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Reproducción del original donde se plantea el itinerario desde Cracovia hasta el final del viaje, improvisado en la puerta de Auschwitz. Como se observa, está absolutamente todo para forjar un increible plan que nos iba a permitir ver polonia en una semana, no saltarnos nada del itinerario original, hasta ahorrarnos horas de viaje. Apreciese el recorrido definitivo en la parte inferior, y recuerdese de cara a futuras comprobaciones con el viaje real que hicimos finalmente.

Así se gestan las decisiones de cada día en los "vagabundo's tour"... y así acaban...

 

planpolacoti9.jpg

 

 

Por cierto, respecto a Rafa y su amiga... digamos que el le sigue echando las culpas al polaco, y nosotros seguimos discutiendolo para molestar. He oido rumores de que actualmente existe algun tipo de extraña relación, cuyo caracter ignoro; ademas de que me pilla demasiado lejos como para importarme...

 

 

 

13 de Julio.

 

Día 10. Cracovia: "It's rainin', men" o "primer aviso" [AKA: "día 13 - el principio del fin"]

 

 

Nos despertamos relativamente tarde, con el objetivo primario de recoger nuestras cosas, o por lo menos amontonarlas un poco para trasladarlas a la habitación donde nos manden. Preguntando en recepción, resulta que no lo saben ni ellos, así que agarramos todo y lo soltamos en una esquina. Entre esto y que limpien las habitaciones hasta darnos las dos de al lado (ya le vale…), perdemos casi toda la mañana.

 

Hemos aprovechado algo el tiempo buscando información de los diferentes lugares a visitar en los ordenadores del albergue, algo que luego demostraría haber sido harto inútil, pero que nos hizo sentir bien en el momento. (Esa sensación del deber cumplido que tan pocas veces sentimos…)

 

Toca salir para ver algo de Cracovia en sí, asi que cogemos puerta y nos plantamos en el centro en un momento. Por el camino pretendemos comer en un sitio que hemos visto los últimos días, un bar mleczny donde sí podemos permitirnos comer.

Sin embargo, una vez en la puerta, observamos horrorizados que no está abierto. Los cinco segundos de incredulidad pasan a un mosqueo importante (¿por qué no está abierto un bar subvencionado un domingo a las 2 de la tarde?)

 

No nos queda otra que ir al centro, y allí comemos en el local más parecido que encontramos a un bar mleczny: un restaurante mexicano. Comimos a un precio bastante razonable y nos lo pasamos bien escuchando palabras como “burrito” con acento polaco, muy curioso.

 

 

Después de comer nos acercamos al castillo de Wavel, que recorremos mientras vemos como unas nubes chungas se acercan por el horizonte. Llegados a la catedral, nos impiden la entrada por algún motivo desconocido, que haber quien lo averigua cuando te lo dicen en polaco…

De esta manera, nos conformamos con verla desde fuera, con sus curiosas formas un tanto aleatorias, y en recorrer la colina.

 

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por alguna razón, no somos bienvenidos...

 

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Castillo de Wavel (Wessel, wessel?)

 

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iglesia de la colina de wesel-wesel

 

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casa con hiedra. ya que no nos dejan entrar en los sitios, a algo habra que hacer fotos...

 

Llegando debajo de nuevo, empiezan a caer cuatro gotas, y en menos de tres minutos está cayendo una tromba de la leche, aunque por suerte hemos podido meternos en una especie de garaje de un edificio sucio de estilo decadentista-mugrientista. En ese maldito pasaje nos quedamos hasta que pasa la lluvia, algo así como 45 minutos que perdemos cada uno a nuestro estilo.

 

Rafa habla con su familia por teléfono (por cierto, el tema de los teléfonos empieza a irse a paseo, el mío está estropeado y el de Rafa no funciona en el extranjero, como sigan fallando…), Jorge come gominolas (se alimenta en un 83% de eso), y Pablo y yo jugamos a encender cerillas y lanzarlas por los aires (sin comentarios…).

