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joer vaya panorama... al menos pudisteis recuperar el dinero?? espero que si!

ahora seguro que queda la mejor parte del viaje porque a peor es imposible que vaya XD

saludos

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Aupa! Soy nuevo por aquí, aunque suelo leer bastante el foro de cuando en cuando.

 

Me he registrado para deciros que sois unos cracks, me estoy descojonando vivo con este diario. Engancha más que algunas novelas que venden por ahí. Vaya aventura. Mención especial a la zona B de Birkenau, y la ascensión a la montaña al borde de la muerte, jajajja, increible. Pues nada, que espero con ansias una nueva entrega y aprovecho para saludaros.

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Como ya va casi pa un mes que no publico nada, hago una visita rápida para pedir disculpas a los lectores y para poner la excusa super-sobada de los estudios, que me estan matando.

 

Acabo este viernes, así que prometo que el domingo publico el siguiente día, y que espero que este acabado durante estas vacaciones.

 

Gracias por leernos, por comentarnos y por tener paciencia.

 

Saludos: El Vagabundo's Team (rumiando el Vagabundo's Tour 09...)

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Acabo este viernes, así que prometo que el domingo publico el siguiente día, y que espero que este acabado durante estas vacaciones.

 

aqui uno de tus lectores, el domingo ya ha pasado... :rolleyes:

xD a ver si vuelves a escribir algun dia de estos que lo prometido es deuda!!

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Disculpas de nuevo, he faltado a mi promesa, pero supongo que es comprensible que despues de un duro cuatrimestre, la necesidad de fiesta era casi fisiológica. Además, esta ya en mente el Vagabundo's Tour 09, y eso come su tiempo. Sin mas preámbulos y excusas, empieza la parte en la que intentaremos recuperar nuestra dignidad, y acabar el viaje lo mejor posible. Un saludo agradecido de parte de todo el equipo a los lectores.

 

 

17 de Julio.

 

Día 14. Stogi – Retomando el rumbo

 

Amanece en remoto barrio de Stogi, 6 km al este de Gdansk. A pesar de todo, la noche nos ha sentado bastante bien, y nos sentimos con fuerzas y ánimos renovados para seguir con nuestro viaje. No cunde la desesperanza, así que nos preparamos para prepararnos un desayuno digno en la mesita que hay junto a las tiendas.

 

Mientras decenas de niños del equivalente polaco a los boy scouts montan sus tiendas y gritan no muy lejos, nosotros comprobamos la vigencia de la teoría del desayuno: en el ártico o en la jungla, en la pobreza y en la riqueza, en la salud o en condiciones infernales en lugares remotos de Europa, un buen desayuno es la cura para todos los males en el 89% de las ocasiones. Unos vasos de leche, nos comemos nuestras galletas, y empezamos a planear el día de hoy.

 

Emplearemos la mañana en arreglar todos nuestros asuntos, y por la tarde visitaremos la ciudad.

 

Perdemos la mañana entre visitas al supermercado y trazar planes, hasta que llega la hora de la comida. Tan animados estábamos, que se nos ocurre la genial idea de hacer una barbacoa para nuestras flamantes salchichas polacas, compradas recientemente.

 

En el camping hay parrillas, y unos nativos nos han regalado carbón y pastillas de encender fuego. Es buena señal, hemos entrado en la fase decadente en que nos regalan cosas por nuestro aspecto, mucho antes que el año pasado.

Así, con toda la motivación del mundo, empieza la tarea de encender el fuego.

 

Pero no va a ser tan fácil como aparentaba al principio. Cierto que las pastillas de encender fuego arden muy bien (solo faltaría), pero el carbón parece resistirse a la cremación. La humedad ambiente, y el aire, no ayudan demasiado tampoco.

 

Como lo único que estamos haciendo bien es humo, nos alejamos de las tiendas y nos vamos a una esquina del recinto.

Poco después, un par de nuevos traslados, esta vez a causa del viento primero y de la pendiente después.

