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Merhaba a todos/as,

 

Ya estoy de vuelta de mi viaje por Turquía. El viaje ha sido una auténtica pasada. Al lado de los superviajes de los foreros/as de este año, no ha sido nada, pero mi intención es dejaros unos datos prácticos y mi diario de viaje antes de que el trabajo me sepulte y tal vez vuelva a desaparecer del foro.

 

Espero que los que no habéis podido salir lo hagáis en el futuro y que la guardia y custodia del foro no se os haya hecho muy dura. Los que continuáis en ruta aprovecharlo bien. Y a los que ya estáis de vuelta, pensar que queda un día menos para nuestro próximo viaje.

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Turquia, llevo mucho tiempo deseando ir y todavia no he ido, a ver si nos deleitas con un buen diario que me sirva de ayuda para cuando vaya a Turquia.

 

Un saludo!

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esperamos ansiosos este diario!!!! acabo de pasar por algunos sitios de turquia y me quedan muchas muchas ganas de volver... mientras tanto disfrutare de lo que nos cuentes.... :lol:

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Antes de empezar con el diario propiamente dicho vamos con algunos datos prácticos sobre Turquía.

 

Documentos de entrada: Necesitamos el pasaporte y un visado que consiste en una pegatina que compramos en el aeropuerto antes de pasar el control de pasaportes por 10 euros.

 

Precio de la comida:

 

En un restaurante con platos, cubiertos y mesa desde algo menos de 6 euros hasta lo que te quieras gastar :rolleyes: . Tomarte un kebab en plan cómida rápida te puede constar unos 3 euros acompañado de una coca cola. Los precios pueden ser ligeramente superiores en Estambul o zonas muy turísticas. En los supermercados no obtendrás mucha ventaja de precio. Ah, no olvidaros de probar las roscas de pan con semillas de sésamo , creo que se llaman simits, de los puestos callejeros por menos de 30 céntimos.

 

Precio de la bebida:

 

La botella de agua de 1,5 litros oscila entre los 40 y los 60 céntimos. El té normal alrededor de 60 céntimos, el té del turista (té de manzana) unos 85 céntimos. Si prefieres el café, el turco te costará un 1,15, lo mismo que el instantáneo. Conseguir un cafe espresso sale algo más caro, alrededor de 1,40 euros. Pasamos a los alcoholes. La cerveza nacional, Efes Pilsen, cuesta unos 85 céntimos comprada en supermercado y fresca. Y algo menos de 1,50 el medio litro en un bar. La especialidad local, el raki, cuesta entre los 2,30 y los 4 euros.

 

Alojamientos:

 

En líneas generales, no es muy difícil encontrar alojamiento en Turquía. En casi todos los lugares tendremos gente ofreciéndonos alojamiento casi nada más bajarnos del autobús. En el pueblo de Goreme, en plena Capadoccia, encontraréis una oficina de alojamiento, dónde poder encontrar alojamiento. En Estambul, en la explanada de enfrente de Santa Sofía giráis a la derecha y localizáis una señal que pone Museo Santa Sofía y Topaki, volvéis a girar a la derecha y encontraréis el barrio mochilero. Tropecientos mil albergues, unos mejor que otros, dónde poder encontrar una cama. Los precios, entre 10 y 15 euros por una habitación en un dormitorio en Estambul. Por entre 5 y 10 euros se encontrará una plaza en un dormitorio en el resto del país. Los alojamientos en pensiones se pueden encontrar a partir de 20 euros en Estambul y desde los 15 en el resto del país.

 

Transporte

 

Personalmente, he usado el transbordador, ferry, de Estambul a Bursa y la verdad es que es buen ferry cómodo y seguro; el resto de desplazamientos los he realizado en autobús. El sistema de autobuses es sencillamente magnífico. Los autobuses cuentan con azafatos, y te ofrecen agua, té o café más alguna chorradita para picar. Unen prácticamente cualquier punto del país con una frecuencia horaria que cubre casi todas las necesidades. El precio, para desplazamientos cortos unos 15 euros y para los largos alrededor de 25. Ojo, en los autobuses siempre elegir alguna de las compañías grandes. Se nota cierta diferencia y el precio no es mucho mayor. La experiencia de este cronista le hace recomendar a Metro y a Kamil Koc. Del servicio de ferrocarril, las referencias que he podido recoger de otros viajeros no son buenas, excepto para el tren nocturno Estambul - Ankara. Los autobuses cuentan con servicios de servis que nos llevan de la población grande a la más pequeña. Por ejemplo, de Izmir a Pammukale, no llegamos directamente hasta esta localidad, sino que paramos en Denizli y un servis, minibus cutre muchas veces, nos lleva a Pammukale. Estos minibuses cobran un protagonismo absoluto en la zona de la Capadoccia. Van de pueblo a pueblo y entre medias paran dónde dicen los pasajeros. También hay que tener en cuenta que en las ciudades grandes la estación de autobuses suele estar alejada del centro. Por ejemplo, desde la Estación de Estambul al centro, Sultanhamet, tardaremos unos 45 minutos en transporte público.