 

el video no tiene el mas mínimo interes, es lluvia y cuatro colgaos, pero es para probar lo de colgar videos, que puede interesar en futuros días

 

piestg4.jpg

bueno, si, es un puto pie, pero si no nos dejan entrar en ningun sitio, y llueve... ¿qué fotos esperabais?

 

Después, volvimos al centro de la ciudad, y entramos en la catedral, aunque poco pudimos hacer porque estaban en medio de una misa que duró, sin exagerar, seis horas. Por lo menos pudimos disfrutar de un curioso espectáculo que incluía una especie de presidiarios haciendo revolcándose en camas y haciendo extraños semi-sodomitas, que la gente observaba con sus hijos pequeños… claro, no juzgues, vete tú a saber que decían en polaco mientras tanto…

 

baadorvb4.jpg

bueno, tal vez si entiendo por que no nos dejan entrar en los sitios...

 

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espectáculo callejero de dudoso humor. Al lado, 3 tios con acordeones reinventando a beethoven y robando público

 

Eran las cinco de la tarde y ya estaba todo cerrado, así que nos limitamos a andar por las calles, hasta que nos cansamos y volvimos al albergue.

Para la cena, recurriremos a lo que hemos comprado esta tarde en el supermercado: fideos extraños desecados, en plan oriental, inspirados por la idea de Jorge.

 

 

posandoyj6.jpg

Aquí tampoco pudimos entrar. Es frustrante que el sol esté ahí arriba pero ya estemos en horario nocturno...

 

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vaya, si el camino era por ahí...!

 

Sin embargo, a la hora de la verdad, el contenido de la cazuela no se parece mucho a la foto del envase, y si a pequeños cerebros lobotomizados que flotan entre tropezones rojos y verdes, con un extraño olor entre los chasquis y la sopa de pollo. Vamos, que no es que inspire mucho.

Tan poco, que Jorge dice que pasa y que el cena galletas y gominolas.

 

Poco mas hacemos hoy, porque mañana hay que despertarse temprano con la idea de marcharnos de Cracovia, llegar a Zakopane y hacer un par de rutillas por los Tatras, antes de coger el nocturno a Varsovia. Hay que joderse lo fácil que suena dicho así…

Editado por Exiliado

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14 de Julio.

Día 11. Cracovia – Zakopane "Vuelta a la tortilla"

 

 

 

Después de la fiesta de anoche y de un reparador aunque insuficiente sueño, asumimos la dura realidad: tenemos que recoger las cosas, y marcharnos de Cracovia.

Después de desayunar en las cocinas, estibamos todas nuestras cosas en las mochilas como podemos y dejamos las llaves en recepción. Con este gesto simbólico concluye la visita a Cracovia, gran ciudad sumamente recomendable.

 

Nos dirigimos a la estación, andando por supuesto, y llegamos sin prisas. Por una vez, hemos calculado el tiempo decentemente y ahora estamos en la estación, buscando nuestro andén. Lo reconocemos rápidamente porque es el que está a punto de irse, así que nos subimos rápidamente y buscamos asiento.

 

En cuanto vimos al revisor, le comentamos nuestra situación y nos cobró el billete él mismo. Arreglado este asunto, nos apalancamos en los asientos (considerablemente incómodos) y nos dedicamos a ver pasar pueblos, jugar a las cartas y charlar durante las apasionantes tres horas de regional polaco de tercera que nos esperaban.

 

Al final, y después de pasar por decenas de pueblos diminutos, llegamos a Zakopane.

 

Cogemos los bártulos, salimos a la calle y nos invade el primer instante de confusión ¿Ahora, que?

No habíamos pensado mucho en el día de hoy, simplemente que “molaría hacerse una rutilla por los Tatras”. Y tampoco contábamos con que el tiempo podía no ser un perfecto día azul con un deslumbrante sol sobre nuestras cabezas.

 

Anteponiendo el sentido práctico, lo primero es acercarse a un supermercado que hay cerca para refugiarnos de la ligera lluvia que cae ahora mismo. El cielo está cubierto, pero apenas sufrimos el típico “calabobos” (“mollaparvos”, como diría alguno).