 

Cuando parece que hemos encontrado el lugar adecuado, y aunque no parece que estemos más cerca de hacer fuego que antes, un nuevo inconveniente. Una familia completa de jabalís (sí, sí, jabalís, si total, ya nos lo creemos todo) pasea junto a nosotros, lo cual atrae al centenar largo de patrulleros de los bosques de 10 años, que gritan y le lanzan comida a los bichos.

 

Así que nos trasladamos de nuevo, pero entonces empieza a llover. Para cuando encontramos un toldo bajo el que ponernos, ya casi no llueve, pero las posibilidades de que la barbacoa llegue a buen puerto son cercanas a 0. Un último intento de freír las salchichas solo con pastillas de encender fuego resulta infructuoso, así que recurrimos a la solución penosa que se me acaba de ocurrir: ir a las cocinas del bar del camping y rogar que nos dejen freír las salchichas.

 

Lo lógico habría sido que en un lugar donde se ganan la vida vendiendo comida, rehusaran prepararte la tuya propia gratis. En España sería lo más lógico. Pero de nuevo, la sorprendente cortesía polaca lleva a que la cocinera no solo prepare las salchichas (que en realidad son carne picada en forma de tubo), sino que las convierte en albóndigas, las reboza y les añade guarnición de ensalada.

 

Después de dejarle claro a esa mujer que le debemos la vida y que estamos a sus pies, comemos, aunque la escasez de la cantidad nos obliga a comer también unas latas de atun desmigado.

 

zigutatbirrasyp2.jpg

nosotros, los platos de atún, y nuestro zigurat de cerveza

 

Una breve sobremesa, y pasamos a lavar la ropa, primero con los medios rudimentarios típicos de frotar la ropa en un balde, y luego en la especie de secadora de los años 40 del camping, instruidos por el hermano perdido de Freddy Mercury en persona.

La ponemos a secar, y nos preparamos para bajar hasta Gdansk.

 

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El joven Jhirska y su cruzada contra la mugre

 

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tecnología punta en labores domésticas

 

 

Cogemos el tranvía, y a eso de las cinco de la tarde estamos en la estación central de Gdansk.

Recorremos en zigzag las calles de la ciudad vieja, mirando el hermoso conjunto de calles de ladrillo y tejados de colores, las estatuas y los monumentos.

 

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Ímserso strikes back. Huid mientras podais

 

El conjunto es bonito y animado, con mercadillos en la calle y mucha gente. Pronto llegamos a la catedral, enteramente hecha de ladrillos, y entramos a echar un vistazo, pagando una entrada mínima. Es la típica catedral de ciudad polaca, hecha de ladrillo y estucada en blanco, con un bonito reloj astronómico.

 

afaltadepiedraste7.jpg

 

catedralgdansksi7.jpg

catedral de Gdansk

 

maquinariapesadafs1.jpg

la tecnología punta en la lucha contra el crimen

 

Mientras estamos dentro, debe haber llegado a la ciudad una barcaza del imserso, porque la ciudad se ha llenado de jubilados españoles, lo cual lleva a situaciones graciosas como unos ancianos andaluces pidiéndole a Jorge en rudimentario inglés que les haga una foto, y otros que dicen conocer Galicia por Los Suaves…

 

La visita continua por la orilla del rio, por la famosa grúa medieval, y por el norte de la ciudad nuevamente.

Como punto culminante a la expedición de esta tarde, pasamos por el centro comercial, con la esperanza de conseguir una bombona de camping gas para cocinar. Probamos en varias tiendas, y al final hubo suerte en una especie de Decathlón polaco.

También compramos nuevas provisiones, especialmente para el desayuno, y después volvimos al campamento base.

