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marigo

Inter 2008: Los interrailes son para el verano

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Bueno, comienzo el relato del inter de este año, espero que os guste, ya me ireis contando.

Ainssss que ganas ya del siguiente, pero como engancha esto no? :cool:

 

Este año eramos 3, Teresa, que repitio despues de lo del año pasado, y Laura, una amiga que se apunto, y servidora un buen numero no?

Y el recorrido fue:

Pamplona-Innsbruck-Hallstatt-Ceske Krumlov-Praga-Viena-Budapest-Pamplona

 

Capitulo 1 Innsbruck

 

Esta historia comienza metiendo cosas en la maleta, que si el bañador (que finalmente no usamos) el neceser, los “por si acaso…” Todo vale con tal de cargar la ya pesada maleta, que posteriormente Laura bautizaría como “los muertos”

 

Salgo de casa, y tras reunirnos todos, ponemos rumbo a la estación de Hendaya. Ya este primer trayecto es una odisea, que si nos para la ertzaina en un control anti radares, que si nos pasamos la salida y llegamos a San Juan de Luz…

 

Cuando por fin cogemos nuestro primer tren, trayecto nocturno hasta Paris, el primero de los miles de individuos que conoceríamos durante el viaje, nos hace la noche imposible. Se trata de un Pantojo, es decir un francés que escucha música folklórica a tope con los auriculares, tanto que nadie en el vagón puede dormir, hasta que finalmente, la heroína de esta historia, (que obviamente soy yo, jajaja no tengo abuela) me levanto y mediante la conversación no verbal consigo que apague el infernal mp3. No queráis saber más.

 

En la estación de Paris Austerlitz, pasamos media hora (que en esos momentos eran muy valiosos para el trasbordo) buscando el baño, que obviamente estaba frente a nuestras narices, pero ya veréis en el diario, que no es nuestro estilo llegar a la primera a los sitios.

 

En el siguiente tren, que esperábamos nos llevase a Munich sin incidencias, llega el revisor, para el que no es suficiente enseñarle el billete inter-rail, y comienzan nuestras desventuras. Quizá sea adecuado contar primero, que yo, al imprimir los horarios de trenes desde la web alemana, como hago siempre, no me moleste en traducir la pagina, total pa que? Las horas en alemán son iguales no? Así es como he aprendido que la palabra “reservierungspflicht” significa que es obligatorio reservar el tren, aunque sea con la tarifa interrail. Y así es como nos timaron por primera vez, viendo con rabia como teníamos que pagar una multa de 15 valiosos euros al revisor, para que no nos echasen en la próxima parada.

 

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Y así comíamos, dormíamos, y vivíamos en el tren durante las 25horas que nos costó llegar a Innsbruck. La llegada a este pueblo en los Alpes, nos mostró unos paisajes chulisimos Usando el mapa, llegamos al albergue que resulta no estar a 10min andando del centro, y donde nos timan de nuevo vendiéndonos un ticket de autobús, meramente anecdótico, (ya que allí ni las viejas respetuosas pagan el bus) y donde conocemos a una Italiana, que comparte habitación con nosotras, que está allí para prepararse para a “animar” en la Eurocopa. Laura y yo aun no tenemos claro si a lo que se iba a dedicar era a agitar pompones y necesitaba ensayar para eso o que.

 

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Salimos por la noche a ver la ciudad, y la verdad está muy animada, el centro nos gusta especialmente, y sacamos fotos a lo más típico, mientras decidimos que haríamos al día siguiente, después de dormir en cama, cosa que a esas alturas valorábamos muy muy positivamente, aunque la almohada del albergue fuera un tanto, cartón-piedra.

 

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Al día siguiente tras “acomodar” (que en otros idiomas se traduciría por empotrar, nuestros muertos en la taquilla de la estación) damos una vuelta por los lugares de anoche, y nos dirigimos en tranvía “gratuito” a Ambras School.

