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:) :) :cool: :lol:

Madre mia, que cojonessss, eso si, ami tambien me hubiese gustado tener esa experiencia, asique animo para seguir escribiendo que por aqui os leemos unos pocos.

 

Aprovecho para presentarme, soy nuevo por aqui aunque no de lectura, llevo cojiendo ideas de todos vosotros unos meses atras para un futuro inter. seguid asi, este foro engancha.

 

un saludo

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15 de Julio.

 

Día 12. Zakopane. Del abuso de montaña y su posterior resaca.

 

4:00 AM. Despierto un poco confuso. ¿Dónde estoy exactamente?

 

En seguida me oriento y asumo la situación. Está oscuro. A nuestro alrededor, humedad y charquillos de agua que se forman en torno a nuestros mochilas y objetos. Pablo se ha pasado a dormir a un banco, cerca de Rafa. Jorge duerme en su saco de dormir, tapado con todo lo que ha encontrado. No me muevo mucho porque los de seguridad dan vueltas por fuera del hall y se supone que si nos ven, nos echarán de inmediato. Para documentar este gran momento, hago un par de fotos. Aun es de noche. Intentaré dormir un par de horas más…

 

hoteldezakopaneba1.jpg

Rafa y Pablo en el hotel de Zakopane

 

 

5:53 AM. Hace un frío de cuidado, y ya no aguanto más bajo mi cutre saco de dormir. Me levanto y me muevo un poco para entrar en calor. Todos nos vamos despertando más o menos a la vez. Hemos dormido malamente, alternando entre el suelo, frio pero recto, y los bancos, sumamente incómodos. Entre todos empezamos a juntar Groznies sueltos para intentar tomarnos unos cafés de la máquina de la estación.

 

Intentamos calentarnos un poco y desayunamos unos puñados de frosties, una maldita bolsa de cereales que hemos subido a los Tatras y hemos vuelto a bajar, y que debe ser lo único que permanece seco de todo el equipaje.

 

Recuento de daños: los documentos personales como el pasaporte estas bastante bien, casi sin daños. No se ha perdido ningún billete por la humedad (porque casi no tenemos, jajaja… que triste)

Las guías de viaje que llevábamos son un amasijo pegajoso que va a costar mucho recuperar.

La perdida más divertida: todos los papeles referentes a vuelos, direcciones de hostales y albergues, precios, trenes, horarios… vamos, todo lo que se había hecho y planeado con antelación, se ha convertido ahora en una asquerosa pelota de papel y tinta húmeda. No se distingue nada. Directamente a la basura después de una par de penosos intentos de reconstrucción.

 

estacion1au1.jpg

nuestras escasas, asquerosas y mojadas posesiones materiales

 

jhisrkaxo0.jpg

Cuando se despertó, habia un charco de agua debajo del Sherpa, de la que se escurrió del propio saco. Y el pavo durmiendo todo tranquilo y de un tirón, relajado en su rudeza...

 

Bien, ahora que estamos todos despiertos y ya no tiritamos tanto, toca pensar en un pequeño detalle. A no ser que nos decidamos a vivir para siempre en la estación de Zakopane, hay que pensar cómo salir de aquí, y a donde. Nuestro objetivo se supone que era Varsovia, aunque ya no está tan claro.

Después de revisar las tablas de trenes en polaco, y cuando creemos que tenemos un plan, nos dirigimos a la ventanilla, que acaba de abrir, y preguntamos por el tren que queremos coger. Pero para nuestra decepción, ese tren solo sale en ciertos días y, que novedad, este no es uno de estos.

 

chiringopi9.jpg

Nuestro chiringo improvisado en Zakopane. Si, es triste, pero hay que reconocer que nos acomodamos bien...

 

Maldecimos nuestra suerte y preguntamos nuestras opciones, hasta que al final nos explica cómo puede que solo hay un tren que vaya hacia el norte, el de Cracovia. Pero sale a eso de las cinco de la tarde… Al final, presionados por el taquillero, que se ha aburrido de nosotros ( y eso que le hacemos compañía, porque mas pasajeros no hay…), compramos el billete a Cracovia y volvemos a los bancos.

 

A cada minuto que pasa, estamos más seguros de que tiene que haber otra opción que no implique perder tantas horas, hasta que se nos ocurre acercarnos a curiosear a la estación de autobuses, donde por supuesto hay un autobús directo a Cracovia que sale en 10 minutos y es más barato que el tren. Perfecto, otro golpe de suerte, lástima que ya hayamos pagado el tren. Pero bueno, suponemos que podremos canjearlo en Cracovia por el otro tren, y subimos al autobús.