 

casasal0.jpg

las casas de colores y las calles de Gdansk

 

La idea era cenar pasta, pero estaba haciéndose casi de noche, y por alguna razón habían apagado el foco que estaba más cerca de nuestra tienda. Nos fuimos al centro del camping, y mientras intentábamos cocinar casi totalmente a oscuras, aparecieron unos alemanes con un foco portátil y nos lo prestaron.

 

Entablamos conversación con ellos, que venían de Hamburgo y estaban haciendo ruta por Polonia, e incluso tuvieron el detalle de invitarnos a unas cervezas.

 

Después de la agradable cena y de una rato de reírnos, aprovechamos la confianza de los recién conocidos alemanes para lavar los platos con su jabón, y marchamos para las tiendas, donde no tardamos mucho mas en irnos a dormir.

 

No ha sido el día perfecto, pero parece que, a pesar de todo, ganaremos la batalla al Cosmos y conseguiremos remontar el viaje de nuevo. Mañana intentaremos hacer una excursión a algún lugar, a Torun o a Malbork.

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hola otro nuevo seguidor!!! la verdad sq t exas a reir kn vosotros, xo hay veces q t sientes muy mal x las casualidades d la vida q os toca pasar xD

 

menos mal que hay buenas personas por todo el mundo

 

animo y terminalo ya!!!! Feliz Navidad a todos/as!!! :bye2:

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18 de Julio.

 

Día 15. Gdansk. "Turismo medieval"

 

Nuestro tercer amanecer en Stogi empieza como todos los demás: rodeados de inmundicias diminutas en tiendas de tamaño liliputiense.

Durante la noche, los archiconocidos mosquitos del delta, protagonistas de ‘tiburón 5: chupa que te cagas’, censurada en España al confundirla con una porno, habían hecho estragos entre nosotros. Nuestro único y vago consuelo nos lo da nuestra humedecida y en estado de semiputrefacción guía: “no tienen porqué transmitir la malaria”

 

Salimos de las tiendas y contemplamos el desolador paisaje de cada mañana: un trozo de monte vallado, lleno de extraños personajes anclados en los 70 y donde apenas el 2% de los habitantes habla otra cosa además de polaco o ruso (y desde luego, no es inglés).

 

Nuestra ropa sigue un tanto húmeda y el suelo se está enfangando, pero aun así nos mandamos un desayuno como dios manda, con variados paquetes de galletas rellenas de cosas raras, y después llamamos a la caixa acerca del tema del dinero “usufructuado”.

 

Básicamente, se limitan a desearnos suerte y a decirnos que a lo mejor la propia compañía de trenes cancela el abono, y que en caso contrario reclamemos al volver a España, pero vamos, posibilidad de recuperar nuestro dinero… más bien ninguna.

 

Cogimos un tranvía a Gdansk, para poder coger un tren hacía Torun y hacer una visita, pero como de costumbre, no salió según lo planeado, y no hay ningún tren que nos sirva hasta dentro de muchas horas.

 

Con el ánimo siempre arriba, cambiamos de planes y cogemos un tren a Malbork, y después de una breve espera y de un breve trayecto llegamos a la ciudad que es famosa por su castillo medieval.

 

caosej2.jpg

Estación de Malbork. Artesanía ferroviaria. Caos

 

En la estación sucumbimos (bueno, solo yo) a la inmejorable oferta de la vendedora de calcetines. ¿Alguien podría resistirse a 6 pares de calcetines por 40 céntimos? ¿Qué importa si unos son naranjas, otros azules, otros amarillos…?

 

No tenemos muy claro hacia donde está el castillo, así que utilizamos nuestra mente para buscar la dirección. “A ver, si yo fuese un constructor de fortalezas medieval que busca defenderse de los tártaros… ¿hacia dónde iría?”

