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10 de Julio. En un parque público, Olomouc

 

 

Día 7 - de parasitos, rodeos y gratas despedidas

 

Después de una noche sumamente tranquila y sorprendentemente agradable (el suelo es muy blandito aquí), nos despertamos alrededor de las 9 de la mañana. Después de un primer momento de leve inquietud (acampados a estas horas estamos expuestos a un encuentro con nativos), pasamos al modo “con calma” y recogemos el campamento.

 

Desafortunadamente, el astuto plan de Pablo y Rafa de esconder la tienda entre los arbustos para camuflarla mejor, no ha salido tal como esperábamos. Para empezar, por aquí no pasa ni Dios, y de todos modos la tienda no se veía desde el camino. Pero lo que sí hay entre los arbustos es una especie de club social para pájaros checos, que han dejado la tienda hecha un Cristo.

 

Media hora de limpieza con pañuelitos después, nos pasamos al comedor (los bancos del camino) y empezamos con el desayuno. Como una vez que ya has dormido en un sitio ya tienes confianza, sacamos el paquete completo de hornillo, ollas y demás instrumental gastro-quirúrgico (léase nuestra navaja multiusos, que aunque solo tiene un extremo cortante y otro romo para golpear cosas, lo mismo la usamos para cocinar que para intervenir un cáncer de colon).

 

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La cama bien,pero que pasa con nuestro desayuno ¡avisa al servicio de habitaciones...!

 

En plena faena, con magdalenas comprimidas que vienen desde Vigo y sobrecitos de azúcar de bar robados, aparecen en la zona un puñado de británicos o algo así (cualquier tribu que hable inglés puede valer), pseudo-uniformados y con un balón de futbol.

 

Claro, como el montón de hectáreas del parque no les vale, se tienen que poner a hacer ronditos junto a nosotros, lo que conlleva un torrente de insultos y comentarios denigrantes que rozan el fascismo por nuestra parte, y que se resumen en “putos guiris”.

 

Por suerte, pronto el balón, tan harto como nosotros de sus estridentes voces, acaba en el río, y todo el grupo corre por la orilla gritándole a la pelota. Hurry up now, fucking bastards!. Bueno, recuperemos la compostura.

 

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El plan original de Rafa incluia dormir ahí dentro, y probablemente alguna clase de ritual asociado...

 

Mientras intento resucitar mi móvil, al que no le ha sentado bien la noche y no funciona, Pablo y yo salimos a dar una vuelta por los alrededores del parque buscando un ciber para buscar algún albergue en Cracovia.

 

Resultó inútil, así que volvemos al parque, cogemos todo, y empezamos a visitar la ciudad, que para eso estamos. Mientras cojo la mochila, descubro una garrapata enganchada en mi brazo. Parásitos en mi piel… que bonito, por fin empezamos a manifestar rasgos de verdaderos vagabundos…

 

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El centro de Olomouc, prometedor

 

De camino al centro de la ciudad, y después de meternos en un tenebroso subterráneo en obras que según la guía era un ciber, llegamos a la plaza central, bastante interesante y con una columna monumental impresionante. Como faltaba poco para las 12, nos quedamos para ver el toque del reloj astronómico. Dejamos las mochilas apoyadas en una maqueta de la ciudad-banco para abuelas rollizas hecha en bronce, y esperamos pacientemente.

 

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vaya, es realmente... barroca... y no, Rafa, no se parece a NADA

 

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mapa de lugar y jugar con muñecos ¿porque no hay uno de estos en cada ciudad?

 

Y por fin, a las 12 en punto empezaron a salir por los ventanucos del reloj todo el equipo de rudos proletarios y recios campesinos que sustituyó a los santos originales hace tiempo. Se pasaron algo así como 10 minutos dando martillazos y sonando campanitas (ya creíamos que se solaparía con el toque de la una), y después de toda la movida, seguimos paseando por la ciudad.

 

Llegamos a una iglesia, y desde ella accedimos a una especie de monasterio pequeño, donde estuvimos un buen rato paseando por el claustro, meditando el bunker subterráneo de los monjes para cuando la tercera guerra mundial, con un silencio tan acojonante que era hasta molesto, y con las vistas desde el campanario. Sobra decir que todo era gratis, esta ciudad está ganando puntos a toda velocidad.

 

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La entrada al refugio termonuclear de los monjes

 

Era más o menos hora de comer, y teníamos intención de comer algo al menos remotamente checo antes de irnos del país, asique cuando vimos una especie de bar donde te cobraban los platos al peso. Cada uno se cogió un plato, y así disfrutamos del típico gulasch, de una especie de col gratinada, de una sustancia rara horneada… sabores distintos a los que estábamos acostumbrados, pero en general, bastante decentes. Lo mejor de todo, es que apenas nos salió por 50-60 coronas a cada unos. Y menos de dos euros por un plato caliente es algo que hasta nosotros estamos dispuestos a pagar.

