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ana rosa

canales, comisarias y aviones de ayuda humanitaria

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Ya estoy enganchado, hasta el momento se adivina interesante y con muy buenas anécdotas :bye1: , os intentaré seguir y acompañar en el sentimiento :bye1:

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Curioso diario sin fotos. En realidad, queremos las fotos para ficharos las caras. Donde hayáis estado, es probable que lo hayamos visto decenas de veces. Así que podéis poner las de la orla del instituto.

 

Que yo recuerde, además, a un buen libro no le ponen ilustraciones. Así lo recreamos todo en nuestra mente y el Atomium lo escalamos hasta meterlo en la mochila.

 

Lo que realmente da gusto es leer algo escrito con sentido de la narración, ritmo, buen gusto y... ¡sin faltas (voluntarias y no voluntarias) de ortografía!

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weno primero daros las gracias x haber puesto vuestra confianza en este diario y esperamos no decepcionaros ;)

 

Día 2: Amberes y Brujas

 

 

 

Después de dormir toda la noche como angelitos, decidimos despertarnos el 30 de junio temprano para aprovechar el desayuno que ofrecía el albergue y tener todo preparado para el check-out que era a las 10 de la mañana. Nuestros planes para ese día pasaban por visitar Amberes y dormir esa noche en Brujas. Al final, quedamos sin pasar por Gante, en parte por falta de tiempo, en parte porque a Héctor no le daba la gana de pasar por allí.

 

Después de recoger todo y dejar en recepción la tarjeta que tanta guerra nos había dado, nos dirigimos a la parada del underground para coger un metro gratuito que el ayuntamiento de Bruselas nos proporcionaba por ser tan listos. Nos dirigimos a aquella parte de la ciudad que tan mal rollo nos dio cuando llegamos.

 

Héctor se había confundido al comprar el billete de interrail, pidiéndolo para que funcionara a partir del día siguiente (como veis la suerte nos siguió desde antes de partir). Por tanto, tuvo que comprarse un billete a Amberes. Mientras Alberto y yo nos fuimos a buscar un súper donde comprarme un champú y un par de botellas de agua para sobrevivir. Después de dar miles de vueltas por el supermercado, ya convencidos de que allí no vendían champú, nos disponíamos a pagar las botellas de agua. Al momento me di cuenta de que detrás de la caja, al lado de las botellas de alcohol, estaban los champús. El momentazo del día fue cuando tuve que hacerle entender al dependiente que quería uno de los champús que tenía detrás.... Al final mediante gestos y vanales intentos de hablar inglés, conseguí mi propósito. Detrás de mí, Alberto se aguantaba la risa (debió haberlo intentado él).

 

Salimos del súper, yo toda happy con mi champú nuevo, y nos dirigimos a la zona de venta de billetes donde habíamos quedado con Héctor. Parece que la comunicación entre nosotros no fue tan buena como debería haber sido. Tras varios minutos esperándolo, decididos salir a llamarlo, y de repente lo vimos sentado en unas escaleras cercanas esperándonos. ¡Con tonterías como estas vamos a perder el tren! El próximo tren a Amberes salía en menos de 15 minutos. Nos dirigimos al anden a esperarlo y nada más llegar nos subimos para poder ir juntos.

 

Durante más de 30 minutos de viaje, nos dimos cuenta de que el paisaje de Bélgica era una minuciosa réplica del paisaje gallego que habíamos dejado atrás. Al fin, vimos anunciar una estación de Amberes. En nuestra ignorancia, decidimos bajarnos, ya que no estábamos al tanto de que hasta las ciudades pequeñas, en aquellas zonas geográficas, tenían más de una estación de tren. Y, por supuesto, nos bajamos en la estación de Amberes situada más a las afueras, Antwerpen-Berchem. Dejamos nuestras mochilas en las taquillas de la estación. Salimos a la calle todos felices y nos dirigimos a la parada de tranvía que hay enfrente de la estación para ver donde estábamos y a donde teníamos que ir. ¡Estamos tan a las afueras que no aparecemos en nuestro mapa! En vez de esperar al próximo tren que pasase (cualquiera nos habría acercado, más o menos, al centro) o subirnos en un tranvía que nos llevase al centro, decidimos ir andando, de lo que más tarde nos arrepentiríamos.