 

Diez minutos después, estamos acomodados en los últimos asientos del autobús, medio sobados, así que el viaje no se hace demasiado largo.

Cuando llegamos a Cracovia, decidimos recuperar un poco de dignidad humana paseándonos por el centro comercial junto a la estación, que es bastante grande. Entramos en el Carrefour local, y adquirimos variedad de alimentos, entre ellos agua, galletas y yogures, además de gominolas y pan.

 

Intentaremos ahora solucionar el otro problema: las zapatillas de Rafa están empapadas, y el tipo de tejido promete no secarse en menos de tres meses. Así que nos acercamos a alguna tienda, y acaba comprándose unas super-fashion-divinas de la muerte por algo así como 60 euros (aunque jura y perjura que salen mucho más baratas que en España).

Somos así de estupendos, ayer estuvimos a punto de diñarla en una montaña y nos pudrimos en una estación de tren, y hoy compramos zapatos a 60 euros tirando de tarjeta, que importa…

 

Cuando queda una hora para la salida del tren, nos acercamos a la taquilla a cambiar el billete a Cracovia por el que queremos coger ahora, que cruza el país entero para dejarnos en Gdansk. Sí, nos saltamos Varsovia, pero es que allí no tenemos plan para dormir (la idea era no hacer noche allí), y no nos da tiempo a ir, ver la ciudad y coger un nocturno. Varsovia en una espina que tendré que llevar clavada una temporada…

 

Sin embargo, a la hora de la verdad, no va a ser tan fácil como imaginábamos. Y es que si lo piensas bien… ¿porqué se supone que tendría que ser fácil? Se trata de explicarle a una vieja taquillera polaca súper borde que no habla inglés que queremos hacer un cambio de un billete de tren que conduce a Cracovia desde Zakopane, en la propia Cracovia, y por otro billete que no tiene nada que ver. Y esto es sencillo en teoría, pero semi-imposible en la práctica.

 

Al final, después de media hora peleándonos con la taquillera y de montar un jaleo monumental en la estación, creando una cola inmensa detrás de nosotros, la mujer parece entenderlo y nos cobra los billetes.

Pero… sorpresa, la tarjeta no funciona. Pasamos la de Jorge, de reserva ¡Y tampoco! Desesperados, juntamos todo nuestro dinero y sacamos lo que nos falta de un cajero (porque la tarjeta si funciona en los cajeros…) y conseguimos los malditos billetes, que son los más caros de todo el viaje, casi 300 zlotis.

 

Subimos corriendo al tren, que está a punto de salir (solo faltaría perderlo ahora) y buscamos un compartimento, pero el tren va a reventar y nos tenemos que repartir entre varios compartimentos. Empujando nuestras mochilas húmedas como podemos, nos apretamos contra el resto de habitantes del cubículo donde estamos Pablo y yo, que son un viejo silencioso y tres chicas que parecen divertirse con de nosotros.

 

Por fin arranca el despojo de tren en el que estamos, y después de desistir de leer la prensa local, nos dedicamos a rajar de las polacas, a la vez que ellas se rien de nosotros, como se deduce de los frecuentes “spañolsky” o algo así y de las risas. Aun hoy nos preguntamos como puede reírse de nosotros una tía que esta bebiendo zumo de cactus en un tetrabrik…

 

Un puñado de horas después, nos montamos una mini comida en el vagón restaurante con pan reseco y latas de migas de la bazofia maloliente que aquí llaman atún, y que nadie debería ser obligado a comer sin un juicio justo.

 

Más tarde, el tren empieza a vaciarse, se baja la gorda del zumo de cactus y acabamos reuniéndonos los cuatro de nuevo en un compartimento donde solo hay una chica, muy mona, pero que confirma la falta que hace por estas tierras la llegada de la gente de "dentistas sin fronteras". Avisamos al revisor, que nos marca la reserva de esos asientos, y ya podemos dormir tranquilos el resto del viaje.

 

losbellosdurmienteszy4.jpg

si, lo sé, con esta foto me odiaran mis compañeros, pero tenía que ejemplificar ante el mundo lo cansados que estábamos.

 

Al final, y aunque parezca imposible, llegamos a Gdansk, y nos dirigimos a un hostal no muy lejos de la estación. Cuando llegamos al edificio donde debería estar el hostal, lo único que vimos fue un bloque enorme y vacio en una calle desierta, donde después de llamar a la puerta acabó apareciendo una anciana siniestra. Nuestra pregunta fue sencilla y educada ¿Hostel?, pero la respuesta fue un torrente de palabras extrañas de las que solo entendíamos algo así como “Ñe ma, ñe ma”. Con el tiempo, y a base oírlo decenas de veces, aprenderíamos que “nie ma” significa “no hay”.