 

Transporte desde el Aeropuerto Internacional Ataturk de Estambul o la Otogar (estación de autobuses) a Sultanhamet

 

Desde el aeropuerto, tendréis que cambiar de la terminal internacional a la nacional y seguir las indicaciones a la estación de metro. La línea es la misma que tiene parada en la Otogar (Estación de autobuses) Una vez en el metro, en cualquiera de los dos casos, tenemos que parar en la estación de Aksary. Salimos a la calle y giramos a la derecha. Veremos una bocacalle. La pasamos y si lo hemos hecho bien encontraremos un paso elevado. Subimos por las escaleras y nos dirigimos a la taquilla. Nos fijamos en los carteles y bajamos por donde ponga Sultanhamet. Esperamos al tranvía número 38 con la indicación Kabatas y nos bajamos en la parada Sultanhamet. Precio : 1,5 euros, 75 céntimos en el metro y otros 75 en el tranvía.

 

Seguridad

 

En líneas generales considero que Turquía es un país seguro. Sin embargo hay que hacer alguna salvedad. Aunque no me ha pasado nada ni he conocido a nadie que le pase, en el albergue de Estambul había un cartel que nos advertía a los huéspedes hombres que se te pueden acercar tipos a ofrecerte a tomarte algo en determinados bares, normalmente acompañados por una chica espectacular con la que sorprendentemente ligas, te invitan a unas copas y cuando te quieres ir el precio es sumamente desproporcionado, y te lo piden un par de 4x4 con maneras dulces. También es importante tener en cuenta el estado de las carreteras turcas y la temeridad de muchos conductores a la hora de alquilar un coche, por lo que hay que extremar la precaución y conducir a la defensiva, LonelyPlanet dixit. Ah, existe una ley de lesa majestad por la que si te metes con Ataturk, la bandera turca u ofendes a la nación te meterás en un lío gordo. Aunque no es un problema propio de seguridad, en Estambul nos encontraremos mucho pesado que nos intentará vender cualquier cosa. Paciencia, educación y contundencia si no nos interesa.

 

Bueno, mañana me pongo con el diario y si necesitáis algún dato práctico más me lo comentáis e intento responder.

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Diox q buen comienzo de diario...

 

Te sigo, q junto a kelibia tb he estado por alli hace muy muy poquito.... ;)

 

Q recuerdos...y madre mia q buenos están los turcos...xDDDDD

 

Ah, no olvidaros de probar las roscas de pan con semillas de sésamo , creo que se llaman simits, de los puestos callejeros por menos de 30 céntimos.

 

Por fin se como se llaman!!! y yo pensando q se llamaban "doners" o algo asi....XDDD

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Bueno, ahora sí, empiezo el diario de verdad.

 

DÍA 1 7 DE AGOSTO DE 2007

 

La alarma del móvil suena a las cinco y cuarto de la mañana y no tengo ganas de enseñarle a volar. ¡Me voy de viaje! Quién si tiene ganas es mi pobre padre que se ofreció de taxista voluntario y ahora seguro que se arrepiente. A eso de las 6 de la mañana llego a la modernísima y fastuosa T4. Mostrador de facturación y trámites de rigor y traspaso a la T4S en el tren fantasma ¿Dónde está el conductor? Ah, es un tren automático, no hay de que preocuparse. Por fin llega el momento de embarcar. He pedido ventanilla, y compruebo que me han dado ala. :bleh: También compruebo que Iberia sigue con un proceso de acortamiento de la distancia entre asientos directamente proporcional al aumento de la estatura media e inversamente proporcional a la comodidad de la T4. Por lo demás no hay mucho problema, me quedo dormido y sólo me despierto cuando huelo la comida. Afortunadamente resisto al sueño y puedo ver desde las alturas, y con un movimiento contorsionista de cuello que me permite salvar el ala, al amenazante y bello Vesubio.

 

Llegamos a Estambul con 15 minutos de adelanto y me pregunto cuántos puntos le habrán quitado al piloto. Pensamiento tan absurdo, desaparece cuando monto en el taxi camino del hostal. El conductor es turco total: estatura media, barriguita y mostacho. Le entrego la dirección escrita en un papel, porque de inglés nada. En ese momento mete primera con decisión y estamos a escasos milímetros de empotrarnos con otro taxi amarillo. Afortunadamente el coche tiene cinturones de seguridad y me lo pongo y aprieto con fuerza. Primer semáforo. Pasamos a verde y salimos más rápido que Fernando Alonso perseguido por Lewis Hamilton. Sorteamos coches a derecha e izquierda, frenando siempre en el último segundo, cuando nuestro oponente nos ha ganado la posición irremediablemente. 25 minutos de infernal carrera hasta que llegamos al hostal. Os juro que el viaje dura 10 minutos más sin piñarnos y acabo alabando a Alá en la Mezquita Azul.