 

En una excepcional muestra de habilidad orientativa, Héctor nos intentó guiar basándose en los mapas de la ciudad que había en las paradas de autobús que nos encontrábamos. Sobra decir que no sirvió de nada. Tras un par de kilómetros recorridos en círculo, y con el Sol justo sobre nuestras cabezas, decidimos terminar nuestra odisea y acceder a pagar 1.60 euros al primer tranvía que se apiadara de nosotros y nos llevara a Antwerpen-Centraal, la estación en la que teníamos que haber bajado del tren. Al menos el paseo no fue tan inútil: en él, conocimos la cara más cotidiana de una ciudad belga, más allá de sus monumentos y tiendas de souvenirs. Un detalle curioso fue ver las bolsas de basura en los portales de las casas, esperando pacientemente a que llegara el basurero a recogerlas.

 

El rugido de nuestras tripas nos daba la bienvenida al centro de Amberes. Aquello parecía una ciudad distinta, más parecida a la Bruselas monumental que conocíamos. Por suerte para nosotros, aquello estaba lleno a rebosar de restaurantes. Ignoramos todos los carteles donde se repetía insistentemente la palabra “gratis” (vete tú a saber qué significa), y optamos por un restaurante italiano donde, por un módico precio, te podías zampar una pizza margarita bastante grande. Además, los estudiantes poseedores de tarjeta universitaria, como Alberto y yo (Héctor se había dejado la suya :-p), nos beneficiábamos de un interesante descuento. Allí nos sentamos los 3 a tomar cada uno su pizza y Héctor a tomarse su cañita mientras que Alberto y yo, en un gran acto de cutrez, bebimos del agua que llevábamos encima a escondidas. Después, a la hora de pagar, pedimos el descuento. Sin embargo, el camarero no nos lo aplicó, alegando que teníamos que haber dicho antes que éramos universitarios. ¡¿Es que no lo parecemos?! Como venganza, nos llevamos un mantelito de papel muy chulo del sitio. Después, nos dispusimos a recorrer aquella calle, que parecía ser la principal. Al momento, descubrimos que aquello no era más que una calle llena de restaurantes, tiendas de ropa y de recuerdos. Como aquel lugar no incitaba a hacer turismo, nos dedicamos a hacer compras útiles (Alberto se hizo con un horrendo par de chancletas por la clavada de 20 euros). Después, pasamos a jugar a un juego que patentamos durante el viaje de a ver quién veía más Zaras y Bershkas xD. Adelanto que hemos completado el juego en todo el viaje, salvo que no vimos ningún Zara en Berlín.

 

Llegando al final de la calle, Héctor nos anunciaba que estábamos a punto de llegar a un canal. Más por ese detalle que por otra cosa, el río nos sorprendió por lo ancho que era. Si aquello es un canal, el Ebro es un manantial xD. En la orilla nos encontramos con un pedazo castillo (de apenas 5 metros de altura) que atravesamos, en el que sacamos cientos de fotos. Nos paramos a descansar en un muelle cercano al castillo, desde el que se veía el “pequeño canal” en todo su esplendor. Tras el descanso, volvimos a la estación central, donde cogimos un bus para volver a la estación de las afueras. Recordamos que nuestras mochilas estaban allí de rehenes.

 

Una vez en la estación de Berchem, Héctor tuvo que ir a sacarse otro billete, esta vez hacia Brujas. Y, aunque no os lo creáis, su economía sobrevivió mejor que las nuestras al final del viaje.

 

Durante el viaje en tren, y dado que era nuestro primer día estrictamente de interrail, nos surgían dudas, como qué nombres poner en la lista que hay que cubrir, o dónde encontrar el número del tren. Alberto todavía no sabe cómo hacerlo. Tras una hora de viaje, llegamos a nuestro siguiente destino: Brujas. La ciudad no nos pareció demasiado grande y no nos apetecía gastar dinero. Por tanto, decidimos ir caminando hasta el albergue que habíamos reservado el día anterior. Por una vez, no nos equivocamos y conseguimos llegar con la única ayuda del mapa y mi pericia como guía. Con el primer vistazo, ya nos habíamos enamorado de la ciudad. Resistimos con todas nuestras fuerzas desviarnos para perdernos por las calles tradicionales y contemplar los preciosos canales. El albergue, situado en pleno centro de Brujas, era muy interesante. La planta baja era un bar con una original y cantosa decoración. Nos registramos y subimos a nuestra habitación. Esta vez tendríamos que compartir la habitación entre 6 personas. Al menos, nuestros compañeros eran tres españoles que habían llegado el mismo día que nosotros, y que marcharían dos días después, igual que nosotros.