 

El caso es que en Innsbruck, las líneas de tranvía y bus no se diferencian, y nosotras, pensando que el numero 3 sería un bus, dejamos pasar hasta 4 veces el tranvía a nuestro destino, y eso que perfectamente ponía en el letrero el destino y numero. Ya habíamos desarrollado la teoría del tren fantasma, al ver en el panel: n3 0min, y al instante de nuevo n3 7min, como si hubiese pasada sin verlo nosotras. Resultado, pasamos más de media hora en la parada esperando, con la sensación de inútiles ya familiar.

 

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Al llegar, hay que subir una “pequeña” cuesta, que resulta ser un paseo agradable desde el cual vemos unas panorámicas de montes alpinos preciosas, perfectamente enmarcadas en un día estupendo, despejado y caluroso. Vemos el lago antes de llegar y finalmente Ambras School.

 

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Y vuelta a la estación, en realidad, la ciudad no tiene mucho más para ver o visitar, aunque a mí la verdad me ha gustado mucho, sobretodo el ambiente de las terrazas a la noche, donde cabe destacar, en todas las mesas había una velita, muy bohemio.

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Capitulo 2: Hallstatt

 

Para llegar a nuestro destino, hacemos combinaciones arriesgadas que suponen hacer trasbordos con 3min de diferencia. Esto supone un par de carreras por estaciones Austriacas, con “los muertos” a cuestas, buscando la vía en los paneles, corriendo por pasillos, arrasando al personal… además con la chicharrina que hacia ese día. Y cuando creemos que hemos llegado a nuestro destino, la estación es como la veis en la foto, una estación desierta, con un único camino hacia el lago, donde nos esperan dos tipejos, que hacen el negocio del siglo cobrándote 2 euros (pronto aprenderíamos que en Austria todo tiene el sufijo euros) para llevarte en bote, al pueblo que en realidad queríamos visitar y que creíamos íbamos a encontrar en la parada de tren correspondiente a ese tren, que ilusas verdad?

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Pero pagar, en este caso, mereció la pena, y es que las vistas eran impresionantes, realmente no las puedo describir, estuvimos con la boca abierta como bobas todo lo que duro el trayecto. Queríamos llevarnos todo aquello con nosotras, no olvidarlo nunca, poder teletransportarnos allí en cualquier momento memorizando en la retina los picos de los montes, el color del lago o la panorámica de casitas en los muelles.

Hallstatt es un antiguo pueblo minero, perdido en el Tirol más profundo, que actualmente vive del turismo, aunque os aseguro que es sumamente complicado llegar hasta él.

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Cabe destacar que durante toda la visita cargamos con los muertos, desgraciadamente no pudimos encontrar donde dejarlos, pero no creáis que nos fastidió mucho, estábamos concentradas en otras cosas. Así que lo primero que hicimos fue subir a la iglesia que estaba a lo alto del pueblo, donde había un cementerio muy cuidado, que aunque no os lo creáis era un foco turístico importante. Y otro atractivo era un osario, un conjunto de tibias y cráneos de mineros que fueron enterrados en el lago, que se exhiben pero pagando. No entramos a verlos. Total la Laura ya ha visto muchos jajaja

 

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Paseamos por el pueblo, es decir, por las 4 casas, compramos alguna postal, en la tienda donde el dependiente nos dijo que tenía un desagradable recuerdo de España, donde le robaron, pobre, pero aun así nos trato muy bien, no se vengó con nosotras jeje.

 

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Cuando llegamos a la plaza, claro, a nosotras se nos oía por todo el pueblo, así que un hombre, se nos acerco a pedirnos que les sacáramos una foto con sus padres y su esposa. Tras comentar el gusto que da oír castellano, nos pregunto de donde éramos. Ellos eran canarios, pero dio la casualidad de que venían de Pamplona, de que su madre estuviese ingresada en la Clínica. Eso me hizo mucha gracia y le comente que yo solía pasar mucho por ahí (por decirlo de algún modo) y justo había estado ingresada en mi planta con lo cual la casualidad era aun más sorprendente, mini mundo lleno de sorpresas. Fue muy gracioso, pero lo que nos llamó la atención fue su despedida: “Bueno, que lo paséis bien, y si os pasa algo, que Dios no lo quiera, venís a la embajada eh?” ¿Cómo? ¿Acabábamos de conocer al embajador? Porque vamos, yo no suelo despedir a los extranjeros con ese tipo de consejos…