 

La verdad es que Olomouc no es una ciudad que la gente ponga de primera en sus listas muy a menudo, pero en general nos gustó bastante, para ser una ciudad pequeña tiene un número sorprendente de monumentos, iglesias y cosas por ver. Y su gran parque y que no nos costase nada ni un céntimo, ayuda a motivar a gente como nosotros.

 

Cuando ya creíamos que no existían en esta parte del país, encontramos un ciber, desde donde nos dedicamos a ver albergues en Cracovia, y en Berlín, a anotar direcciones, precios, pros y contras. Una hora y media después, no teníamos nada reservado, y no estábamos más cerca de tener un lugar donde dormir que antes, pero oye, nos pusimos al día de las últimas noticias leyendo periódicos online, ya es algo.

 

Así pues, salimos de ese antro de perdición para frikinautas checos sin banda ancha en casa y giramos rumbo a la catedral. A priori, llegar a una catedral que se divisa desde cualquier punto de la ciudad no parece una misión demasiado complicada. Sin embargo, en algún momento a algún desgraciado (a mí, por ejemplo) se le ocurrió que para encontrar la puerta rodeásemos la catedral por el lado izquierdo.

 

De esta manera, y gracias a las particulares leyes de la física y el azar que rigen este país, pudimos comprobar que no todas las cosas son rodeables, y que la distancia de A a B por la izquierda o por la derecha pueden oscilar en cantidades del orden de varios millones de kilómetros (el hecho de cargar las mochilas todo el día desde hace dos días resta valor a la precisión de las medidas aquí indicadas).

 

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Aunque parezca mentira, esta marcha improvisada es simplemente rodear la catedral...

 

Y es que simplemente siguiendo el contorno de la catedral, dimos un rodeo gigantesco, nos vimos obligados a cruzar el río, llegamos a un parque, bordeamos una carretera de mucho tráfico, y no se sabe muy bien como, aparecimos al otro lado de unas enormes murallas, con la catedral justo detrás de ellas.

Puede que si hubiésemos seguido, acabásemos rodeando el conjunto y llegado a la puerta, pero si una catedral, ella solita, ha conseguido tenernos la hostia de rato dando vueltas y a punto de rendirnos, no osaremos desafiar a la muralla.

 

Desandado todo el camino, la puerta resulto estar a unos cómicos 30 metros si elegías bordear por la derecha. La visitamos, dejamos nuestro sello publicitario en el libro de visitas y descansamos un rato. Seis de la tarde, una hora menos en canarias, y no se nos ocurre nada más que visitar, así que decidimos acercarnos a la estación a comprar ya los billetes para nuestro nocturno, un tren que no nos podemos permitir perder, porque no hay más.

 

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Junto a la estación, no falta algo de arquitectura contemporanea para dar un escenario digno a los puestos turcos de comida rápida

 

Fue sencillo, un típico Vini, vidi, vinci, pero después de la compra nos encontramos con que teníamos algo así como seis horas de espera hasta la salida del tren. ¿Que se supone que vamos a hacer seis horas quietos?

 

Plantearnos volver al centro no era una opción para nuestros magullados hombros, así que nos apalancamos y fuimos dando paseos de dos en dos, en plan romántico. Exploramos los alrededores de la estación, asaltamos los puestos de perritos calientes con voracidad, delito en el que reincidiríamos varias veces, hablamos de todo tipo de gilipolleces, y comimos restos de lo que nos quedaba en las bolsas.

 

Aunque suene duro, conseguimos perder cuatro horas así, y la cosa se animo cuando apareció una punkarra loca y borracha con un pastor alemán y animo el cotarro, hasta que la policía se llevo al perro (para protegerlo, suponemos).

 

Empezamos a hacer planes para los próximos días, que prometían mucho, y cuando se nos ocurrió que si la progresión en la escala sur-norte de tías buenas seguía su curso natural, aquello iba a ser casi lisérgico, pues empezamos a desvirtuar otra vez la conversación.

Los planes para enlazar trenes y visitar museos pasaron a un segundo plano(o tercero, o enésimo), y acabamos centrándonos en asuntos más terrenales, como la quiosquera de la estación.

 

Siento decirlo, y traiciono mis convicciones morales, pero cuando hasta la quiosquera de una estación roñosa de un pueblo remoto del oeste del país tiene esa pinta, uno empieza a hacerse preguntas acerca de la existencia o no de razas superiores.

Al final, cuando la señorita chapaba el chiringuito, hicimos un intento fugaz de hacernos amigos suyos, por la cosa de fomentar las alianzas de civilizaciones y eso.