 

No podíamos esperar a salir a explorar la ciudad y, de paso, buscarnos algo de cena. Cuando no llevábamos ni 5 minutos andando, nos paramos al lado de una iglesia para que Héctor hablase tranquilamente por teléfono. Los otros dos, escudriñando el mapa, decidimos tomar la dirección opuesta, hacia la plaza central ya que, de los sitios de comida recomendados en el mapa, uno ya estaba cerrado y el otro cerraba en 15 minutos. Dimos media vuelta y, aunque fuimos bastante rápido, no dimos con el sitio. Al final, Héctor se fue al albergue, donde tenía comida. Alberto se fue a un asiático a por unos rollitos de primavera, que resultaron más pequeños que la tranca de un chino. Yo, como soy muy tiquismiquis con la comida, me quedé en una hamburguesería para pillarme una “to take away” (si es que estamos todos muy compenetrados xD). Aunque le repetí al tipo 50 veces que quería una hamburguesa “only with cheese”, el tío me dio una con pepinillo y cebolla, y tuve que desmontarla en la calle para quitarle todo aquello. Como nuestras respectivas cenas no nos habían aplacado ni un ápice de apetito, Alberto y yo nos compramos unos helados, que estaban buenísimos.

 

Volvimos al albergue, donde habíamos quedado con Héctor y nos dispusimos a ir a dar una vuelta y a tomar algo. Aunque no quería aceptarlo, Héctor estaba perdiendo habilidades orientativas. Primero fuimos a un bar muy cutre de viejos donde había un perro super mono, que parecía el verdadero dueño del sitio. Éste nos pegó un par de ladridos cuando entramos pero luego se retiró y empezó a campar a sus anchas por el local. Héctor y yo tomamos un par de cañas y Alberto, que no soporta la cerveza, pidió cocacola. Cuando me acabe la mía y Héctor la segunda decidimos cambiar de sitio y nos fuimos. Tras dar varias vueltas, acabamos en un sitio muy chulo y de ambiente joven. Nos metimos en un patio de magnífico aspecto, rodeado por casitas típicas de la ciudad y de árboles. Yo tomé una cocacola y los chicos un par de cañas. Cabe decir que Alberto, pese a toda su fuerza de voluntad, no se acabó la suya y se la cedió a su compañero. Caían unos bichitos verdes de los arboles, parecidos a mantis religiosas pero mucho más pequeñas. Por suerte, esos no eran de los insectos que nos chupan la sangre y nos roban las bebidas.

 

De allí nos fuimos al albergue. Los chicos se quedaron en el pub de abajo, pero yo estaba demasiado cansada y subí a dormir.

 

Alberto nos cuenta los acontecimientos de aquella noche:

 

Héctor volvió a pedirse otra cerveza. Si fuera yo, bastaría un pequeño empujón para tirarme al suelo y empezar a vomitar xD. La conversación fue muy interesante, aunque no recuerdo casi nada de ella. Uno de los guiris que se sentaban cerca, tan borracho como estaba, me tiró algún objeto poco contundente. Héctor se burló de mí. “Le gustas, fíjate en como se rió de ti”, me dijo. ¡Puto marica! Yo empezaría allí mismo una guerra de tirarnos cosas pero, como éramos 2 contra 6, preferí ignorar a mi desdichado pretendiente. Recuerdo haberle pedido a Héctor que el día siguiente nos dejara solos a mi chica y a mí por un tiempo. Él me respondió que no tenía ningún problema.

 

En breves, el próximo día, en el que desvelaremos, con detalles, cómo invertimos Ana y yo el tiempo en el que Héctor nos dejó a solas.

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Bueno despues de varios meses dejado en el olvido el otro dia haciendo limpieza de emails me encontre con los resumenes de nuestro diario y me acorde que todavia no nos habiamos acabado ni explicado la falta de fotos XD. Aqui va el tercer dia uno de los mas moviditos

 

Día 3 Brujas. Paseo en bici por Brujas

Este fue uno de los pocos dias en los que dormimos mas aprovechando que el albergue no daba de desayunar. Aun asi nos levantamos a las 9 y pico.

Como ya habiamos acordado el dia anterior Hector se fue por su cuenta a alquilar una bici para recorrerse toda la ciudad y parte de los alrededores. Quedamos con el despues de comer para pasar la tarde juntos.

Mientras Alberto y yo nos tomamos la cosa con mas calma y despues de ir al super para que comprase algo de comer, cogimos nuestros mapas y nos fuimos en busca de un lugar donde alquilar unas bicis.

