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manolain

En Alemania, con novia, dinero, entradas...

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Hola interraileros. Después de haberse asentado en la capital, y tratando de no sufrir mucho por el síndrome postvacacional (que intentaremos paliar en los próximos fines de semana disfrutando de las playas de mis tierras: Huelva y Cádiz :unsure: :blink: ), paso a contar mi viaje por Alemania durante el verano de 2006, coincidiendo con el Mundial. No es muy divertido ni creo que descubra nada nuevo, pero si alguien lo quiere leer, y si le gusta, o si ayuda a alguien que en el futuro vaya a ir a Alemania, pos bienvenido.

 

Aparte de toda la parafernalia referida a este evento (Mundial), también aprovechamos por supuesto para conocer las ciudades más importantes, las que a nuestro juicio tenía más valor histórico y de patrimonio. Sin duda, es un país que va a seguir muchos años marcado por la guerra. Todo lo que veíamos estaba reconstruido o no tras la Segunda Guerra Mundial, y por toda Alemania se pueden visitar lugares donde se recuerdan los horrores que cometieron los nazis, o bien, los efectos que tuvo la posguerra, la división de Berlín, la brecha abierta entre las dos Alemanias que aún perdura hoy, y lo que falta.

Tienen una historia muy rica, a lo largo de todo el país.

 

La gente fue como nos la esperábamos: algo fría, excesivamente racional, demasiadas normas, pero siempre amables, siempre haciendo un esfuerzo por comunicarse (ya podrían aprender los franceses), y en algunos casos, ayudando incluso cuando no se les había requerido.

 

Conducir (la recorrimos con un coche alquilado) es una delicia. Su red de autopistas (una de las pocas cosas que hizo bien Hitler) es amplísima, todas las ciudades prácticamente están conectadas por unas autopistas enormes y siempre en un excelente estado de firme y de trazado (apenas había curvas). Y encima, no se paga ni un solo céntimo de peaje. Tan bueno es el sistema de autopistas, que quitando algunos tramos (para reducir la contaminación acústica) la velocidad no está limitada. En el país de los Mercedes, Audis, BMWs y Porches, eso es una bendición que aprovechan, vaya si lo aprovechan. En ese sentido me recordaron un poco a España: algo estresados al volante, pidiendo paso. Aunque eso sí, sin pegarse a tu matrícula cuando venían por la izquierda y tú la estás ocupando.

La contrapartida es que Alemania es, para los que vivís en Madrid, una gran M30. Obras POR TODAS PARTES, continuos cortes de carril, invasiones al carril contrario por obras, puf…una pesadilla, sobre todo cuando están cerca de las ciudades. El tráfico allí es tremendo (jamás había visto tantos camiones y de tantos países, se nota que son sitio de paso para ir a todas partes, esas autopistas y gratis es demasiada tentación imagino para las empresas transportistas), y cuando hay tapones, la magnitud puede ser espectacular.

 

De la comida y la bebida, hay poco que hablar que no se sepa. Cerveza hasta para lavarse los dientes, y lo único que se come allí que no es común aquí son esas salchichas de todo tipo, que hay en todas partes, para cualquier hora también.

 

Muy por encima, esa es mi impresión de Alemania tras este viaje que ahora paso a detallar (por fascículos)

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PRIMER DÍA. 27/06/2006 EN BASILEA (SUIZA)

Por fin puedo disfrutar de un Mundial en su escenario. Después de muchos años viéndolo desde la barrera, en casa, mordiéndome de envidia al ver a esas mareas de personas que viajaban a México, Italia, USA, Francia, Japón y Corea, este era mi año. Todo encajaba: ni demasiado joven (y por tanto, absolutamente falto de poderoso caballero), ni demasiado mayor y acuciado por las obligaciones laborales y familiares.

