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primero de todo: estoy asumiendo que hoy en día más o menos cualquiera puede tener adsl si alguien tiene problemas con la cantidad de fotos, decid algo, y las reduciré, dividiré en varios post... lo que sea

Respecto al tiempo entre post y post... para que decir nada... en fin, al menos estoy aquí, y con la firme intención de acabar mis dos diarios abiertos. Un saludo!

 

 

24 de Julio

 

Día 21 – Cada oveja con su pareja, y los arquitectos entre rejas

 

 

 

El día de hoy rompe la tradición de los demás días. Esta vez no salimos los cuatro junto, como grupo, a visitar algún lugar o a seguir alguna ruta. Berlín es una ciudad enorme, y sobre todo, enormemente estimulante. Cinco días apenas han sido suficientes para ver los más elemental entre lo básico, y anoche quedó claro que sería difícil llegar a un acuerdo satisfactorio para todos. Cuando parecía que el consenso nunca llegaría, recordamos de repente que no estamos en una excursión escolar y que ya somos mayorcitos como para hacer cada uno lo que nos apetezca, aunque desde luego, no hemos tenido ningún mal rollo entre nosotros.

 

Por lo tanto, esta página del diario cambiará forzosamente de formato. Tendré que limitarme a explicar a donde fui yo, y de los que hicieron mis compañeros, a la espera de que escriban su propia versión, apenas puedo hacer alguna referencia. Advierto desde ya, yo solo, con una cámara, en una ciudad como Berlín, a unas horas en que no hay turistas... no nos engañemos, me ha costado horrores eliminar fotos, y hasta me ha dado pereza escribir letras por el medio para rellenar huecos...

 

El día empezó, desde luego, muy temprano para mí. Anoche nos torturábamos ante la idea de no salir de fiesta a romper con todo, queda como una herida en el espíritu joven, pero mientras paro el despertador para no arruinar el sueño del resto de los compañeros de habitación, me siento menos culpable. Mientras me voy con mis cosas a la ducha, guardo en la mochila la cartera, la tarjeta de la habitación y el móvil. La pantalla aun brilla con el pequeño reloj digital de fondo. Marca las cuatro y dos minutos.

 

Veinte minutos después, camino aceleradamente con el cuello subido hacia la parada del metro de Frankfurter Allee. El eficaz sistema de metro berlinés apenas tarda diez minutos en dejarme en Potsdamer Platz, donde empieza la ruta que tengo pensado seguir.

 

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Si quedaba alguna duda acerca de las motivaciones que llevan a alguien a levantarse a las cuatro la mañana siguiente a beberse dos litros de cerveza y con solo tres horas de sueño, todas se disiparon en un suspiro. Si la panorámica de la plaza ya es bastante impactante en un día normal, con las calles absolutamente vacías de personas y coches, la experiencia alcanza un nuevo nivel de satisfacción. El verde del césped, brillante de rocío, el sol naciente reflejándose en los afilados ángulos de acero y cristal de los rascacielos, el color rosado de la piedra que cuelga de las fachadas, suponen una satisfacción profunda en alguien que pretende llegar a arquitecto algún día.

 

Exultante, recorrí la plaza sacando foto tras foto, hasta que el reloj, implacable, me dijo que debía comenzar a moverme para cumplir los objetivos del día.

 

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Comencé a caminar hacia el barrio diplomático, donde decenas de países compiten entre sí por construir embajadas que demuestren las virtudes de cada uno, en un delirio arquitectónico de vanidades que lleva a formas como las pastelosas embajadas de Italia y Japón, el llamativo pabellón de la ciudad europea de la cultura Essen 2010, la verdosa colaboración de las embajadas nórdicas y la engañosa fachada que despliega México. Omito los detalles de muchas más en estas páginas, que imagino que no interesan demasiado al común de los mortales, entre ellas la filarmónica de Scharoun, los almacenes de la Bauhaus, sedes de partidos y embajadas menos llamativas como la India o Emiratos Árabes.

 

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La filarmónica de Scharoun

 

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embajada de México

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embajada de los paises nórdicos

 

Seguí caminando por una de las avenidas que atraviesan Tiergarten hacia la columna de la victoria, con dirección al Reichstag, pero me vi interrumpido por un despliegue colosal de vallas metálicas y camiones que acordonaban la zona justo en ese momento. Son las seis de la mañana, y por culpa de alguna clase de evento chorra pero que debe involucrar a alguien importante, tengo que rodead medio parque (y no es pequeño) hasta que aparezco por arte de magia en el edificio ovalado donde me parece que vive la señora Merkel.

 

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Futuro escenario de lo que sea que están montando. Ni un alma por aquí, decenas de policías detrás

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Kongresshalle

 

Sigo el camino, llego al río, y ante mí el Kongresshalle con su cascara de hormigón. Hoy en día ni siquiera es legal construir algo así, y dicen que progresamos... Después, espero ante la puerta totalmente vacía del parlamento a que empiece el horario de visitas y subo a la famosa cúpula de Foster, solo para encontrarme con que he ido a acertar con uno de los dos días al año en que la cierran para limpiarla.