 

Por el camino paramos en un supermercado para aprovisionarnos, tiempo durante el cual aproveche para hacer no una, ni dos, sino hasta seis visitas a la pastelería que había a la entrada. Dios, lo que se puede hacer por 10 céntimos de euro en un lugar tan maravilloso como Polonia…

 

Cuando salieron Pablo y Jorge con las barras de pan, nos dirigimos a un lugar más tranquilo a prepararnos unos bocatas: los muelles de carga del supermercado. De nuevo pude presumir de mi habilidad para cortar rodajas de salchichonio finas con una navaja de mierda y una sola mano, y en apenas un rato habíamos comido todos.

 

20 minutos de caminata después, algunos indicios como el festival medieval nos indicaron que estábamos llegando a la zona del castillo. Lo siguiente son un par de horas de deambular por la feria, viendo puestos y gente disfrazada, incluyendo un MN (Momento Notorio) con unos argentinos que hicieron gala de su dominio del idioma y su ingenio sutil antes un cuasi-accidente de coche.

 

riomalborkpo0.jpg

El castillico desde el río

 

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el castillico en pleno esplendor. No pudimos entrar, pero ya encontraremos otro sitio donde encerrar a Rafa

 

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Rafa en pose conformista estrenando ropa nueva

 

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Para casi completar la trilogía, Pablo haciendo el capullo (me reservo la mía)

 

La entrada en el castillo está condicionada a una visita turística de tres horas en polaco a cambio de un dinero que no tenemos, así que damos unas vueltas por el foso, donde descubrimos el lugar de entrenamiento de la próxima horda de polaquitos furiosos.

 

Y es que allí mismo, ante nuestros ojos, un montón de niños rubitos estaban haciendo juegos y pruebas con armas medievales típicas, como mazas y arcos, con un aspecto bastante afilado, y sin vigilancia adulta.

 

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de camino al campo de reclutamiento, bastante asustados

 

caminoalcampool3.jpg

El campo de entrenamiento citado. La saco sin niños, cualquiera se arriesga a la furia de un monton de mini-polacos por sus derechos de autor

 

Notable la intervención de un niño bajito, al que llamaremos Piotr, que estaba haciendo prácticas de arco usando a su amigo, al que llamaremos Lucasz, como blanco humano. El juego venia consistiendo en que Piotr disparaba una flecha hacia la ubicación aproximada del Lucasz, y este corría como un demente hacia ella mientras estaba en el aire.

 

Los resultados eran sorprendentes, tanto por la distancia que alcanzaba el chaval (como 50 metros o así), como por la escasa mortalidad infantil (solo dos o tres niños ensartados tirados por el suelo)

 

Decidimos que ya está todo visto, así que caminamos con calma hacia la estación para volver a Gdansk.

 

Allí comprobamos que nuestra ropa aun no está seca (ya le vale), y preparamos una cena a base de arroz cocido con una dudosa salsa mejicana con extraños tropezones de colores.

 

Un día más, esto no da para muchísima fiesta, asi que nos limitamos a ir al bar del camping a observar la fauna urbana, comer perritos calientes, ver cine polaco y jugar a las cartas mientras testeamos la cerveza local.

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19 de Julio.

 

Día 16. Gdansk. The Longest Journey

 

 

Sale el sol en el que es nuestro último día en Stogi, en Gdansk y, si todo sale bien, en Polonia.

 

Hemos tenido que sacrificar muchos objetivos debido a los infortunios, como Varsovia, Torun y el parque de Slowinsky, así que alguna vez tendremos que volver a Polonia. Pero ahora toca cambiar de etapa, y de país.

 

Después de desayunar lo mismo que cada día, recogemos nuestras cosas y desmontamos las tiendas. Por suerte, ya no llueve y están secas. Con todos nuestros bultos guardados, pero aun con un montón de horas de espera hasta el tren, que sale por la tarde, pensamos que hacer con las mochilas.

 

En un primer momento pensamos en dejarlas en el camping y venir luego a por ellas, pero al final decidimos que ninguno de nosotros quiere volver a acercarse a Stogi en un millón de años, así que cargamos nuestras cosas y cogemos el tranvía.

