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yo la verdad cada vez ke leo un diario me doy cuenta ke lo unico con lo ke disfruto es con las putadas ke les pasa a la peña jeje. Con lo de tu rodilla la verdad es ke me diverti como un loco y pensaba en esa frase antes me la corto ke volver ..... suerte ke no me tenias a mano por ahi podria haberte ayudado.

En fin, ke si te ocurrieron mas desgracias no dudes en contarmelas ke cuando mas te joden yo mas disfruto. :bleh:

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yo la verdad cada vez ke leo un diario me doy cuenta ke lo unico con lo ke disfruto es con las putadas ke les pasa a la peña jeje. Con lo de tu rodilla la verdad es ke me diverti como un loco y pensaba en esa frase antes me la corto ke volver ..... suerte ke no me tenias a mano por ahi podria haberte ayudado.

En fin, ke si te ocurrieron mas desgracias no dudes en contarmelas ke cuando mas te joden yo mas disfruto. :roll:

 

:bleh: Joder... ¿y yo a ti qué te he hecho? Pues hala, hala, a disfrutar :D :roll:

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yo la verdad cada vez ke leo un diario me doy cuenta ke lo unico con lo ke disfruto es con las putadas ke les pasa a la peña jeje. Con lo de tu rodilla la verdad es ke me diverti como un loco y pensaba en esa frase antes me la corto ke volver ..... suerte ke no me tenias a mano por ahi podria haberte ayudado.

En fin, ke si te ocurrieron mas desgracias no dudes en contarmelas ke cuando mas te joden yo mas disfruto. :lol:

 

:bleh: Joder... ¿y yo a ti qué te he hecho? Pues hala, hala, a disfrutar :bleh: :bleh:

 

Bueno esto es ya la pera limonera, pase lo mío de que espera ya una cita sexual pagando o de gratis con una chica, pase de sigue leyendo el diario de gayofita porque esta buena, pero esto ya es.....

 

Por cierto Fish tengo la boca seca por otra Pivo, de donde toca ahora? Esmérate y echa otro capítulo

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18 de Julio de 2006. Día 13 (parte I).

CAPÍTULO DECIMOSÉPTIMO:

“LAS ISLAS DÁLMATAS”

 

Me desperté cuando llamaban a la puerta de la habitación, todavía no eran ni las ocho de la mañana y me levanté puteado a abrir, encontrándome con la pareja con la que viajamos en el mismo compartimento en el nocturno de días atrás Cracovia-Budapest. Sorpresa y jolgorio general, que no compartí con tanto entusiasmo teniendo en cuenta el brusco despertar que había sufrido.

 

Recogimos nuestras cosas y fuimos al puerto a coger el ferry que nos llevaría hasta nuestro siguiente destino. Subimos a cubierta para no perder detalle de aquella travesía por el mar Adriático. Recorreríamos la costa de Croacia en dirección sur, pasando junto a algunas de las conocidas como islas dálmatas, parando en una de éstas, Hvar, para llegar finalmente a la isla de Korčula.

 

Los paisajes que pudimos ver durante el viaje eran impresionantes: islas vírgenes con abundante vegetación, y que contaban únicamente con pequeños pueblos de pescadores separados a lo largo de la costa. Aquello era un paraíso, afortunadamente aún apenas tocado por la jodida mano del hombre. Es cuestión de tiempo que todo aquello cambie, así que nos consideramos afortunados de visitar este rincón del planeta antes de que quede arrasado por rebaños de turistas. Todo lo que describa en estas líneas le hace escasa justicia a este impresionante país, siendo uno de los que mejor recuerdo guardo de todos los que he visitado en mi vida.

 

No escatimé en fotos y vídeos, la ocasión lo merecía. Desafortunadamente, como contaba anteriormente, días más tarde perdí todas esas fotos, así como el resto de las de aquel día en Korčula. Aprovecho la ocasión para volver a cagarme en la tarjeta de la cámara, la propia cámara y la tecnología digital en su globalidad por aquello.

