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preso

Interraíl en pareja por la zona C

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Hola a todos. El pasado mes de Agosto (en la 2º quincena) caperucita y yo hicimos el interraíl por la zona C. Bueno, en realidad fue por Alemania, Austria y Suiza porque en Dinamarca no estuvimos. Fue una experiencia genial, una forma de viajar única y una prueba también para una pareja, jeje (que superamos).

Hemos decidido contar lo que nos pasó en esas dos semanas en las que cogimos unos 23 trenes, visitamos más de una docena de ciudades y en las que nos comimos más de un kebab. Esperemos que os divierta y que os anime a recorrer esta magnífica zona interrailera.

Un saludo a todos.

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Miércoles 16

 

Nos depsertamos al alba y salimos de Murcia a las 8 llegando a la T4 de Barajas a las 12:30 (cortesía del Ibiza de mis padres). Nos encantó la nueva terminal pero no tanto los 5 € que nos clavaron por embalar las mochilas. No os lo recomendamos.

Estuvimos unas 3 horas esperando el vuelo de Iberia mientras nos comíamos unos bocatas. Yo convencía a Caperucita de que el avión en el que íbamos a volar era un Yakolev 42, acrecentando su miedo a volar. Ella pasó las dos horas y media de vuelo apretando su bola antiestrés, pero no fue nada para lo que pasó a la vuelta (en el último capítulo os lo contaremos).

Llegamos a Dusseldorf y cogimos nuestro primer tren hacia Colonia. No nos pidieron el billete (con las ganas que teníamos de estrenarlo) pero tuvimos el primer problema porque nos sentamos en primera y una mujer alemana nos explicó amablemente que allí no se podía.

Llegamos a las 20:15 a Colonia, con su catedral (impresionante es poco) junto a la estación. Encontramos fácilmente el albergue, que estaba muy céntrico. Y nos instalamos. Aquella primera noche de interaíl la íbamos a pasar con dos francesas y dos chinas en la habitación.

Después de acomodarnos fuimos a dar una pequeña vuelta por el centro y cenamos en Frü, una taberna típica alemana laberíntica. Regamos la primera salchicha y el queso artesanal con una cerveza Kolsch, la típica de Colonia, que estaba muy rica. En este bar Caperucita descubrió un WC diseñado por la NASA (sic).

Después de dar una nueva vuelta por el centro, donde vimos la inmensidad del Rhin (eso es un río y no el Segura) y una taberna española típica, nos fuimos a acostar tempranito.

Os dejo una foto de nuestra cena en Frü, taberna que os recomendamos en Colonia.

 

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En nuestro honor tengo que decir que esa foto no nos hace homenaje...en fin.

Pues sí, el yakolev 42 en el que volábamos me dió un poco de miedo, pero ahí estaba preso para tranquilizarme (aunque dejara su brazo rojo de tanto apretar)

 

Colonia me pareció preciosa, aunque sé que no es demasiado popular en este foro. La catedral es impresionante, y el barrio céntrico, donde están los bares, es muy bonito, en especial la arquitectura de las casas (que luego descubrí la típica en Alemania), que a mi me pareció preciosa.

Fru es un sitio que recomiendo para una primera comida típica alemana; nuestra primera salchica regada con cerveza fue deliciosa.

 

El albergue no estuvo del todo mal, pues las chinas no hicieron ruido, y las francesas tampoco. Además había muy buen ambiente. Una pena que en este primer día no pudiéramos contemplar la catedral más tranquilamente, pues se hizo de noche pronto, pero lo subsanamos a la vuelta...

 

Próximo capítulo: los murcianicos viajan a Hamburgo y se van de excursión a Lubeck

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Está bastante bien este comienzo. Aunque si copiaráis un poco de madi poniendo el presupuesto, el nombre del albergue y todo ya sería la repera.

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Gracias Carbayon. El presupuesto diario no lo recuerdo, pero el total fueron unos 500 euros y pico en los 15 días que estuvimos (más el vuelo y el billete de interraíl). El albergue del primer día era el Station Hostel de Colonia. Seguimos....

 

Jueves 17

 

Nos despertamos sobre las 7:45 y tras ver a una de las chinas rezándole al sol (y volverse a acostar después) desayunamos en el albergue. A las 9:10 cogimos el tren hacia Hamburgo. Compartimos lugar en el vagón de fumadores (era el que más vacío estaba) con una niñita rubia y su abuelo. El buen hombre comenzó a roncar como una bestia parda, jaja, todo el vagón mirándole y riendo.

 

Ya en Hamburgo (sobre las 13:00 llegamos) nos equivocamos de línea de metro, pero al final llegamos a la parada del albergue (el A&O Hostel). Comimos un plato de kebab (el primero) y queso feta al horno en un griego cercano y descubrimos que en Alemania el agua mineral es por definición con gas. Llegamos al albergue, nos instalamos y vimos que compartíamos una estrecha habitación con ornitólogos italianos.