Llevaba tiempo persiguiendo las páginas de la FIFA y la RFEF para conseguir entradas. Si puede ser para ver a España, muchísimo mejor, pero lo importante es ver algún partido. Relleno miles de solicitudes en ambas webs, y finalmente un día recibo la feliz noticia. Una de mis solicitudes ha sido agraciada: tengo entradas para los partidos de cuartos, semis y final, PERO SÓLO si España juega dichos partidos. Es algo arriesgado, aunque hombre, uno espera que al menos, a cuartos lleguemos como siempre, y ya de ahí en adelante, dios dirá.

 

Aunque por desgracia, no sería así. Después de un comienzo excelente de España, le toca enfrentarse a Francia en octavos, y todos sabemos ya lo que pasó. Mi viaje no pudo empezar peor: mi vuelo sale de Madrid a Basilea (era mucho más barato, en fechas de Mundial, volar a Suiza que a Alemania) casi exactamente a la misma hora que empieza el partido. Cuando aterrizamos estamos en el descanso, empate a uno. ¡Vamos que tenemos que conseguirlo y yo tengo que irme al partido de cuartos con España!

Esperamos los equipajes, vamos al mostrador de Europcar a recoger el coche que utilizaremos para movernos los próximos 15 días (las cosas no empiezan bien, nos han colocado un gasolina en lugar de un diesel, lo que incrementará nuestro presupuesto para combustible en un 33%!!), y cuando estamos saliendo del aeropuerto, estamos aproximadamente en el minuto 75. Sintonizamos una radio en francés, y aunque no entendemos nada, deducimos que seguimos empatados. Damos vueltas por Basilea buscando la estación de trenes, donde tenemos el albergue reservado, cuando oímos el gol de Viera. Maldita sea, no puede ser. No puedo quedarme a las puertas de presenciar a España en directo en un Mundial, cuando ya estoy tan cerca. Nos paramos en el primer bar que vemos abierto (Las once de la noche es una hora tardísima para Suiza). Quedan cinco minutos, pero en apenas un par de ellos Zidane nos da la puntilla. Estamos desolados, no ya porque pierda España (estamos ya curados de espanto), sino porque nuestras entradas ya no tienen ningún valor, son papel mojado. Estamos en Alemania, con unas ganas tremendas, y apenas en nuestra primera hora de viaje nuestras ilusiones se van al cuerno. Aunque aquella noche iba a ser mucho más larga.

 

Ya he dicho que las once de la noche es madrugada para Suiza. A cuanta del partido se nos ha hecho algo tarde. Cuando llegamos al albergue donde he reservado previamente (pagando un porcentaje del precio de la noche), éste ha cerrado ya a las once. Estamos en la calle. Por menos de quince minutos. Me cago en los muertos de la selección. Después de darle mil vueltas al albergue, vemos un cartel que da unas señas para llegar a otro albergue. Directamente lo arrancamos y echamos a andar. Después de nuestra buena media hora pateando (con el reloj en el culo, porque cerraban a las doce), llegamos por fin al albergue. A ver si nos acostamos ya y olvidamos este aciago día. Un mojón. No les quedan camas libres, de ninguna clase, en ningún tipo. Esto no puede ser. Vaya nochecita….

Después de discutir cual es la mejor solución (las alternativas eran dormir en el coche, irnos a un hotel y salir del la ciudad con el coche y acampar en algún lado) nos decidimos por esta última. Después de abandonar la ciudad vemos las indicaciones para ir a un camping. Las seguimos y cuando llegamos, obviamente a esas horas ya, está más que cerrado. Pero estamos hartos de dar vueltas, y en un llano que hay al lado, montamos la tienda. Estamos tan cabreados y con tantas ganas de acostarnos, que la montamos deprisa y corriendo, lo mínimo para acostarnos de una maldita vez. Craso error. Al rato de habernos dormido, comienza a descargar una tormenta que parecía el juicio final. Casi se nos lleva la tienda, que se nos caló, y por supuesto, no pudimos esquivar el agua. Pero estábamos ya tan hartos, que ni nos planteamos salir a montarla mejor. Total, en el tiempo que lleva hacer eso, nos habríamos puesto casi peor de agua.

