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El diario está manipulado, no ha dicho que el "ARCHIENEMIGO" estaba cuadrao. Por lo demás todo bien. La verdad es que estoy enganchao al diario, ya me se la historia y aún así...Necesito mi dosis ya!!

 

Cuanto tiempo Yulia! andabas por tierras salmantinas, no? Nos veremos por allí

 

 

 

PD: Era un onvi húngaro

 

 

 

 

 

 

 

 

------------------------------ Un día menos para "La Perla de los Balcanes" -----------------------------------

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16 de Julio de 2006. Día 11.

CAPÍTULO DECIMOQUINTO:

“DE ZAGREB DE TODA LA VIDA”

 

Desperté a las 6:30 de la mañana al son de los estridentes pitidos del despertador de mi móvil mientras Alex no hacía ni puto caso del suyo, para deleite del habitante de arriba de su litera, que resoplaba con indignación.

 

Fuimos a la estación para coger el primer tren de la mañana hacia Zagreb, despidiéndonos por el momento de la capital húngara, con idea de pasar otro día allí tras nuestro próximo periplo por tierras ex-yugoslavas. Dejamos atrás Budapest, teníamos unas cuantas horas de viaje por delante, pero contábamos con el aliciente de compartir vagón con un italiano cuya voz era idéntica a la de Marlon Brando en El Padrino, aunque tenía mucha menos clase que don Corleone.

 

Algo más tarde sentaron a unos niños de una excursión en nuestro compartimento, uno de ellos chapurreaba algo de inglés y se improvisaron unas clases de húngaro para disfrute de la chavalería con nuestro sufrimiento para pronunciar extrañas combinaciones de consonantes. Mientras viajábamos a lo largo del enorme lago Balatón, se sucedieron las lecciones sobre nombres de países y pronunciación del alfabeto húngaro, que el chaval escribió en mi libreta y que tenía nada menos que 42 letras. Nosotros sólo pudimos sorprender escribiendo una triste eñe.

 

En uno de los pueblos a orillas del lago se bajó la excursión y no quedó más remedio que suspender la clase de idiomas. Tras aquellos momentos culturales, cruzamos la frontera con el habitual passport control. Ya estábamos en Croacia y por fin nos sellaban los impolutos pasaportes, que en el resto de países ni sellos ni hostias, esto de la Unión Europea es una soberana mierda. Pero bueno, ya teníamos nuestro sello de Hrvatska, y radiantes de felicidad por ello, nos descojonamos cuando el policía nos devolvió el pasaporte con un “Grasia, vaya con Dió”. Las telenovelas habían llegado antes que nosotros.

 

Aproveché el resto del viaje para actualizar el diario y pegar alguna cabezada. Conocimos a unos madrileños que llevaban nuestra misma ruta y sobre las dos de la tarde llegamos nos bajamos en la estación de Zagreb, donde pasaríamos el resto del día antes de continuar bajando hacia Split.

 

La moneda de Croacia es la kuna (1€ = 7.5 kn aproximadamente). Sacamos éstas en un cajero y seguimos el protocolo habitual, realizando una compra rastrera de unas avellanas para conseguir cambio para las taquillas. Comenzamos nuestro recorrido por la capital croata buscando un siempre socorrido kebab para comer, pero no encontramos ninguno y acabamos en una pizzería; nosotros como de costumbre apostando por la alimentación sana y de calidad. Empezaron a acontecer sucesos extraños, oleadas de pajaros invadían las mesas acechando a las pizzas sin temor ninguno al ser humano. Aquello parecía la peli de Hitchcock, pero afortunadamente los pájaros sólo atacaban los platos y no parecían interesados en nuestras cabezas.

 

Después de comer, fuimos hasta la zona de Kaptol y vimos de cerca las altas torres de la catedral de la Asunción, que estaba en proceso de restauración, cubierta de andamios, como gran parte de la ciudad. Supusimos que como Croacia va abriéndose hueco en el turismo internacional con su costa, debe estar intentando ahora encaminar este turismo hacia el interior del país. No siendo muy amigos de iglesias, no nos demoramos mucho en la catedral y fuimos a ver el mercado de Dolac, pero estaba cerrado. Nos cagamos una vez más en los domingos y caminamos entonces hacia el casco antiguo encontrándonos con los madrileños, que estaban tomándose una birra, también eran fieles peregrinos de la ruta de las pivos.