 

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Pero como si la estancia en Hallstatt hubiese sido un sueño pasajero, pronto estábamos de camino a Salzburgo para pasar la noche, con la mente puesta en lo que habíamos visto, y mirando las postales que escribíamos sobre los raíles del tren, situación que se convertiría en rutina durante los próximos días.

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CAPITULO 3. Salzburgo

 

La llegada a Salzburgo ha sido sonada, y si no, que se lo digan a Laura. Las 22h de la noche, la oficina de turismo chapada, preguntamos y nadie sabe que bus coger para el albergue, y cuando por fin el camarero de una terraza nos dice el numero 3, cogemos el 25 porque el chofer nos promete que nos dejará cerca. Al pobre chofer se le han colado hasta las viejas, vaya, que solo hemos pagado nosotras, conclusión, el bus es gratuito aquí.

 

Un señor nos indica donde bajar, tras mostrarle el mapa, pero algo justillo de tiempo, es decir, nos dice, “It´s here” cuando ya estábamos parados en la parada. Acordándonos de todo su árbol genealógico, cargamos los muertos a nuestras espaldas y cogemos las mochilas corriendo. Pero tanto corrimos, que ya en la acera, Tere se da cuenta de que no tienen la cartera con el dinero, las tarjetas… En medio del desconcierto, el bus para a 10 metros de nosotras. Entonces aparece, como el héroe de la película, corriendo hacia nosotras, el mismo señor, ultimo descendiente de la dinastía de la amabilidad, con la cartera de Teresa.

 

Tras este episodio, nos centramos de nuevo, pero, ¿Dónde demonios estamos? Una calle en un barrio residencial, de noche, no hay nadie cerca…. Comenzamos a andar, algo inquietas. Tras discutirlo, decidimos entrar en algo que parece una finca privada, donde vemos luz. Vemos unos chicos jóvenes, cocineros, que terminaban de recoger todo en la trasera del restaurante. Nos acercamos a preguntar, le enseñamos el mapa, nos dice que sí, que estamos donde le señalamos, pero que no hay ningún albergue. Al decirle la calle, se ríe a carcajadas, y se lo cuenta, en alemán, a sus compañeros. Más risas, y nosotras con ojos como platos, no entendiendo “ni pichota” Entonces nos dice que conoce bien el albergue, que está junto al colegio donde estudiaba, pero que andábamos algo lejos, es decir, estábamos señalando en el mapa reducido, la calle del albergue, pero en el papel, junto a esa calle estaba señalado con una flecha la dirección de unos jardines que estaban a las afueras de la ciudad, y que la gente nos había mandado a los jardines en vez de a la calle del albergue. PREMIO. Así que desplegamos el mapa, y vemos que estamos a unos 30cm de distancia en el mapa. No preguntéis por nuestras caras en esos momentos.

 