 

Nos dirigimos al centro y empezamos la visita a Hamburgo por la Torre de TV (para mí, "el chupa chups"). Luego en el jardín de plantas y flores estuvimos un buen rato dando un paseo y montándonos en atracciones infantiles muy logradas (ojalá las hubiéramos tenido de críos). Nos encantó este jardín y sus lagos.

 

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Luego bordemaos el lago pequeño del Alster y fuimos a la plaza del ayuntamiento, lo mejor de la ciudad. Callejeamos por el centro y subimos a la torre de la destruida iglesia de San Nicolás. Tras la vista de la ciudad nos tomamos una birra mientras un grupo de jazz ensayaba y visitamos la iglesia de San Miguel. En ella vimos otro ensayo, esta vez del impresionante coro. A continuación nos dirigimos a St. Pauli, el barrio rojo repleto de prostitutas y de restaurantes.

 

Bajamos al muelle a la orilla del Elba (otro río diez veces más grande que el Segura) y tras dar un paseo por él cenamos un bocata de pescado empanado regado por más agua mineral con gas. A partir de aquí decidimos llenar la botella en los baños cuando pudiéramos. Ese día nos acostamos sobre las 23h.

 

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Editado por preso

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Hamburgo es una ciudad algo fea, aunque al ser al principio del viaje, nos impresionó bastante. La visita a los jardines es imprescindible y el barrio rojo está lleno de vida (y no sólo de la que pensáis). Aunque mejor agarráis bien el bolso.

 

En la plaza del ayuntamiento había una feria de vinos y tapas, aunque no probamos nada porque el presupuesto se nos escapaba, aún así si váis por esa fecha no os lo perdáis.

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Viernes 18

 

Nos despedimos del albergue y tras desayunar en la estación de Hamburgo dejamos las mochilas en la consigna. Partimos en un tren hacia Lübeck. Llegamos a esta ciudad sobre las 10 y comenzamos la visita. La ciudad fue la que menos nos gustó del interrail. No tenía nada especial a pesar de lo que nos habían dicho en este foro. Fuimos a un museo y nos tomamos una birra en una terraza y vimos el centro. Caperucita se compró unas zapatillas por 10 euros porque las suyas le hacían daño.

 

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En el tren de vuelta a Hamburgo iban cientos de reclutas o soldados jovencísimos (unos 18 años de media) que se pusieron por todo el tren. En Berlín compramos unos bocatas de salmón y lechuga y cogimos el tren rumbo a Berlín.

 

Llegamos a la capital alemana sobre las 4, a la estación central. Es muy nueva y moderna, pero tan sumamente grande (hay varias alturas) que nos perdimos varias veces. Conseguimos encontrar el lugar donde se vendían los billetes y compramos dos para el nocturno del domingo Berlín-Viena. Nos costaron 25 euros a cada uno (ya hablaré de los nocturnos) y nos dijeron que salía del aeropuerto de Schonefeld, a las afueras de Berlín.

 

Llegamos al albergue Happy Bed Hostel, en el apartado barrio de Steglitz. No nos lo creíamos cuando vimos que por poco precio (13 € cada uno creo) teníamos una habitación doble para nosotros solos que aprovechamos bien... Tras descansar nos fuimos para Oranienburgstrasse en el cercanías (que en Berlín funciona como un metro). Esta calle está llena de restaurantes pijos y entramos en un cubano (QBA se llamaba) donde comimos una de las mejores cenas de nuestro viaje. La comida no era muy cara, pero nos clavaron 5 euros por una botella de 75 cl de agua mineral.

 

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Después paseamos por la calle y descubrimos Tacheles, un edificio ocupado por artistas alternativos. Allí vimos varias exposiciones y nos tomamos unas birras. Había muy buen ambiente en el patio trasero y en el edificio y la verdad es que nos encantó.

 

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Volvimos al albergue sobre las 23:30 y a descansar para afrontar nuestro segundo día en Berlín.

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Sábado 19

 

Al despertar disfruamos del excelente desayuno del albergue y nos hicimos unos bocatas para el almuerzo con lo que sobró. Comezamos la visita en la torre de la TV berlinesa (todas las ciudades alemanas tienen un chupa chups de estos). Después vimos por fuera la catedral junto a la cual había unos trileros intentando timar a la gente... pero los ganchos eran demasiado exagerados.

 

Ya en la isla de los museos entramos en el Pergamonmuseum que nos sorprendió por su reconstrucción perfecta de obras arquitectónicas griegas, romanas y babilónicas y por la excelente audio-guía (incluída en el precio de la entrada). Tras comernos el bocata nos fuimos hacia el Unterdenliden, la gran avenida berlinesa, atajando por un mercadillo pintoresco. En la plaza de las dos catedrales (francesa y alemana) había una especie de palos de golf gigantes en los que me encaramé un rato.