Lo dicho, vaya formita de empezar el viaje, con sus muertos.

 

 

AÑADIDO

Una anécdota simpática que olvidé reseñar. Viajamos con mucha comida comprada desde aquí, para ahorrar también dinero en esa partida de gastos. Íbamos con lo típico: galletas, embutidos al vacío, pastas precocinadas y latas para calentar. Mi mochila iba hasta arriba, y no cerraba muy bien, la pobre está muy viejita ya. Pues cuando la descargaron del avión, debió abrirse por un lado, y de repente vimos algunas latas que nos eran familiares. Nuestras tan españolas albóndigas, cocidos y fabadas viajaban por la cinta cual maleta, y nosotros persiguiendo latas por la maldita cinta. La peña se descojonaba de risa. Sí, somos españoles, ¿cómo lo han adivinado? 

Editado por manolain

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Gracias por el diario en primer lugar. Y desde luego está claro que hay días que es mejor no levantarse de la cama. :unsure:

 

Ah, y las depres posvacionales son menos con esa peazo playa que tenéis en Caí: la de la Victoria. :blink:

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SEGUNDO DÍA. 28/06/2006 EN HEIDELBERG

Todavía con el mal sabor de boca por la eliminación de España, y perdernos por las monumentales obras de Basilea (que lejos estábamos de saber cuan familiar iban a ser estos momentos), conseguimos por fin enfilar la carretera que nos lleva a Heidelberg, nuestro primer destinto. A causa de nuestra mala noche a la intemperie estamos sin duchar, y nos apetece darnos un remojón. Paramos en la primera gasolinera de nuestro viaje, y parece que nuestra mala suerte continúa: tienen duchas, pero están estropeadas.

En esta gasolinera tuvimos además el conocimiento de algo que nos iba a acompañar todo el viaje (y que puede venir muy bien a los que vayáis a ir en el futuro): en Alemania se cobra un impuesto variable (yo al menos no le encontré patrón) cuando compras un envase de plástico. En nuestro caso, las botellas de cocacola eran lo más común. Yo no entendía porque me cobraban 20 ó 25 céntimos más, pero ponte tú a discutir con una persona que no habla inglés, sólo alemán, esa cantidad. Pasando. Al tiempo descubrimos que te devolvían esa cantidad cuando retornabas el casco, como teníamos aquí hace ya muchos años, pero con plástico en vez de cristal. Lo que no sabíamos era que esa devolución se podía hacer en cualquier punto donde vendieran el mismo envase. Así que en los primeros días estuvimos perdiendo dinero con cada botella que mandábamos a reciclar (cualquier tira allí algo a la basura simplemente).

 

Llegamos a Heidelberg, y después de dar muchísimas vueltas buscando un camping (la puta guía de lonelyplanet tenía un error que nos costó muchísimas vueltas por la ciudad), al fin podemos establecernos. Como se nos ha hecho un poco tarde, y todavía hace mucho calor, decidimos echarnos la pequeña mochila a la espalda, y tirar para la ciudad. Por primera y única vez en nuestro viaje, pagamos el transporte público. Dos euros por una mierda de billete de autobús, sus muertos.

Heidelberg es una típica ciudad centroeuropea, que merece la pena visitar. Como casi todas las ciudades alemanas, el río es parte esencial de la ciudad, el corazón de la misma. Tiene un centro histórico, con una superficie peatonal enorme, que la hace muy agradable. Lleno de tiendas y sitios donde comer. En particular me sorprendió el mercado (algo también presente en todas las ciudades alemanas), que poblaba de puestos los pies de la catedral. Por todas partes se respira el ambiente de mundial, todos los puestos venden camisetas, bufandas y por supuesto banderas. Incluso encontramos porterías por las calles. A pesar del bajonazo por la eliminación, intentamos disfrutar del ambiente futbolero que nos va a acompañar todo el viaje.

