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Pasos Largos

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Día 13: Valladolid – MÉRIDA

 

 

Tu te has hecho un viaje por España y nos la estás intentando colar :ranting:

 

 

Qué puntazo el encontrarte gente conocida en los viajes.

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Día 13: Valladolid – MÉRIDA

 

 

Tu te has hecho un viaje por España y nos la estás intentando colar :bleh:

 

 

Qué puntazo el encontrarte gente conocida en los viajes.

Esto... entre tú y yo Pandus y que no se entere nadie más, realmente no fui a México, fue un viaje por la meseta central, empezando por Guadalajara y pasando por Valladolid y Mérida, y eso que al final decidimos no pasar por Salamanca... :lol: La verdad que había muchos pueblos y ciudades con nombres de los que existen en España, supongo que los pusieron los antiguos conquistadores.

 

 

Día 14: Mérida – CUZAMA – Mérida – México D.F.

 

Nos despertamos bastante temprano, a eso de las 8h00, para desayunar ya que empezaba a esa hora. El desayuno estaba preparado cuando llegamos: café, pan, mantequilla, mermelada, huevos revueltos, una rodaja de sandía, otra de melón y medio plátano. Me acuerdo porque estaba todo muy bien presentado.

 

Comimos y pudimos dejar nuestras mochilas en los blockers de la habitación, y nos fuimos a buscar a los italianos, que habíamos quedado con ellos para ir a visitar unos cenotes. Teníamos que ir hasta la estación ADO de Mérida para poder ir a Cuzama, el sitio que nos habían recomendado en la oficina de turismo el día anterior. Empezamos a mirar los horarios, pero como estaba todavía medio dormido ni me enteré cuando salían ni cuando llegaban. Solo recuerdo que Juan propuso un plan B para llegar donde queríamos, y era ir colectivo, así que al final hicimos eso. Lo tomábamos en la misma calle y nos costó 20 pesos.

 

El colectivo llegaba hasta el pueblo de Cuzama, y en ocasiones iban hasta la hacienda donde se encontraban los cenotes que queríamos visitar, como fue nuestro caso. ;) Al llegar conocimos a quien iba a ser nuestro guía, Hermenegildo, una persona encantadora. La visita nos costó 150 pesos, y el medio de transporte era muy gracioso: un carro que iba sobre raíles y tirado por un caballo. Más auténtico imposible. Eran los antiguos caminos por los que se transportaba la mercancía que producía la hacienda, y que en la actualidad le han dado este uso turístico.

 

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Montándonos en el carrito con Hermenegildo

 

 

El viaje no es que fuera muy cómodo, como es lógico los vaivenes y los culetazos te los dabas, pero era genial ir de esta forma. :D

 

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Mónica y Pasos Largos

 

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Juan y Estéfano

 

 

Y llegamos al primer cenote. Paramos para visitarlo, y vimos que Hermenegildo retiraba el carro de los raíles, puesto que era el mismo camino para los que iban que para lo que volvían, y había que dejar el camino libre. El nombre del cenote era Chelentun, era semiabierto y de 24 metros de profundidad. Había una escalera que te permitía bajar cómodamente a él.

 

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Bajando al cenote

 

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Bajando al cenote (foto de Juan)

 

Los italianos estaban sorprendidos porque nunca habían visto un cenote, al igual que yo cuando vi el primero en Valladolid. Hicimos unas cuantas fotos de rigor...

 

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Cenote Chelentun

 

...¡¡y al agua!! Se podía meter uno por una escaleras, o saltar desde una plataforma que estaría a unos 3 metros de altura. Como consejo: no os tiréis de esa altura de cabeza; yo como soy un poco cafre se me ocurrió y duele… ;)

 

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Pasos Largos antes de saltar

 

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Bañándonos en el cenote

 

 

El agua estaba buenísima, y como podéis ver en las fotos el agua cristalina; una pena el no haber llevado gafas de bucear. Unos guiris tenían y estuve a punto de pedírselas porque se veía un fondo chulísimo.

 

Terminamos de bañarnos, y nos fuimos a nuestro carrito, a proseguir la marcha hacia el siguiente cenote, el más lejano de todos (tienen la costumbre de parar en el primero, luego en el tercero y por último el que se encuentra en medio):

 

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Camino al siguiente cenote

 

Éste se llamaba Bolonchoojol, y era cerrado. Hermenegildo nos enseñó el hueco por donde entraba la luz al cenote y era precioso ver el agua tan azulada por ahí:

 

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Cenote Bolonchoojol desde una pequeña abertura

 

 

Tenía 34 metros de profundidad, y para entrar había que bajar por unas escaleras verticales en un hueco bastante estrecho, de hecho dejamos las mochilas porque no se podía entrar físicamente con ellas colgadas:

 

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Bajando por las escaleras

 

 

