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Fish, esta tía toy convencido de que debía de tar poseída, porque si no no me explico. Que tocahuevos puede ser alguna gente y estoy convencido de que estas cosas suelen pasar cuándo tienes a las compañeras de mejor ver de todo el viaje.

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Otra vez empezaron los gritos, de nuevo sus “What’s this, what’s this”, y que si otra vez para arriba y no sé qué. La bronca se recrudeció, y una vez más con que si son las 4 de la mañana, que habíamos despertado a todo el vecindario (mentira puta) y que a ver qué horas eran aquéllas de andar por ahí danzando. A todo esto, en ningún momento nos había puesto impedimentos de horas, y así se lo recordé, indicándole asimismo que lo que nosotros hiciésemos no era de su incumbencia. Añadí que iba a salir a recuperar mi reloj, y la tía diciendo que no, y nosotros que sí y qué a ver qué hostias pasaba ya, que aquello era peor que una puta prision.

 

 

jajajaja, esa mujer no esta bien, se tendria que tomar unas piwos para calmarse.

Al igual que el otro, muy buen diario, lastima de fotos.

 

saludos

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jjajajjajajaja me parto con la puta loca ,muy bueno el diario fish

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Algún día volveré a Korcula y me vengaré, que sé donde vive :wub:

 

Algo le tendría que haber pasado con algunos españoles previamente, porque aquello no era normal. Bueno, me alegro de que os guste. Intentaré poner luego el siguiente capítulo. Es una putada lo de las fotos, de Korcula perdí absolutamente todas (snif), ya de Dubrovnik sí que pude recuperar unas pocas.

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19 de Julio de 2006. Día 14 (parte I).

CAPÍTULO DECIMONOVENO:

“CAMINO A DUBROVNIK”

 

En teoría aquella mañana podíamos dejar en la casa las maletas hasta que nos marchásemos de Korčula, pero después de lo de la noche anterior, la oferta tenía toda la pinta de haber expirado. Recuperamos nuestros pasaportes, sin dudar que la loca espectral habría apuntado nuestros datos por si se la habíamos jugado, y abandonamos la casa maldita.

 

Aquella misma tarde seguiríamos nuestro viaje en el agujero negro del interrail, y cogeríamos un autobús hacia Dubrovnik. Los lectores más despiertos se preguntarán cómo es esto posible teniendo en cuenta que estábamos en una isla, la respuesta es que Korčula no está muy lejos de una península de Croacia, hasta la que un transbordador cruza el autobús. Como ven, la historia encaja.

 

Dejamos las mochilas en la estación de autobuses y nos sentamos en un callejón a desayunar tan contentos con nuestras galletas y nuestro cartón de zumo, para regocijo de los transeúntes que nos observaban con curiosidad. La situación se asemejaba a la de un zoo y pasamos el rato imaginando los comentarios de los guías. “A su derecha, observen a los yonkis de Korčula.” “¡Dicen que se alimentan de atún!”.

 

Después de andar un poco por la ciudad, hablando de éstas y otras chorradas habituales, fuimos un rato a una cala de las que hay por toda la isla. En ese momento recibí un mensaje de las chicas de la noche anterior, les había dejado una nota antes de salir con mi número de móvil (recuerdo que la comunicación directa estaba estrictamente prohibida en la casa dictatorial). Pasamos un rato con ellas justo antes de marcharnos, mientras nos comíamos unos bocadillos de, para variar, atún, que dificultaban un poco la conversación (como cuesta que pasen por la garganta los jodíos bocatas).

 

Se veía venir, el tiempo se nos echó encima y como siempre nos entraron las prisas en el último momento. Fuimos rápidamente a la estación, el autobús estaba a punto de salir y nosotros con unas ganas de mear de espanto. Teniendo en cuenta que teníamos por delante un viaje de tres horas en el que no sabíamos si el autobús haría alguna parada, sobrevino la tensión, había que aliviar la vejiga de forma urgente.

 

La estación no tenía servicios y estaba en todo el medio de una de las zonas más transitadas del pueblo, la cosa estaba jodida. Mientras yo intentaba meter las mochilas en aquella tartana (los muy rastreros te hacen pagar por el equipaje), Alex se pegó sus buenas carreras para localizar un sitio donde mear en los alrededores. Cumplió eficazmente la misión que le había sido encomendada y regresó velozmente para comunicarme cómo llegar al emplazamiento clave.

 

Teniendo en cuenta que el autobús ya tenía que haber salido hacía cinco minutos, la situación era ligeramente estresante, y mi pierna sufrió una milagrosa curación por unos instantes en los que corrí como una gacela a miccionar en una callejuela no muy alejada.

 

Ligeramente asfixiados tras las carreras de última hora, pero felices al fin y al cabo de no haber perdido el autobús por una simple meada (éste habría sido sin duda el episodio más estúpido del diario), partimos hacia Dubrovnik. El autobús recorría la costa hacia el sur, con las montañas de los Balcanes a un lado y enormes acantilados al otro. Croacia nos volvía a brindar impresionantes paisajes, entre los que recorríamos carreteras de mala muerte a bastante velocidad y con temerarios adelantamientos incluidos (el estilo de conducción croata da miedo).

 

Las espectaculares vistas se jodieron al llegar a los alrededores de Dubrovnik. “Ellos” ya habían llegado, portando consigo su destrucción, y ya se estaba urbanizando todo aquello.

 

Antes de detenerse nuestro autobús el asedio ya había comenzado. Pegando carteles de sobe contra las ventanas, decenas de viejas se abalanzaban sobre el autocar cual si de orcos de Mordor se tratasen. Teniendo en cuenta que eran más de las siete de la tarde y a la mañana siguiente teníamos pensado continuar hacia Mostar, decidimos prescindir del alojamiento, ver Dubrovnik durante la noche, y ya nos las apañaríamos.

 

Fuimos al Konzum que había junto a la estación a comprar cosas para cenar y nos dirigimos hacia el centro de la ciudad. Para variar no teníamos plano, ni posibilidad de conseguir alguno gratuito a aquellas horas, así que nos fuimos fijándonos con atención en por dónde íbamos para poder regresar a la mañana siguiente sin percances para coger el autobús a tiempo.

 

Teníamos toda la noche por delante, la última que pasaríamos en Croacia. La visita a Dubrovnik no había hecho más que empezar.

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Fish, tio no nos puedes dejar así, con la miel en los labios. La visita a Dubrovnik, aunque sea sin fotos. Tengo unas ganas enormes de saber qué te pasó.

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Fish, tio no nos puedes dejar así, con la miel en los labios. La visita a Dubrovnik, aunque sea sin fotos. Tengo unas ganas enormes de saber qué te pasó.

 

 

este ha sido muy corto fish, estoy igual q carbayon...qué paso?????

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jajaja tampoco es tan corto, lo que pasa que normalmente los escribo más tochos y os malcrío :bleh:

 

Si es que he tenido que partir el día en dos capítulos, porque yo intento resumir, pero luego me empiezo a enredar y mi capacidad de síntesis es nula.

 

Mañana pongo el siguiente :wub:

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