 

Esta vez, sin embargo, no pararemos en la estación de tren, como hacemos siempre, sino que seguiremos hasta el final del trayecto, que si lo hemos entendido bien, es la zona de Westerplatte. En esa pequeña península, hace ya casi 70 años, empezó la segunda guerra mundial con el bombardeo de la guarnición polaca, inferior en número y armamento, y que aun así aguantó una semana de asaltos, bombardeos y artillería.

Pero antes de visitas este mítico lugar, había que encontrarlo.

Bajamos del tranvía, y como no teníamos ni idea de dónde podía estar, seguimos el razonamiento que tan bien nos había funcionado en Malbork: “si yo fuese un Mariscal de campo polaco que quisiese construir una cadena de fortificaciones de defensa… ¿por dónde empezaría?”

 

Empezamos a caminar, pero lo único que encontramos esta vez, fue un carrito de venta de helado en el paseo marítimo.

 

Ante nuestro ojos, se abrían los arboles para dejar ver la playa, y más allá, sereno y gris como una balsa de mercurio, el mar báltico.

El conjunto entre el cielo gris y la playa de arena blanca, con el brillo de los metales pesados en suspensión del agua, quedaba bastante bien, y además suponía un nuevo hito en nuestros viajes. De momento, aunque no por mucho tiempo, es el punto más al norte que hemos estado.

 

Continuamos nuestro recorrido por el paseo marítimo buscando los bunkers en ruinas, hasta que llegamos a un camino en un pequeño bosquecillo, que seguimos, haciendo el resto del camino entre ruinas de bunkers y emplazamientos de artillería, desgraciadamente llenos de porquería y de botellas rotas. Aun así, era una sensación bastante molona, y nos sentamos un rato a mirar el mar. Como última frikez, cogimos una botella de agua y la rellenamos de agua del báltico, como parte del proyecto de recoger agua de todos los mares que visitemos.

 

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las fortificaciones en ruinas de Westerplatte

 

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va para 100 años, y aun sin aluminosis. Me se de algún sitio donde podrían aprender...

 

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sentados frente al Báltico. Un momento muy emotivo

 

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Pose para la posteridad con el baltico al fondo.

 

Ya de vuelta, nos comimos un gofre y, buscando la parada del tranvía, nos salió al paso una vagabundo polaco borracho que se puso a darnos la vara. Se estaba poniendo un poco pesado de más, pero entonces le dijimos que veníamos desde Barcelona (al menos yo), y se puso la mar de contento, golpeándose el pecho y abrazándonos. ¿Sabíais que aparentemente, en Polonia todo el mundo es del barça? Le dimos un zloty a ver si se marchaba, pero el muy pesao se subió al mismo tranvía que nosotros, aunque se bajó muy rápido.

 

De nuevo en la estación, habíamos decidido intoxicar un poco el organismo en el KFC, al que por cierto era la primera vez que íbamos. Pedimos dos cubos de estos llenos de partes de pollo mutantes que aun daban el pego, excepto Rafa, que siempre tiene que dar el cante y se pidió una pechuga rebozada, para acabar comiendo también de nuestros cubos.

 

Acabada la comida y refrescado de sobra gracias al sistema “bebe todo lo que quieras”, me acerqué al baño a lavarme las manos.

Entonces el Cosmos, que llevaba un par de días olvidado de nosotros, volvió a la carga, haciendo que al apartarme para que saliera una mujer del baño, mi mano fuese a parar a la bisagra de una puerta que alguien decidió cerrar en ese instante.

 

Además, era una de estas puertas enormes y pesadas, anti incendios, así que supongo que podéis imaginaros lo que duele eso.

Le di una patada a la puerta para abrirla, corrí a la mesa de nuevo, cogí el vaso de refresco y me abrí paso a empujones hasta el surtidor de hielo para la bebida, llene el vaso de hielo y metí el dedo, que sangraba y se estaba empezando a hinchar.