Llegamos a la plataforma, unas cuantas fotos de rigor y ¡¡cómo no!! A volver a bañarnos:

 

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Cenote Bolonchoojol

 

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Bañándonos en el cenote

 

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Bañándonos en el cenote

 

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Juan y Estéfano saliendo del cenote

 

 

Como podéis ver en una de las fotos, éste tenía una acumulación de piedras en los que se podía hacer pie; el resto era muy profundo. Detrás nuestra iba una pareja que venía con los padres de uno de ellos, llegábamos a un cenote y ellos aparecían después. Pues en éste vimos al padre, que tendría unos 60-70 años no solo bajar, que ya era bastante peligroso porque un resbalón y abajo, sino también bañarse. Olé sus narices… :cool:

 

Estuvimos otro ratillo y vuelta para ver el último cenote.

 

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Juan, Pasos Largos y Estéfano en el carro

 

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El camino de raíles

 

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El camino de raíles

 

 

Llegamos al cenote nº 2. Hermenegildo, como en las otras ocasiones, soltaba al caballó cuando estábamos llegando que él ya solo sabía donde tenía que irse, y nos frenábamos solos.

 

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Los carros

 

 

Este último cenote era más profundo. Había que tener cuidado al bajar porque había sitios con roca que resbalaba. Hicimos las fotos correspondientes y al agua. En éste había un árbol que les llegaba las raíces casi al agua:

 

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Monica observando el cenote nº 2

 

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Cenote nº 2

 

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Cenote nº 2

 

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Cenote nº 2 (foto de Juan)

 

 

En la foto de mi colega se puede ver lo cristalina y lo azuladas que son las aguas de los cenotes. En éste había una plataforma a unos 4-5 metros, así que desde allí nos tiramos, de pie lógicamente...

 

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Saltando

 

 

Los cenotes están geniales, aparte de ser preciosos como podéis ver en las fotos, es una sensación curiosa estar bañándote en ellos, así que si alguno va a la península del Yucatán que no dude en visitar alguno de ellos. ;)

 

Salimos y ya nos fuimos de vuelta. En el camino nos cruzamos con un carrito, y como éramos nosotros los que volvíamos nos tuvimos que bajar, retirarnos de la vía y dejar pasar al otro. Así es como lo tienen establecido, el que vuelve es el que debe dejar paso.

 

Seguimos el camino, y Hermenegildo se paró al lado de un eneken y nos comentó que por lo visto los mayas lo utilizaban para obtener la fibra; y éstos los cultivaban siendo conocido como el oro verde. Y comenzó a contarnos una historia. Nos dijo que en su familia eran 13 hermanos, y que todos dormían en el suelo. Harto como estaba de dormir ahí, a los 12 años le pidió a su abuelo que le enseñara a tejer una hamaca, y eso fue lo que hizo, fabricarse una como hacían los antiguos mayas. Tal y como él dijo, “quién le iba a decir entonces que esa misma años después le serviría como hamaca matrimonial. ^_^ Ya no la tiene, se fue deteriorando con los orines de sus hijos, pero podemos hacernos una idea de la resistencia de las hamacas de eneken. Pues mientras nos contaba esta historia cogió el trozo de una hoja de esta planta y empezó a sacarle las fibras para hacer una pulsera que le regaló a Mónica, previamente demostrarnos la resistencia de éstas.

 

Y llegamos al sitio de donde salimos. Además de los 150 pesos que nos costaba la visita, cada uno le dimos 50 pesos de propina a Hermenegildo por lo simpático y agradable que era, así que todo me costó 200 pesos. Mereció la pena. :)

 

Preguntamos si había llegado el colectivo, puesto que eran las 13h30, la hora a la que habíamos quedado con él, pero nos comentaron que no. Nos ofrecieron ir a pueblo en unos carritos tirados por bicicletas, pero dijimos que no. Mientras esperábamos si venía o no decidimos ver un poco los alrededores.

 

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La hacienda

 

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La hacienda

 

 

Viendo que no venía nadie Juan tuvo la idea de ir andando hacia el pueblo, ya que no estaba lejos. Así que 2 italianos, 1 mexicano y 1 español bajo un sol infernal andando por una llanura solitaria de la península del Yucatán se dirigían hacia la civilización… :P

 

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Caminando hacia Cuzama

 

 

Llegamos al pueblo de Cuzama, esperamos unos 10 minutos a que llegara el colectivo, más bien un minibús. Nos costó 14 pesos, y en el camino me quedé dormido; estaba reventado.

 

Llegamos a Mérida, y nos fuimos a comer al mismo sitio donde nos habíamos encontrado el día anterior. Serían las 16h00 y teníamos que darnos prisa puesto que Juan y yo teníamos que coger un vuelo a México D.F. Queríamos comida corrida, pero a esa hora ya no tenían; así que el mexicano y yo pedimos una torta, un bocadillito de carne en salsa con aguacate y algo más; total 24 pesos cada uno. Comimos corriendo y dejamos a los italianos allí comer tranquilamente; se habían propuesto venir al hostal para despedirnos.