 

Un rato después, cuando ese episodio había acabado y empezaban a limpiar la estación, nos mandaron a una sala de espera, donde nos atiborramos del extraño pan ácido checo untado con nutella y, finalmente, pasamos a los andenes.

 

Contra todo pronóstico, habíamos conseguido pasar seis horas sin caer en el suicidio o el canto folclórico, y ahora solo nos preocupaba entrar en el vagón correcto que indicaba KRAKOW, y no en ninguno de los demás, con prometedores destinos como Kiev, o remotos lugares allá por el mar negro.

 

Eh, parece una tontería, pero era hasta emocionante para cuatro gallegos ver vagones con destinos mucho más exóticos que Pontevedra, Ourense o Barcelona en plan forzar (aunque no tanto como Coruña).

 

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Ciao, Olomouc

 

Subimos, arrasamos con todo aquel que nos cruzamos a base de mochilazos y nos instalamos en un compartimento, donde nos acomodamos como pudimos y nos preparamos para dormir todo lo posible. Hasta luego, Chequia, gracias por todo, nos volveremos a ver. Polonia, prepárate.

 

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Nuestra amiga, la quiosquera checa. Quienes creyeron que pasaría de nosotros, subestimaron el carisma gallego

 

 

En próximos episodios, los cuatro vagabundos llegarán a tierras polacas con la confianza por las nubes, preparados para comerse el mundo y divertirse al máximo, en una épica historia de emoción y maldiciones cósmicas, de cerveza, vudú e idiomas extraños, donde verán comprometidas todas sus convicciones y su valía será probada una y otra vez. Muy pronto, en las mejores salas.

Editado por Exiliado

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11 de Julio. En un compartimento de mierda, llegando a Krakow.

 

Día 8. Cracovia I: "Marcando el territorio" o "tan sobaos que no hicimos nada"

 

 

 

Por suerte, hemos conseguido un compartimento para nosotros solos, y exceptuando la interrupción súbita y agresiva del revisor, que salto el pestillo a hostias para pedirnos los billetes a eso de las 3 de la mañana, hemos dormido bastante bien hasta aproximadamente las 5. Bueno, es mentira, hemos dormido como el culo, aunque durante un rato encontré una posición cómoda hasta que Rafa despertó porque no quería mis pies encima suya.

 

Nos acercamos a Cracovia, y si no estuviéramos tan cansados supongo que estaríamos pensando en que hacer al llegar. Como no es el caso, cuando por fin llegamos a la estación, estamos un poquito desorientados.

 

Para empezar, la estación de Cracovia es un despropósito, un par de galerías subterráneas cutres con tiendas cutres por ahí. Dimos unas vueltas intentando orientarnos, hasta que al final uno de los bandoleros de los albergues nos dio un mapa y nos ofreció amablemente su ayuda. Pero eso habría atentado contra los principios más elementales del vagabundo’s tour, asi que aceptamos el mapa, dimos las gracias, y nos fuimos a buscarnos la vida solos, con un par.

 

Trazamos una ruta rápidamente y nos pusimos rumbo al primer hostal que nos pareció razonable, el Dizzy daisy. Ya en la puerta, entramos Rafa y yo a comprobar el estado de las reservas y esas cosas, y aunque no tenía habitación de cuatro, rápidamente hizo un arreglo para colocarnos a los cuatro y ya nos estaba pidiendo los pasaportes.

Espera maja, un minuto, ¿cuánto cuesta todo esto? ¿Perdona? ¿16 euros noche has dicho? Mmm… no sería un mal precio para cualquier otro grupo de gente cansada sin reserva en ningún lado pero, para nosotros, es indignante que paguemos “tanto” dinero solo para dormir en una cama. Nos vamos.

 

Después de este punto de flipados que nos acabamos de marcar, y convencidos de que todo se arreglará solo, nos dirigimos al siguiente hostal que nos parece interesante, y que esta incluso más hacia el oeste. Media hora de caminata después, llegamos hasta la remota “Raklawica Ulice, 9”, donde se encuentra una residencia universitaria donde encontramos, esta vez sí, una habitación de 4 personas a un precio muy razonable. Y la recepcionista es mucho mas maja (y mona).

 

Dicho y hecho, después de rellenar una encuesta de intenciones delante del primer batallón de boy-scouts polacos, que no son todo lo jóvenes que uno esperaría (¿que hace un treintañero con pantalones cortos y escuditos cosidos a la ropa, por favor? Búsquense un trabajo…), nos subimos a la 216, que será nuestro cuartel general durante los próximos dos días.

 

Rápidamente, decoramos la habitación a nuestro gusto (esparciendo nuestras mierdas por la habitación en 2 minutos, estilo Zerg) y nos tumbamos 5 minutos en nuestras camas.