El chico nos ha dicho que de nuevo, hay que coger el bus. Lo hacemos, y es el mismo bus de antes, que ha dado ya la vuelta, y reconocemos al conductor. Cabreadas con la vida, nos colamos sin ningún miramiento. Tras sentarnos, preguntamos a la señora del asiento de atrás, donde bajar, lo hacemos en ingles, y en francés, ella nos entiende, pero solo nos contesta en alemán, ”ich friden, ich friden” así que tras un rato de exasperación, Laura decide buscar ayuda. Yo atrapada entre mochilas no me puedo mover, pero estas van a la parte delantera del bus a buscar ayuda, ya que Laura, no está dispuesta a que se nos pase la parada, se termine el horario de buses… hay que “tomar medidas” según ella. Preguntan a un chico, y este se ofrece amablemente a indicarnos la parada. Y en ese momento, un oportuno chico dice “español? Si yo hablo” y si, hablaba, así como los indios, pero hablaba español. Y comienza a indicarles, “veréis una fuente… una calle” y la Laura “pero que fuente vamos a ver si son las 23:30 y esta de noche” y el venga a explicar, total, que la experta en manejo de situaciones difíciles, le pregunta. “pero tú te bajas antes o después que nosotras” “antes” “pues entonces no nos vales, cállate” y se da la vuelta para hablar con el chico de antes. Pero claro, no sabe ingles, así que gira bruscamente a Tere, y le manda, como quien manda a su perro, que le diga en ingles que nos indique la parada. Yo contemplo la escena partiéndome de risa, tanto que los 5-6 ocupantes del bus, miran la escena, en silencio, como si fuese una cámara oculta, de hecho una chica se ha quitado hasta los cascos, y la petarda de atrás sigue diciendo, mientras se ríe “ich friden ich friden” pese a que yo le miro con cara de no entender nada. Es espectáculo, no tenía precedentes, Laura, de pie en medio del pasillo, ha estado a punto, y no exagero nada de lo que acabo de contar aquí, de decir “a ver, el que nos pueda ayudar que levante la mano”

 

Finalmente, se alinean los planetas y las estrellas y llegamos al albergue. Al hacer el “check in” pregunto a la recepcionista en que bus hay que colarse para ir al centro, y me mira con cara de sorpresa, mientras me contesta,” ¿para que quieres el bus si estas a 7min del centro?” vamossss vamossssssss arde Troya.

 

Subimos a la habitación y las compañeras están roncando sin consuelo, así que nos metemos la cama, que ya vale por hoy, hemos salido de Innsbruck, hemos visto Hallstatt y vamos a dormir en la ciudad de Mozart.

 

 

 

Al día siguiente, madrugamos, y el día es el más caluroso del año, el cielo está despejado, y tiene una pinta de hacer chicharrina… Desde la puerta del albergue vemos el castillo a un palmo de nuestras narices, asi que se acabaron los buses.

 

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Ponemos rumbo a la abadía de Nonnberg, que está bien, a esas horas todavía no hay nadie, y disfrutamos desde ella de las vistas de Salzburgo.

 

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Vemos al subir, junto a los raíles del funicular que sube el castillo, (tranquis, nosotras subimos andando, que pa eso somos de pueblo) a un vagabundo, que duerme anchamente, que volveríamos a ver al bajar, y al que Laura recriminaría “Pero venga, que ya es hora de levantar!” lo que tiene que Laura piense que no le entiende nadie, resulta graciosísimo en algunas situaciones. Luego subimos al Castillo de Salzburgo, mientras esperamos a que abran, conocemos a un grupo de 10 estadounidenses, que resultan muy entretenidos de observar, están en un viaje organizado o algo así, no terminamos de entenderles bien.

 

Entramos al castillo, alerta, es un timo, timo, esta todo en obras, no se puede entrar a las estancias, y lo único que merece la pena son las vistas pero…. Pse, no merecen 7 eurazos.

 

Asi que decidimos bajar, y visitamos lo más representativo de Salzburgo, Residenzplatz, Mozartplatz, kapitelplatz… En la plaza de la catedral están exponiendo calzado de bebe, así que me acerco a preguntar a un chico. Me dice que es el día de los “no-borned” y que los padres, agradecidos de que sus bebes si habían nacido, cedían sus calzados, para celebrar.

 

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Vamos hasta la casa donde nació Mozart, entramos al primer piso, donde vemos una maqueta de la casa, pero al rato se nos acerca un guardia pidiendo “el boleto” hasta ahí hemos llegado, media vuelta y a la calle de nuevo. Vamos entonces andando hasta la casa de la familia de Mozart donde se exponen instrumentos y tal, pasamos un rato en el patio interior, mientras Tere se decide a entrar o no, mientras Laura y yo comemos pringels,( y es que no hicimos más que picar en el viaje, lo pasamos “ en un pienso”)

 

Andamos hacia Mirabelgarten, donde se rodó “sonrisas y lágrimas”

 

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y nos acercamos un momento a la estación para arreglar un par de asuntos de trenes, que fácilmente se solucionan con euros. Cogemos el bus, para ir a la zona que vimos la noche anterior.