 

Fuimos al hostal, nos duchamos, preparamos las mochilas y llegaron Estéfano y Mónica. Por lo visto se acababan de cruzar con Analis, una chica de Florida que conocimos en el hostal de San Cristóbal de las Casas. Parece que se confirma que Mérida es un sitio de reencuentro.

 

Nos despedimos de los italianos. Mónica me dijo que se me notaba triste, y era verdad… me estaba dando cuenta que mi viaje se acercaba a su final. :( Tomamos un taxi que nos avisó el dueño del hostal, y nos montamos para que nos llevara al aeropuerto de Mérida. El taxista era bastante simpático, de hecho nos paró en una nevería que él conocía porque Juan tenía ganas de una nieve; nos aconsejó de coco, así que yo me compré una de este sabor y de guanábana, que no sabría definir el sabor pero que estaba muy buena; el mexicano coco y mango e invitamos al taxista a un vasito de coco. En total las tres nieves nos costó 21,50 pesos.

 

Llegamos al aeropuerto y la carrera nos costó 80 pesos. Facturamos las maletas, nos terminamos las nieves y nos fuimos a embarcar. El vuelo era nacional, por lo que no había ningún control policial, aunque yo tenía preparado el pasaporte por si las moscas. La compañía se llamaba Volans, era de bajo coste que estaba empezando; el precio de los 2 boletos fueron 1.700 pesos, que ya Juan había comprado antes de que yo llegara a México. El vuelo salía a las 18h35, y su destino era Toluca, la capital del estado de México. Se encontraba cerca del Distrito Federal (México D.F.), la capital del país.

 

El viaje tuvo varios momentos graciosos y era cuando se disponía a hablar el comandante. Empezó diciendo: Buenas tardes damas, caballeros, chiquillas, chiquillos… Y empezó a hablar como si le estuviera contando a un niño pequeño que significaba estar a 3.500 pies de altura, que sería mucho más alto de lo que pudiera llegar Buzz Lightyear y cosas así. :lol: Como detalle, en estos viajes de bajo coste dentro de México sí reparten comida gratis: simplemente una bebida y una bolsa llenas de santurrones, hechos de maíz y trigo y que llevaban chile y limón ¡¡cómo no!! Siguiendo la recomendación de Juan, de beber pedí tequila con naranja.

 

El vuelo duró unas 2 horas, y en el aeropuerto de Toluca tomamos un autobús que nos llevó al barrio de Santa Fe de México D.F. Allí nos recogió Rubén, el hermano de Juan, que venía con Marta, su novia. Nos montamos en el coche, y empecé a darme cuenta de lo que es el tráfico en México D.F.; lo único que voy a decir que era impresionante. :wacko:

 

Nos fuimos a comer a un sitio donde hacían burritos, que es una comida típica del norte. Yo pedí un burrito mexicano, que tenía carne de res, aguacate, nopal (en mi tierra chumbera, en Granada he escuchado que palas, en otro lugar de España ni idea)… y estaba bastante bueno. Pedimos una cerveza de 1 litro para los 4 y nos pusimos a hablar. Tanto Rubén, que ya lo conocía del anterior paso por México D.F., como Marta me parecieron dos personas muy agradables. Todo nos costó 228 pesos, que pagamos entre Juan y yo.

 

Y nos fuimos a casa de Rubén a descansar. Marta ya se fue a su casa. Ya era tarde, y allí nos esperaba su gato, bueno el de su compañera de piso, que no nos dejaba tranquilos: si cogí algo de mi mochila, lo tenía encima, y le gustaba mucho jugar, pero el problema era que mordía… ;) Era gracioso, pero un poco hartible.

 

Llegamos sin hacer mucho ruido puesto que las compañeras de piso de Rubén estarían durmiendo. Nosotros dormiríamos en el salón, yo en el sofá y Juan en el suelo en una esterilla. Le dije que no me importaba dormir en el suelo, pero me calló y me dijo que no, que al sofá. El gato lo encerraron, a mi colega no le hacía gracia que lo tuviéramos por allí porque estaba muy nervioso y podría arañarnos la cara…

 

Recuerdo que cuando me tumbé para dormir tenía las piernas fatal por las picaduras de los mosquitos; si mal no recuerdo creo que fue por Tulum cuando me empezaron a molestarme bastante. Incluso en una ocasión Mónica se asustó al ver un bulto en mi pierna que era de una picadura. ;)

 

Y se acabó el día...

Editado por Pasos Largos

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Día 15: México D.F. – TEOTIHUACÁN – MÉXICO D.F.