 

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Pero no importa, mi ánimo sigue alto, disfruto de las vistas de la terraza y me acerco a la puerta de Brandemburgo, donde hay un despliegue policial acojonante. En serio, ¿Qué demonios van a hacer en Berlín hoy?

La ruta turística lleva a la estación de tren nueva, que había visto en documentales, y que aunque aparenta estar a tomar por culo de la civilización, es bastante accesible. Cuando llego, hago le que haría cualquier persona normal que va a una estación de tren sin intención de coger un tren: mirar para el techo.

 

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parte del despliegue

 

 

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de camino a la estación de tren

 

 

Durante un buen rato, me pierdo en detalles de encuentros, sujeciones de paneles de vidrio, entramados de acero… poco a poco, me doy cuenta de que los usuarios decentes empiezan a mirarme con cara extraña… con un pequeño esfuerzo mental, es posible imaginarse lo que seguramente están pensando

 

- ¿Qué hace este tipo aquí, mirando las paredes?

- ¿Le has visto la cara? Creo que es del este…

- Si, ahora que lo dices… debe ser uno de esos albanokosovares que huyeron de la guerra

- ¡Míralo, míralo, está contando con pasos la distancia entre dos columnas!

- ¿Crees que es un terrorista?

- Que quieres que te diga, ahora mismo, ojalá sea un terrorista… con esa mirada de maldad, es lo menos malo que puede ser…

- ¿Llamo ya a la polizei?

- ¡
Ja, ja
, ya estas tardando! ¿Es que nadie va a pensar en los niños?

 

 

Hostigado por las miradas, entro en una pastelería, donde finjo leer el menú, y luego en tienda de libros y me compro un donut. Por si acaso, será mejor que salga de aquí cuanto antes.

 

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in da puerta

 

 

Desde la puerta de Brandemburgo de nuevo poco después, por fin me entero de lo que pasa aquí hoy. Se trata de un señor, que parece ser el senador de Illinois, que quiere presentarse a presidente de Estados Unidos. Pero… ¡es negro! Bah, menudo patán, no tiene la más mínima posibilidad. Normal que se vaya a hacer campaña a Europa.

 

En cualquier caso, es un progreso. Hace como cincuenta años que les dejan ir en autobús, ahora les dejan hacer campaña. Dicen que de aquí a dos años podrán ir al colegio, si un buen republicano no lo impide antes. Lo que es aquí, eso sí, levanta pasiones, porque hay gente por todo lados (creo que dan cerveza gratis en algún lado). Apenas se puede pisar un poco de asfalto remoto, se le puede ver por las pantallas. Creo que ahora mismo está haciendo un monólogo.

 

Es una lástima, porque esta mañana he estado justo allí, y ahora podría estar en primerísima fila… bueno, da igual, ya le oiré cuando le inviten a noche sin tregua.

 

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si, esta es la octavilla chunga, que tengo ahora en mi casa

 

Como no tengo nada mejor que hacer, y andar es gratis hasta la próxima subida de impuestos, vuelvo a la zona más céntrica y hago un trozo de la ruta nazi, visitando las ruinas de una estación donde deportaban enemigos del estado y malvados comunistas. También una tienda de campaña con pinchos que es la prima-hermana rica que vive en la Moraleja de nuestras quechuas.

 

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la quechua grande

 

 

A estas horas de la tarde, porque ya son las cuatro o así, me estoy muriendo de hambre. Y mientras pienso donde comer y visito promociones de vivienda de protección oficial de los 50 (si, ya sé que es triste) me cruzo por el camino con nada más y nada menos que Rafa. Como Berlín es una ciudad pequeña…

 

Me cuenta que viene de visitar el museo de los instrumentos musicales (sic), y tampoco ha comido, así que vamos hacia el sur, a la zona (un poco más) turca de la ciudad, a comernos unos kebabs.

 

El kilometraje por hoy ya ha sido bastante, pero si alguno se cree que esto va a acabar aquí, ya puede ir poniéndose cómodo.

Porque nada más acabar de comer, nos tragamos de una sentada el todo el museo de la tecnología, con sus maquinas, barcos, trenes, aviones… Algo así como dos horas de pateada acelerada por un edificio inmenso, que se puede resumir muy rápidamente en tan recomendable como friki.

 

Vale, ya cierra el museo, y ¿ahora qué? Pues según la guía, tenemos abierto aún a estas horas el museo judío, y poco más… ¿Nos interesa la historia y cultura del ancestral pueblo judío? No especialmente… ¿Somos filonazis concienciados que quieren conocer a su enemigo? Pse… Rafa tiene algunos problemillas con los ortodoxos, pero los judíos no le escuecen demasiado… ¿El edificio del museo está construido por un arquitecto modernillo del star system, con formas extrañas y criticables y un dudoso discurso artístico que a nadie le importa? Premio.

 

No hace falta más, ahí voy yo, más feliz que un tonto con un palo.

 

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museo judio, de Libeskind

 

 

Otra hora larga de paseo por el museo, que bla, bla, bla de Sion, y bla, bla, bla de la diáspora, y bla, bla, blaaahh (bostezo) de las familias comerciantes… pero el edificio es chulo y los jardines molan.