 

Se trata de Helburn, un conjunto enorme de jardines, estanques, palacio, casitas, y demás atractivos debidamente explotados turísticamente, antigua residencia de verano de Reyes. Tras pagar, esta vez con tarifa estudiante, hemos entrado a pasear hasta encontrar unos juegos de agua muy divertidos donde nos hemos refrescado, y hemos comido nuestros bocatas caseros. Tras ello paseo subiendo el monte que hay (lo mejor para bajar el comilón) desde donde, bueno, había vistas, y visita también a la “casa del mes” que debe su original nombre a que realmente, se construyo en un mes, en un alarde de grandeza del Rey, que guarda un museo sobre la cultura y tradición de la zona. Bajamos al palacio, y lo visitamos acompañadas de unas graciosas audiologías, que nos contaban anécdotas. Detalle gracioso, me sorprendió el nombre de las estancias, “habitación de china”, la de “las cabras”, la de “los cisnes”, la que hace “esquina” vamos original a tope.

 

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Después fuimos al tour, que daba un paseo por las fuentes, acompañadas de un no tan gracioso guía, que se divertía a su manera. Es decir, el tour consistía en ver una serie de lugares, muy bonitos, donde el rey invitaba a sus amigos para pasear, o comer. Pero para entretenerse, colocaba un sistema de riego escondido en taburetes de piedra, donde se sentaban sus invitados, y los mojaba accionándolos desde un panel o palancas escondidas. También los regaba con chorros que salían de las paredes o del suelo. Así el guía acabo mojándonos de lo lindo a todos. Os aseguro que al rato, ya no te sorprendía tanto, y el tour se convirtió en un suplicio lento y tedioso.

 

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Después, intentamos coger el bus e ir a un palacio que había, no muy lejos, pero tras coger 5 buses, perdernos otra vez, y esperar en paradas perdidas bajo el Lorenzo, decidimos desistir, y volvemos a pasear por el centro. (Esto contado rápidamente, parece corto, pero pasamos unas 2h dando vueltas, sin saber donde bajarnos, cogiendo buses sin mirar siquiera el número… puede resultar estúpido, pero es que realmente fue estúpido)

 

Sentadas de nuevo frente a la catedral, Laura hace otra de las suyas, y es que decir, “que perro más feo” sin disimulo, y después “Gloria, creo que el dueño me ha entendido” y ver como el chaval afirmaba con la cabeza riéndose, es una cosa que solo podía pasar en ese momento.

 

Cenamos junto al rio, fue muy agradable, una noche estupenda. Y al albergue, que mañana seria otro día muy largo, que empezaríamos a unas horas algo intempestivas.

 

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Editado por marigo

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¡Te sigo! Este verano voy a Salzburgo, Hallstatt, Innsbruck, Praga y Viena así que me viene de perlas. Además escribes muy bien, da gusto leerte.

 

Una pregunta, ¿realmente es tan difícil llegar a Hallstatt? Porque estoy mirando en la página de trenes alemana para ir desde Viena (y luego de Hallstatt a Salzburgo) y me aparecen incluso algunos directos o con sólo un transbordo...

 

Y de Hallstatt a Salzburgo tampoco parece demasiado complicado... son como de 1 o 2 transbordos.

 

¿es así realmente o a la hora de la verdad es distinto?

 

Por cierto, ¿en qué albergue estuvisteis en Salzburgo? ¿Estaba bien?

Editado por sideral

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q zorrazas!! han estado en hallstat ¬¬

 

ps. sideral, yo estuve en el albergue de la youth hostel y es enorme y está de pm!!!

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Hola paisanaaaa!!!

Asi que ya has vuelto sana y salva de tu viaje!!! me alegro que lo pasaras bien y de que nos lo cuentes.