 

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La principal atracción turística de Heidelberg es su castillo, imponente y rojizo desde el río. Ha sido demolido y reconstruido dos veces, y se ven perfectamente las partes que llevan más tiempo en pie, y las más modernas. El precio por entrar al mismo es 3 euros (1.5 para los menores de 29 años). Dentro, además de los patios y las construcciones, se puede disfrutar de un museo con la historia de la farmacia (remontándose a los alquimistas), y un enorme barril de más de 220000 litros!!! No es una obra de arte, pero bien curioso. La terraza ofrece unas vistas preciosas de la ciudad, a la que volvemos a bajar. Paseamos por el Markt y la catedral, de aquí bajamos al puente viejo (lleno de andamios para nuestra desgracia). Regresamos al centro y paseamos por la universidad. Nuestra guía nos cuenta sobre una especie de cárcel que había en el siglo XVIII en la que te encerraban cuando hacías alguna trastada. No se consideraba que se había estado en la universidad si no se demostraba la hidalguía pasando alguna temporada ahí encerrado. Hoy tiene un aspecto menos temible.

 

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Algunas ayudas al futuro visitante: al castillo llega un funicular, pero salvo casos concretos, no merece la pena. Apenas diez minutos subiendo por una cuesta, y estamos ahí. Hay dos caminos para llegar: uno en cuesta, y otro por escaleras, yo prefiero el primero.

Nos quedamos en un camping bastante apañado, situado junto al rió. Se llega tomando el bus número 35 hasta la parada IM GRUD. Hay que llevar tu propia tienda, es la única posibilidad de dormir ahí. Por supuesto, como toda Alemania, el camping tiene una alta concentración de ingleses. Los había de dos tipos: la mar de simpáticos y con esa educación inglesa, y otro grupos con pintas de ser bastante menos agradables, de esos que prometen diversión a la policía y cervezas a tutiplén. Departimos un rato con los primeros de fútbol. Como todos, no podía creer la eliminación de España, aunque ya les puse al corriente de que nuestra historia estaba absolutamente llena de episodios como aquel, y nada nos sorprendía ya. Ellos irían donde juegue Inglaterra, hasta que sean apeados. Van evitando en lo posible las ciudades de los partidos, huyendo de la masificación.

 

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Termino mi relato sobre Heidelberg con un hecho que de triste, da risa. En una tienda tenían camisetas rebajadas a mitad de precio, de aquellos países eliminados. Pillé una de España y me la querían cobrar al doble. Por desgracia, tuve que recordarle al vendedor que estábamos fuera. Me miró con cara de pena, la misma que tenía yo por no poder lucirla en la grada.

 

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(anda que los alemanes se enteran del escudo de España, obviamente nos compramos otra)

 

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(haciendo lo que la selección tenía que haber hecho)

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Manolain.... por favor!! un poquito mas de ganas!!!!!! no puede ser que todo haya salido tan funesto!!! :bye2: ...cambio la suerte en el viaje!??!?!?!?!

A ver cuando lo seguis! :wacko:

 

Un beso

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MAnolain.... y esto cuando sigue??!?!!?  :rolleyes:

Sigue hoy, lo siento Maru, pero es que estoy muy liado con cosas de curro, y no tengo todo el tiempo que me gustaría. Hoy añado un nuevo capítulo, y una anécdota del primer día que no había contado, espero que os guste

 

 

TERCER DÍA. 29/06/2006 EN AQUISGRÁN Y COLONIA.

 

Que trabajito nos cuesta salir de Heidelberg. A pesar de ser una ciudad relativamente pequeña, dimos mil vueltas y pasamos por diez mil sitios hasta conseguir acceder a la autopista correcta, todo está en obras, y es un verdadero lío orientarse. Como ocurre en la zona de Gelserkichen, Essen y demás, aquí se juntan muchas ciudades relativamente importantes en pocos kilómetros, y atravesamos por lo menos un par de ellas hasta conseguir enfilar la carretera que nos lleva a Colonia, nuestro siguiente destino.