 

 

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Pablo, feliz al oir rumores acerca de la (posible) reposición de Verano Azul

 

5 minutos después, sorprendentemente, son las 6 de la tarde (se nota que estábamos cansados).

El día de hoy no nos va a aprovechar para mucho, y lo único productivo que hacemos es una breve visita al centro para comernos un kebab (el primero de tantos…).

Cuando regresamos, hacemos una parada en un supermercado, estableciendo contacto por primera vez con las extrañas variedades de agua y los alimentos polacos, para finalmente comprar pasta barata y algo para acompañarla, y más importante, cervezas de varios tipos.

 

De vuelta en el albergue, nos montamos una cena cutrísima a base de pasta con la infumable salsa rara que contiene lo que parecen gominolas de colores. Hoy hemos vuelto a hacer pleno de comidas: desayuno nada, comida kebab y cena chunguísima.

Acto seguido, y para quitarnos los sabores de la boca, pasamos a la fase de degustación cervecera.

 

Después de un serio análisis, llegamos a la decisión final por consenso: la más sabrosa de las cuatro, la genuina Zubr, la cerveza bisonte. En segunda posición, con unos resultados muy aceptables y más barata, Zywiec, habitual en bares. Un poco más lejos, aunque aun decente, Warka. Y en una deleznable última posición, el agüilla amarillenta de Tatra, poco más que zumo de cebada, pero con menos sabor.

 

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primera degustación, ordenadas en orden de... bueno, no estan ordenadas, da igual

 

Después, Jorge (que desde que cruzamos la frontera se llama “Jhirska”) y yo nos acordamos de los tintes de pelo que compramos en Brno y decidimos llevar la paranoia a sus últimas consecuencias.

 

Primer inconveniente, las instrucciones están en checo, polaco, eslovaco y lituano, asi que la única manera de sacar algo en claro es con media hora de comparación, estudio de similitudes y algo de etimología elemental (verídico, media hora estudiando textos raros y comparando palabras con una caja de galletas bilingüe para distinguir verbos de preposiciones, en plan egiptólogo penoso).

 

Al final, creo que he entendido lo básico, y después de concienciarnos de que mañana podríamos estar calvos del todo, empezamos la mezcla de potingues en el baño.

Una hora después, tenemos los resultados, bastante dispares. A Jhirska se le ha ido todo por el desagüe de la ducha, y no parece haberle hecho ningún efecto en el pelo. En cambio, yo tengo una interesante mata de pelo de un bonito color violáceo que es el orgullo del grupo (mentira otra vez).

 

 

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el potingue demencial, origen de todos los males

 

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Jhirska el intrepido, pequeño error al seguir las instrucciones para convertirse en barbazul

 

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el hombre perfecto: ademas de molar, estoy relleno de mermelada...

 

 

Nos preparamos para salir a conocer la noche Cracoviana, de la que todo el mundo habla maravillas, pero en el último momento, tanto Pablo como Jorge deciden pasar de todo.

 

Así que Rafa y yo saldremos de nuevo en plan pareja romántica. Llegamos pronto a la plaza central, que es colosal, tanto en tamaño como en ambiente, pero son las 11 y pico y mucha gente parece estar recogiéndose (¿qué pasa aquí?)

 

Nos preparamos para salir a conocer la noche Cracoviana, de la que todo el mundo habla maravillas, pero en el último momento, Pablo decide que esta cansado y que pasa de moverse de ahi, asi que salimos nosotros tres.

 

Llegamos pronto a la plaza central, que es colosal, tanto en tamaño como en ambiente, pero son las 11 y pico y mucha gente parece estar recogiéndose (¿qué pasa aquí?). De ruta por el centro de la plaza, Rafa es tentado en múltiples ocasiones por sanguinarias repartidoras de flyers recomendando el garito de turno, y en cada ocasión se tira un rato alabando dicho local como si fuese a el al que le pagan.

 

Como siempre, pasamos de sus sugerencias y acabamos en uno de estos garitos subterráneos, el Carpe Diem (básicamente porque sale en todas partes, habrá que verlo…). La cerveza de medio litro por 7 zlotis está más que bien, y el local está bien montado, pero la media de edad parece estar más tirando a los treinta y pico que a los veintipico.

Además, Rafa se niega a concederme un baile, así que nos fuimos al rincón donde había un futbolín, y nos pusimos a disputar la final de la copa champiñón con un grupito de polacos y polacas. Como los muy mamones se conocen cada desnivel del futbolín de memoria y además no siguen las normas básicas del tratado de Ponferrada para la práctica del futbolín, nos machacan bastante, pero no llega a ser humillante gracias, en parte, a detallazos como comerse tres goles seguidos de Jhirska.