A mi personalmente me va a venir de perlas, que chulo Hallstat, que ganas tengo de ir para alli!!!

Me estudiare bien los horarios para llegar sin muchos problemas...

ya tienes otro lector, da gusto cuando empiezan a escribir nuevos diarios!!!

 

Un saludo marigo!!!

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Gracias a todos por seguirme :lol: , la verdad que este año me estaba dando un poco de pereza el diario, pero al final me he metido al lio, espero que los capitulos vayan fluidos, porque no me gusta que los diarios se queden parados cuando los estoy leyendo, asi que tendre que dar ejemplo jejeje A ver cuando va el proximo :lol: ya me ireis dicendo que os parecen.

 

Sobre lo de llegar a Hallstatt, pos os te dire, Sideral, que yo, como buena pardilla que soy, me di cuenta en el viaje, que hubiera sido menos paliza si hubiese hecho la excursion desde Salzburgo, y no desde Innsbruck, para luego volver a Salzburgo esa noche. Si lo miras en el mapa, di una vuelta bastante estupida. pero es nuestro estilo¡

 

Sobre el albergue de Salzburgo, yo tambien estuve en el de la hosteling, esta muy bien, ademas es enorme, tiene terraza, y esta nuevisimo. Vamos yo repetiria, mira te pongo una foto.

 

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besotes :huh:

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Capitulo 4 : Ceske Krumlov

 

Cuando mire los horarios de los trenes y dije a mis compañeras que lo mejor sería coger el tren a las 6am, me tomaron por loca, pero soy una loca con una fuerza de convicción increíble. Os contaré como prueba que a las 5am, hora espectacular, nos levantamos para ducharnos.

Y así con mucho sueño, comenzamos a coger trenes de nuevo. En uno de ellos, en un momento dado, el vagón se saturó de gente, y es que había hasta en los pasillos. Lo cual causó una gran agitación en Laura. Y es que tiene una patología especial que cursa con episodios de gran “trabajo” Y es que cuando hay aglomeraciones, Laura se entretiene mirando a la gente, imaginándose su vida, adonde van, a que se dedican, porque están justo en ese tren, que le dicen al de al lado… y claro, ese día tenía mucha ocupación, tanta que tuvo que apagar su mp3 y dejar de comer galletas. En concreto había un chico con un uniforme de la cruz roja, que agravó su crisis. Jeje

En uno de los trenes, el revisor nos manda salir del tren, y coger un bus. Eso no entra en nuestros planes, y menos aun entraba el recorre esos caminos de cabras por donde nos llevaron. Pero sorprendentemente llegamos a Ceske Budejovice, y vamos a información. Allí nos dicen que hoy no tienen trenes y que tendremos que ir en bus a nuestro destino. Nosotras, creyendo estar retrocediendo en el tiempo como Michael J Fox, concluimos nuestra particular teoría de que solo hay una vía, por lo cual, si tienes suerte y tu tren a llegado primero, bien, y si no, te toca ir a uno de esos buses del año de la tos, todo mugriento y destartalado (porque teníais que haberlo visto) con sospechosos Checos que nos miraron todo el trayecto sonriéndose y diciéndonos cosas que agradecemos no entender.

 

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Pero aquella chatarra rodaba, y llegamos hasta otra estación, y cogimos otro tren, que nos llevo hasta una estación en medio de la nada, con una casa enorme de esas de madera, tipo del oeste. No vimos a nadie por los alrededores. Se supone que aquello era Ceske Krumlov, lugar del que tanto había oído hablar, y que tan precioso era. En fin. Llamamos con los nudillos a una ventanilla, y nos abre un tipo, que nos da un ticket, y dice que cuidara de nuestro equipaje, que deja sin más debajo del extintor.