 

Salimos de allí, mientras yo maldecía el mundo y gruñía furioso, hasta que me canse de tener el dedo dentro de un vaso de cartón.

Ese es el estilo del cosmos: te permite una comida decente en semanas, y luego lo pagas con la semi-amputación de un dedo.

 

Volvimos a la estación, pero el único trayecto que nos ofrecían para Berlín era raro y sumamente caro, y hartos de soportar a las taquilleras, fuimos a un ciber y miramos manualmente las conexiones que había diseñado en Vigo, anotamos los números de tren, y compramos el billete que queríamos, el Berlín – Bydgoszcz (sí, ha sido un Ctrl + C/Ctrl + V). Por cierto, de camino al ciber, nos encontramos de nuevo al mismo vagabundo borracho, que no se sabe muy bien como había llegado a la estación casi a la vez que nosotros.

 

Para perder el tiempo de espera, nos fuimos al centro comercial del otro día, donde compramos provisiones para el trayecto y gastamos casi todos los zlotis que nos quedaban (que no eran muchos) para no descambiarlos y perder en el proceso. Jhirska y yo compramos una especie de zapatillas horrendas en plan Vans por 10 zlotis (3 euros) y él además se compro una gorra y no sé qué más. Yo compré un par de camisetas por unos 4 euros entre las dos.

 

Volvimos a la estación, nos quemamos la lengua con el café asqueroso de la maquinita y por fía, llego nuestro tren. Por alguna razón, todos los compartimentos estaban llenos a reventar, y nos tuvimos que quedar en el espacio entre dos vagones, con todas las mochilas, comiendo galletas junto a los polacos que salían a hacerse un cigarro.

 

livingonthetrainnw3.jpg

malviviendo entre vagones

 

paisajero4.jpg

hace como que mira el paisaje para quedar bien en la foto, pero es noche cerrada

 

 

Casi al final del viaje, pudimos sentarnos en un compartimento, hasta que llegamos a destino y nos cambiamos de andén para esperar nuestro siguiente tren, el Bydgoszcz – Szczecin, que es el mayor puerto de Polonia, y el único trayecto en el que podríamos dormir un poco.

Durante la espera de una hora, en la que al menos no pasamos frío, corroboramos cual es el peor trabajo del mundo.

 

Dando un paseo por la estación, encontramos los baños y comprobamos si estaban abiertos. Cuando ya nos íbamos, una señora que estaba durmiendo en una silla se despertó y nos abrió la puerta, para señalarnos un cartel en el que ponía el precio para entrar al baño. ¿realmente les compensa a esta gente mantener a alguien en una silla toda la noche en una estación mugrienta solo para cobrar 1 zloti? Como nuestra religión nos prohíbe pagar por usar un baño, nos piramos flipando un poco y deseándole buenas noches a la señora.

 

Cuando llegó el siguiente tren, nos costó un rato encontrar nuestro compartimento, porque este estaba ocupado por ¡una familia entera de polacos! El abuelo, la abuela, la madre, los hijos… todos ocupando los sitios para los que sí teníamos reserva.

 

Al final, después de conversar (gran conversación, si) en el pasillo en polanglish, el revisor nos colocó en otro compartimento y cabeceamos a ratos hasta el siguiente destino.

 

En el siguiente capítulo, la llegada a Szczecin completamente contusionados, y el último tren a Berlín. Por cierto, nuestro último pensamiento antes de dormirnos en el tren, probablemente fue: una vez que lleguemos a Berlín… ¿dónde demonios vamos a vivir durante 5 días? Bueno, seguro que no hay ningún problema…

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Hola de nuevo. Se que hace bastante que no publico, pero estoy disfrutando de mis vacaciones ahora que puedo, xD. De todos modos, una vez pasada la etapa de máximo sufrimiento y puteos a nuestras personas físicas, supongo que parece que ha lsuperado el climax y que ya no llama tanto la atención al público.

