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vaninka

no lo he perdido por los pelos!

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Salimos corriendo, perdí la zapatilla por el camino. Al final llegamos sin problemas (bueno sí, el susto y el calcetín negro).

 

xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD q mítico XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

A mi se me calló en una estación la mochila con el mapa, el agua y algo de fruta al suelo en un sprint, y por no agacharme con mi macuto y la cámara que llevaba a cuestas, la fui chutando hasta que entramos a tropel por la puerta cuando se cerraba :cool: :)

 

Lo que me ha hecho recordar también cuando casi nos saltamos la parada de Chenonceau cuando íbamos a visitar el castillo y con las prisas nos dejamos dos baguettes encima de la mesa. Las vimos alejarse através de la ventana mientras nos quedabamos con el paté a palo seco allí clavados en la estación :bleh:

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A mi se me calló en una estación la mochila con el mapa, el agua y algo de fruta al suelo

Imagino que querrás decir "cayó", de caer, no de callar.

 

Por lo demás, curiosa manera de ahorrar segundos. :huh:

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A mi se me calló en una estación la mochila con el mapa, el agua y algo de fruta al suelo

Imagino que querrás decir "cayó", de caer, no de callar.

 

no, no, me refiero a que no se callaba, la muy jodía no dejó de dar la tabarra todo del viaje. Y luego, sin más, no soltaba prenda ni a patadas. Tengo una mochila bipolar, como los osos :huh: :lol: :lol:

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Menuda tarde-noche la del tren de vuelta Amsterdam-Paris por aquel año 2002...

 

Estabamos en el albergue Poli, el abuelo Manolo, Matías y yo, txetxu, picando alguna cosilla para "cenar" antes de salir hacia la estación. En los dos días que estuvimos, no habíamos cogido nunca el transporte urbano para movernos por el centro de la ciudad, por lo que la intención era ir a la estación caminado... o esa era MI intención.

 

Me considero alguien puntual y con la manía de estar siempre en estaciones y aeropuertos un ratillo antes de la hora de salida. Pues en contra de mi voluntad empezó el cachondeíto. Se les metió en la cabeza que el albergue estaba a 10min de la estación (propaganda engañosa típica de albergues) y por lo menos eran 25min caminando tranquilo. ¡Sentido de la orientación y del tiempo nulo! Y jiji, jaja, se iban cachondeando de mi... :huh:

 

Al final, yo cabreado, pero los cuatro... ¡a correr! Al lado de los canales, cruzando los puentecitos, pasando por el barri rojo... y con mochila de novato (pesaba casi el doble que la de años posteriores llena de cosas "por si acaso" que nunca se usaron).

 

Pero la escena que más recuerdo fue la de la caja de caramelos. El abuelo Manolo llevaba en la mochila una caja de caramelos metálica y el ruidito que hacía al correr nos iba piniendo más y más nerviosos. Al final abre como puede la cremallera donde esataba la dichosa cajita y no se le ocurre otra cosa que lanzarla lejos, lejos... ¡al canal! La imagen me quedará grabada como definición del estrés del interrailero.

 

Al final... como muchas otras veces... POR LOS PELOS

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Fue en un Amsterdam-Amberes, era nuestro primer interrail y fuimos tan cutres q no dormiamos en Amsterdam porq no teniamos dinero y nos alojábamos en Amberes.

Nos habíamos tirado todo el día pateándonos Amsterdam y al final de la tarde nos dejamos caer en un coffee shop, fuera diluviaba asi que nos sumergimos en el mundo de las drogas a la carta, hasta que alguien miró la hora. Salimos corriendo como si hubiésemos robado el Santo Grial, fuimos esquivando bicis y guiris hasta la estación de tren, en el anden ya estaba nuestro tren esperándo y cuando conseguimos llegar allí las puertas se cerraron autmáticamente, nos quedamos literalmente con la manecilla que abría la puerta en la mano, desde dentro una señora nos miraba con cara de lástima y allí nos tuvimos que quedar los cinco que íbamos una hora más. Entonces (hace ya unos años de ésto), la estación de Amsterdam no tenía muy buena fama, pero a parte de pasar la hora de espera rodeada de politoxicómanos, no tuvimos ningún otro problema.

 

Q tiempos...