 

planeandosj1.jpg

apalancaos haciendo planes

 

Para hacer tiempo hasta que deje de llover, entramos en el supermercado para hacer acopio de recursos. Una vez dentro, Pablo y yo damos rienda suelta a nuestra imaginación. “¿Has visto eso? ¿Hace cuanto que no comes uno de esos…?” De esta manera, para cuando llegamos a la caja, tenemos una bolsa de un kilo y medio de pan en rodajas, una bolsa de medio kilo de cereales cheerios y dos potitos de frutas (eh, no nos juzguéis, cuantas veces habéis tenido esa oportunidad de ingerir fruta y vitaminas rápidamente y por poco dinero, y habeis pasado por “dignidad” o “miedo al ridículo”? Además, da morbo y todo rememorar la infancia de esa manera…)

 

Ya fuera, nos apalancamos de mala manera comiendo algo y haciendo tiempo. Los ánimos son dispares: Rafa tiene una especie de semi-depresión post-fiesta, y no parece entusiasmado por la idea de subir un monte, Jorge está comiendo gominolas, y yo estoy estudiando el mapa que acabamos de comprar en un quiosco. Pablo se está disfrazando de mendigo cómico, o eso parece si analizas las fotos sin haber vivido esos días…

 

Bien, parece que la lluvia amaina un poco, así que nos acercamos a la estación de autobuses. De nuevo comprobamos que hay una señora cobrando para entrar en el baño, así que pasamos totalmente, y comprobamos también que todas las taquillas de la estación están ocupadas. Como de todos modos, para meter cuatro mochilas grandes, dos pequeñas y dos tiendas de campaña sería necesario algo así como un contenedor, tampoco nos sorprende, y asumimos cargar con las cosas tranquilamente.

 

Finalmente, la lluvia amaina lo suficiente como para convencer a un reticente Rafa, y empezamos a caminar por el pueblo… en dirección contraria. Diez minutos después, giramos, desandamos el camino, y nos dirigimos realmente hacia las montañas.

 

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equipados para la subida. Si, con esas pintas

 

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Pablo disfrazado de... bueno, se admiten sugerencias

 

La salida del pueblo es un trozo de carretera bien asfaltada, y caminamos un buen rato cruzándonos con gente que baja. Las vistas no son precisamente increíbles, porque hay un poco de niebla, pero ya despejará. La primera parada técnica, a eso de las dos de la tarde, es en la estación del teleférico.

 

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recien iniciada la ascensión

 

Nos apalancamos junto a los ascensores y las escaleras y empezamos a sacar comida: salchichonio, pan, cereales, gominolas… Yo aprovecho y me como el potito de cordero y zanahorias (decepcionante en conjunto, aunque un buen aporte proteico).

 

La sobremesa (sobre suelo, en realidad, porque estamos sentados en unos putos escalones) se nos alarga, por pereza y por el empeño de Rafa en decir cosas de sentido común como “subir con lluvia es una tontería”. Ante un ultimátum como “pues no subas, quédate en la estación con las mochilas”, pues no puede hacer otra cosa que seguir, pero desde luego no se puede negar que no le faltaba ni un ápice de sabiduría en sus comentarios. (Si, venga, ya lo he admitido…)

 

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paradita tecnica para comer cosas sanas. Mirada de odio no merecida...

 

Yo empezaba ya a hacer cálculos de tiempo, porque nuestra intención es terminar la jornada en el nocturno a Varsovia que sale a las 21:30, y si seguimos apalancados no vamos a poder hacer nada, así presiono un poquito a la gente y arrancamos de nuevo.

 

Reanudada la marcha, y una vez recorrido el último tramo de asfalto hasta la caseta de entrada al parque natural donde casi pasamos de la chica que cobraba la entrada, empezamos a pensar en lo molesta que era la niebla a la hora de contemplar los paisajes montañeses. Además, de nuevo llovía un poco, y aunque era una cosa muy suave, es la típica lluvia que, si o sí, acaba mojando.

 

Son las tres menos cuarto, y estamos a los pies del primer cartel donde se indica el recorrido de la ruta azul, que es la que vamos a seguir nosotros.