 

Disfrutando como estábamos del viaje, no nos movimos de cubierta, y el reparto de crema solar de forma desigual por las distintas extremidades tuvo consecuencias funestas y coloridas, y cito textualmente de mi libreta: “(…) mientras escribo esto estoy multicolor; tengo los brazos morenos, la cara no sé porque no la veo (acojone), y tengo una pierna roja y la otra igual pero con una franja blanca por haberme puesto la puta funda-patapalo.”

 

Nada más que comentar del trayecto en barco, salvo que había unos metrosexuales metrosubnormales españoles molestando y haciendo el gilipollas, así que intentamos no hablar en voz demasiado alta para no tener que hablar con ellos. Era el tipo de gente por la que luego tenemos mala fama los españoles, si es que vaya puto país de catetos el nuestro. Nuevamente el cintillo festivo-circense del Alex y sus chanclas destroyer nos hicieron pasar por guiris, y permanecimos a salvo de tener que escuchar estupideces mientras les deseábamos dolorosas quemaduras por chuloplayas.

 

Tras tres horas y media a bordo, y con distinto color a aquel con el que habíamos embarcado, llegamos por fin a la pequeña localidad de Vela Luka, en la isla de Korčula. Nosotros queríamos ir al pueblo del mismo nombre que la isla, que estaba al otro extremo, así que fuimos a coger un autobús que salía en aquel momento, encontrándonos con que tenía todas las plazas ocupadas. Mientras dudábamos sobre qué hacer, y éramos acosados sin piedad por las ofertas de sobe, llegó un hombre diciendo que nos llevaba en su minibús, pero el pestazo a alcohol que exhalaba motivó la rotunda negativa. Además estaba tratando de estafarnos.

 

Estábamos más perdidos que Wally cuando nos llamó el conductor del autobús, diciendo que nos montásemos, así que para arriba que fuimos con todos los bártulos, decapitando con las mochilas a pasajeros varios por el camino. Como digo, no había asientos libres, así que fuimos en el pasillo, yo me quedé de pie y el cacho perro de Alex se tumbó a dormir la siesta tranquilamente en todo el medio.

 

Los pequeños pueblos del interior de la isla están comunicados por estrechas carreteras entre montañas, viñedos, calas y verdes paisajes, entre los que nos llevó el autobús con el peculiar modo de conducción croata. El viaje duró unos 45 minutos de maravillosas vistas, hasta llegar por fin a Korčula.

 

Cuando llegamos a la pequeña estación de autobuses empezaron los regateos en busca de sobe. De 250 kunas por los dos no nos bajaba una vieja que estaba allí, aquello nos parecía un exceso, así que después de otros regateos con idéntico resultado nos fuimos al pueblo a ver si encontrábamos algo mejor. Era difícil conseguir algo más barato, en la isla no hay tanta competencia como en otros sitios y se aprovechan de ello, además de que no te hacen buen precio si sólo te quedas una noche. Acudimos a la oficina de turismo, que tras varias llamadas no nos consiguió nada más bajo que las 125 kunas por barba, así que aceptamos y una bella joven local vino a recogernos.

 

Nos acompañó a la casa, donde ya nos atendió la madre, agradable en un principio, poco sospechábamos que pronto se convertiría en nuestra nueva archienemiga. La situación de la casa era perfecta, estaba literalmente junto al mar, que se encontraba a 10 metros y no exagero. La hermosa ciudad fortificada se erigía sobre una colina poco más allá.

 

Dejamos las mochilas e improvisamos unos kebabs artesanales (el síndrome de abstinencia era agudo) con unos bollos cortados a tal efecto, atún y tomate. La creativa y celebrada idea no suavizaba en demasía el paso del atún por la garganta, pero se compensaba con las impresionantes vistas de las montañas cubiertas de árboles a un lado, las aguas cristalinas extendiéndose junto a nosotros y un poco más allá la majestuosa visión de la pequeña ciudad en medio de todo aquello. Impresionante, sólo puedo definir Korčula como el puto paraíso sobre la tierra.