 

Aunque previamente, y según íbamos acercándonos, decidimos pasar por Aquisgrán, la ciudad de Carlomagno. Menudo calor nos hizo, y menudo atasco que nos comimos para llegar, sin duda el peor que sufrimos en las dos semanas. Aquisgrán me dejó muy buen sabor de boca. Recogidita, pequeñita, veías su centro histórico en breve espacio de tiempo, pero tenía muchos detalles que merecieron la pena la visita. Principalmente la catedral y la plaza del Mercado con su Ayuntamiento correspondiente. Para visitar una mañana desde Colonia me parece un sitio muy apetecible y recomendable.

 

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Catedral de Aquisgrán

 

Todo lo complicado que se nos dio salir de Heidelberg, se nos dio de bien en Colonia. Pese a ser una ciudad ya bastante grande (más de un millón de habitantes) llegamos a la misma plaza de la catedral en coche, ¡y encima conseguimos aparcar allí mismo! Nos apostamos ante la inmensa catedral, ante la que nos quedamos un buen rato mirando. Yo ya la había visto, y aún así no pude evitar quedarme ensimismado, que cosa más grande por dios!

 

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Catedral de Colonia

 

Como sede mundialista, Colonia respira aún si cabe más fútbol por todas partes. En la plaza de la catedral han situado la Fan Fest, y por todas partes se ven pasar aficionados de todos sitios, banderas de todos los colores por toda la ciudad…madre mía, ¡como habrá sido esto en días de partido!

 

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Colonia es una ciudad que quitando su catedral, no tiene grandes iconos monumentales que ver, ni museos especialmente interesantes, pero dar gusto pasear por ella. Especialmente junto al Rin, donde hay un parque donde poder descansar sobre la hierba, y miles de cervecerías y bares (no me quiero ni imaginar la que habrían organizado allí los ingleses de haber pasado por este lugar). Estuvimos disfrutando de este paraje hasta que ya decidimos tirar para el camping, lo que fue una aventura. Como es de imaginar, las opciones estaban bastante lejos, así que íbamos a tardar un rato.

 

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Disfrutando de un merecido descanso frente al Rin

 

Pedimos un mapa en la oficina de turismo, pero lógicamente, al tratarse de una ciudad tan grande, éste sólo cubría el centro. Pedimos otro de metro y tranvía, y con ese, conseguimos guiarnos, no se aún como lo hicimos. Antes de dirigirnos al camping, visitamos el estadio (donde ya no se iba a jugar ningún partido más). Una vez visto lo que pudimos (la seguridad estaba muy reforzada en todos los campos), fuimos persiguiendo paradas de metro y tranvía, y tras algún despiste, conseguimos por fin dar con el camping. ¡Que alegría cada vez que dábamos con una parada que nos correspondía!

 

En el camping conocimos a un par de matrimonios cántabros con los que estuvimos hablando un rato sobre el fracaso de la Selección, una vez más. Ellos habían llegado para el partido de octavos, y estuvieron a punto de entrar comprando entradas en reventa, pero como iban con chiquillos la broma les iba a salir muy cara, y decidieron dejarlo pasar. Luego se alegrarían de haberlo hecho, visto lo que hubo que ver. Nos estuvimos riendo un rato de nuestra desgracia, y nos contaban que la gente salía del estadio con la cara de "lo de siempre". Ya no hay ni llantos ni exageraciones, simplemente resignación a algo que se repite con trágica frecuencia cada cuatro años

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Con cuentagotas, siguen llegando mis notas sobre mi viaje en Alemania

 

CUARTO DÍA. 30/06/2006 EN BREMEN.

 

Vamos a por el cuarto día. Este transcurrirá, si no ocurrirá nada, en Bremen (la ciudad del famoso cuento de los animales músicos). Nos pilla bastante lejos de donde estamos, así que madrugamos porque nos quedan por delante un buen puñao de kilómetros, que recorremos sin mayores incidencias.