Como la suerte estaba de nuestra parte no encontramos el sitio que estaba mas cerca del albergue y tuvimos que ir al siguiente mas cercano. Despues de dar bastantes vueltas y casi decididos de que no ibamos poder pillar una bici encontre por casualidad un cartel con una bicicleta dibujada y deduje que debia ser alli.

Entramos en la tienda donde el tio muy amablemente nos alquilo un par de bicis una de tio y otra de tia y una bolsa para llevar nuestras pertenencias. Salimos de la tienda todos felices ya teniamos nuestras bicis y Alberto se disponia a aprender a andar en bici (si con 19 añitos todavia no habia pasado de los ruedines). Aqui empezaron nuestros problemas la bicicleta de tio le quedaba demasiado grande y se metia cada viaje cada dos por tres. Por compasion le cambie la bicicleta para ver si le servia dio un par de vueltas y dijo que si. Entonces yo le mande de vuelta a la tienda para cambiar la bici de tio por una de tia ya que a mi me quedaba un poco grande la de tio.

Salio de la tienda con su nueva bici y despues de dar muchos tumbos y tropezarse no se cuantas veces decidio que la de tia era demasiado grande para el y ale de vuelta a la tienda esta vez a por una de niño. Lo que se tuvo que reir el de la tienda cuando le dio a este homiño la bici de niño y la verguenza que me hizo pasar el en una bici de niño que le quedaba enana.

Como no le quedaba otra se fue en esa bici haciendo el ridiculo por la calle.... Aun asi los golpes y las caidas no cesarian y por encima las calles que tan tranquilas nos parecieran la noche anterior sin nada de trafico ahora estaban atestadas de coches, camiones, buses, bicis y personas que no te dejaban pasar y corrias un serio riesgo de morir atropellado.

Despues de muchas caidas conseguimos llegar al albergue donde nos habiamos olvidado las pilas para la camara. Con tanto cambio, golpes, etc se nos habia hecho supertarde y ya era la hora de comer. Yo que me habia quedado con las ganas de la pasta to take away me empeñe en ir a buscar el sitio. Despues de dejar las bicis en un parking de bicis en la calle donde cenaramos ayer nos fuimos a buscar el sitio que despues de dar muchas vueltas y ya desesperados descubrimos y alli me meti a x algo de comer. Aunque mi idea era algo de pasta para comer en el sitio me parecio demasiado cara y me acabe comiendo un panini boloñesa y una coca cola mientras que Alberto decidio que no tenia hambre.

Despues de comer y descansar un rato nos dirigimos al sitio donde dejaramos las bicis para ir al albergue que ya iba a ser la hora a la que quedaramos con Hector. Alli lo encontramos y le dijimos que queriamos ir a ver los molinos que hay al lado del rio y el dijo que ya los habia visitado y que eran muy bonitos y que quedabamos alli a las 5 y media.

Nos dirigimos a los molinos en bicicleta y despues de pelearnos con el trafico llegamos al camino de los molinos un precioso paseo x un parque a orillas de uno de los canales. Nos dedicamos a recorrer todo el camino en busca de los molinos sacando fotos a todos los molinos.

Despues de vistos todos y recorrido todo el camino de nuevo nos dirigimos al albergue donde echamos una partida al billar donde gane. Nos reencontramos con Hector que nos dijo que se iba a descansar y que se reencontraria con nosotros a las 7 ya sin las bicis.

Nosotros nos decantamos x seguir el camino de los caminos pero en direccion contraria que seguia siendo todo parque bordeando el rio y que llegaba hasta la estacion. Como ya estabamos algo cansados despues de estar todo el dia andando en bicicleta a Alberto le flaqueaban las piernas y le volvio esa tendencia a caerse cada dos por tres que habia perdido en el camino de los molinos. Despues de cruzar un magnifico puente yo me adelante un poco y me quede esperandolo en uno de los puentes que cruzaban el canal. Él iba algo retrasado porque se habia caido un par de veces por el camino.

Aqui tuve la magnifica idea de sacarle una foto al puente en cuestion que era muy bonito y le pido la camara que llevaba en la bolsa que nos habian dejado los de la tienda de bicis. Cual es mi gran disgusto cuando nos damos cuenta de que la bolsa no esta ahi que le debio de quedar atras en alguna de las multiples caidas.