 

El primer detalle que nos llamó la atención es que la mayoría de la gente que nos cruzamos (amables aun bajo la lluvia, aunque todos saludaban con un saludo diferente al que usásemos nosotros), van en dirección descendente, lo cual achacamos a que son excursionistas de la mañana que bajan ahora.

 

El suelo que pisamos va evolucionando, dándole un poco de autenticidad al recorrido. Primero asfalto, pronto adoquines y, por fin, tierra natural, apisonada por centenares de excursionistas con el paso de los años.

Lo llevamos bastante bien hasta ahora, incluso Jorge.

 

Y digo incluso, porque he obviado un aspecto importante, y es que cuando aun estábamos en el pueblo y Rafa atravesaba el momento más pesimista de su depresión menopáusica de turno, Jorge hizo un alarde chulería (mira que macho que soy) y decidió cargar también con la mochila de Rafa.

 

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el maldito Sherpa, que rudo es el cabrón

 

Aunque a todos nos parecía un poco exagerado, desde luego Rafa no se quejó demasiado, y como Jorge, alias “Jhirska”, y ahora alias “Sherpa” parece muy tranquilo con los 14 kilos extra, empezamos la subida sin pensarlo mucho.

A cambio Rafa lleva la mochila pequeña de la comida y las guías, la cámara… etc.

 

Aunque estábamos cada vez mas mojados y empezaban a calar las primeras capas de ropa, pero si teníamos clara una cosa, es que mientras estuviésemos en movimiento, no tendríamos frio.

 

escalandoec1.jpg

A mitad de la ascensión

 

El camino que recorremos, aunque seguramente es razonable en un día soleado y sin el peso de las mochilas, empieza a ser durillo, con largos tramos de escaleras de piedra que dejan las piernas nuevas. Sin embargo, conseguimos sacarle casi media hora al tiempo estimado de los carteles, y llegamos al refugio-bar tras apenas dos horas y cuarenta minutos escasos de camino.

 

Debíamos tener un aspecto digno de compasión, porque en el refugio, lleno de gente abrigada tomándose una cerveza, nos rellenaron las botellas de agua (las mugrientas botellas de agua que arrastramos desde, creo recordar, Brno), altruistamente. Descansamos cinco minutos, rehacemos los cálculos de horas y demás, y reemprendemos la marcha para no enfriarnos ahí parados.

 

El tramo final de la montaña tiene una duración de, aproximadamente, un par de horas, según los carteles. Aplicando la misma reducción que al tramo anterior, flexibilizando las operaciones matemáticas e ignorando posibilidades como que el camino sea más difícil, llegamos a la conclusión de que no habrá problemas para coger el tren a Varsovia… malditos ilusos…

 

Son las cinco de la tarde, aproximadamente, y poco tardamos en darnos cuenta de que no va a ser tan sencillo como parecía ayer.

La lluvia no es demasiado molesta mientras seguimos andando, y no tenemos frio, pero las vistas son mínimas, y el camino es una secesión interminable de terribles escalones de piedra, ridículos y escabrosos rellanos, y más escalones. Aun así, no creo que a ninguno se nos pasase por la cabeza dar la vuelta, y menos después de cuatro horas caminando.

 

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fabulosas vistas desde los montes

 

 

La consigna es clara, el pico, o la muerte, y no teníamos pensado morirnos en una puta montaña en Polonia, así que por exclusión, es obvio que llegaremos al pico más tarde o más temprano.

 

La siguiente hora la pasamos casi en silencio, excepto las exclamaciones entre Pablo y yo de “mariquita” cada vez que veíamos una piedra pintada de azul (derivación directa de marca = marquita = mariquita)

 

Entre la niebla aparecía, de vez en cuando, un saliente de roca que parecía el pico, pero nuestras renovadas esperanzas quedaban en nada casa vez que alcanzábamos esa roca, solo para ver que aún queda mucha más montaña y que es incluso más empinada a partir de aquí.

De vez en cuando, la separación entre el cabecilla, posición que alternábamos aleatoriamente, y el grupo, aumentaba considerablemente, por no hablar de la que nos separa a todos del Sherpa.