 

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Creyéndonos Livingston mientras exploraba el África más profunda, salimos a buscar ese pueblo, patrimonio de la humanidad por la Unesco, que esperábamos encontrar. Y finalmente si, llegamos, pero antes que nosotras lo habían descubierto unas cien mil personas, todo turistas que abarrotaban las calles, sacaban fotos y comían helados. Había incluso un grupo de unos 50 valencianos vaya. Y, cuestión que me preguntaría yo durante todo el viaje, como haríamos nosotras que siempre llegábamos a los sitios del modo más cutre, inverosímil, y rocambolesco? Es que yo no vi a ninguno de esos turistas en los trenes y buses que cogimos nosotras.

Primero vimos el castillo, con paredes lisas, con dibujos, y columnas pintados sobre ellas, muy colorido. Además tiene vistas sobre el resto del pueblo. Al salir, hay unos osos muy graciosos también. Hemos paseado viendo tiendas de souvenirs, de cristal de Bohemia, restaurantes, el museo de la tortura (que a Laura peligrosamente le interesa) y hemos llegado a la plaza, sobre la que caía el maleficio del sol abrasador.

 

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Seguimos andando y cruzamos el puente sobre el rio Moldava. Y ya, decidimos darnos el capricho del viaje.

Y es que hemos visto unas pizzas muy baratas (o lo eran, o aun no controlamos el cambio a coronas checas) en un italiano en la zona del castillo, que nos han llamado sugerentemente. Al preguntar sobre el tamaño, el camarero nos decía “one person, one pizza” y yo, oye, no veo que los Checos estén como caravanas, pero como se coman una de esas cada uno, pueden explotar como bombas atómicas. Y es que eran enormes, así que menos mal que el chico era un poco “justito” y se confundió trayéndonos dos en vez de las 3 que habíamos pedido. Aun así, nos pegamos tal empacho que acabamos tiradas sobre la mesa, intentando digerir tanta comida y aguantar el calor, que nos estaba haciendo entrar en un coma. Cuando nos pareció que ya era pasarnos mucho, nuestros modales, tras conseguir que el chico nos trajese la cuenta, (que le costó hacerlo pese a que éramos las únicas clientas de toda la terraza) fuimos a tirarnos junto al rio, donde llamásemos menos la atención.

 

Dimos alguna vuelta más por el pueblo, que la verdad nos había gustado mucho, vimos un rato a los patos, y finalmente decidimos volver a la estación, para ir a Praga. Además el tipo de las mochilas nos ha dicho que solo nos las guarda hasta las 18h. Al llegar, intentamos preguntar al taquillero por unas reservas que habíamos visto en el papel (no queríamos mas multas) Pero al llamarle desde la ventanilla, el está muy agusto fumando, así que ni se levanta de la silla. Desde luego, mira que no tenía otra cosa que hacer en esa estación desierta, y para alguien que va a verle… ni moverse. Pero insistimos hasta lograr que lo haga y le preguntamos, o más que preguntar, nos hacemos entender por signos y con el papel, lo cual deriva en un nuevo ataque de risa general. Después, aun riéndonos, vamos a la ventanilla de las taquillas, que está enfrente, al otro lado de la estancia, en la que consistía la estación. Nos da las mochilas, las únicas que tenía el buen hombre, vamos se dedicó todo el día a cuidarlas, de hecho cuando nos fuimos, el salía de trabajar, ya no tenía “muertos” que cuidar. El caso, es que nos dice guasón, que no tenia cambios, y nos manda a la ventanilla de enfrente (que manda narices no pueda ir él a pedirle cambio a su colega). Yo no me creo que no tuviese cambios, pero montamos el circo, yendo a la otra ventanilla volviendo a llamar, como en un sketch cómico, total, ya estábamos desternillándonos. Y vuelta a hacerse entender con el taquillero, mientras el tipejo se reía de lo lindo con nosotras. Cuando nos da el cambio, vuelta a la otra ventanilla, para liberar nuestras secuestradas mochilas.

Volvemos a coger trenes, y buses, hasta coger el tren a Praga. Ha sido una visita muy divertida, y a mí el pueblo me ha gustado, es una excursión muy recomendable. Lo estábamos pasando en grande, y aun quedaba mucho inter por delante, fueron días muy chulos, de interrail en estado puro. Ainsss que morriña jejeje

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