 

Más arriba en la misma calle nos encontramos con Antonio Molero, que como diciéndolo así nadie se emociona porque pocos saben quién es este tío, aclaro que es el conocido como “el Fiti” en “Los Serrano”. Iba tranquilamente con la novia calle abajo, disfrutando de su anonimato, ya que por fortuna para la integridad intelectual de los croatas, éstos no cogen telecinco. Tal como pasan a nuestro lado decimos “You’re the famous actor of Los Serrano!”. Y el Fiti (perdón, el Antonio) totalmente flipado con la boca abierta, todavía me río de recordarlo.

 

Parece ser que no tenemos pinta de españoles, y en el transcurso del viaje nos han adjudicado nacionalidades de los más dispares lugares del globo. Es cachondo pasar al lado de un grupo de españoles y escuchar “estos son alemanes”, vaya ojo (ésta es la típica anécdota de la que me he acordado ahora y como no sé cuándo ni dónde fue pues la encasqueto aquí, qué astuto soy). Me he preguntado por qué pasamos a menudo por guiris, y aparte de por la escasez de melanina, he llegado a la conclusión de que es debido a las chanclas fashion-punky-destroyer que llevaba Alex.

 

En fin, que ya les hablamos en spanish y nos estuvimos un rato allí riendo y charlando sobre ciudades de Croacia, Bosnia y demás, porque andaban viajando por la zona. Nos dieron también algunos consejillos. Bueno esto la novia, porque el Fiti no tenía ni puta idea. Muy buena peña los dos.

 

Invertimos el resto de la tarde en recorrer con tranquilidad el casco histórico, Zagreb resultó ser una agradable sorpresa, pues después de leer algunos comentarios sobre la ciudad no me esperaba gran cosa. La parte antigua es pequeña y se ve en un rato, pero merece la pena, es bastante agradable. Recuerdo la ciudad como tranquila y acogedora, a pesar de tener un millón de habitantes no tiene aspecto de capital. A destacar también la ausencia de infames turistas occidentales.

 

En sucesivas ocasiones nos encontramos con el Fiti, los madrileños y unas chicas que estaban de prácticas por allí, daba la sensación de llevar media vida en Zagreb porque no parábamos de saludar por cada calle y plaza que pasábamos. De ahí el título de este episodio (esto decae).

 

Emprendimos el retorno hacia la estación, parando en un minisupermercado a procurarnos la cena y unas pivos. Sin embargo el producto estrella fue la lata de carne de marca Carnex que compramos. No la abriríamos hasta muchos días después, nunca había huevos a probar eso y se iba posponiendo su degustación jornada tras jornada.

 

Nos bebimos las pivos sentados en el centro de la plaza principal de Kaptol, muy entretenidos porque no dejaban de pasar tías góticas buenorras, no sabíamos si es que había algún evento especial o es que Zagreb era así. Volvimos a la estación cruzando los jardines de Donji Grad, encontrándonos por enésima vez con las españolas, y esperamos durante un rato el tren hacia Split.

 

Cuando por fin apareció nuestro nocturno, estaba lleno a reventar, y encima lleno de chungos que asomaban la cabeza por las ventanas y les relucían los colmillos al ver nuestras mochilas. Teníamos que pasar la noche allí y no teníamos ni siquiera asiento, teníamos que ir de pie o no ir, a libre elección del consumidor. Decidimos quedarnos en tierra, porque en una hora salía otro tren para Split.

 

Durante la espera nos juntamos con cuatro portugueses bastante majos a la par que violentos, que para amenizar la espera se hostiaban unos a otros, mientras nosotros ingeríamos unos bocadillos superyonkis de algo parecido al paté con un poco de tomate. Esta vez hicimos reserva por si acaso, y nos metieron a los seis en el mismo compartimento, en el que pasamos el resto de la noche cual lata de sardinas croatas. Intentamos aprovechar el espacio a lo piezas de tetris para intentar dormir algo, pero era bastante jodido en aquel espacio reducido. Yo fui el que más pude dormir pero porque he descubierto que tengo habilidad especial para ello en lugares donde el contorsionismo es requisito indispensable.