De todos modos, muchas gracias de nuevo a los que leais esto, tanto a los que habeis comentado como a nuestros lectores en la sombra. Esperamos seguir entreteniendo y acabar rapidito con lo que queda. Un saludo.

 

 

 

 

20 de Julio

 

Día 17. En algún lugar indeterminado, huyendo de Polonia. - Y una vuelta mas...

 

 

Nos despertamos una rato antes de la llegada del tren a la estación de Stz… Schterz… Szcteidr!#... bueno, lo que sea. En fin, despertar implica dormir, y eso no es un término muy acorde a la realidad, pero bueno.

 

Llegamos a la estación, por fin, a eso de las 6 y pico o 7 de la mañana, y nos fuimos directamente a la taquilla, para comprar el tiquet a cierta remota ciudad alemana, desde la que enlazar, por fin, con Berlín.

 

La escena de la compra de los billetes es de tragicomedia. Después de esperar una cola lenta como la que más, lo único que logramos fue que una taquillera polaca prototipo nos gritase “ñe ma, ñe ma”, la frase comodín para mandarnos a paseo en todas partes.

 

Al cabo de unos minutos insistimos, con todo escrito en un papel, en un amago de polaco, y después de insistir, conseguimos que nos dijese que teníamos que ir a otra taquilla diferente. Allí si fueron algo más amables, y nos vendieron un tiquet multifunción para las líneas alemanas.

 

Mientras esperábamos, salimos a la calle en busca de una fuente, para beber algo e higienizarnos un poco. Y cuál fue nuestra sorpresa al ver, aparcado delante de la estación, un autobús que hacía la ruta directa a Berlín.

 

En fin, es triste, pero aun contando el dinero ya gastado en el tiquet que habíamos comprado, salía más barato, así que nos montamos todos en el autobús, y pusimos rumbo a Alemania.

 

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cuando al primer frenazo la nutella llegó a los asientos de la gente civilizada, agarramos mejor las cosas

 

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todos guapetones, en el autobus a Berlín, después de una noche divertida

 

Dormimos a gusto, y cuando nos dimos cuenta, estábamos en Berlín.

 

Ahora toca orientarse un poco, y buscarse un alojamiento.

 

Y si lo primero no resulta demasiado complicado, lo segunda va a acabar siendo casi dantesco.

Empezamos caminando hasta la parada de metro más cercana que fuimos capaces de localizar, que no era la misma que la estaba más cerca. Tuvimos que caminar durante un buen rato, cargando con todos los pertrechos, entre los que se encuentran cosas tan imprescindibles como un bote de mermelada que ha subido los Tatras y los ha bajado.

 

muritoqd7.jpg

de camino al metro, pasamos por el muro, que en ese momento nos interesaba tanto como si estuviese hecho de mierda de camello

 

Al final, siguiendo la galería este del muro de Berlín, llegamos al barrio desertico donde estaba la estación de metro que buscábamos. Compramos los billetes, carísimos, y subimos al tren, pero yo había perdido l mío (sí, en 2 minutos, sin hacer nada), y como no podíamos pagar una multa, me quedé en el andén.

 

Tal como se fue el tren, encontré el billete en ¡Oh, sorpresa! Mi puto bolsillo. Subí al siguiente metro, total para encontrarme con que la línea estaba en obras y nos apearon a las 3 paradas.

 

Me reuní con los demás, y subimos al autobús que seguía la línea, en dirección a Kreuzberg, a probar suerte en alguno de los Meininger de los que tan bien habla la gente.

 

Después de caminar otro tramo más, llegamos al albergue, donde, por supuesto, nos dijeron que estaba todo lleno. Probamos en el de la otra acera, y más de lo mismo. Probamos en alguno más de la misma zona, y el que no estaba completo durante al menos 2 días, era escandalosamente caro.

 

Bien, estamos en Berlín, sin dinero, hambrientos, cansados, sin dormir y sin alojamiento, y tenemos que estar aquí como 5 días.