Decide ir andando a ver si encuentra la bolsa mientras yo me quedo plantada en el puente sujetando las dichosas bicis. Despues de un buen rato esperando llega con las manos vacias y me dice que no la encuentra. Se me viene el mundo abajo. Para asegurarnos volvemos x el mismo camino yo en bici y el andando sujetando la suya. Dimos vueltas y vueltas hasta llegar al albergue pero ni rastro de la bolsa.

Llegamos al albergue todos compunjidos y le pido el movil para llamar a mi casa ya que en esa bolsa iba mi: camara (de ahi que no haya fotos), mi telefono movil, billete de interrail, cartera con: dni, visa, tarjeta sanitaria, carne joven y 30 euros. Mi madre intenta tranquilizarme y me manda ir a poner la denuncia. Preguntamos en el albergue por una comisaria nos la indican en nuestro mapa y hacia alli nos dirigimos.

Primero hacemos una paradita para dejar las bicis en la tienda. Y nos dirigimos a la comisaria donde muy amablemente nos explican las dos opciones que tenemos: 1º buscar en lost and found place y 2º sino encontrabamos poner una denuncia. Nos aconsejan esperar hasta el dia siguiente para ver si ha aparecido y sino poner una denuncia. Asi hacemos.

De vuelta al albergue con las unicas ganas de tirarme en cama y esperar a que llegue un nuevo dia e intentar olvidar este. me veo en la situacion de tener que volver a llamar a mis padres para decirles que no hemos encontrado nada y lo que nos dijeron en la comisaria. cuando llevamos un rato decido que necesito tomar el aire y me voy a un 24 horas al lado del albergue a comprar algo de comer y beber y de paso despejar las ideas en solitario

Despues de esto nos retiramos a descansar y tomar fuerzas para afrontar el proximo dia y con ello el cambio de pais a holanda y amsterdam.

Editado por ana rosa

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Ante todo, mis disculpas por haber dejado este diario a mediasy tenerlo abandonado durante tanto tiempo.

 

También siento la brevedad y presentación del último capítulo. Ese era el borrador del capítulo, y no por ciertos motivos no pude revisarlo.

 

Ana se olvidó de comentar el deplorable estado en el que se encontraba la bicicleta cuando la llevé de vuelta a la tienda: con la llave torcida, un manillar roto, el timbre ausente y sin la bolsa. Temeroso de que tuviera que pagar los daños al dueño de la tienda, entré en ella con la pobre bici, y éste me dijo que la dejara en una esquina. Yo obedecí: dejé el vehículo en un rincón y salí de allí casi corriendo. Cuando el hombre hubiera descubierto el pastel, yo ya estaría fugitivo xD

 

Intentaremos terminar con el diario, que al fin y al cabo, no falta mucho.

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bueno no se si nos seguis o no pero cuando retome este diario me propuse acabarlo antes de irme a Irlanda en verano. con lo cual espero no aburriros mucho y disfruteis algo de nuestra mala suerte

DÍA 4 BRUJAS- AMSTERDAM

Este día empieza temprano ya que antes de pillar el tren a Ámsterdam cosa que queríamos hacer lo antes posible. No por un odio a esta ciudad cosa que por mi parte era imposible pasara lo que paso en ella la llevare en mi corazoncito para siempre.

Alberto y yo recogimos nuestras cosas y nos dirigimos andando a la comisaría para ver que solución había mientras dejábamos a Héctor en el albergue durmiendo y encargado de hacer el check-out.

Como llegamos demasiado temprano nos dirigimos a una pastelería a por algo de desayunar y a tirarnos en una plaza a esperar a que fuese la hora de entrar en la comisaría. Yo me compré un bollo con crema que tenia una pinta deliciosa pero para decepción mía y risas de Alberto, estaba relleno de pasas (cosa que me daba bastante asco) después de tirarme un buen rato quitándoselas y cansada de ello, decidí hacer de tripas corazón y tomarme el bollo con pasas incluidas que resultó que no estaba tan malo.

Acabado el desayuno ya era hora de ir a la comisaría y hacia allí nos dirigimos. Cuando entramos nos preguntan lo que buscamos, nos llevan al lost and founds pero para desgracia nuestra y sobre todo mía evidentemente no había aparecido ninguna bolsa. Nos dirigimos de nuevo hacia la entrada a preguntar como se hacia una denuncia. Aquí empezarían nuestros problemas de lenguaje ya que no sabíamos como se decía en ingles y ellos no nos entendían. Después de un buen rato intentándonos explicar en un ingles chapurreado por ambas partes, a un policía se le enciende la bombillita nos entiende por fin y nos preguntan si queremos hacer un request lo cual nos abre la mente y asentimos.