 

En ocasiones nos parábamos a esperarle, sin oír ningún ruido y temiendo en nuestro fuero interno que ya no lo veríamos más, pero siempre nos sorprendía emergiendo de entre la bruma, incansable, en camiseta y pantalón corto, cubierto de agua y sudor, como una criatura primigenia en lucha contra la naturaleza, sin quejarse nunca.

 

 

La señal de que el pico está cerca es la total desaparición de vegetación, seguida de un campo de piedras fragmentadas cubiertas de liquen que bautizamos como “cementerio de rocas”. A partir de ese momento, en veinte minutos llegamos al último cartel, con una flecha vertical y un rótulo “Giewont: 10 minutos”.

 

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a pesar de todo, aun estamos motivados

 

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el cementerio de piedras

 

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última base antes del asalto al pico

 

Pero si hasta ahora ha sido duro, ahora no será mejor. El pico no tiene un camino para ascender, sino que consiste en una grandiosa masa de rocas con piezas de acero incrustadas, de las que cuelga una cadena. La idea es trepar por las rocas sin soltar ese “hilo de vida”, y coronar el pico.

Ante esta perspectiva, Rafa renuncia al final, y decide quedarse al borde del pico. Los demás, dejamos las mochilas a su cargo, todo un alivió, y después de cubrirlas con mi poncho amarillo de Telepizza para que se mojaran un poco menos, empezamos a subir.

 

No se como de complicada resultará esta última subida para la gente normal, en un día soleado y seco, pero puedo asegurar que a las seis y media de la tarde, con niebla cerrada y lluvia, no es precisamente sencillo. Ascendimos progresivamente, con la gélida cadena de acero insensibilizando nuestras manos desnudas, a sabiendas de que soltarla por un momento sería un error fatal.

 

Pero al final, después de las últimas y resbaladizas rocas, llegamos juntos a la cima. El monte Giewont, a algo menos de dos mil metros de altura entre Polonia y Eslovaquia, ya no está sobre nosotros, sino a nuestros pies. La sensación de júbilo es indescriptible, la descarga de adrenalina, brutal. Y allí, en la cima que para nosotros vale tanto como el mismo Everest, hacemos lo único que se puede hacer: gritar.

 

Gritamos, reímos, incluso intentamos grabar en la torre-crucifijo metálico nuestro nombres y “Vagabundo’s Tour 08”, aunque con dudosos resultados. Durante unos minutos nos hicimos fotos y hablamos de lo impresionantes que somos y saludamos a Rafa a gritos.

 

 

 

mariocumbredu9.jpg

 

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pablocumbregk4.jpg

 

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el comando vagabundo corona el Giewont (nada especial, solo otro ensayo para el K2)

 

giewontvh1.jpg

los montes Tatras... desde ARRIBA

 

 

Pero nada dura, y pronto no nos quedó otra alternativa que ser conscientes de nuestra situación. Y nuestra situación no era, claramente, la mejor de las posibles.

 

Cansados. Mojados. Solos. Empieza a hacer frío, y se intuye el descenso del sol. Y desde luego, no podemos permitirnos bajo ningún concepto que nos pille la noche ahí arriba.

 

Lo primero es bajar la roca, pero el camino que está habilitado de bajada no es el mismo que de subida, y no sabemos dónde nos deja porque recorre la ladera contraria del pico. Y Rafa nos espera junto a nuestras mochilas. Así que no nos queda otra que desandar un camino que no está pensado, ni mucho menos, para descender por él.

 

descensobz2.jpg

el descenso del pico no es exactamente sencillo

 

Reunidos otra vez los cuatro, cargamos con las cosas y comenzamos a bajar desandando el camino, hasta llegar de nuevo al lugar donde se unían todas las rutas, justo antes del último tramo. Apenas hemos descendido unas decenas de metro, aun estamos a la sombra del Giewont, que ya es como un compañero más.

 

Pero entonces, la madre naturaleza decidió que ya había sido suficientemente desafiada, y que era hora de poner las cosas en su sitio. Y revelo su gran sorpresa.