 

Empezábamos a pensar ya en dormir en Tiergarten, con todo el morro del mundo, hasta que se nos ocurrió entrar en un locutorio turco, desde donde buscamos alojamientos en Berlín. No era mentira, todo está lleno.

 

Pero, en un conmovedor rayo de luz que el cosmos nos permite ver al final del túnel, encontramos un albergue con precios bastante razonable, excepto un día, que está a 20 euros. El conjunto resulta en una media ajustada, que casi podemos pagar, y hacemos la reserva rápidamente, desesperados.

 

Superadas las dificultades para teclear nuestros nombre dado mi estado de semi-mutilación, salimos del locutorio turco, esperando no tener que volver jamas. (¿Adivinais que no va a ser así?)

 

fingermortenaa5.jpg

se esta poniendo morado y no puedo cerrar la mano, pero ¡eh! al menos ha parado la hemorragia interna...

 

El albergue está, lo que viene siendo lejos no, un poco mas tampoco, sino a tomar por culo de aquí, con perdón por el lenguaje, así que toca mas metro y mas caminata increíble, dando vueltas y vueltas por las calles del Berlín oriental hasta que dimos con el sitio.

 

A primera vista, parece imposible la suerte que estamos teniendo. No solo tenemos por fin un techo bajo el que refugiarnos, sino que además hay un Lidl justo al lado.

 

La habitación está en un sorprendentemente alto cuarto piso, al que llegamos jadeantes y semi-muertos.

Después de pelearnos con el sistema de tarjetas super-fashion-moderno, entramos en nuestra habitación.

 

Empieza el habitual proceso Zerg, tiramos todo por ahí, empezamos a esparcir nuestras porquerías… pero espera… todas las demás camas están ocupadas. No hay nadie en la habitación, pero si sus cosas.

Intrigados, empieza una sutil labor de investigación sutil, sin tocar nada.

 

Parece obvio que por lo menos hay 3 personas más, puede que 4, y tiene pinta de ser todas mujeres.

 

Hay una ficha de casino, zapatos de tacón, bragas tiradas por ahí, guías de viaje, un libro en alemán y más cosas curiosas. ¿Qué clase de gente comparte habitación con nosotros?

 

Por los restos de la mesa, son de, o han pasado por Inglaterra, porque hay un tiquet de metro de Londres.

Además, hay restos de ositos de gominola, que ataco sin complejos ante la desaprobación general de mis puritanos compañeros, y una botella de granadina (sin duda, son tías)

 

 

En fin, ahora mismo nos da igual (a lo mejor a Rafa no le da tanto igual...), así que nos tiramos en la cama a dormir una breve siesta.

A eso de las 5, nos levantamos y desayunamos, unas galletas, un poco de nutella… lo típico a estas horas.

 

Después, Rafa y yo salimos a dar una vuelta por el barrio, localizando decenas de kebabs, sushis, garitos interesantes, ambiente en la calle… pinta bien. En apenas 10 minutos, llegamos a la misma parada de metro de la que habíamos venido y desde la cual tardamos una hora en llegar, para demostrar que somos unos malditos estrategas militares de la leche, y que habíamos elegido la peor ruta posible.

 

Cuando llegamos a la parada de metro inicial, en la que yo había perdido el billete, volvimos, y de camino nos comimos un Kebab. (El primero de tantos en Germania...)

 

Llegamos al albergue, y sin fuerza de espíritu para irnos de fiesta, nos fuimos a sobar. Vale, es un plan más soso que un bocadillo de algodón, pero… mañana vamos a quemar Berlín. O no.

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JAJAJAJAJA

Genial, es un diario superdivertido, sois lo mejor. que vida de arrastraos llevais en los viajes, y os apetece un tour en 2009?? Por donde lo planeais? ya sabeis que estais obligados a escribir diario eh? que somos muchos los que os seguimos. (Yo solo desde ayer, pero mira os he descubierto jejej)

un saludo al equipo

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