Después de una rápida consulta a un folleto que cogimos en el albergue de Cracovia, nos dirigimos al hostal dizzi daisy, al sur de la ciudad, la otra opción.

 

Es media hora de arrastrar nuestras mochilas y nuestros cuerpos muertos hasta la otra punta de la ciudad, pero la recompensa será una merecida ducha de agua caliente y una buena siesta.

 

Porque eso sería lo lógico, ¿no? Sería lo razonable, y lo mínimo que nos merecemos después de un par de días miserables.

 

Pues bien, cuando llegamos a la puerta del hostal, nos dimos cuenta de que… no había hostal. Comprobamos la dirección. Comprobamos el edificio (una residencia de estudiantes). Todo parecía cuadrar… pero allí no había nada. Dimos vueltas por todo el barrio, nos separamos, hicimos “escuadrones de reconocimiento de terreno”… nada. Un par de hijos de la droga sentados en un portal dos manzanas más al sur y una especie de camarilla skinhead-tunera en la descampado son todo lo que vimos que pudiera parecerse a presencia humana.

 

Al final, llamamos al hostal de Cracovia para pedir ayuda, y la respuesta fue muy interesante.

 

Hace un año que esta cadena no trabaja en Gdansk. El albergue, definitivamente, no existe. Mientras nos cagamos en todos los folletos publicitarios atrasados pero que se siguen repartiendo, volvemos a arrastrarnos al centro de la ciudad a buscar otro albergue, uno que salía en la lonely.

No lo encontramos. Estamos otra vez igual, pero al final, encuentro la puerta. Los andamios hacen que no me haga falta saber polaco pala leer el cartel… “cerrado por reformas”

 

Terriblemente frustrados, y sin saber qué hacer, acabamos encontrando otro hostel. Pero este es sumamente caro. Al menos, nos sugieren el baltic hostel, de los mismo dueños, aunque están bastante lejos, porque tenemos que llegar a la estación y seguir mas allá. Por el camino, y como nos viene de paso, hacemos una pausa mientras Rafa y Pablo se acercan sin mochilas al último hostal de la lista.

 

Cuando vuelven, solo cuentan maravillas: Grande, bonito, 5 euros noche con desayuno, muchísimo ambiente de gente joven, y una aparente abundancia de mujeres atractivas lo hacen un lugar deseable… pero esta completo. Completo hoy, mañana, y así como 6 días más.

 

Al final, llegamos al Baltic Hostel, donde un sujeto nos estaba esperando y nos cobró los once euros por persona para esa noche. El sitio es bastante pequeño, esta todo pintado de rojo y decorado con motivos comunistas y sus otros inquilinos son un par de rasta-yonkis, un especie de hippie holandesa y un par de canadienses, además de una tía con pinta de tío y un tipo de unos cuarenta y largos que pasea en pantalón corto por las salas.

 

Nos tomamos un cuenco de sopa, que viene incluida, y nos retiramos a la minúscula habitación de 9 literas donde estiramos nuestras cosas para que se sequen un poco y nos tiramos en las camas.

Repaso de la jornada: despertar en una estación helado, bus a Cracovia, casi 9 horas de tren apretados, malolientes y rodeados de gente que nos compadece. Hostales y albergues inexistentes que nos hacen dar una vuelta entera a la ciudad. Sopa chunga. Camas diminutas.

 

A ver si acaba de una vez el día, y esperemos que el de mañana vaya un poco mejor. Va siendo hora, ¿no?

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Pues si... el día estubo jodido! Espero que no os queden muchos así.Supongo k os acordariais de algo sobre los planes k abias exo, porque si no ...mnuda angustia!

Aunque ya avisasteis de que todo no iba a ser tan bonito como pintaba...

 

Os leo desde el principio, ánimo con el diario!

Un saludo!

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Pa veros visto, os imagino 24 horas seguidas durmiendo, pero no se por que me da a mi que no va a ser asi

 

aver llamado al 11822, que dicen que te solucionan la vida :D:D

 

Animo con este diario, que tiene futuro

 

a tener cuidao

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tengo un amigo al que le pasa eso de perder todos los documentos con la planificacion, albergues, etc y le da un infarto al corazon ahi mismo XDDDD

seguro que si de algo os acordais de este interrail es de estos dos ultimos dias que dudo mucho que se os olviden nunca jaja, todo tiene su lado positivo!!

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bueno, ante todo, muchas gracias a todos los que seguis el diario, al Vagabundo's team le llena de orgullo que sus penurias sean del agrado de los demás, ver que la gente comenta y tiene interes es siempre lo que mas motiva a seguir escribiendo. A ver para cuando tengo el siguiente.