 

Acabadas las partidas, decidimos poner rumbo al albergue de nuevo, porque mañana pretendemos visitar auswitch pronto, así que a eso de las dos, recogemos y volvemos al albergue.

 

 

 

 

Si, cierto, el dia de hoy es breve, casi sin fotos, e incluso relativamente soso, pero pronto llegara lo bueno. Intentare publicar mas a menudo (aunque ninguno comenteis nada, sosos, xd)

 

 

P.S.: Vale, edito, porque ahora resulta que me invento cosas, y que cuando no hay testimonios escritos en el diario de algún hecho, tiendo a inventarme una realidad parcialmente fantasiosa. Nada grave, de todos modos.

Editado por Exiliado

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Pues ya me he leido lo ke me faltaba de tu diario, me mola, el humor es fundamental para hacerlo ameno!

Mmm, si hubierais estirado un poco mas la noche de Cracovia seguro ke os habriais llevado mejor impresion.

 

Te seguiré leyendo!

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joder, si seguir te seguimos pero en la sombra xD

 

a cuento de que venian esos tintes?? menudos pinzaos jaja, muy cracks!

a la espera de la segunda noche cracoviana, que seguro os convencio mas que la primera :rolleyes:

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12 de Julio.

 

Día 9. Krakow. "dando vueltas" o "tormenta cósmica: primeras nubes"

 

 

Como viene siendo la dinámica habitual, nos despertamos temprano y nos preparamos para la visita al campo de Auswitch-Birkenau. Nos duchamos y nos preparamos un desayuno completo en las cocinas del albergue a un ritmo razonable, pero después (y puedo oir a Pablo a 1200 km diciendo “os lo avisé”, ¿cómo te va todo colgao?), empezamos a perder velocidad de crucero de forma lamentable. Por lo tanto, salimos del albergue muy tarde.

Si a eso le sumamos nuestra irracional aversión a los transportes públicos (excepto los que son gratis de manera demasiado obvia, léase Italia), el resultado final es una pateada guapa hasta la estación, en la que para atajar camino nos metimos por una zona de nudos de autopista y acabamos atravesando pseudo-polígonos y siguiendo las vías de tren, hasta que llegamos a la estación de tren.

 

Y volvimos a ver el tren marcharse sin nosotros. Si lo piensas bien, es un fenómeno curioso aunque irritante. Cuando llegas un minuto tarde a la estación, el tren se va ante tus narices, pero si por casualidad llegas 20 minutos tarde y lo dabas por perdido, por alguna razón el tren se ha retrasado hoy 19 minutos y medio, y también lo ves pasar delante de ti. La cosa es que los trenes nos vacilen, el 'cómo' es secundario.

 

Tampoco pudimos quejarnos demasiado, porque cogimos uno de los miles de autobuses que parten hacia el campo cada día cargados de turistas hacinados en sus asientos (aunque bastante menos macabro que hace 70 años). Nos subimos a uno que salía justo en ese momento, y allí creo que fue la primera vez, si no me equivoco, que oímos la bonita frase que tiene todo funcionario polaco siempre en la boca: “only polsky student”, y aunque intentamos explicarnos en muchísimas ocasiones en estaciones y museos, la postura estándar es cerrarse en banda, repetir “polsky student” y mandarnos a paseo.

 

Claro, en nuestros carnets mierdosos solo pone “internacional”, como se nos ocurre pensar que Polonia podría estar dentro del mismo concepto de internacional que tenemos nosotros. A lo mejor deberíamos irnos a Melmac a que nos hagan descuento. Ya verán cuando venga algún polaco a pedir algo aquí, ya les haremos notar que no estamos en el mismo ámbito de lo “internacional”

 

[nota aclaratoria al comentario pseudo-facha precedente: es solo triste envidia al ver que los fondos de cohesión europeos pasan de Galicia a Galitzia. Los polacos, como pudimos comprobar infinidad de veces, son unas gentes maravillosas y sumamente amables que nos ayudaron más de una vez, de lo mejorcito del país. Solo algunos funcionarios públicos resultaron odiosos, pero los funcionarios siempre han sido un grupo “difícil” para los turistas en cualquier lugar, incluso en Melmac. Aclaro para no ser crucificado por el respetable público]

 

Llegamos al campo sin mayores complicaciones, compramos un papelajo desplegable por que traía un mini-mapa y dibujitos, y entramos.

 

Siento ser cínico, pero lo primero que pensé es: aquí no hay manera de sacar una foto decente con tanta gentucilla dando vueltas por ahí.

Recorrimos todo el recinto bastante rápido, y pasamos a ver los distintos pabellones por países.

 

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La entrada al complejo, en un vulgar intento de darle al camping un poco de dramatismop

 

Un par de horas después, la visita al campo estaba acabada. La impresión general, al menos en mi caso, no ha sido tan buena como pensaba.