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A mi se me calló en una estación la mochila con el mapa, el agua y algo de fruta al suelo

Imagino que querrás decir "cayó", de caer, no de callar.

no, no, me refiero a que no se callaba, la muy jodía no dejó de dar la tabarra todo del viaje. Y luego, sin más, no soltaba prenda ni a patadas.

XDDDDDD

 

A mí, mi Ruedi nunca me haría eso. Estamos bastante más compenetradas.

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Primer inter-rail, allá por el año 2002; todo como una seda, flipo de que nos haya salido tan bien y tan cuadradito; después de un mes dando tumbos por la vieja Europa (bendito billete de 3 zonas, RIP) llega el momento de volver.

 

Último día: estamos en Friburgo (la alemana, no la suiza) y me planto en la ventanilla: tenemos inter-rail y queremos ir a Barcelona. La tía nos dice que hay un nocturno desde Suiza (efestiviguonder, ahí quería llegar yo, que ya lo tenía controlado)... pero tras unos tecleos resulta que va lleno. Me alarmo. Me recupero cuando nos dice que tendríamos que hacerlo con cuatro trenes. Lo que tú digas, como si son ocho, pero tenemos que estar en Barcelona mañana (del amable "queremos" ya he pasado al "tenemos que"). Más tecleos: ahora resulta que para el tercero de los cuatro no quedan asientos libres. Me alarmo de nuevo y nueva recuperación: no hay asientos, pero sí couchettes, que en ese momento no sé ni lo que son y que llevan suplemento, pero es la manera de subir al tren. Nos hace la reserva. Del cuarto tren hay que pagar el 50%, porqué el trayecto es en país de origen; sí, sí, claro, pero flipo que lo podamos pagar en Alemania; ok, así ya no hay que tratar con los de RENFE, genial.

El recorrido queda:

- Friburgo (Alemania) - Basilea (Suiza)

- Basilea - Mulhouse (Francia)

- Mulhouse – Portbou en couchette

- Portbou – Barcelona pagando el 50%

 

Con todo resuelto, intentamos averiguar que son las couchettes. Nos explican que son para tumbarse: ¿camas? no; ¿asientos reclinables? no. Para tumbarse. Ok, vale. Mi compi lo resuelve por su cuenta: decide que tiene que estar relacionado con el 'voulez-vous coucher avec moi?' y que no puede ser malo XD.

 

Diluvia y después de un mes no estamos para muchos trotes así que llegamos antes de la hora a la estación. Ya hemos comprobado que los trenes alemanes, llegan antes de su hora de salida a las estaciones grandes. Nos vamos hacia el andén; en cuanto llegue el tren nos metemos y a empezar la dura vuelta. Pero el tren no llega. Vaya, justo nos habrá tocado uno de estos con el horario más apretado, con las ganas que tenemos de pillar un asiento y espachurrarnos en él. Bueno, parece que no es de horario apretado sino apretadísimo. Ah, no, lo de apretadísimo no sirve, esto ya recibe el nombre de retraso. Miro los papeles que nos ha dado la chica de la taquilla. Para el transbordo en Basilea tenemos 7 minutos, ¡glups! El tren aparece 10 minutos más tarde. Tengo la esperanza de que durante el trayecto acelere y recupere el retraso, pero no, todo lo contrario: es un tren de estos con miles de paradas en millones de minipueblos. Está tan cerca una estación de otra que el tren no llega a coger velocidad en todo el trayecto. No quiero mirar el reloj. Lo que sí que miro otra vez son los papeles de los trenes; no solo tenemos un tiempo de -3 minutos sino que el apartado donde especifica desde que vía sale el tren está en blanco. Habrá que ir hasta el panel a mirarlo, lo que nos faltaba. Entrando en Basilea nos levantamos y nos pegamos a la puerta. La entrada a la estación no puede ser más desesperante. Tengo los dedos cruzados y voy murmurando “que sea la vía de al lado”, “que sea la vía de al lado”. Pegada al cristal consigo leer una pantalla: sííí, ¡es la vía de al lado, no me lo puedo creer! Vamos con el botón de apertura de puertas apretado para que cuando lo activen se abra enseguida. Solo el estrecho andén nos separa de nuestro objetivo... Objetivo que empieza a andar justo cuando ponemos un pie en el andén, ¡nooooo!