 

El plan para este día era el siguiente: ir a ver las ruinas de Teotihuacán y posteriormente comer con Rubén y ver lo que me diera tiempo de Distrito Federal. Así que nos despertamos a eso de las 9h00, un poco tarde para todo lo que teníamos pensado hacer. ;)

 

Desayunamos, nos preparamos y nos fuimos a las ruinas Juan y yo. Al principio éste no iba a venir, de hecho tenía pensado salir ese día ya para Guadalajara, pero Rubén le dijo que se quedara, que mejor que no me dejara ir solo por la ciudad porque se me veía las pintas de guiri. Así que aguantó hasta el final. :P

 

Tomamos el colectivo, que en esta ciudad son unas furgonetas Volkswagen verdes, en las que te sientas en círculo en la parte de atrás y ya existen varias rutas ya establecidas pero sin las paradas definidas. Un detalle gracioso de éstos es que la puerta lateral la abre y cierra el conductor con una cuerda… :P El precio es de sólo 2,5 pesos; ya comenté que el transporte público en México D.F. es muy barato.

 

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Colectivos

 

 

Llegamos al inicio de la una de las líneas de metro; aquí había que tener cuidado con las mochilas, así que nos las pusimos delante. Compramos una botella de agua para el día, y nos fuimos a comprar los boletos: 2 pesos cada uno. El destino era la última parada: Indios Verdes. Tardamos unos 45-50 minutos en atravesarnos la línea entera.

 

Nada más salir de esta estación de metro, encuentras muchos autobuses en la calle, no es una estación como tal. Buscamos el que nos llevara a Teotihuacán y nos montamos en él. El precio del boleto fueron 28 pesos, y tardamos un buen rato en llegar, todo por un coche mal aparcado que no nos dejaba pasar y tuvimos que esperar a la grúa, todo esto a unos 100 metros de la entrada a las ruinas. Cuando nos dimos cuenta de donde estábamos parados nos dio bastante coraje. ;)

 

Y compramos la entrada para visitar las ruinas: 45 pesos, como siempre. Desde allí Juan me señaló lo que aparentemente era una montaña, pero que era una de las pirámides de las ruinas.

 

Al entrar, encuentras una explanada y allí vimos a unos voladores, típico de la región de Veracruz. Juan dijo que esperáramos a verlos, que eso era algo típico. Consiste en un poste se suben 4 personas, que son los llamados voladores, que estaban enrollándose la cuerda al palo. En un momento uno en lo alto del poste y se pone a tocar una pequeña flauta y a hacer algo de percusión, y posteriormente se descolgaron bajando dando vueltas mientras se desenrollaba la cuerda que los ataba. Fue curioso verlo:

 

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Voladores

 

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Voladores

 

 

Pero habíamos ido a ver las ruinas, así que nos dirigimos hacia ellas. ;) Entramos y pedimos un mapa. Al inicio de la visita lo que te encuentras es la llamada Ciudadela, y hacia la izquierda la Calzada de los Muertos, un largo camino que te llevaba a las dos pirámides de las ruinas: la del Sol y la de la Luna.

 

Comenzamos viendo la Ciudadela en la que existen hasta 15 basamentos piramidales,

 

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Ciudadela - Plataforma Adosada

 

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Ciudadela

 

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Ciudadela

 

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Ciudadela

 

 

Y comenzamos a andar por la Calzada de los Muertos, la cual es bastante larga: hasta 4 km. :o Tiene su final norte en la pirámide de la Luna, y el extremo norte aún no ha sido descubierto. Y no es siempre tal y como aparece en la primera foto, una simple carretera; te vas encontrando escaleras que tienes que ir bajando y subiendo para avanzar. En los laterales existen complejos arquitectónicos que corresponden a antiguos palacios y templos.

 

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Calzada de los Muertos

 

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Calzada de los Muertos

 

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Calzada de los Muertos

 

 

Y después de mucho andar, aunque no lo pareciera, llegamos a la primera de las pirámides, la del Sol:

 

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Pirámide del Sol

 

Tiene unos 63 metros de altura, siendo la segunda más alta de toda Latinoamérica, por detrás de una que se encuentra en Puebla. Los primeros estudios indican que fue base de un gran templo dedicado al Sol, aunque otros estudios dicen que la divinidad venerada fue Tlácoc el dios del agua debido a la existencia de un canal que circunda su base y haber encontrado enterramiento infantiles en sus esquinas, característicos de ofrendas dedicadas a este dios. :huh: Sea dedicada a uno o a otro, tengo que decir que es impresionante, es una mole que impresiona.