 

Spoiler:

 

 

 

 

 

 

azurmendi ... ¿dos?

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bueno, ante todo, muchas gracias a todos los que seguis el diario, al Vagabundo's team le llena de orgullo que sus penurias sean del agrado de los demás, ver que la gente comenta y tiene interes es siempre lo que mas motiva a seguir escribiendo. A ver para cuando tengo el siguiente.

 

Spoiler:

 

 

 

 

 

 

azurmendi ... ¿dos?

 

comor??? :bleh: no entiendo eso del spoiler!

animo con este diario que esta genial :D

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bueno, ante todo, muchas gracias a todos los que seguis el diario, al Vagabundo's team le llena de orgullo que sus penurias sean del agrado de los demás, ver que la gente comenta y tiene interes es siempre lo que mas motiva a seguir escribiendo. A ver para cuando tengo el siguiente.

 

Spoiler:

 

 

 

 

 

 

azurmendi ... ¿dos?

 

comor??? :bleh: no entiendo eso del spoiler!

animo con este diario que esta genial :D

 

 

Que fueron mas de 2 dias, spoiler significa que te dicen lo que va a pasar. Por ejemplo, te explican el siguiente capitulo de una serie o cosas parecidas.

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Bueno, para empezar, disculpas a los que esperasen una nueva entrega antes, pero he estado agobiadísimo con examenes y entregas, esta carrera es una puta mierda.

 

A ver si aprovecho los días siguientes para subir algun capítulo mas. Por lo pronto, capítulo breve a la par que deprimente, para recuperar el ritmo. Saludos.

 

16 de Julio.

 

Día 13. Stogi - "From lost to the river: nos mudamos al delta"

 

Despertamos temprano en la diminuta cámara de concentración de ganado del Baltic Hostel, rodeados de nuestras mínimas posesiones, húmedas y asquerosas en su mayoría. Nos duchamos por turnos en las espaciosas duchas de 55 cm x 55 cm, donde es necesario abrir la puerta un poco para poder girar un brazo, y desayunamos todo lo que podemos.

 

Cual langostas de bíblica plaga, asolamos las reservas de mermelada, tostadas, pate, galletas y, especialmente, de las deliciosas galletas de mantequilla que hay en un bol.

 

Ni siquiera hemos pasado un día entero aquí, pero ya hemos tenido tiempo de extendernos por toda la habitación y recoger nuestras cosas nos lleva un rato.

 

baltichostelot2.jpg

No se equivoquen. El ambiente pro-soviético no es lo importante. El centro de atención recae en el bol de deliciosas galletas sobre la mesa

 

Como tampoco tenemos un prisa excesiva, y ya toca tomárselo con calma, nos relajamos un rato antes de marcharnos, y aprovechamos para acceder a internet y mirar de nuevo los datos de los vuelos de vuelta (está bien saber la hora) y mandar un correo al hogar familiar informando que todo va estupendamente, Polonia es maravillosa y no hemos tenido ninguna clase de problema, que todo el mundo habla inglés, e casi castellano si me apuras, y que todo es tan barato que comemos de restaurante todos los días.

 

Por último, se nos ocurre consultar la página del banco para comprobar nuestras reservas. Lo que vemos en pantalla es, al principio, confuso, pero pronto pasa de parecer un chiste a no tener puta gracia.

 

Ayer compramos un billete carísimo que cruzó el país. Pasaron la tarjeta una vez. No funcionaba. La pasaron otra vez. No funcionaba. Acabamos pagando en efectivo, y quedo arreglado. Sin embargo, en nuestra cuenta figura, además de lo sacado del cajero, el importe de los billetes cobrado, no una, sino dos veces.

 

Las consecuencias se resumen muy brevemente: más de 1000 zlotis gastados en menos de 20 minutos. Nuestras “reservas” a quedado reducidas a la mínima expresión.

 

Se acabó. No queda dinero. Apenas lo justo para el tren a Berlín, tal vez un par de noches de albergue, algo de comida. Nulos caprichos si no queremos recurrir al Caritas polaco.

 

Después de los momentos de ira y de la fase de risa tonta, de buscar la cámara oculta y de cagarnos en todo, decidimos que lo más productivo es dejar las cuentas para más tarde, y salir de aquí cuanto antes. Para despedirnos del albergue, en nuestra nueva condición de semi-pobres, llenamos clandestinamente una bolsa de plástico con decenas de galletitas de mantequilla para comer más tarde.