 

Quiero decir con esto que sí, es terrible todo lo que simboliza, pero esta tan absolutamente banalizado que pierde casi toda su fuerza expresiva y no transmite demasiado bien el mensaje que debería transmitir.

 

Las alambradas, las lámparas y el resto del “mobiliario urbano” del campo son bastante tétricas, pero el conjunto de los pabellones de madera y las vallas me recordó inmediatamente al campig de Bolonia del año pasado. Aquello sí que daba mal rollo. Y las exposiciones de los diferentes países resultan, salvo dignas excepciones, ejemplos baratos de galería de arte modernilla, con un diseño enfocado a la sobreactuación y el morbo barato (¿latidos de corazón de fondo en el pabellón húngaro? Por favor…)

 

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Pues mira, no se me ocurre un pie de foto para una valla, y un chiste igual es de mal gusto...

 

En fin, claro que se puede ver desde otros puntos de vista, como que la información que hay allí, oculta tras los paneles de colores, puede ser muy interesante analizada con detalle, y que seguro que sin turistas (o con menos) (o al menos sin usadounidenses gritando, por favor!) gana muchísimo. Conclusión: no es una decepción, pero tampoco es como lo imaginábamos.

 

Ahora toca buscar Birkenau, que se supone que está ahí al lado y que va de un rollo bastante diferente. Salen por ahí autobuses lanzadera por 3 Zlotis (1 euro), pero como nos consta que no hay mucho más de un par de kilómetros, decidimos ir andando. Echamos un vistazo al mapa, memorizamos los desvíos que hay que tomar, y empezamos a caminar hablando entre nosotros.

 

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Justo esa carretera elevada detras de nosotros, es el verdadero camino a Birkenau, como descubriríamos casi 3 horas después

 

En algún momento, no demasiado rato después de empezar a caminar, vemos una carretera por la que se desvían los autobuses que salen del campo. La carretera esa tiene toda la pinta de ser acceso a autopista, así que debe servir para volver a Cracovia. Ese maravilloso razonamiento, sumado a no ver ningún cartel que indique la dirección, nos indujeron a seguir caminando en línea recta. En cierto momento vimos un cartel que indicaba “Lidl” hacia la derecha, y una desviación hacia la izquierda que era la que llevaba a Birkenau.

 

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Los efectos de la paranoia de anoche. Y esperad a ver cuando le de el sol un par de días...

 

Caminamos y caminamos, empezando a preguntarnos si faltaba mucho y si no habríamos acabado antes con un autobús, pero como no llevamos mochilas ni nada, pues tampoco nos comemos la olla mucho.

 

20 minutos de caminata, después de pasar una zona de carreteras elevadas, y nos encontramos a un paisano a lo lejos. Mientras nos acercamos, saco la mini-guia de conversación en polaco y juntamos palabras suficientes para preguntar “¿vamos bien para Birkenau? ¿Falta mucho?”.

Nunca sabré si el hombre entendió lo que le preguntamos, pero desde luego puso cara de haber comprendido, dijo algo en polaco y señaló con el brazo en la dirección en la que íbamos, con un gesto de girar después a la izquierda y una sonrisa amable en el rostro, así que por lo menos debió deducir lo que decíamos.

 

El problema es que aún quedan como 200 kilómetros de carretera recta antes de girar, así que aun nos tiramos otros 40 minutos caminando, durante los cuales otro paisano nos confirma el camino.

 

Finalmente, llegamos al final del tramo recto y giramos a la izquierda, tras lo cual parece que hay algo. Estamos todos contentos de llegar de una vez, cuando al bocazas de Pablo (si, es culpa tuya, seguro) se le ocurre hacer un comentario: ‘eso se parece mucho a Auswitch’

 

Claro, al fin y al cabo es Auswitch II, no? Además, ahí hay unas vías de tren que seguro que llevan a la puerta de la muerte mítica.

 

Sin embargo, a cada paso que damos, la disensión crece entre nosotros: ‘ese autobús me suena’, ‘realmente se parece MUCHO a Auswitch”… hasta que finalmente alguien se atreve a decirlo ‘tío, eso es Auswitch’. Me niego a creerlo, intento levantar la moral de la gente, pero en mi interior soy cada vez más consciente de lo que ha pasado.

 

Si, amigos, hemos atravesado un vórtice espacio-temporal y estamos de nuevo en el mismo lugar, pero de una dimensión paralela, donde todos los estudios hacen pensar que llueven rosquillas (cuánto daño han hecho los Simpson).

Y si defiendo esta hipótesis, es porque decir simplemente “rodeamos un polígono de terreno ocupado por fábricas de palés durante 2 horas para volver al lugar del que partimos” es demasiado penoso.