 

Y es que detrás de la niebla, acechante y paciente, se había estado gestando durante las últimas horas una gigantesca tormenta. Con la caída del primer rayo, nos pusimos en alerta y contamos el intervalo entre relámpago y trueno. 12 segundo nos dan una distancia de apenas cuatro kilómetros, no mucho cuando se habla de tormentas. El siguiente, está a 10 segundos. Además, con el redoble de inicio ha comenzado la orquesta completa de lluvia, ahora sí, lluvia de verdad.

 

Aun falta un factor crítico más. Estamos junto a lo que desde pequeñitos nos enseñan que es, por definición, un mal sitio para estar. Un pico de piedra, a dos mil metros de altura, sin vegetación y culminado por una gigantesca torre de acero. Y las leyes de la física no tardaran en hacerse valer.

 

Estamos bajando, mirando hacia las rocas del suelo, cuando una luz cegadora ilumina las cumbres montañosas y un colosal estruendo resuena de pico en pico. No ha habido intervalo. El rayo ha caído en el pico, sobre nuestras cabezas. Justo donde estábamos hace cinco minutos. La tenemos justo encima.

 

Mientras el trueno resuena durante lo que parece una eternidad, descendemos apresuradamente: hay que dejar atrás el pico cuanto antes. Para bajar, hemos optado por la ruta roja, porque aun no es más corta, esperamos evitarnos las mortales escaleras de la ruta azul.

 

No hay tierra para absorber el agua de lluvia, y en seguida somos testigos del principio del ciclo del agua cuando pequeños riachuelos se forman entre nuestros pies.

 

torrenteswd8.jpg

rieras de agua entre los pies. Después de casi matarme al sacar la camara, decidi no hacer mas fotos

 

Sobre las rocas empapadas, y en absoluto silencio, caminando aceleradamente al borde del barranco, suena en ocasiones el inconfundible chirriar de la goma de las zapatillas resbalando. Cada vez, creemos que uno de nosotros se irá al vacío. Incluso torcerse un tobillo ahora sería fatal, pero por suerte no tenemos que lamentar ningún incidente. (suelen ser mis zapatillas, que son muy nuevas).

 

Bajamos y bajamos, sin pausa, dándonos apoyo mutuo. Muy rápidamente aprendemos a distinguir que piedras rodaran al pisarlas y cuales forman parte del hueso madre de la montaña.

 

En nuestras circunstancias, cada roca que hay que trepar para pasar supone un obstáculo horroroso, pero en el último la naturaleza ha tenido un detalle. La lluvia se ha llevado la niebla, y por fin disfrutamos de vistas realmente increíbles, aunque comprensiblemente no hay demasiadas fotos del momento…

 

No hay tantos escalones, pero no es mucho más fácil que la ruta azul. Sin embargo, al cabo de una hora y media de descenso, la lluvia amaina un poco y empezamos a ver el bosque a lo lejos. El bosque es la última etapa, el tramo de ruta negra que lleva al pueblo.

 

Con lo que no contábamos es que, si a las ocho de la tarde ya está anocheciendo, al adentrarse en un bosque tupido la cosa ya se vuelve dramática. Estamos físicamente destrozados, y a Jorge se le está inflamando una rodilla, producto de miles escalones con tantos quilos de peso encima.

 

A las nueve de la noche, con apenas un resquicio de luz y sin la menor idea de cuánto bosque nos queda por recorrer, bosque que por cierto tiene una fuerte pendiente y está distribuido en terrazas; asumimos que no podremos alcanzar el tren a Varsovia si no ocurre un milagro.

Realmente, a ninguno nos importa el tren, y la prioridad es no perder el camino de vista (cada vez cuesta más encontrarlo), y salir de ese bosque oscuro y tenebroso de una vez.

 

El descenso continuo, interminable. Hace frio. Pero no nos rendimos.

 

A las diez de la noche, vemos una casa. Tiene luz eléctrica, ergo está habitada. Veinte minutos después, una farola. Son las afueras de Zakopane. Lo conseguimos. A las once, ya estamos en el centro de la ciudad, buscando un lugar donde sentarnos un minuto.

