma de tela de araña, curioso. Dimos un paseo (10 min de ORA), un par de fotos, un mercadillo y de nuevo en la carretera, esta vez el destino era Alpirsbach. Una vez llegamos, vimos que tampoco tenía mucho el pueblecillo, era típico pueblo de montaña que se supone tiene un castillo que no logramos a localizar, es famoso también por poseer una fábrica de cerveza.

 

La “plaza” cuadrada de Freudenstadt

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Alpirsbach

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Schiltach, sin embargo, nos cautivó desde el coche y al aparcar y salir a visitarlo, las vistas previas mejoraron enormemente. Se trata de un bucólico pueblo repleto de casitas de madera, al estilo de la Alsacia y por el que cruza un río. Nos perdimos entre sus callejuelas, llegamos hasta la plaza principal donde está el ayuntamiento “torcido” y tras echar unas cuantas fotos volvimos al coche.

 

Schiltach

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El camino que nos quedaba hasta Triberg era bastante más largo, pero conducir por el Valle del río Kinzig resulta cuanto menos relajante, agua y verde por todos los lugares.

Un pueblo grande y en cuesta, es lo que nos encontramos al entrar en Triberg, había algo de tráfico y tardamos un poco en encontrar aparcamiento, pero aún así lo hicimos cerca de lo que creemos era el centro. Nada más bajar ya nos dimos cuenta de las peculiaridades del pueblo, famoso por los relojes de cuco, enclavado entre las montañas de la selva negra y con el salto de agua más grande de alemania. Así que no lo pensamos dos veces y entramos a ver el salto de agua, lo peor que hay que pagar, lo mejor el resto. Te adentras en la selva negra por caminos, andando un poco ya se ve el salto de agua, lo cruzan dos puentes a diferentes alturas. Hay varias rutas para hacer, nosotros anduvimos durante 1h más o menos.

 

Salto de agua y selva negra en Triberg

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Al salir, dimos un garbeo por las tiendas de cucos y nos quedamos empanados viendo tanto reloj, tan caro y de tan diferentes formas, toda un arte lo de los relojes de cuco. De nuevo nos metimos en nuestro mini para poner rumbo a Freiburg. Por el camino pasamos por el pueblo donde se encuentra el reloj de cuco más grande del mundo pero no paramos ya que había que pagar para verlo y tampoco es que nos muriéramos por verlo. Lo que sí hicimos fue parar en un área de descanso con un paisaje espléndido para disfrutar de las vistas engullendo nuestra propia comida en medio de tanta naturaleza.

 

Tienda de cucos

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Área de descanso

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Al reanudar el viaje nos cruzamos con nuestras amigas las vacas a escasos metros del coche, ¡parecía que nos iban a saludar y todo!. El trayecto se hizo bastante largo y tedioso, ya que aparte de las horas, el cansancio acumulado y la distancia, había obras que nos hacían parar cada 2x3.

 

Ya en Freiburg, encontramos sin complicaciones el albergue y aparcamos al lado para “descargar”. Después de hacer el check in en el Black forest hostel me fui a aparcar bien el coche unos metros más adelante.

El albergue estaba muy chulo, una nave industrial reconvertida, con un common room gigante y una cocina con todo tipo de utensilios. Las duchas son dignas de mención ya que se trata de cabinas metalizadas individuales, raro pero muy atrayente.

 

Common room Black forest hostel

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Después de organizarnos salimos a ver la ciudad. El ambientillo que se respiraba era genial, mucha gente joven, bicicletas, tranvías…una ciudad viva. Lo primero que hicimos fue subir al monte para ver las vistas de la ciudad, que la verdad resultaron gratificantes. Nos quedamos un rato moneando por allí, fotos por aquí y allá y bajamos al centro. La catedral es enorme y bonita, las calles agradables y con mini canales cruzando por ellas, perdernos en su entramado de cemento resultó cautivador.