 

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Pirámide del Sol

 

 

Y nos dispusimos a subir las grandes escaleras que nos llevaban a la cumbre. La pirámide consta de 4-5 cuerpos, y entre unos y otros hay unos descansillos. Los escalones son un tanto altos, y no muy uniformes, por lo que costaba un poco subir. :wacko:

 

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Subiendo

 

¡¡Y llegamos a la cumbre!! Y nos hicimos la foto que todo buen escalador se hace al llegar a la cima para demostrar que conseguimos subir: :cool:

 

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Juan y Pasos Largos en la cumbre de la Pirámide del Sol

 

 

Descansamos un poco, e hicimos unas cuantas fotos desde allí arriba, porque las vistas del resto de las ruinas eran increíbles:

 

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Calzada de los Muertos, desde la Pirámide del Sol

 

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Calzada de los Muertos, desde la Pirámide del Sol

 

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Calzada de los Muertos y Pirámide de la Luna, desde la Pirámide del Sol

 

 

Y nos bajamos, había que visitar la otra pirámide, la pirámide de la Luna.

 

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Pirámide del Sol (foto de Juan)

 

 

Seguimos andando por la Calzada de los Muertos, y ya este tramo sí estaba asfaltado.

 

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Calzada de los Muertos

 

 

Y llegamos al final de la calzada que se abría en una plaza, de unos 150 metros de lado con varios edificios dispuestos de formas simétricas; y en uno de sus laterales la pirámide de la Luna.

 

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Playa Mayor y Pirámide de la Luna

 

 

En una esquina de esta plaza se encontraba el Palacio de Quetzalpapálotl, que todavía conservaba restos de pinturas:

 

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Palacio de Quetzalpapálotl

 

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Palacio de Quetzalpapálotl

 

 

Detrás de este palacio existe una salida, pero Juan quería ver un museo que habíamos dejado atrás y que se encontraba detrás de la pirámide del Sol, así que teníamos que volver por donde habíamos venido. Le dije que de acuerdo, pero que quería subir a la pirámide de la Luna, así que me esperó.

 

Antes de subir a la pirámide, subí a uno de los templos de los laterales para hacerle unas fotos desde allí…

 

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Pirámide de la Luna

 

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Plaza Mayor

 

 

Como se ve en la foto anterior, la pirámide de la Luna es más pequeña que la del Sol, y tiene una basamento piramidal delante adherido. No se puede subir hasta su zona más alta, teniéndonos que quedarnos en la plataforma de delante. Desde allí hay unas bonitas vistas de la Calzada de los Muertos y de la plaza mayor.

 

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Plaza Mayor, Calzada de los Muertos y Pirámide del Sol, desde la Pirámide de la Luna

 

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Plaza Mayor y Pirámide del Sol, desde la Pirámide de la Luna

 

 

Al bajar Juan estaba hablando con una de las mujeres que tenía un puestecillo que vendía aros y flechas, además de figurillas típicas, y le estaba contando que recordaba cuando ella era joven que jugaba en aquella zona, antes que se descubrieran todas las ruinas, y que lógicamente en aquellos momentos no se podían imaginar todo lo que tenían debajo. :huh: Por lo visto, la Calzada de los Muertos era la carretera por donde pasaba el autobús que iba al D.F.

 

Nos fuimos hacia el museo, que no os penséis que estaba cerca. Tuvimos que llegar a la altura de la pirámide del Sol, y desde allí todavía quedaba 800 metros por un camino. Entramos y la verdad que estaba bastante interesante, y en él había una gran maqueta de lo que sería la ciudad.

 

Y acabó la visita a las ruinas de Teotihuacán. Dejo esta foto de Juan, en la que sale un nopal (símbolo de México) y al fondo la Pirámide del Sol:

 

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Teotihuacán

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Y vuelta a México D.F. Volvimos a tomar el autobús (28 pesos), metro (2 pesos) y colectivo (2,5 pesos) y nos fuimos para el piso de Rubén. Allí estaban esperándonos él y Marta para ir a comer. Serían las 17h00.

 

Fuimos a comer a un sitio que estaba bastante cerca, que iba Juan pregonando desde hacía tiempo y en el que se hacía un pozole buenísimo, así que fuimos para allá. Aquello era simplemente el patio de una casa y prácticamente el único plato de comida que servían era el pozole, no era un restaurante como tal. Esta comida tenía maíz, cuyos granos bastantes más gruesos de los que estamos acostumbrados, jitomate (tomate) y carne de res o cerdo; te servían al lado un plato con rábano, cebolla y lechuga picada, por si querías añadírselos. También había nachos, y un par de salsas, una como es lógico picaba. Con las cervezas empezamos a hablar un poco de todo. Me comentaron que el pozole es la comida típica mexicana, común a todos los estados, y me preguntaron cuál sería la esapñola, y la verdad, no supe contestar... ;)

 

Pedimos un café de la olla (en mi tierra se llama de pucherete) y para acmompañar un dulce. Se estaba genial en el sitio, y la compañía muy agradable. :huh:

 

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Comiendo

 

 

Empezó a hacerse de noche, así que nos fuimos a casa de Rubén a dejar un par de cosas y a ver un poco el D.F. Serían las 19h30. Tomamos un taxi para ir a casa de Marta a por el coche, y la carrera solo nos costó 15 pesos.