 

Claro error, pues es cosa de parra de andar, e inmediatamente empezar a coger un frio espantoso.

 

Nos trasladamos a la estación de autobuses, y en unos bancos nos sentamos con la intención de cambiarnos de ropa de arriba abajo. Y otra vez, la fortuna demuestra que no es nuestra compañera de viaje. Toda la ropa esta mojada. Excepto cuatro prendas de mi mochila, que iba cubierta con mi poncho, el pijama de Rafa y unos calcetines de Pablo, el resto esta totalmente mojado o, en el mejor de los casos, muy húmedo. Yo consigo componer una muda entera seca, y gracias al error que cometí al hacer la mochila, tengo calzado seco. Los demás, no están tan bien como yo. Jorge y Pablo se cambian parcialmente, pero Rafa se ve obligado a ponerse todo lo que tiene, pijama incluido, para combatir la hipotermia.

 

Para seguir arreglando las cosas, el encargado nos hecha de la estación. Tiene que cerrar, dice.

Ahora estamos en la calle. No hay ni siquiera cajeros, pues todos son al aire libre, y los parques están empapados. Los hoteles, en ubicación desconocida y, por supuesto, totalmente fuera de presupuesto.

 

Probamos con la estación de trenes, pero en rápida avanzadilla a Pablo y a mí nos dicen que a las doce cierra. Aun así, nos trasladamos con las cosas para entrar un poco en calor. Estamos discutiendo que hacer, si permanecer despiertos hasta mañana, o dormir en los andenes de la estación, o que.

 

Cuando llega el encargado de la estación, pretende largarnos. Pero en un desesperado intento de explicarnos, inventando que tenemos un tren a la mañana siguiente que el seguro sabe que no existe, y ayudados por nuestro lamentabilísimo aspecto, nos permite excepcionalmente quedarnos en una esquina, siempre que no hagamos ruido, porque los seguratas que vigilan fuere no pueden enterarse de esto.

 

El se ha jugado su puesto, y cierra las puertas con nosotros dentro. Aun estamos mojados y hambrientos, pero al menos tenemos un techo para esta noche. Ni siquiera nuestros sacos de dormir están totalmente secos, pero aun así, intentaremos aprovechar las horas que tengamos. Ya pensaremos mañana que hacer.

 

Por el momento, la noche no va a ser fácil.

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Madre mía, vaya jornadita esta última... De todas la peor, si no recuerdo mal y espero estar en lo cierto por vuestro bien en próximas jornadas del diario :)

 

Aquí otro, que aunque no lo haya dicho antes, os sigue :P

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joder, hay que tener unos cojones como sandias de grandes para hacerse esa ruta con las mochilas en la espalda, despues de un dia de fiesta, lloviendo y sin nada para cubrir las mochilas y casi lo peor, sabiendo que luego no tienes un albergue donde poder darte una ducha de agua caliente y no morirte de frio literalmente!! estais colgaos XDD ademas, el cable ese lo que yo tengo entendido es que sirve para ir fijado con un arnes por si te caes no para ir agarrandote con las manos xD

ole vuestros cojones jajaja, seguid que esta interesante!!

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joder, hay que tener unos cojones como sandias de grandes para hacerse esa ruta con las mochilas en la espalda, despues de un dia de fiesta, lloviendo y sin nada para cubrir las mochilas y casi lo peor, sabiendo que luego no tienes un albergue donde poder darte una ducha de agua caliente y no morirte de frio literalmente!! estais colgaos XDD ademas, el cable ese lo que yo tengo entendido es que sirve para ir fijado con un arnes por si te caes no para ir agarrandote con las manos xD

ole vuestros cojones jajaja, seguid que esta interesante!!

 

Amen, y yo que me quejaba de que mi mochila pesaba poco al andar un poco por Ljubjana...Vosotros estais locos, subir un pico con una mochila que debia pesar 8 kilos al menos...

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El dato que falto es que las mochilas pesaban una media de 12 kg () segun el aeropuerto, y encima el rayo hizo temblar tanto el suelo q casi nos caemos, esa parte sin duda molo un huevo XD.

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