 

Mentalmente abatidos, nos sentamos a los pies de un árbol en la puerta de Auswitch para hacer planes, mientras siguen pasando lanzaderas a 3 Zlotis en un gesto irónico del mundo que no hace ninguna gracia.

 

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no... no puede ser... auswitch otra vez no... ¿¿¿¡¡¡Por que nos haces esto!!!???

 

Después de un rato de descanso y de bebernos los últimos tragos de la asquerosa botella de agua caliente, recuperamos la vitalidad y empezamos a hacer cálculos, esquemas, rutas…

 

Al final, en una hoja de la moleskine tenemos un organigrama que redefine la ruta de los próximos 6 días de forma completa. Aunque en resumen se centra en alargar la estancia en Cracovia un día mas (que aun no la hemos visto), reorganizar los días para la visita a Zakopane y una hoja de ruta posterior que es, siendo suaves, sumamente optimista.

 

Creo que hasta la escaneare para ponerla aquí y que se pueda ver lo flipados que estábamos y comparar con el resultado final… Y si, Pablo, te oigo otra vez, ya sabemos que no saldrá perfecto, pero hay que ser ambiciosos para acabar abarcando una parte decente del programa.

 

En fin, que me estoy enrollando. La primera parada técnica era seguir el cartel del Lidl, en Oswiecim, para comer y aprovisionarnos. Hacia allí fuimos, nos hartamos de comprar mierdas de todo tipo y nos cebamos en la puerta del supermercado, comiendo bocatas, embutido, galletas, gominolas, yogures, donuts, chocolate…

 

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Comida sana para jóvenes que hacen ejercicio. El agua era rara...

 

Después retrocedimos sobre nuestros pasos y nos dirigimos, esta vez sin rodeos, a Birkenau. Por el camino nos cruzamos con dos chicas españolas que habían venido un poco tarde como para visitarlo todo, e hicimos juntos parte del camino.

Ahora vimos claro que, si se sigue el camino adecuado, Birkenau está a 15 malditos minutos de Auswitch, y llegamos en un momento.

Y por fin, algo que merece la pena. Esto sí que es un lugar desolador, impresionante y sobrecogedor.

 

Supongo que habrá quien se sienta más afectado por las montañas de objetos personales de Auswitch, pero sin menospreciar para nada esto, a mi me causa mucho más impacto la inacabable extensión de chimeneas y cimientos de barracones, memorial perpetuo al horror hasta donde alcanza la vista, sin necesidad de carteles ni vitrinas. 175 Ha de bosque de chimeneas, naturaleza muerta de rojo ladrillo, cocido en sudor y ligado con sangre. Suficiente para crear una indescriptible sensación de vacío en la persona más fría.

 

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Vale, tu portería es de la torre de los francotiradores al pozo de cenizas humanas...

 

 

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de izquierda a derecha: el cubista, al Artífice (conocido tb como el flipao), el orangutan de largos brazos y nuestra gran esperanza el el mundo del bajo

 

Empezamos a deambular por la zona, visitando los barracones que hay a la derecha de la puerta, y seguimos caminando hasta el final del campo. Allí descubrimos una puerta cerrada con una cadena, que aislaba todo el centro del campo, aparentemente no abierto a turistas.

Sin embargo, las puertas no llegaban a juntarse del todo, y era posible colarse fácilmente. ¿Cómo resistirse? Entramos en territorio “virgen”, con conejos, bandadas de pájaros, la hierba alta y descuidada. Habíamos atravesado la zona que puede que esté abierta en ocasiones, y estábamos convencidos de estar donde no suele haber turistas.

 

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meditando antes de mojarnos a saco. Pasara a la memoria del grupo como lugar simbólico

 

Absortos en la visita, habíamos descuidado otras cosas. Mientras caminábamos, el cielo se había cubierto con una espesa capa de nubes que presagiaban una inminente tormenta, pero no nos dimos cuenta hasta que cayeron las primeras gotas.

Al principio, las ignoramos, e incluso sugerí buscar una puerta hacia el otro lado, pero cuando se demostró que no existía tal, dimos la vuelta para salir por donde habíamos entrado. De repente, empezó a llover con fuerza, una lluvia bastante intensa que nos empaparía en segundos.

 

Teníamos que llegar a cubierto. Y corrimos. Vaya si corrimos.

Al final, llegamos a una iglesia en el exterior y nos pusimos a cubierto, acompañados por un extraño personaje calvo que te dirigía miradas de verdadera demencia psicopática cada vez que hablaba en su extraño dialecto.

 

Nos mojamos, no hay duda. Por mucho que corriésemos nos íbamos a mojar. Pero las sensaciones que tuvimos, corriendo campo a través en el mismísimo centro de Birkenau, con bandadas de cuervos sobrevolándonos y la tormenta descargando sobre nosotros, son indescriptible. Personalmente, uno de los momentos más intensos del viaje, sin duda.