Nos llevan junto a un policía que nos ayuda a hacer la denuncia e intenta poner por escrito lo del billete de interrail que era lo de mayor valor, para que en la estación se apiadasen de nosotros y nos regalasen uno, sabíamos que era prácticamente imposible ya que lo dejan claro en las normas pero la esperanza es lo ultimo que se pierde.

Después de esta parada obligada nos dirigimos a la estación de trenes que no queda demasiado lejos y donde habíamos quedado con Héctor que había encargado de consultar los horarios de los trenes a Ámsterdam. Nos dirigimos a la sección de billetes de larga distancia para conseguir el nuevo billete y llorarles un rato a ver si nos lo regalaban o nos descontaban algo. Evidentemente no funcionó y Alberto tuvo que pagar con tarjeta el billete, yo aunque tenía dinero en un bolsillo interno que por suerte había decidido llevar, el billete implicaría quedarse sin un duro y como descubriríamos mas adelante sería ultra necesario.

Nos dirigimos al anden a pillar el tren que nos llevaría a Ámsterdam haciendo una pequeña escala en Amberes. Después de 3 horas y pico en tren atravesando una frontera y disfrutando de una mini siesta, de los paisajes despertándote atravesando un río anchísimo o trozo de mar todavía no lo he descubierto, y la lectura.

Aunque aprendida la lección en Amberes nos esperamos a llegar a la estación central. El albergue que habíamos reservado en Brujas quedaba en la otra punta y decidimos seguir las instrucciones dadas por el albergue y coger un tranvía hasta él. Después de el primer vistazo en tranvía a esta ciudad de canales llegamos a nuestra parada y después de caminar un poco llegamos a nuestro albergue que los dueños tienen a bien de llamar Hotel Orfeo aunque desde nuestro punto de vista no pasaba de albergue de ínfima calidad, que por encima nos cobrarían una barbaridad por una habitación de 4 camas en literas que compartiríamos con un desconocido. Aparcamos nuestras mochilas y vimos nuestro habitáculo una habitación estrechísima con dos literas con un espacio minúsculo entre ellas en la que descubriríamos la capacidad de Héctor a trepar como un mono y que nuestro compañero seria una tía por sus pertenencias, más adelante nos contaría que era australiana y que llevaba un año recorriendo el mundo (nosotros flipando en colores y muriéndonos de envidia). La habitación incluía baño consistente en una ducha mugrienta con una mampara que permitía ver todo y que decidimos no usar y un lavabo algo más útil. El baño comunitario era igual de horrible pero por lo menos tenía puerta de madera con pestillo. Muertos del asco Alberto y yo, Héctor era feliz todavía no sabemos muy bien por qué. Y decididos a salir de allí antes de morir por culpa de las empinadas escaleras.

Antes de salir nos agenciamos unos mapas gratuitos que había en recepción y una información sobre unos free tours que descubriríamos que ese día no podríamos coger. Nos decidimos por explorar la ciudad por nuestra cuenta sin destino alguno solo ganas de descubrir esa joya que tiene algo más que drogas y sexo. Yo que no había comido en el tren me encapricho con tomarme un perrito caliente en algún lado, primero me decanto por un chiringuito pero como al tío le interesaba más hablar por teléfono que vender perritos, me acabo decantando por un carrito callejero en el que descubrimos que es más barato para felicidad mía.

Con la barriga llena decidimos dirigirnos a la plaza donde esta el palacio real y así saber hacia donde nos tendríamos que dirigir al día siguiente para coger el free tour. Después de tirarnos un ratillo en ella nos decidimos por volver al albergue y hacer una parada estratégica previa en un coffee shop cercano que si mal no recordareis era la razón de ser de nuestro viaje. Tristemente sería este día cuando descubriría que era un coffee shop ya que en mi vida había oído tal palabra y mucho menos sabía lo que era para mi era una tienda de café inocente de mi, esto provocaría las risas de los chicos pero allá ellos.

Llegamos al coffee shop donde Héctor se fumaría un porrillo y para desgracia suya y de Alberto no habría la tarta que querían tomar (Alberto habría sido convencido antes del viaje por Héctor para pillar una a medias aunque al final le diese pena tener que dejar de probarlo). A parte del porro nos tuvimos que pedir algo de beber lo que nos llevo a ver la botella de agua mas cara de la historia 2,50€ por un botellín, después descubriríamos que los precios serían estándar ya que nos costo lo mismo el zumo y la coca cola.