 

Desde lo alto

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Moneando

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Callejeando

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Catedral

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Plaza

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Más Freiburg

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Entramos en un pasaje sin saber lo que había en su interior, a ambos lados puestos de comida de todo tipo y al fondo una especie de plazoleta con más puestecillos, sillas, mesas y un pequeño escenario donde estaban preparando un concierto. Sucumbimos a la gula y nos tomamos un par de cervezas y un Chicken curry.

 

Agotados decidimos volver al albergue, pillando algo de bebercio y papeo en unos chinos por el camino. Sacamos nuestro chorizo y a terminar de cenar. Nos sentamos en la common room a echar unas cervezas y a observar el panorama del lugar: unas cuantas japonesas estaban esperando con las maletas suponemos para reemprender su viaje, un vaivén de gente intentando ligar con ellas, unos fumetas en la terraza exterior y unos cracks del ping pong. Guitarra en mano salí por bulerías y disfrutamos de una buena noche hasta que el sueño y la falta de cerveza, nos obligó a ir a dormir

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Muy buena pinta Schiltach, el ayuntamiento es la caña!!!

Grande la Selva Negra, Friburgo y como no el Black Forest hostel XD

 

La cascada gana mucho con agua....

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Ya tengo en mi poder las fotos de -dea- así que añado un anexo:

 

Un paseo por las nubes

 

 

Nuestras amigas las vacas

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Cerveceando en Freiburg

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Guitarreando en el albergue

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wow!! qué pedazo de capítulo!! pero es que fue un pedazo de día, vimos mil cosas!!!!

 

Pa empezar, a mí Baden Baden no me moló mucho, de los pruebos que vimos al día siguiente destaco sobre todo Schiltach. ES un pueblo precioso, pequeñajo, todo con las casityas de madera super bonitas y un río cruzando a mitad del pueblo, me encantó. Los otros no tenían mucho, pero de Freudenstad me llamó mucho la atención la iglesia esa simétrica, era curiosa, mucho más que la plaza.

Salgo en una foto por ahí señalando algo en un palo (creo que de una farola) y es que había una pegatina o una concha del camino se Santiago y me hizo mucha gracia.

Triberg moló mucho por el salto de agua y tal pero no vimos el resto del pueblo, además, lo vi demasiado turístico con tiendas de souvenirs y de cucos horribles por todas partes...

 

Lo mejor sin duda y de lo que más me ha molao del viaje ha sido Freiburg, me encantó esa ciudad. No tenía ni idea de que existiera ni sabía que había allí pero es de esas ciudades típicas que te dan un buen rollo increíble y no sabes muy bien por qué, por el ambiente, porque es chula, por estar rodeada de montañas, por tener una caedral inmensa y un centro muy guay y por la gente en general. La recomiendo a todo el mundo y el albergue era increíble, si es que parecía una albergue ocupa, super hippie, jajajajaj!! estaba muy bien organizado, era muy amplio con su cocina y su mega sala de estar con mil cosas y bueno, no hablar de las duchas que eran un puntazo... a mí me recordaban a las cabinas esas de congelación de futurama, jajajajaj!

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Día 5. Freiburg im Breisgau – Birnau – Meersburg – Lindau

 

Después de una ducha en las atípicas cabinas, bajamos a la cocina a desayunar, rehicimos nuestras mochilas y al mini otra vez.

Pillamos una carretera que cruza el sur de la selva negra, pasando por Hollental y el llamado cuerno del ciervo. Se trata de un garganta donde la altura de las montañas que bordean la carretera no dejan pasara la luz. Al llegar allí nos paramos a echar un par de fotos y proseguimos nuestra ruta.

 

Hollental

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Nuestra siguiente parada iba a ser Titisee y de hecho entramos al pueblo, dimos mil vueltas buscando el lago, decidimos aparcar y con la misma nos fuimos ya que el parking costaba la vida y no sabíamos cómo de lejos iba a estar el lago. Continuamos el trayecto hacia el Bodensee (el lago Constanza). El paisaje fue cambiando, las montañas fueron dando paso a llanuras, pero el tinte verde seguía presente. Llegamos a BIrnau y tomamos un pequeño desvío para visitar la Wallfahrtskirche. Una iglesia barroca desde la que hay unas bonitas vistas del lago. Hicimos unas cuantas fotos y entramos a la iglesia, que pese a estar celebrándose una boda pudimos fotografiar. El interior de la misma es bastante impresionante, super recargada y muy rococó. El entorno tampoco defraudaba, una pena la neblina que nos acompañaba todo el viaje.

