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15 de Julio de 2006. Día 10 (parte I).

CAPÍTULO DECIMOTERCERO:

“EL ARCHIENEMIGO”

 

Antes de detenerse el tren en la estación de Keleti de Budapest ya nos estaban ofreciendo alojamiento. Nos dejamos secuestrar escogiendo el albergue más barato que tenían, hasta donde nos llevaron en autobús. La primera impresión que nos dio fue de ser bastante cutre, pero en las tarjetas que nos dieron las chicas de recepción nos habían escrito un “have fun” y coloridos dibujitos de caras sonrientes que daban buen rollo. El albergue parecía una especie de antiguo hotel, era un enorme edificio barroco con anchas escaleras, paredes con graffittis y larguísimos pasillos que acojonaban un poco porque recordaban a la peli de “El Resplandor”.

 

Costó un poco encontrar nuestra habitación en aquel laberíntico edificio, pero por suerte no apareció Jack Nicholson ni niños satánicos con triciclo por los pasillos mientras tanto. Dejamos las mochilas sobre nuestras literas y nos fuimos rápidamente a conocer la ciudad.

 

El Danubio divide la inmensa capital en dos partes, Buda y Pest. Nuestro albergue se encontraba en Buda, no muy alejado del río y cercano al monte Gellért, hacia donde nos dirigimos en primer lugar. Acompañados de un cartón de zumo y unas galletas de chocolate en las que invertimos nuestros primeros florines húngaros, emprendimos la subida, no sin antes admirar el impresionante edificio modernista que se hallaba en la base del monte, llamado también Gellért y que alberga un hotel y unos baños.

 

Las galletas de chocolate bajo el intenso sol húngaro resultaron ser una trampa mortal para Alex, a quien mientras subíamos le llamó la atención el encargado de un puesto de souvenirs para hacerle gestos de que se limpiara la boca mientras nos descojonábamos de lo lamentable del asunto. Era otro ejemplo más de los clásicos “momentos yonkis” de interrail.

 

Durante la subida conocimos a unos cuantos españoles que venían desde Alemania en bici recorriendo el cauce del Danubio, muy interesante viaje. Llegamos a la cima, había merecido la pena. Desde allí arriba teníamos una impresionante vista de toda Budapest, que nos permitía hacernos una idea de la enormidad de la capital. Disfrutamos de aquellas increíbles vistas, hicimos las fotos de rigor y Alex acabó de embadurnarse de chocolate. Yo decidí prescindir de las galletas tras ver lo que conllevaban, pero para él ya era demasiado tarde.

 

Bajamos del monte y cruzamos el río para conocer la zona de Pest. Caminamos durante largo tiempo por sus amplias avenidas, flanqueadas por espectaculares y decadentes edificios modernistas que huelen a historia y te transportan a épocas pasadas, de guerras, conspiraciones y revoluciones de las que la elegante capital húngara había sido testigo directo.

 

Nos encontramos de nuevo con Keleti pu, la estación de tren donde llegábamos horas antes tras el viaje nocturno desde Polonia, y entramos a informarnos de los horarios para Zagreb, ya que debido al rápido secuestro de que habíamos sido presa a nuestra llegada, no habíamos tenido tiempo de preguntar.

 

En aquel momento sólo había un par de taquillas abiertas para los destinos internacionales, y la cola era bestial. Esperamos pacientemente y cuando llevábamos una media hora esperando y aún nos quedaba como otros quince minutos, llegó un tío a colarse pero a lo grande, metiéndose directamente en la taquilla. La indignación nos invadió, y a Alex en particular, que decidió actuar ante la injusticia. Fue a comunicarle mediante gestos que se fuera al final a esperar como todo hijo de vecino y el nota que ni caso, pasó a tirarle del brazo mientras señalaba de nuevo la cola e igualmente ni puto caso, el tío ahí comprando tranquilamente su billete. En eso al Alex se le fue totalmente de las manos y le pegó una patada a la mochila de su nuevo amigo, al cual evidentemente no le hizo mucha gracia. Afortunadamente la cosa no llegó a mayores que improperios varios en distintos idiomas y el nota señaló a la calle y se fue con un “mequedaocontucara” pero en húngaro.