 

Y empezamos a ver el D.F. Aquello era impresionante como conducen, es la ley del más fuerte, el que entra primero es el que tiene preferencia, los chilangos (como se les llama comúnmente a los del D.F.) se saltan a la torera las normas de tráfico. Como ejemplo, tuvimos que ir a una gasolinera a llenar el depósito y como estaba en el otro lado de la avenida, se dio un volantazo, cruzando los 4-5 carriles del sentido contrario. ;) Yo flipaba. Y vuelta lo mismo. La gasolina allí es baratísima, solo 7 pesos/litro, y el diésel no existe (dos tipos: 85 ó 92 octanos), pero para qué, con estos precios...

 

Llegamos al zócalo, una gran plaza del Distrito Federal en la que en su centro no hay nada, absolutamente nada. Es sitio de reunión, y de vez en cuando se hacen conciertos gratuitos de gente de la categoría y clase de Joaquín Sabina...

 

En uno de los laterales se encuentra la catedral, la cual es enorme. También el Palacio Presidencial, sede el presidente de la república de México, y el Palacio Municipal en otro lado. Como detalle, el primero es de un partido de derechas, y el segundo de izquierdas (en este país, al contrario del resto la capital suele ser de esta ideología); pues cuando se celebra el 15 de septiembre, día de la Independencia, cada uno la celebra por su lado, y suelen haber enfrentamientos entre los de un bando y los de otro. :wacko:

 

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Catedral

 

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Palacio Presidencial (el que no se encuentra iluminado)

 

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Palacio Municipal

 

 

Detrás de la catedral está el Templo Mayor, que son unas ruinas al aire libre donde se originó la ciudad de México. Esa zona es conocida como Tenochtitlan. El motivo por el que la ciudad se instaló allí proviene de una leyenda, que decía que se debía de construir una ciudad donde se viera un águila devorando una serpiente sobre un nopal, y dio la casualidad que fue en un lago. Así que lo que hicieron fue desecar el lago y comenzar a construir el actual México D.F. Si os dais cuenta, el escudo de la bandera de México es exactamente esto mismo: un águila comiendo una serpiente sobre un nopal.

 

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Templo Mayor

 

 

En uno de los lados había unos danzantes, grupos que se suelen reunir en este zócalo para ensayar danzas de las antiguas culturas prehispánicas. Llevan sonajeros en los tobillos y... bueno, mejor os dejo un vídeo para que os hagáis una idea mejor: :P

 

 

 

Y una foto:

 

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Danzantes (foto de Juan)

 

 

Nos volvimos a montar en el coche, y me dejaron ir delante para ver mejor la ciudad. Pasamos por delante de un ángel muy similar a uno que había en Berlín, y que curiosamente era la imagen de una de las postales que le devolví a Juan cuando llegué. Se la compró en aquellos entocnes por eso mismo, porque le recordaba al que existía en D.F. :P

 

Y después visitamos el Monumento a la Revolución:

 

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Monumento a la Revolución

 

 

Y era hora de irnos a tomarnos unas cervezas. Fueron dos rondas, que pagué yo como agradecimiento a todo lo que estaban haciendo por mí, y para gastar los pesos que me quedaban. :cool: Fueron 132 pesos + 8 pesos de propina. Mi capital se quedaba en 61 pesos, así que fuimos a un supermercado para comprar comida que tenía pensado traerme a España; fueron 3 bolsas de frijoles fritos ya hechos, una lata de flor de calabaza, 2 salsas y tortillas, ya que me dijeron que me podían durar hasta 10 días en el frigorífico. Total: 58 pesos. Me sobraron 3 pesos que me quedé de recuerdo...

 

Y para casa de Rubén a dormir. El viaje ya llegaba a su fin.

 

Esta sería mi última noche en México... :huh:

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Andaluz tenías que ser... contando las cosas con un año de retraso... ;) (me lo estáis pegando, pishaa!)

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Andaluz tenías que ser... contando las cosas con un año de retraso... :lol: (me lo estáis pegando, pishaa!)

¡¡Estimado alvin!! Ya me parecía raro que no aparecieras en algún momento.