 

Ya amanecía cuando los portugueses se bajaron en Zadar, eran las seis de la mañana cuando por fin pudimos tumbarnos en condiciones en aquel compartimento. Intentamos aprovechar lo poco que quedaba de trayecto hasta Split en dormir un poco embutidos en los sacos, así lo requería el aire acondicionado asesino. Nos esperaba el mar Adriático.

 

 

 

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Siguiente destino: Croacia. Observen el cintillo-gorro cantoso que se gasta el Alex.

 

 

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Lecciones de húngaro

 

 

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El Fiti

 

 

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Zagreb

 

 

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Bello mosaico del tejado de la Iglesia de San Marcos

 

 

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Calles de Zagreb

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Puntazo eso de hablarles en un principio en ingles... la cara debio de ser cojonuda.

 

Segun leía tu crónica de Zagreb, la verdad es que de la manera q lo hacías me daba la sensación de que la ciudad era trankíla, al igual que luego dijiste. Aunke, igual es porque os imagino a vosotros dos, a fiti & la novia y al otro grupo de españoles solos en una ciudad fantasma... jeje.

 

En fin, que encantado de seguir leyendo tus andanzas!

 

Ciao Fish!

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Fish no te puedes imaginar lo que me alegrro de poder leer tu diario. Aunque la razón del parón era de suficiente peso. Esperemos que cogas ahora ritmo. Ahora que os veo ese mapa, ¿Qué es un mapa del inter rail o algo así? Porque tiene muy buena pinta. Aunque vaya putada lo de tener que retrasar 1 hora el viaje a Split por la compañía.

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Ahora que os veo ese mapa, ¿Qué es un mapa del inter rail o algo así?

Sí, eso lo pillamos en una estación de Francia el anterior inter-rail, es un mapa de todas las zonas con sus conexiones ferroviarias, está bastante bien.

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17 de Julio de 2006. Día 12.

CAPÍTULO DECIMOSEXTO:

“SPLIT, EL AGUJERO NEGRO Y EL SÍNDROME DE STENDHAL”

 

El revisor nos despertó dando hostias contra la puerta del compartimento mientras gritaba “Spliiiit!”. Vaya cabronazo, aún faltaba media hora para llegar. Habíamos dormido dos horas.

 

Minutos antes de parar por fin en Split, irrumpió en nuestro compartimento una cazatalentos ofreciendo alojamiento en el centro por 100 kunas, que regateamos hasta dejar en 75 kn (unos 10 €cus). Al detenerse el tren nos bajamos con ella y dos chicas que había reclutado también, pero que no habrían regateado demasiado porque la dejaron tirada por otro, con el que tuvo un rápido aunque feroz enfrentamiento nuestra nueva casera.

 

En Croacia apenas hay albergues, y la mejor forma de conseguir alojamiento es en casas particulares. A la llegada de trenes y ferries es normal ver decenas de viejecitas con los míticos carteles de sobe (habitación en croata), que ofrecen alojamiento a los mochileros, desatándose encarnizadas luchas en los andenes que hacen que las de la Tierra Media parezcan una mariconada.

 

Briconsejo del día para futuros viajeros: es conveniente que te señalen el emplazamiento de la casa en un plano, porque la extensión conocida como “el centro” puede llegar a ser sorprendentemente amplia. La chica que nos secuestraba era legal y efectivamente la casa estaba en pleno centro, el sitio era inmejorable. Mientras esperábamos a que salieran las anteriores inquilinas, hablamos un poco con ella. Bueno, Alex no demasiado debido a digamos, ciertos problemillas con el idioma de Shakespeare. Su afición por reinventar la lengua inglesa proporcionaba siempre buenos momentos. Inolvidables los “a lot of thanks” para dar las gracias y los “is same” por la expresión “es igual”.

 

La chica de la casa nos estuvo enseñando (o al menos intentándolo) algunas palabras en croata, pero no logramos asimilar mucho. Dejamos por fin las mochilas en la habitación y en primer lugar nos dirigimos al puerto a sacar el ticket del ferry para el día siguiente. Una vez llegas a Croacia, entras en una especie de agujero negro en el que te puedes olvidar por un tiempo del billete de inter-rail. Hay pocas conexiones férreas debido a que el terreno es muy accidentado (Balcanes) y muchas quedaron inutilizadas por la guerra, por lo que es imposible llegar más al sur que Split si no es por carretera o por mar.