 

Después de comprobar que habíamos estado esperando para nada porque el tren que pensábamos coger al día siguiente no necesitaba reserva, salimos de la estación sin saber muy bien si habría que escapar del chungo y sus posibles secuaces, pero no fue el caso y seguimos nuestra ruta por Budapest con tranquilidad. Alex ya tenía su archienemigo de recuerdo, y días más tarde afirmaría que éste le andaba persiguiendo por Europa, pero no hay pruebas que corroboren su historia.

 

 

 

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Despertar en el compartimento, poco antes de llegar a Budapest

 

 

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El hotel Gellért, un brick de zumo y yo

 

 

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Budapest y el Danubio

 

 

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Otra foto desde la cima del monte Gellért

 

 

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Edificio de la Ópera

 

 

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Orientación

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Durante la subida conocimos a unos cuantos españoles que venían desde Alemania en bici recorriendo el cauce del Danubio, muy interesante viaje.

 

No serían unos Vascos que iban rollo familiar (y con unos amigos) con crios y todo, no?

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Pues ahora no recuerdo si eran vascos o no, pero no iban con familia ni nada, eran un grupo de 5 o 6 colegas de unos 30 años.

 

Vaya pedazo viaje que se marcaron los notas, pinta bien eso hacer un bicirail, lo tengo apuntado para un futuro.

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Por Cristo y sus clavos di que te rebañastes las carnes en los baños de la Gellert!!!!

 

Budapest cada vez que veo fotos o leo sobre la ciudad solo me falta que me baje la lagrimilla....snifff que buenos recuerdos

 

Me ha gustado el relato y las fotos, sigue pa lante que estoy leyendo :P

 

Mi enhorabuena a Alex por haberle plantado cara al "jeta" Como odio a esos tiparracos :D

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Que pasa agente cobra!

 

Da gusto ver que el relato sigue igual de divertido que siempre! Asi que, seguiré leyendote hasta el fin de tu viaje

 

A ver que tl la 2da parte de la capital Hungara

 

Ciao!

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¡Gracias tío! Se agradece mucho ver que os gusta. Intentaré poner pronto la segunda parte de Budapest, que últimamente ando liadísimo para ponerme a escribir y no actualizo esto tanto como me gustaría :bleh:

 

Saludos :cool:

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Yo tb estuve en el schezenyi, aunque me parecio una piscina (yo no se k esperaba). Estuviste en lo de la sauna y el agua helada? (y la gente despues de quemarse hay dentro se tiravan, yo flipava)

En fin, sigue pronto!

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15 de Julio de 2006. Día 10 (parte II).

CAPÍTULO DECIMOCUARTO:

“ODISEA SOVIÉTICA”

 

El hambre iba apretando mientras seguíamos recorriendo las largas calles de Pest, así que el cartel que descubrimos de “buffet 550 ft.” llamó poderosamente nuestra atención. Entramos en el establecimiento, descubriendo que era de comida china, dieta fundamental de Alex en su vida diaria. Ya he mencionado anteriormente su alarmante adicción, por eso pese a que él aseguró no saberlo de antemano, yo mantengo que nuestra llegada a aquel lugar no fue mera casualidad.

 

Por la tarde decidimos ir al Szoborpark, el Parque de las Estatuas, donde han ido a parar los enormes monumentos comunistas que retiraron de las calles de Hungría. Desplazarse hasta allí es un poco odisea, y tuvimos que liar un pifostio importante para llegar al susodicho lugar. Cogimos primero un metro, luego una línea de autobús que nos llevó al quinto coño y que hubo que volver a coger tras comprobar que nos habíamos equivocado de sentido, y más tarde otro autobús con pinta de interurbano desde una estación.

 

En teoría una vez en el bus amarillo del que hablaba el folleto, tardaríamos sobre un cuarto de hora en llegar al parque, pero a los cinco minutos comprendimos que ya nos habíamos pasado la parada al ver desde la ventana estupefactos como dejábamos atrás una silueta de Lenin. Jamás he visto sitio peor indicado que aquel museo, si llega a estar bajo tierra no hubiera sido más difícil de ver. En fin, que no nos preocupamos demasiado porque pensábamos bajarnos en la siguiente parada y desandar a pie el camino que habíamos hecho de más. Parecía sencillo, pero el autobús se lió a hacer kilómetros y kilómetros sin parar y mientras nosotros atónitos veíamos como estábamos ya inmensamente lejos no sólo del parque, sino de la ciudad en general, y rodeados únicamente por campo.