 

El hostal que llevaba reservado, único del viaje, era el Bahaus GuestHouse. La primera impresión no es mala. El recepcionista está hablando con un huesped. Pronto me doy cuenta de que le está dando un curso acelerado de insultos en turco. Bueno, no tan pronto, porque tarde unos 5 minutos en entender que no se estaba metiendo conmigo. Relleno la ficha de rigor y llego a la habitación. Está limpia y las literas son cómodas y tengo internet gratis. La decepción llega al llegar al baño. La ducha perfecta y el lavabo también. Pero la taza del vater tenía un sospechoso color negro en el fondo. Sin lugar a dudas, la vieja escobilla del váter no se usa. No pensemos mal, seguro que el encargado o encargada de limpiarlo no le han provisto de las instrucciones que tan sofisticado instrumento necesita para su correcto manejo. Lo digo en recepción y el tío pone cara de I don't understand.

 

Después de una horita de siesta, salgo a dar un primer garbeo por Estambul. Estoy muy cerquita de la Mezquita Azul y de Santa Sofía y en menos de 5 minutos estoy allí. La primera impresión es un impacto. Me quedo anodado casi babeando. Especialmente con la Mezquita Azul que tiene un efecto hipnótico que me hace mirarla una y otra vez. Me acerco para verla un poco más de cerca y me saca de mi encanto un limpiabotas que se tira literalmente a mis pies. Comienza con el proceso de limpieza de mis zapatillas y como mi educación ha reprimido casi completamente mis instintos violentos soy incapaz de darle una patada en la boca y espero a que termine el proceso. Mientras tanto hablamos del reciente fichaje de Roberto Carlos por el Fenerbache. Poco a poco empezamos a hablar de Turquía y al final el asalto acaba mereciendo la pena, porque ese hombre al que hace un rato hubiera partido la boca, me acaba asesorando como el mejor agente de viajes sobre distintos lugares de Turquía, cómo llegar a ellos o dónde encontrar alojamiento. Al final, y después de un intenso regateo, esa información me cuesta 5 liras turcas o 2,85 euros.

 

El hambre aprieta y busco un lugar para comer. Subo por la calle que va paralela a la vía del tranvía y entro en una especie de taberna. Pido una pizza turca y una coca cola. No sé que llevaba la pizza pero picaba de narices, por lo lo que la Coca Cola dura poco y hay que pedir otra. Mientras como consulto la guía para elegir que visitar en esta primera tarde. Me decido por la Cisterna de la Basílica.

 

Tras un breve paseo llego a la entrada de la cisterna. Pago las 10 liras turcas de la entrada. Unas escaleras te llevan al subsuelo. Poco a poco va bajando la temperatura y se agradece bastante porque Estambul me ha recibido con un calor muy pegajoso. Lo primero que me sorprendió fue un hilo musical tipo chill - out, que unido a la tenue iluminación le daba a aquello un aire de atracción de parque temático. Olvidándome de la pésima idea de algún lumbreras de acondicionar aquello de manera guay, en vez de respetar su ambiente original, la verdad es que me gusta. Especialmente dos columnas, una es la columna de los deseos y otra una verde turquesa con una cabeza de medusa boca abajo. Me quedo un rato largo disfrutanto del fresquito y viendo el cabezón de la medusa. Al salir me encuentro con un equipo haciendo un reportaje de moda con todo el mundo pasando por allí. Viendo esta imagen, a uno le puede parecer que la mujer turca tiene el mismo nivel de libertad que el resto de las europeas, pero como pude comprobar el resto del viaje, esto no es así para muchas mujeres turcas.

 

Una vez fuera de la cisterna, decido continuar la visita por el Hipódromo. En condiciones normales este camino no son más de 5 minutos, pero con mi capacidad de perderme en un ascensor, tarde en encontrarlo cerca de una hora y media. Cuando por fin lo encuentro, lo único que se puede ver son dos obeliscos, uno al estilo del que que podemos encontrar en París y otro de época romana. Por lo visto los romanos celebraban aquí carreras de carros y era uno de los lugares dónde se decidió en pequeños cenáculos el futuro de la ciudad de Estambul y de los mil imperios que lo han tenido como capital. Decido sentarme un rato y observar. Sorprende mucho ver a mujeres con el niqab, completamente tapadas. A primera vista puede parecer que son turcas, y alguna habrá desde luego, pero mayoritariamente son mujeres de de la Península Arábiga que siguen viviendo encarceladas como en la Edad Media mientras sus hijos, sí hijos no es genérico masculino, y sus maridos pueden vestir perfectamente a la occidental. Las mujeres turcas iban con o sin pañuelo, aunque la mayoría visten de una manera más recatada que las europeas.

 

Entre pensamientos la noche se echa encima. Estoy muy cansado y acabo cenando en un McDonalds. En Turquía es un pecado capital, porque la comida local tiene mejor sabor y más calidad, como en casi cualquier parte del mundo, pero además es más barata. Cena rápida y una vuelta rápida por los alrededores del Hostal. Hay muchos bares y muchos restaurantes en una zona cien por cien mochilera, con un ambiente muy majo. Pero hoy estoy cansado y habrá días para disfrutar. Llego al albergue, me doy una ducha, empiezo a leer Nieve de Ohmar Pamuk y dejo que Morfeo me vaya meciendo entre sus brazos. Mi aventurilla turca acaba de empezar.

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