 

Aquel periodo en el agujero negro interrailero se prolongaría hasta la llegada a Bosnia y casualmente coincidiría también con la laguna multimedia que existe de aquellos días. Una de las tarjetas de mi cámara se jodería a nuestra llegada a Bosnia, llevándose la mayor parte de las espectaculares fotos de Croacia por delante.

 

Tras una breve búsqueda por el puerto, llegamos a la taquilla de la compañía de ferries. Teníamos pensado ir directamente hacia Dubrovnik y prescindir de las islas Dálmatas por motivos de tiempo, pero en el último momento decidimos acertadamente ir a la isla de Korčula, y compramos un billete hacia allí para la mañana siguiente.

 

Después de hacer la tradicional visita diaria al supermercado, volvimos a la estación porque habíamos quedado allí con los catalanes con los que estuvimos en Praga diez días atrás. Se fueron poco después a Korčula previo sabio consejo nuestro, y nos despedimos con idea de vernos al día siguiente en la isla.

 

Caminamos a lo largo del puerto mientras nos jalábamos unos suculentos bocadillos de extraños embutidos hasta que divisamos una playa a la que nos dirigimos de inmediato. En las playas croatas la típica arena se ve sustituida por típicas piedras, pero a cambio cuentan con aguas limpias y cristalinas, poca gente y bonitas vistas, a diferencia de los países del Mediterráneo, con sus costas destruidas sin piedad para pleno disfrute del vil turismo capitalista occidental.

 

Nos pusimos en remojo un rato en el Adriático y sobre las cuatro de la tarde nos fuimos porque el sol estaba pegando con furia y no queríamos acabar rojos como simpáticos cangrejos croatas. Volvimos a la casa a pegarnos una ducha y posteriormente empezamos la visita a las calles del casco antiguo.

 

La ciudad de Split creció alrededor del palacio que el emperador romano Diocleciano hizo construir a su retiro. Frente al mar se encuentran los restos de esta enorme construcción, poblada de ruinas romanas muy bien conservadas. Caminamos por las inmediaciones entre restos de mármol, antiguas columnas y esfinges, todo aquello era una auténtica maravilla.

 

Después recorrimos el laberíntico casco antiguo de la ciudad, perdiéndonos entre sus bellas callejuelas medievales hasta que Alex dio muestras de padecer el síndrome de Stendhal, pero no era eso, sino que simple y llanamente estaba hasta los huevos. Las pocas horas de sueño habían hecho mella en él y un zombie sería un ejemplo de vitalidad a su lado aquella tarde. Se fue a acostar al sobe y ya no despertaría hasta la mañana siguiente.

 

Yo me dediqué a lavar algo de ropa, y después continué paseando por las viejas calles de Split. Al final de la tarde me senté a escribir frente al puerto, a lo bohemio, con la consecuencia de que todo dios se acercaba a mirar por encima del hombro a ver qué coño estaba haciendo, para alejarse decepcionados al ver que allí únicamente había letras y tachones y no bellos dibujos como esperaba el personal.

 

Comenzó a anochecer y la creciente falta de luz me hizo dejar el bolígrafo. Fui entonces hacia un tumulto que se había formado en el paseo que bordea el puerto, había malabaristas con fuego, contorsionistas y demás artistas callejeros; durante los meses de verano se celebra un festival en Split. Allí me encontré con los madrileños de Zagreb, con los que realicé una última visita a las impresionantes calles del centro.

 

Al día siguiente todo el mundo madrugaba para coger ferries varios, me despedí de los madrileños y volví al sobe, donde Alex ya me llevaba unas cuantas horas de sueño de ventaja.

 

 

 

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Fish, puerto de Split

 

 

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Split

 

 

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La genuina playa croata

 

 

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Alex chapoteando feliz en el Adriático

 

 

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La misteriosa silueta de un servidor entre los restos del palacio de Diocleciano

 

 

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Casco antiguo de Split

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Fish vaya pena lo de la tarjeta. Veo que Croacia no es precisamente el país idóneo para ir de inter rail. Pero por las fotos tiene buena pinta.

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