 

Un rato después nos bajábamos en la siguiente parada sin conocer muy bien nuestro paradero. Estábamos en medio de la nada, y observamos sin sorprendernos demasiado el cartel con el nombre de la ciudad tachado que se hallaba a escasos metros de nosotros. Finalmente pasó un autobús, y por la cara del conductor tenía que estarlo flipando preguntándose de dónde cojones salían dos guiris en medio del campo y a buen número de kilómetros de todo rastro de civilización.

 

La odisea había durado unas tres horas, pero finalmente habíamos conseguido llegar al museo de las estatuas. Ya atardecía, y temíamos que estuviera cerrado y tuviéramos que emprender una venganza a lo Kill Bill para asesinar a los que decidieron la ubicación del parque, pero parecía que no iba a ser necesario tomar medidas drásticas por el momento.

 

Los gigantescos monumentos soviéticos que no hace tanto tiempo adornaban las calles de Budapest se reunían en aquel museo al aire libre. Afortunadamente y a diferencia de otros países con obsesión por reescribir la historia con páginas en blanco, el gobierno de Hungría había decidido conservar aquellos símbolos, malditos tras la caída del Telón de Acero.

 

Una vez dentro del parque, dedicamos un buen rato a pasear entre esculturas comunistas, soldados bolcheviques y enormes estatuas de Lenin, Marx y demás referentes del régimen, sacando las fotos de rigor, encaramándonos a las estatuas cual monos y haciendo bastante el chorra, con lo que probablemente la momia de Lenin se estaría revolviendo allá por Moscú.

 

Más tarde, satisfechas nuestras inquietudes soviéticas, cogimos un par de autobuses hasta llegar de nuevo al centro de Budapest. Había anochecido ya, y estuvimos buscando un siempre socorrido kebab para cenar, pero incomprensiblemente no encontramos ninguno en varias manzanas a la redonda, y nos indignamos con la ciudad de Budapest al completo por tal despropósito.

 

Privados de nuestra dosis de kebab diaria, fuimos a un supermercado que aún estaba abierto y compramos pan, algo que se asemejaba al chopped y unas birras, o pivos, para seguir con la nomenclatura correcta. Una vez provistos de nuestra cena, cruzamos de nuevo el Danubio, que súbitamente se vio iluminado por fuegos artificiales que se elevaban sobre el puente de las Cadenas. Nos detuvimos a contemplar el espectáculo y proseguimos nuestro camino hacia Buda.

 

Nos habían dicho que las vistas nocturnas desde el monte Gellért eran aún más espectaculares que las que habíamos disfrutado aquella mañana a la luz del sol, así que ya que nos caía cercano al albergue decidimos subir de nuevo a su cima. Fuera de quien fuera la recomendación –laguna mental–, ciertamente tenía toda la razón. La vista desde allá arriba de la ciudad de Budapest iluminada era de ésas que quedan grabadas en la retina por siempre, realmente había merecido la pena volver a subir allí.

 

Nos sentamos a engullir los bocatas de chopped, mientras observábamos fascinados como una tía posaba en sugerentes posturas para sacarse una foto con su culo como absoluto protagonista del retrato, eso sí, en un marco incomparable con la ciudad de Budapest de fondo. Apuramos las cervezas y caminamos un poco por la Ciudadela, sacando algunas fotos paranormales en las que esferas voladoras sobrevuelan mi cabeza. Alex se emocionó en exceso y amenazó con enviar las fotografías al flipado del Iker Jiménez, pero yo le doy al suceso una explicación más realista y científica: el objetivo tenía mierda.

 

A aquellas alturas hacía una rasca importante, así que concluimos la visita y comenzamos a descender de nuevo. No se veía un carajo, y a punto estuvimos de descalabrarnos en sucesivas ocasiones mientras bajábamos rampas, escaleras y también un macrotobogán de tubo que encontramos y que acojonaba lo suyo.

 

Regresamos al albergue y aprovechamos los últimos momentos del día en la poco agradable tarea de lavar algo de ropa sucia. Poco después morimos en nuestras literas.

 

 

 

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Parece el cartel de Solo en casa, versión húngara

 

 

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Szoborpark

 

 

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Coloso marxista

 

 

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Recuerdo a las Brigadas Internacionales

 

 

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Lenin

 

 

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Otra de las estatuas gigantes

 

 

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De colegueo con Marx y Engels

 

 

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Impresionante vista nocturna

 

 

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Éste soy yo con la típica esfera voladora de Budapest

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