De vuelta al albergue dejamos a Héctor tirado en cama mientras nosotros nos íbamos a dar una vuelta y a un supermercado cercano a comprar algo de comer pero no tenían casi nada y solo compré una caja de galletas de milka que acabarían en la basura en Berlín. Dimos una vuelta por los alrededores y fuimos a un parque con un cartel de I Love Ámsterdam. El parque era infantil y llegamos a la conclusión de que los niños holandeses eran de otro mundo ya que sus juegos eran muy extraños entre los que destacaba un tobogán que surgía de unos troncos entrelazados haciendo un amago de escalera hasta el tobogán.

Como era hora de ir pensando en cenar nos dirigimos al albergue a rescatar a Héctor e ir a buscar algún lado donde ir a cenar. Héctor nos dijo que para él el día se había acabado y que nos fuésemos a cenar por nuestra cuenta.

Después de dar muchas vueltas y dudar unas quinientas veces por un trozo de pizza de un restaurante aunque nos parecía caro, nos acabamos metiendo en un Mc Donalds a por un mc menú y un Happy Meal (para mí son mas baratos y traen postre a parte de un regalito para mi hermana pequeña). Aquí descubriríamos que si te preguntan en algún lado si quieres algo lo mejor es contestar que no, ya que nos cobraron 50 céntimos por un mísero sobre de Ketchup en fin ver para creer.

Acabada la cena y con los estómagos semillenos nos decidimos por volver al albergue. Por el camino encontramos un supermercado abierto donde intentamos hacer una compra decente. Aunque lo único que compramos fue una tarta de fresas con nata que tenía una pinta deliciosa y fue el único capricho que nos dimos en el interrail, además de unos tenedores de plástico para poderla tomar.

Con la tarta en la mano y mas felices que un tonto con un pirulí nos dirigimos al albergue a degustar nuestro merecido capricho y con intenciones de darle algo a Héctor. Pero como cuando llegamos seguía tirado en cama con pocas ganas de hacer algo, nos sentamos en nuestras literas a tomarla. Acabada la tarta y después de asearnos y visitar el baño que era mejor no visitar porque olía a cañería podrida, nos dispusimos a dormir.

 

Como veréis en este día no nos pasó ninguna desgracia a parte del palo del albergue. Que teniendo en cuenta todo lo pasado y lo que nos pasaría era una simple anécdota.

El siguiente capítulo segundo día en Ámsterdam, donde descubrimos que la palabra free no significa lo que aprendimos en la escuela. Y donde nuestra situación económica llega a los límites de la pobreza y a cambiar nuestros planes de viaje

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DÍA 5 ÁMSTERDAM.

Este día madrugamos para no perder la rutina y porque el albergue tenía incluido en el precio el desayuno, teniendo en cuenta lo que te clavaban había que aprovecharlo. Además queríamos coger el primer free tour que era a las 11.15 de la mañana y no teníamos claro cuanto nos llevaría teniendo en cuenta que el día anterior habíamos dado un buen rodeo para llegar.

Llegamos sobre las 11 al sitio y nos apalancamos en medio de la plaza a la espera de que llegasen los guías que por suerte no eran difíciles de reconocer por sus camisetas bastante cantosas. Para quien no los conozca y le interesen estos tours son todo el año y hay uno en inglés y otro en español (es que somos tan chachis que necesitamos un tour para nosotros solos XD). A las 11.10 o así nos empiezan a organizar según que tour vayamos a coger e indicándonos en que zona colocarnos.

Agrupados los grupos y presentados nuestra guía nos hacen una foto de grupo para colocar en sus folletos o ponerte en la lista de los mas buscados sino pagabas jajaja. Nos empiezan a contar una historia sobre su vida y sobre el tour y que aunque pone que es gratis les tenemos que pagar una propina según nos haya gustado o no.

Empieza el tour que duraba unas 2 horas y algo incluido un descanso de 30 a 40 minutos que como somos españoles y destacamos por la puntualidad casi es una hora jaja. Empezamos por la plaza y nos contaron su historia y la de la ciudad. El tour seguiría entre coffee shops, edificios con historia o algun tipo de interés y otros relacionados con las drogas

Llego la hora del descanso y nos metieron como ganado en un centro comercial que era una pasada el edificio y era muy fashion pero todos los productos eran demasiado caros para cualquier bolsillo, aunque estuve tentada a comprarme unos batidos que tenían unas pintas impresionantes.