 

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Mojados, pero contentos. Preparados para el 'back to home'

 

Tardo poco en despejar, y volvimos a la entrada. Vimos el resto de edificios conservados y nos marchamos, camino a la estación de tren para llegar a Cracovia de nuevo.

 

Ya en la estación, nos encontramos de nuevo a las chicas de antes, que volvían a Cracovia también, y estuvimos un rato hablando. Como al final su tren se retrasó, acabamos yendo todos juntos. Hablamos durante el camino, y comentamos la posibilidad de salir todos de fiesta por Cracovia por la noche.

 

Ya en la ciudad, volvimos a nuestro albergue, donde descansamos un rato, nos higienizamos y comentamos otra vez nuestro paseo Auswitch – Birkenau, que había pasado de unos 2800 metros teóricos a 14 kilómetros, según he medido en google earth nuestro desvio.

Pasamos alrededor de una hora fagocitando restos comestible, patatas y zumos de combinaciones irracionales de fruta.

 

Rafa había demostrado un interés especial en conocer mejor a una de nuestras nuevas “amigas” en la estación, asi que estaba motivado con respecto a la fiesta que se avecinaba.

Al final cruzamos cuatro llamadas y quedamos todos en la plaza central. Lo siento, pero ya no hay mas fotos, porque paso de llevar la cámara cuando voy a alcoholizarme por ahi, que luego se pierde... o salen fotos demasiado penosas... (no se que es peor).

 

Nos encontramos junto a la oficina de cambio y después de dar unas vueltas, acabamos otra vez en el Carpe Diem, donde tomamos unas cervezas y presenciamos el lamentable espectáculo de Rafa intentando quedar como un campeón de futbolín en una partida contra unos polacos que ofrecieron una partida gratis con la idea de que, el equipo que perdiese la segunda, pagaría una cerveza al otro equipo. Sus rivales serían un polaco con un ojo morado, y el otro morado por dentro.

 

Aparentemente, por los 7 Zlotis que cuesta una cerveza, parece un negocio ridículo, y justo eso (el ridículo) fue lo que hizo Rafa después de perder (por paliza) la primera partida, cuando se puso todo pesado discutiendo con el polaco que él no jugaba apostando y que no quería jugar apostando una cerveza. Desgraciadamente, no se conformó con la esa roñosa actitud, sino nos tuvo media hora esperando mientras se seguía cubriendo de gloria delante de su amiga Noemí.

 

Cambiamos de local, y después de ignorar a Rafa otra vez, que quería que nos metiésemos en no sé qué antro de nombre “diablito” o algo así solo porque le había dado un flyer una tía buena, y llegamos a otro bunker, cuyo nombre no nos importaba en absoluto.

 

Yo pasé el resto de la noche integrándome con un grupo de polacos en una increíble conversación en español-italiano-gallego-ingles con palabras puntuales en alemán por mi parte, y polaco-italiano-pseudoinglés por la otra, en la que hablamos de economía, política, fiestas, marcas de vodka, las checas (otra vez…) y la vida de cada uno. Vamos, la conversación mas surrealista de mi vida.

 

Además, uno de los polacos era identificado por los otros dos como “rico”, y debía ser cierto porque me pago chupitos y cervezas el resto de la noche (y en segundo plano, se ocupó de arruinarle todos los intentos de acercamiento de Rafa a su nueva amiga con su pegajosa conversación en ingles macarrónico).

 

A eso de las cinco, acompañamos a María y Noemí a su albergue y nos fuimos a comernos un kebab (yo) y a buscar donde acabar la fiesta, aunque al final ya no entramos en más sitios y volvimos al albergue porque, cuando el sol ya ha salido, no es lo mismo estar de fiesta.

Teníamos tiempo de dormir unas horas antes de hacer el cambio de habitación, porque al prolongar la estancia nos habían cambiado de habitación.

 

Mañana, Cracovia city, y el fin de la etapa civilizada.

Editado por Exiliado

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Eeeeh, yo tb salimos los tres cabezon, el unico que no salió fue pablo, que fue cuando jugamos Rafa y yo contra los polacos, y a pesar de jugar a lo sucio alucinaron con mis 3 goles seguidos desde la defensa XDXD. Y con respecto a lo de la puerta inexistente en birkenau y de la lluvia, lo llevaba diciendo media hora jajaja

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Hostia tio, pues va a ser que tienes razón... vaya ida de olla. Pues nada, edito en un pincho y punto.

 

Esta bien saber que andas por aqui controlando, xd. Que te vaya todo bien, y ya me diras si me invento algo mas.

 

Saludos también al resto de lectores, espero seguir teniendo vuestro interes unos cuantos dias mas.

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