 

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Después fuimos al cercano Checkpoint Charlie y comimos una típica salchica al Curry en un restaurante con sabor a la RDA. Tras tomar un Frapuccino en un Starbucks, donde me choqué con un armario alemán que no sabía si pegarme o pedirme perdón (me tuvo unos segundo agarrado ;) ) volvimos al Unterdenliden. Al final de esta avenida vimos la puerta de Brandemburgo y nos dirigimos al Reichstag. Esperamos unos 40 minutos de cola al sol pero mereció la pena porque la cúpula es impresionante y las vistas igual.

 

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Tras pasear por la orilla del río volvimos al albergue y cenamos una suculenta cena made in Lidl. Hicimos la colada y salimos a tomar unas cañas. Oímos algo que nos descolocó: un concierto de Ojos de Brujo¡¡. Seguimos la música y llegamos a lo que resultó ser una fiesta española hecha por los del barrio. Estaban poniendo música y tapas a diestro y siniestro. Tras unas pintas y una partida a los dardos en un irlandés cercano nos retiramos a nuestra habitación.

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Tras visitar Berlín, la sensaciòn que me quedó fue que es una ciudad para vivirla, no para visitarla. Cuanto más tiempo hubiera estado, más me hubiera gustado, seguro.

El hostal en el que nos alojamos ha sido de los mejores del viaje, aunque habría que apuntar que está lejísimos del centro, algo que subsana la buena red de metro y cercanías de la ciudad...si vais, no os perdáis el buffet libre del desayuno.

 

Por cierto, creo que ha sido una de las ciudades donde más españoles he visto.... :)

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Domingo 20

 

Tras recoger las cosas y dejar las mochilas en el albergue fuimos a ver un búnker de la II Guerra Mundial reconvertido en museo del terror. Al que no entramos por su alto precio. Después visitamos el antiguo cuartel de la Gestapo (impresionante y documentada visita) junto al que queda un trozo de muro.

 

Cuando nos dirigíamos a la Estación Central nos sucedió lo más delirante del viaje. Cogimos un cercanías y cuando nos dimos cuenta íbamos nosotros dos y dos chinas sólos en el vagón. De repente el tren paró en un túnel y fuimos a ver lo que pasaba. Aterrados nos dimos cuenta de que no había nadie en todo el tren ;) No sabíamos que hacer ni a quién avisar y las chinas empezaron a ponerse nerviosas. De repente alguien tocó el cristal por fuera, era el maquinista que nos dijo que no pasaba nada. Se puso en la otra locomotora y volvimos a la misma estación con cara de tontos.

 

Nos quedaba una tarde aún en Berlín y en un momento (al ver un tren con esa dirección) decidimos ir a Postdam. Fue la mejor decisión ya que esa ciudad está en nuestro Top Interraíl Zona C. El viaje duraba unos 40 minutos en cercanías y al llegar nos comimos una pizza y paseamos por la calle peatonal más céntrica. Pero lo mejor estaba por llegar: los jardines y palacios de Saussaci, el Versalles alemán. Aquello era grandioso, con bosques y jardínes por todos lados, riachuelos, estanques, palacios, etc. Es grandísimo y para verlo con más detenimiento.

 

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Volvimos al albergue sobre las 18 h con un buen sabor de boca. Esperamos a que escampara la lluvia (tuvimos suerte ya que casi siempre llovía por la tarde, cuando estábamos descansando en los albergues) y cogimos el cercanías hacia el aeropuerto de Schonefeld, de cuya estación de tren (que aprendan en España a comunicar los aeropuertos) salía nuestro nocturno hacia Viena.

 

El aeropuerto era pequeño y tuvimos que comer en cutre-kebab junto a la estación regentado por mister sonrisas el hombre de la mueca imperturbable. Lo mejor llegó con los aseos de la estación, donde vivía una señora (entre los de los hombres y las mujeres) junto a su gato, que cobraba una cantidad simbólica por utilizarlos. Le pregunté y me confirmó que sí, que aquella zona había pertenecido a la RDA. Nunca he estado en un país del Este, pero 15 años después de caer el muro se notaba que aquello era diferente al resto de Alemania.

 

El tren llegó sobre las 21:00 y buscamos nuestro camarote. Era bastante estrecho y para 6 personas, 3 literas a cada lado¡¡¡ Nuestra experiencia con el tren nocturno no fue muy buena, ya que además de tener que apoquinar 25 euros por cabeza nos metieron en una lata de sardinas. Caperucita no durmió casi nada durante todo el viaje. Seguiremos ya desde Viena.

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