 

Vamos al revisor de nuestro tren antes de que se nos escape, para que se haga responsable. Vemos que una chica está igual que nosotros y que la lo ha enganchado por banda. A mi, sinceramente, lo de discutir en alemán se me hace algo cuesta arriba así que le pido a la chica si puede discutir en plural. El revisor se desentiende. Vamos a las taquillas. La compañía suiza no se responsabiliza porqué el tren era de la DB; dice que tenemos que ir a las oficinas de la DB, pero claro, a estas horas están cerradas. Lo máximo que conseguimos es que nos sellen un papel diciendo que ese tren ha llegado tarde, para que podamos reclamar. Muy bien, pero... ¿y ahora qué? Preguntamos por el siguiente tren: no hay más trenes, era el último. ¿Y en autobús? Ahora ya les damos pena y la verdad es que se esfuerzan; consiguen un libro con los horarios de los autobuses: nada, el último ya ha salido también. Nos dicen que tenemos que ir en taxi y donde se cogen.

 

En ese momento ni siquiera estoy pensando. Nos subimos a un taxi con la alemana. Durante el trayecto pienso en lo surrealista de la situación. Un mes de mochileros tirados y ahora ¡cruzamos fronteras en taxi! La alemana va hablando con el conductor por un lado y con nosotros por otro. Que si tenemos francos. Hostia que esto es Suiza, ni lo había pensado, pues va a ser que no. Ok, no pasa nada, la alemana tampoco tiene, el taxista nos da el visto bueno a pagarle en euros. ¿Euros? Me giro hacia mi compi, ¿tú tienes euros? Pssss... (revisión de bolsillos) 30; yo 30 también. Es el último día y lo tenemos todo ya pagado, solo teníamos prevista la comida de Barcelona y claro, pensábamos que íbamos sobradísimos. A todo esto no sabemos ni si llegaremos a tiempo. Nos jugamos mucho: tenemos las couchettes del tren de Mulhouse pagadas, el 50% hasta Barcelona y el barco Barcelona-Palma (no, las low cost todavía no estaban de moda; en esos tiempos íbamos en barco) y lo podemos perder todo. Es de noche y se pone a llover, que queda más peliculero. En plena autopista veo unas barreras y unas casitas: ¿un peaje? Noooo, ¡la aduana! Hostia, que Suiza no es de la UE, lo que nos faltaba. Conseguimos pasar rápido. Por fin llegamos a Mulhouse y el taxista consigue encontrar la maldita estación. Nosotros damos todo el dinero que temos y la alemana pone el resto, que es más del doble. El taxista nos hace tiques para que podamos reclamar a la DB. Le decimos a la alemana que tenemos tarjetas, pero claro, no nos da tiempo ni de coña de parar en un cajero y aunque pillamos el mismo tren ella se baja antes. Le damos nuestros correos para arreglarlo ya desde casa.

 

Salimos del taxi escopetados. Mi compi va el primero y como tiene un bolsillo de la mochila roto porqué usa la misma mochila de cuando nos íbamos de colonias en EGB (y no es coña) empieza a perder cosas que yo, que voy detrás resoplando, voy recogiendo. Consigo ver la pantalla. Me giro, la alemana ha quedado atrás: “platform 8!” le grito.Vemos el tren. Está, está, ¡está! No nos arriesgamos a ir hasta nuestro vagón, no sea que el tren nos deje por pardillos. Subimos al primer vagón. ¡Lo hemos conseguido! Ahora solo nos queda recorrer el tren por dentro hasta llegar a las misteriosas couchettes y desplomarnos en ellas muy merecidamente. Pero después de la DB, la compañía francesa todavía nos tiene otra sospresa reservada: un vagón de asientos, otro, otro, otro, otro... Y... ¡cerrado! ¡No podemos pasar a los vagones de couchettes! Nos pasamos media noche tirados entre vagones (el tren va petado, por eso se supone que vamos en couchette, ni un asiento libre), ahogados porqué justo ahí es donde va tooodo el maldito tren a fumar. Pero lo hemos cogido. Y sí, pese a esta última noche (penúltima, queda un infernal noche de barco) es cuando me doy cuenta de que este no ha sido “el inter-rail” sino el “primer inter-rail”

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Yo casi pierdo un Amsterdam-Berlín por una resaca setera. Me desperté media hora antes de que saliese con mil cosas que hacer, luego me dejé el boli para apuntar el día y casi me meto en un pequeño lío.

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