 

Vistas

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Wallfahrtskirche

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Interior

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Bodensee

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Próxima parada Meersburg, buscamos un parking gratuito pero al final lo tuvimos que dejar en uno de pago. El pueblo resultó ser muy cuco, con una parte en lo alto y luego un casco antiguo cerca del lago. En la parte alta había una especie de castillo y un palacio, con buenas vistas, de ahí bajamos por una agradable calle hasta acabar a orillas del lago. Entramos en el Altstadt por una calle semipeatonal con bastante ambiente, de ella salen callejuelas hacia arriba y hacia el lago. Llegamos hasta el final de la misma y volvimos por el paseo “marítimo” entre el lago, una arboleda y las terrazas de los restaurantes. Decidimos volver al coche y aunque íbamos a regalar 30min de parking aún quedaba camino hasta Lindau.

 

Meersburg zona alta

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Bajando hacia el lago

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Bodensee

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Callejeando

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Calle principal Altstadt

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El castillo al fondo

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Viñedos

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Lindau es un pueblecillo en la parte meridional de la zona alemana del lago, casi en la frontera con Austria y con la estampa de los Alpes al fondo. A la entrada del pueblo vimos un cartel que ponía información de alojamiento, así que paramos. Se trataba de un panel lleno de los teléfonos y publicidad de hostales, pensiones y hoteles. Al lado un mapa con su localización y un teléfono gratuito desde el cual llamar para hacer la reserva. Estuvimos bastante tiempo intentando elegir algo económico y no muy lejano, ya que el Youth Hostel estaba lleno y a tomar por culen. Al final decidimos tirar la casa por la ventana y llamar a un hostal con habitación doble y desayuno, en el centro de la isla por 70€.

 

Panel informativo

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Aparcamos en la isla en frente de la estación de tren, ya que nos fue imposible hacerlo en otro lado, la putada que era zona azul y que teníamos que ir a cambiar el ticket cada 2h. Llegamos al hostal y tardaron un poco en recibirnos, ya que regentaban también el bar de al lado y hacían la doble función. El dueño resultó ser muy agradable, nos enseñó la habitación: nueva, amplia y con el mejor colchón de todo el viaje.

Nos echamos una siesta antes de volver a renovar el ticket del coche, alargamos luego el tiempo en el coche haciendo nada para ahorrarnos la hora. Teníamos 2h por delante para visitar lo que nos diera tiempo del pueblo, aún teníamos que poner otro ticket.

 

Fuimos hasta el muelle desde donde se supone que se ven los Alpes al fondo, pero estoy seguro que la mayoría de sus habitantes no han visto los Alpes desde ahí en su vida, están a tomar por el culo y con neblina fija, y echando un ojo a las postales todas estaban con un pegote de los Alpes más falso que una moneda de 100€. Resumiendo, que igual una vez cada 100 años se pueden ver.

 

Muelle

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Los Alpes escondidos

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Más muelle

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Después de ver los impresionantes Alpes dimos una vuelta por el casco antiguo, si bien el pueblo no estaba mal, tampoco nos pareció gran cosa. Sobre todo porque estaba lleno de turistas y no había tanto que ver.

 

Vueltecilla por el casco antiguo

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Una vez puesta la pasta al coche hasta la mañana siguiente, nos fuimos a echar unas cervezotas y cenar cosas típicas. La verdad que cenamos bastante bien y llenamos el buche en condiciones.

 

Nuestra cena

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Volvimos al hostal, vimos un poco la TV y nos acostamos no sin antes preguntar la hora del desayuno. Esta vez no madrugaríamos tanto.

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