 

 

 

 

 

Esta vez no hay fotos, sólo puedo ofreceros (más que nada para dar un poco de envidia) las que se pueden ver en la página de turismo de Korcula. Sirvan de ejemplo ésta y ésta, impresionantes ambas.

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18 de Julio de 2006. Día 13 (parte II).

CAPÍTULO DECIMOCTAVO:

“LA LOCA ESPECTRAL”

 

Aquella tarde visitamos la pequeña ciudad amurallada, por fortuna aún libre de sucios turistas destructivos. Recorrimos sus callejuelas y pasadizos y vimos la supuesta casa de Marco Polo, que según dicen nació aquí, disputándose su nacimiento con Venecia. No sé qué ciudad tendrá más razón, pero yo desde ahora me declaro partidario de Korčula, por lo que me gusta este sitio y porque Venecia huele a alcantarilla (lo bello no quita lo pestilente).

 

Nos autoengatusamos con la idea de alquilar unas motos para recorrer la isla, porque ya que nos habían sajado por la habitación pues nos dispusimos a derrochar kunas y acabar de liarla. Poco después salíamos cabizbajos de la agencia, no nos dejaban sin carnet de conducir.

 

Después de quedarnos sin las prometedoras aventuras moteras, nos fuimos al Consum –que en Croacia se llama Konzum– a hacer la compra cotidiana. Adquirimos también unas gafas de bucear, imprescindibles en aquellas aguas, con las que Alex no quedó muy contento porque él se había empeñado en comprar unas con bichos marinos sonrientes alrededor de los ojos, pero el hecho de que no se adaptasen demasiado bien a cabezas de más de cinco años de edad, nos hizo decantarnos por el modelo tradicional.

 

Volvimos a la casa a dejar la compra y fuimos a la cala de enfrente a pegarnos un baño, pero el frío viento que se levantó hizo que servidor se amedrentara. Me dediqué a hacer fotos (todas perdidas) y actualizar el diario mientras degustaba unas pivos que habíamos comprado en el Konzum. Por cierto, las pivos croatas habían pegado un bajón considerable respecto a las cervezas de los países por donde nos habíamos movido anteriormente, pero siempre eran bienvenidas.

 

Después Alex desapareció durante un buen rato mientras yo me quedaba poniendo al día el diario en la cala, para volver con la noticia de que habían llegado dos españolas a la casa, se alquilaba otra habitación en el piso de arriba. Asombrado a la par que descojonado estuve mientras me contaba que incluso antes de saber Alex de la presencia de las nuevas vecinas, la casera ya le advirtió que nada de líos en su casa, juntando los dedos índices extendidos mientras negaba con la cabeza y decía algo sobre spanish crazy.

 

Seguidamente entré en la casa a saludar a las nuevas inquilinas, y cuando nos estábamos presentando apareció repentinamente otra vez la mujer para decir que nada de subir y bajar escaleras por la noche, y que nada de líos ni locuras (crazy era su palabra favorita), mientras gesticulaba y meneaba la cabeza. A pesar de que Alex ya me había advertido al respecto de aquella loca, quedé asombrado ante la estricta vigilancia ante la que parecíamos estar sometidos. Ya aviso de que el calificativo “puta” tendrá especial y creciente protagonismo a lo largo del presente relato. En fin, en el momento no le dimos más importancia y quedamos con las españolas aquella noche.

 

Y todo de puta madre, charlando en la plaza, vueltecita por el pueblo, y acabamos sentados frente al mar sobre las murallas, sobre unos cojines que robamos momentáneamente de un bar de al lado. Estuvimos un buen rato allí, y en efecto todo muy idílico, bajo las estrellas y con aquellas vistas, hasta que nos quitó los cojines el del bar y nos fuimos, para acabar bañándonos con la tontería a aquellas horas en las gélidas aguas del Adriático.