 

Cierto..., soy un poco huevón y tenía que haberlo acabado antes ;), pero yo termino los diarios que empiezo, no como otros que tienen varios abiertos desde hace ya algunos años... :lol: , jejejeje

 

 

juas! jajajajaa Estuve ayer en una charla sobre mexico y Teotihuacan, y creo que tú das más datos que los que entendí de la charla XD

Pues quillo, la charla no tuvo que ser muy buena que digamos; tampoco es que yo diga mucho... :D

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Acabemos de contar el viaje:

 

Día 16 y Día 17: México D.F. – Madrid – Granada

 

Llegó la hora de volver a España, el viaje había llegado a su fin. :(

 

Nos despertamos temprano para que nos diera tiempo a preparar las maletas, y a mí a llegar al aeropuerto, ya que mi vuelo salía sobre las 12h00, por lo que deberíamos de salir a eso de las 9h00 de allí. Preparamos las cosas, nos pasamos las fotos, desayunamos y me despedí del compañero de piso de Rubén que se iba a clase. También del gato del piso, que menuda noche me había dado. Nada más acostarme noté un zarpazo suyo en la cabeza porque quería saltar al sofá, donde estaba yo durmiendo. :angry: Y de hecho lo consiguió, porque durmió conmigo; me di cuenta cuando en una de las muchas vueltas que uno da por la noche noto que estaba entre el respaldo y yo.

 

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El gato y yo

 

 

Nos hicimos una última foto en el piso de Rubén con el gato y al fondo el símbolo de los Pumas, equipo de fútbol favorito por los universitarios.

 

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Juan, el gato y yo

 

 

Cuando ya salíamos del piso, Rubén tuvo un bonito detalle conmigo y fue regalarme el libro que me había dejado durante el viaje “México Profundo” puesto que sabía que me hubiera gustado leérmelo; de hecho el día anterior me hubiera gustado parar en una librería para buscarlo, pero no nos dio tiempo. Ya el día de antes me lo intentó dar, pero le dije que no; este día insistió diciéndome que para él sería más fácil encontrarlo allí y que me lo tomara como un presente, y que si no lo aceptaba se iba a enfadar, así que al final me lo quedé. Todo un detalle. :D

 

Y nos fuimos en coche para el aeropuerto. Decían que había mucho tráfico, pero a las 10h00 ya estaba allí. Me dejaron en la puerta de las salidas internacionales y allí me despedí de Juan, Rubén y Marta, agradeciéndole todo lo que habían hecho por mí estos días, y deseando verlos algún día en algún lugar del mundo. :bye1: Habían sido 3 personas encantadoras.

 

Y ya me quedé solo. Me fui a facturar la mochila, pidiéndole a la chica que me pusiera frágil en ésta; las botellas de tequila debían de llegar enteras. ;)

 

Pasé el típico arco del detector de metales y fui a preguntar si tenía que visar mi salida del país, pero me dijeron que no hacía falta. Y mientras llegaba la hora del embarque, me puse a actualizar el diario, que estaba muy atrasado entonces.

 

Nos montamos en el avión, y éste estaba más lleno que el de la ida. Al lado mía había sentada una chica de Galicia, de una aldea cercana a Orense, que volvía después de haber pasado un mes en México con amigos que tenía allí, puesto que se había pasado 4 años viviendo allí con los padres.

 

El viaje fue normal, y más aburrido que el anterior; menos mal que la chica gallega era simpática y de vez en cuando charlábamos un poco. Aquí no daban periódicos y tardaban mucho en poner las películas. Además, también había que tener en cuenta que el trayecto era hacia el este, por lo que en pocas horas de salir ya se nos hizo de noche. La ruta yo creía que sería en línea recta, pero no, vimos que bordeaban la costa estadounidense y desde allí coger rumbo directo a Madrid. En el viaje actualicé el diario, comimos, de vez en cuando paseíto para estirar las piernas e ir por un zumito de piña, hablar con Diana, e incluso dar alguna que otra cabezadita.

 

Y llegamos a España. Serían las 5h20 hora española, pero para nuestros cuerpos, que todavía se regían con la hora mexicana, serían las 23h20. Y es lo que tienen estos vuelos con cambios horarios tan grandes; si en la ida viví un día de 30 horas, ahora me había tocado vivir uno de 17 horas. :huh:

 

Aterrizamos en la T-4 satélite, así que trenecito para la T-4 y allí me despedí de Diana, que tenía que coger otro vuelo para Santiago de Compostela. Yo me fui a por mi mochila y me fui para el metro, quería llegar a la estación de autobuses para coger uno para Granada lo antes posible. No sabía si a esa hora habría líneas funcionando, pero entre unas cosas y otras ya eran las 6h00 y cacho (o y pico), así que me monto y me fui hacia la estación Méndez Álvaro, puesto que desde aquí salían los autobuses mas tarde que desde Avenida América.

 

Y llegué para coger el autobús de las 7h30. Hablé con mi madre nada más montarme para decirle que seguía vivo y poco más. El resto es un viaje clásico para Granada: parada de descanso en Almuradiel y unas 5 horas de camino, en las que eché unas cabezaditas, víctima del jet-lag, y anoté las últimas anotaciones en el diario.

 

Atrás quedaba un gran viaje, y muchas vivencias y momentos inimaginables vividos, las cuales quedarán siempre en mi memoria y es algo que nunca nadie podrá arrebatarme. :rolleyes:

Editado por Pasos Largos

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Como final de este diario, uno termina poniendo sus conclusiones y qué le ha parecido el viaje, y es lo que voy a hacer ahora.