 

(En este momento, creo que toca un disclaimer: a pesar de la fama que me gano por ahí, no soy ningún pirado fascista que canta el cara el sol al despertarse y conspira contra los judío-masones, it’s just for the show…)

 

Un último esfuerzo, y nos dejamos caer por Checkpoint Charlie (y las viviendas de Rem Koolhas y de Eisenman de por ahí…)

 

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Checkpoint Charlie y las viviendas de OMA. Si, ya se, a quién le importa...

 

 

Ahora sí, se empieza a hacer de noche, y Rafa dice que está agotado, así que se larga a dar una vuelta por el centro y para el albergue.

¿Y yo? Pues yo, aunque a pocos le interese a estar alturas saberlo, aun día algo más de guerra. Y tanto que la di. Fui caminando hasta el zoo, visite las ruinas de la iglesia bombardeada, visite la embajada de los países nórdicos para verla iluminada, y aun volví a postdamer platz para verla encendida por la noche, obteniendo a cambio unas fotos que luego la gente dirá que me he bajado de internet.

 

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Resultado de mi tour arquitectónico-cultural intensivo: 30 km caminados desde las 4 de la mañana (google earth dixit), La memoria de la cámara llena de edificios (no veas como pesa ahora), las piernas hechas puré y bueno, satisfacción y hambre a partes iguales.

 

Cuando volví al albergue, previo paso por otro kebab, pude contrastar mi día con las versiones equivalentes de Pablo y Jhirska: el uno ha visitado el zoo y ha dado unas vueltas por la zona, incluyendo alguna embajada también, el otro se ha pateado el barrio y se ha gastado sus euros en ropa de persona guay y no de vagabundo miserable. Todos parecemos satisfechos.

 

 

Y digo yo: ¿Nos vamos ahora de fiesta, de discotequeo por ahí? Sí, claro, parece buena idea… pero entonces doy un paso y caigo redondo al suelo, con las piernas paralizadas por el agotamiento. Prácticamente derrotado, y asustado por la posibilidad de trombos que lleguen al cerebro y se chiven a alguien de que no hay nada dentro, recurro a la medicina tradicional germana: cerveza.

 

Y así es como la última oportunidad de irnos de farra en serio de este viaje se diluye entre botellines verdes. A muchos les parecerá una desgracia y un ausencia injustificable. Sin embargo, a día de hoy, sigo sin arrepentirme demasiado. Me encanta irme de fiesta por ahí, y lo hago todo lo a menudo que puedo, pero estos viajes los planteamos de forma diferente.

 

Al final, las discotecas son todas parecidas, y exceptuando algún detalle, no creo que haya nada que no pueda encontrar en Barcelona de fiesta. Irnos de fiesta durante el viaje nos sirve solo para gastarnos nuestro escaso (muy escaso, a las pruebas me remito) dinero en copas de garrafonen, entender menos todavía a las dammen y para estar hechos polvos al día siguiente. Si te despiertas a las 12 y tienes un resacón que te cagas, no visitas demasiadas cosas, y me da bastante coraje irme a miles de kilómetros de casa y tener la sensación de que me pierdo cosas porque me da pereza levantarme del sofá. O salir de la quechua, según.

 

Mañana a primera hora recogeremos el chiringuito de nuevo, por última vez este verano. Esto toca a su fin y la verdad, joder, ya era hora.

 

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por favor... ¿Qué discoteca supera esto?

Editado por Exiliado

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Buenisimo!!!! No me acuerdo de los capitulos anteriores pero sabiendo que esta finalizado, el dia que tenga tiempo me lo vuelvo a leer.

Grande Berlin, y yo sin conocerlo.....

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Bueno me leí el diario, es buenísimo.Solo decir que soy del Prat y no reconozco el lugar ese pero cuidado donde acampáis porque la zona urbanizada más cerca al aeropuerto es un barrio un poco peligroso, son pisos de protección oficial, vamos lleno de gitanos… Por lo demás suerte en los próximos viajes!

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Bueno me leí el diario, es buenísimo.Solo decir que soy del Prat y no reconozco el lugar ese pero cuidado donde acampáis porque la zona urbanizada más cerca al aeropuerto es un barrio un poco peligroso, son pisos de protección oficial, vamos lleno de gitanos… Por lo demás suerte en los próximos viajes!

 

Gracias por leernos, la gente del foro que nos presta su tiempo es el verdadero sentido de estos diarios.

 

Respecto al Prat, no hace falta que lo jures, pase como un mes estudiando el urbanismo del Prat y ya se lo que se cuece por ahi... en realidad, no llegamos a salir de terrenos de Aena, simplemente nos apartamos del meollo del aeropuerto. Hemos comprobado con el tiempo lo curioso que resulta como algunos sitios quedan completamente abandonados de noche, vamos, que ni polvo se puede encontrar ahi, mientras que a lo mejor a 200 metros hay un nido de criminalidad y drogas... son muy curiosas las ciudades...

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