 

Cargando con nuestras mochilas otra vez, llegamos a la estación de tren y pensamos en nuestro destino inmediato. Si hasta hace un rato la opción del albergue era frágil, pero existente, ahora queda rotundamente descartada. No podemos gastar ni un miserable grodzni más de la cuenta.

 

La opción más adecuada a nuestras nuevas condiciones económicas parece ser un camping en el remoto barrio de Stogi.

Pero primero, queremos aclarar ciertos aspectos del tren nocturno a Berlín, que es el único gasto ineludible que nos queda para poder volver a casa.

 

Buscamos la oficina de información turística por todos lados, pero no parece existir tal cosa, así que nos metemos en la oficina de viajes de larga distancia.

 

Allí nos atiende una “amable” señorita con bigote, que después de dejarnos claro que en “información de viajes internacionales” no hablan ningún idioma internacional, nos dice que el tren que hemos visto hace ya tiempo y confirmado esta misma mañana, no existe, y nos presenta unas opciones que no nos convencen en absoluto.

 

Salimos, comemos unas cuantas galletas, pensamos algo, y volvemos a entrar. Nos despachan de nuevo. Confusos y desorientados, decidimos comer más galletas mientras razonamos nuevas opciones.

 

Pablo y yo salimos a la calle y preguntamos al primer sujeto con corbata si sabía donde estaba la oficina de información turística. Hablaba inglés, pero no tenía ni idea de la oficina. Después entramos un hotel, donde nos atendieron de una manera sumamente cordial, e incluso llamaron a la estación a preguntar por nosotros.

 

Al final, llegamos a la oficina de información turística, donde se confirma que los polacos que no tiene relación con los trenes son muy amables. Nos explican cómo llegar al camping, y también los diferentes trenes a Berlín, aunque siguen sin ofrecernos la intrincada conexión que yo había diseñado desde Vigo.

 

Cuando llegamos de vuelta a la estación, doble decepción, cortesía del cosmos otra vez. Por un lado, donde antes solo había un cartel publicitario, acaba de aparecer la oficina de información de la estación, donde incluso balbucea español uno de los sujetos. Por otro, se han acabado las galletas de mantequilla.

 

Subimos al tranvía, rumbo al camping, que resultó estar totalmente en las afueras, cerca del mar, en una especie de claro de un bosque.

Entramos y pedimos plaza para cuatro días, que supuso pagar 200 zlotis. En comparación con los albergues, 200 zlotis entre cuatro personas para cuatro días hacen menos de 13 zlotis al día, unos ridículos 4 euros. Esto sí lo podemos pagar.

 

 

campamentodegdanskxu6.jpg

Montando el campamento. Aparentemente no hay diferencia entre dormir en el monte, o a este lado de la verja. Aparentemente

 

takearestta2.jpg

Tomandonos un breve descanso. Notese la elegancia con la que Jorge beve agua en una ridícula tacita

 

 

descargandoelcarrotz1.jpg

Nuestras húmedas posesiones, a examen. Aproximadamente 10 minutos después de sacarlo todo, llovía a gusto

 

 

zapatillasad0.jpg

Ambiente tenso en Stogi. Pero las zapatillas nuevas siguen molando

 

Nos instalamos en un rincón al final de todo del recinto, tiramos las tiendas y nos apalancamos un rato. Pero la tranquilidad no duró mucho. Bastó que uno de nosotros mencionase el hecho de que toda nuestra ropa esta humeda y asquerosa y que hay que buscar una lavadora, para que empezase a llover. Nos refugiamos en el bar y pasamos media tarde jugando a las cartas y viendo cine americano terriblemente mal doblado al polaco (solo hay dos dobladores para todos los personajes, y no, no son un hombre y una mujer).

 

Comimos los últimos cereales, pan con nutella, barquillos y un yogurt turco tan líquido que parecía zumo de cabra.

 

A lo tonto, a lo tonto, llegó la noche, y volvimos a nuestras tiendas. Para nuestra sorpresa, no nos las han robado, no han sido arrastradas por un rio de fango, y tampoco se las ha comido un chacal, solo están mojadas, así que nos metemos en ellas y nos ponemos a dormir.

 

Encerrados en un cubículo de 1,2 x 2 metros, con la misma ropa desde hace 3 días, rodeados de cosas húmedas y con una alimentación claramente deficiente (y aun no conocíamos la fauna de esa zona del delta del río), comienzan las apuestas.

 

¿Qué será primero? ¿Pulmonía? ¿Tifus? ¿Un mini brote de cólera en el camping? ¿Hongos carnívoros reptantes? ¿Escorbuto? ¿Abducción alienígena?

 

¿Quién será el primero en caer?

Editado por Exiliado

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