 

¿Cómo definir el viaje? Tengo una palabra que lo describe perfectamente: GENIAL. ;) Ya antes de empezar presentía que iba a ser grande, por lo que tuve presente que había que aprovechar cada minuto, y menos mal que lo hice porque no me podía imaginar lo magnífico que sería.

 

México era un país que al principio no me llamaba nada la atención, de hecho fui porque tenía allí a un colega, a Juan, y la verdad que me alegro de haberlo hecho por muchos detalles. Lo primero que tengo que destacar de allí son su gente, todas superamables y encantadores, todos hablan con todos y siempre con una sonrisa. También hay que nombrar la comida: buenísima, además de exótica para nosotros… ¿quién me iba a decir que iba a comer insectos allí? :bleh:

 

Los lugares que visitamos fueron todos preciosos, algunos por su arquitectura y forma, como Guanajuato con sus casas de miles de colores; y otros por el ambiente que en él se respiraba, como Chiapas con sus indígenas y ambiente revolucionario. Y por supuesto las ruinas de civilizaciones prehispánicas, un sueño de pequeño que en este viaje tuve la gran suerte de cumplir. ;)

 

Pero un viaje no se basa en los sitios que visitas, sino también la gente nueva que conoces y los grandes momentos que puedes vivir con ellos, y se confirma que los hostales y albergues son lugares increíbles para ésto. ¿Hay algo más bonito en un viaje que lo que nos ocurrió en San Cristóbal de las Casas cuando salimos de marcha un grupo en el que había alemanes, estadounidenses, italianos, mexicanos y españoles, y que además no nos entendíamos entre nosotros? :lol:

 

Por supuesto hay que destacar a Manolo y Carlos, los chicos catalanes, además de los italianos Mónica y Estéfano, unas grandes personas las 4. Fue gracioso volver a encontrarnos en Mérida los 6 después de varios días sin vernos; mola reencontrarte a gente en los viajes, es una bonita sensación. :) Tampoco me puedo olvidar de Rosa, la guapa mexicana que tuve la suerte de conocer en Guanajuato. ;)

 

Por último, y no me enrollo más, Juan fue un anfitrión perfecto; nunca sabré agradecerle lo bien que se portó conmigo y todo lo que hizo por mí en este viaje. Gracias a él pude estar más inmerso en la cultura mexicana, en lo diario y cotidiano. También a su hermano Rubén, siempre me acordaré de él cuando vea el libro que me regaló. :P

 

Por todo esto fue un gran viaje, uno increíble. Tengo que contar una cosa que me ocurrió cuando me volvía a España, y que no me ha pasado a fecha de hoy nunca más, y era que me quería quedar, no quería volver. En todos los viajes siempre llega un momento en el que, aunque te gusté mucho lo que estás viendo y viviendo, pues tienes ganas de volver a tu casa. En esto no ocurrió nunca, de hecho me planteé seriamente quedarme y no volver, me encantaba el país, sus costumbres y su gente. ¿Por qué no quedarme? Al final volví…

 

Al final de todo esto me quedo con la gran suerte de haber vivido un viaje así, lleno de grandes y buenas experiencias y momentos que nunca nadie podrá quitarme… :D

 

:bye2:

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Yo no es que participe ya mucho tampoco por aquí (me da, pasitos, que por motivos similares a los tuyos, pero esa es otra historia :bleh:) pero no podía resistirme a comentar el final de tu diario de México. Lo primero, te voy a dar un poco de jabón. Eres una máquina, chaval! Terminas todos tus diarios, y pones una cantidad de información en ellos que lo flipas. Me he leído el final y releeído algunas partes, como la de Guadalajara y Guanajuato (ahí también estuve yo hace casi un año) y está bien recordar lo que tú has visto a través de los ojos de otros. El resto del diario me ha dado ganas de volver a México para ver más. Creo que se puede decir que conociste un poquito la esencia del país, el viaje fue muy completo, pero el estar con gente de ahí también enriquece mucho.

 

Por todo esto fue un gran viaje, uno increíble. Tengo que contar una cosa que me ocurrió cuando me volvía a España, y que no me ha pasado a fecha de hoy nunca más, y era que me quería quedar, no quería volver. En todos los viajes siempre llega un momento en el que, aunque te gusté mucho lo que estás viendo y viviendo, pues tienes ganas de volver a tu casa. En esto no ocurrió nunca, de hecho me planteé seriamente quedarme y no volver, me encantaba el país, sus costumbres y su gente. ¿Por qué no quedarme? Al final volví…

 

Las dos veces que he estado en Latinoamérica (Venezuela y México) me ha pasado lo mismo que a tí, por qué será!

 

A ver si hablamos, Pasitos!

 

Besos!

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