 

Salvo por el avanzado estado de congelación que sufrimos, todo muy bien, y nos las prometíamos muy felices cuando al entrar en la casa apareció la puta loca de nuevo. “What’s this!?, what’s this!?” vociferaba continuamente la mujer con cara de estar poseída por Satanás. Pero la cosa empezó a irse de madre en el momento en que yo subía las escaleras, cepillo en mano para tener la excusa de que iba al baño a peinar mis mojadas y saladas greñas, cuando nuevamente la mujer salió de entre las tinieblas para impedirme el paso. Ni excusas de ir al baño ni hostias, la mujer no atendía a razones, y yo manteniendo la coartada de que yo no tenía culpa si el baño estaba al lado del cuarto de las chicas, pero no me valió de nada, la puta loca me mandó para abajo.

 

Incrédulo ante lo que estaba ocurriendo, entré de nuevo en la habitación para informar a Alex de lo acontecido, aunque por otra parte éste poco necesitaba saber después de oír las voces de afuera. Una mano invisible cerró la puerta tras de mí, dando un portazo que retumbó en toda la casa. Cosa similar ocurrió en el cuarto de las otras inquilinas de aquella casa poseída por el mal.

 

Permanecimos en el cuarto unos minutos, únicamente escuchábamos puertas que se abrían y cerraban, llaves que tintineaban, cerraduras que giraban y volvían a girar… aquello parecía la casa de Poltergeist, pero en este caso no había espíritus, sino una puta vieja amargada en la que nos cagamos repetidas veces. En aquel momento me percaté de que había olvidado el reloj sobre una roca en la playa, así que quisimos salir a recuperarlo. Esperamos un poco, el ruido en el exterior de la habitación parecía haber cesado, y no hicimos más que abrir la puerta cuando de nuevo apareció la puta loca. Mantenemos la teoría de que aquella mujer era en realidad un espectro, nunca veías por dónde salía ni cómo pero siempre estaba ahí, al acecho.

 

Otra vez empezaron los gritos, de nuevo sus “What’s this, what’s this”, y que si otra vez para arriba y no sé qué. La bronca se recrudeció, y una vez más con que si son las 4 de la mañana, que habíamos despertado a todo el vecindario (mentira puta) y que a ver qué horas eran aquéllas de andar por ahí danzando. A todo esto, en ningún momento nos había puesto impedimentos de horas, y así se lo recordé, indicándole asimismo que lo que nosotros hiciésemos no era de su incumbencia. Añadí que iba a salir a recuperar mi reloj, y la tía diciendo que no, y nosotros que sí y qué a ver qué hostias pasaba ya, que aquello era peor que una puta prisión.

 

En aquel momento la puta loca perdió ya los papeles del todo y nos gritó que saliésemos inmediatamente de su casa, que cogiéramos nuestras cosas y que nos fuésemos de allí. No podíamos creer aquello, un sonoro “¿¡quéee!?”, nos salió al unísono en perfecto castellano, pero la situación se agravó aún más cuando nos dijo, palabras textuales: “Salid ahora mismo de mi casa o llamo a la policía”. “Que QUÉEEEE!?”. Le dije que nos devolviera el dinero y que nos íbamos de inmediato, y la tía jeta encima nos decía que no, que no money. Le dijimos que ni de coña, que si no nos devolvía el dinero no pensábamos irnos de allí, pasamos ya de ella y fuimos a la playa a por el reloj.

Dadas las circunstancias, en realidad estábamos deseando que la loca nos devolviera el dinero y así poder largarnos y ahorrarnos la noche, no teníamos problema ninguno en dormir en la calle, pero sin dinero estaba claro que no nos íbamos.

 

Recuperamos el reloj y volvimos a la casa, después de hacer señas con una linterna a la ventana de las tías a ver si la veían y se asomaban, pero nada. Aquello recordaba a las pelis adolescentes americanas de instituto, pero con el añadido de una puta loca espectral amenazadora. Volvimos a la casa, y de allí no podíamos movernos ya ni para ir al servicio, estaba visto que habría que miccionar en el pasillo de ser necesario.

 

Y con la noche jodida gracias a aquella puta loca volvimos reflexionando sobre lo hija puta (insisto) que era a nuestra habitación. Por suerte para las macetas de la buena señora no tardamos mucho en caer dormidos.

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