Acabado el descanso y esperado media hora por los rezagados seguimos nuestro tour por el barrio rojo, coffe shops, la casa de Ana Frank. Lo más interesante fueron unas clases dadas por la tía de cómo comprar setas y tomarlas y que hacer si era demasiado, todo experiencia propia suya.

Pagada la propina nos fuimos a comprar algo de comer. Esta vez si compramos algo en un supermercado pan de molde, queso y algo que supuse que sería embutido pero que todavía no se sabe lo que era. Nos fuimos al albergue a comer y dejar el resto de la compra.

Aquí nos separaríamos de Héctor que quería ir a visitar por su cuenta (o inducido por Alberto ya no se que pensar dado que hasta que hicimos el diario no me enterara que le pidiera dejarnos en paz en Brujas) y nosotros a pasear a sin sentido por Ámsterdam quedando más tarde para dar una vuelta e ir a cenar. Sin tener idea de a donde ir nos metemos por una calle comercial done decido comprarme un bolso de Ámsterdam, necesitaba urgentemente algún lado donde llevar planos, botella de agua y alguna cosilla mas; y unas postales que le prometiera a mi hermana pequeña. Cuando tuvimos hambre y decidimos merendar algo nos paramos en un supermercado donde encontramos unos batidos de kiwi y fresa que estaban deliciosos y a buen precio.

De vuelta al albergue nos encontramos con Héctor y nos cuenta que ha estado en el Barrio Rojo y que era una pasada y si queríamos ir y nosotros asentimos encantados de saber que hacer. Cuando llevábamos ni 5 metros andados Alberto se da cuenta de que le falta la cartera y a Héctor y a mi nos da la risa floja no podía ser. Él sostenía que se la habían robado aunque nosotros sosteníamos que se la había olvidado en algún lado, a nuestro favor he de decir que sus antecedentes no eran muy buenos ( las chanclas antes de partir, la toalla prestada por Héctor y el champú en Brujas, la bolsa de la bicicleta también en Brujas, etc), como pensábamos que se la había olvidado y no nos apetecía volver al albergue decidimos que nuestra teoría era la cierta y que ya la buscaría mejor cuando volviésemos. Después de una buena pateada llegamos al barrio rojo y descubrimos su encanto aunque para mi gusto no era de lo mejor de la ciudad.

Como ya era la hora de la cena y estábamos bastante lejos del albergue decidimos buscar algún sitio donde cenar. Héctor intentó convencernos para que nos metiésemos en un sitio que no se de donde era la comida pero lo que se veían eran unos animales enteros despellejados lo que casi me hace echar hasta la primera papilla ahí mismo. Viendo el poco aprecio que le teníamos a ese sitio se tuvo que conformar con un Subway que había cerca y aunque la comida era de procedencia dudosa por lo menos no veías lo que comías lo cual era para mi suficiente. Comimos Héctor y yo porque Alberto tuviera una mala experiencia con un bocata de todo lo vegetal que le sirvieran una vez y prefirió hacerse un sándwich en el albergue.

Cuando llegamos al albergue Alberto descubriría que su cartera no estaba y con ella toda su documentación, tarjetas y dinero. Después de la llamada a casa para que le cancelasen las tarjetas y nuestras madres empezasen a planificar nuestra vuelta, lo que incluía un vuelo de ayuda humanitaria para poder rescatarnos XD. Nos dirigimos a la recepción del albergue en busca de información de donde estaba la comisaría mas cercana, a este ritmo no nos dejarían volver a pisar un país extranjero por los problemas que les dábamos. El recepcionista fue muy amable y nos indicó cual era la mas cercana e invito a Alberto a algo de beber, él en estado de shock no le entendía y se lo tuve que explicar, el muy borrego se cogió una botella de agua no se si para beber o para tirársela por encima y despejar las ideas.

Mapa en mano nos dispusimos a descubrir una zona de Ámsterdam que no conocíamos que aunque estaba cerca del albergue no pasamos del parque infantil. Después de perdernos un par de veces y descubrir que para desgracia nuestra la calle que era, era una que descartáramos porque no tenía iluminación. Allí aprendida la lección en Brujas fuimos al grano y fue bastante rápida la cosa. Con la denuncia en mano volvimos al albergue a dormir y a esperar a mañana.

 

El próximo capítulo es un día de tránsito en el que nos veíamos en La Haya a por la embajada española a por una documentación temporal para Alberto y pillar un tren a Berlín.

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