Llegamos por fin a la ciudad que es casi un estado, y encontramos enseguida la estación de tren (eso sí, tras haber visitado el estadio del Wender Bremen, lo primero es lo primero, tuve suerte y pude colarme por una puerta que tenían abierta por una obra que estaban haciendo, hasta que me echó uno de seguridad), donde nos dan buenas indicaciones para llegar al camping donde queremos dejar todo listo antes de sumergirnos a conocer Bremen. Todo lo bien que se nos da llegar a la estación de tren, se nos da de mal en llegar al camping. Por fin lo encontramos, pero nos retrasamos, y eso nos sirve para conocer un hecho totalmente aceptado y normalizado en Alemania, pero que a nosotros nos chocó sobre manera: los camping cierran de una a tres de la tarde, y no hay nada que puedas hacer para remediarlo. Si llegas a esa hora, te jodes. Se ve que la costumbre española de la siesta, ha calado muy hondo en los gestores de campings alemanes. Otro hecho que nos sorprendió: las personas que encontramos en la recepción a estas horas no hablaban ni papa de inglés, pero nada de nada!! Era una señora mayor, pero hombre, tratándose de un camping…hay que estar más preparados!! Al final por señas conseguimos que al menos nos dejara entrar y plantar la tienda, y aprovechamos para comer y descansar también un poquito a la sombra. A las tres en punto nos plantamos en recepción, formalizamos nuestro ingreso en el camping, y para Bremen se ha dicho.

 

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Es un día especial. En pleno mundial, hoy juega nada menos que el país anfitrión, así que imaginaros la locura colectiva. Se miden a Argentina por un puesto en la semifinal. El partido es a las cinco, pero a las tres y media el centro de Bremen ya está tomado de camisetas blancas que van cargando cajas con botellines de cerveza de medio litro a tutiplén. Por supuesto, nosotros vamos a ver el partido, aunque ante el sofocante calor y las colas enormes que vemos para entrar al recinto donde está la pantalla de marras, decidimos mejor aprovechar una horita para ver algo de la ciudad, y luego irnos a algún bar a seguir el partido.

 

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Haciendo cola para ver el partido en la pantalla grande

 

En ese ratito podemos comprobar que Bremen disfruta de un enorme centro peatonal, que sólo surcan los tranvías. Eso permite a los hinchas esparcirse a sus anchas, y a nosotros poder pasear tranquilamente por la ciudad, poquito a poco, sin prisas, sin tener que mirar para cruzar la calle.

 

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La Catedral y el Ayuntamiento son las principales atracciones, que dominan el centro del centro, valga la rebuznancia. En un lateral del Ayuntamiento está una de las muchas estatuas o esculturas que han dedicado al burro, perro, gato y gallo del famoso cuento, uno encima de otro (en actitud muy decorosa, no seáis mal pensados). Siguiendo mi pedazo de guía, pregunto en la catedral por el “Briekeller”, un sótano adyacente donde tienen varios cuerpos momificados que según la guía, merece mucho la pena ver. Como digo, pregunto en la catedral por el subsodicho, como buenamente puedo. Una puta monja se ríe de mi forma de pronuncia “Briekeller”, será hija de puta…Estuve tentado de instarle a que dijera ella una frase en español como por ejemplo “me encanta que me sodomicen mientras varios tíos hacen cola para irse corriendo en mi cara”, pero finalmente me abstuve. Finalmente encontré el lugar. Costaba 1.40 euros entrar, pero valió la pena pagarlos. Aparte de los cuerpos en sí, el lugar dejó una escena que me hizo mucha gracia: a la puerta cobraba un viejecito de estos de aspecto entrañable, de esos que imaginamos contando cuentos a sus nietos, guardando un lugar silencioso y tenebroso, que daba bastante miedo. Sin embargo, cuando él te daba el ticket, parecía que lo hacía para ver una simpática función de muñecos de trapo. Todo esto con el ruido de fondo de los alemanes que ya no pueden contener sus cánticos, convencidos de que van a ganar. De lo más variopinto vamos.

 

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Al sur de la plaza principal está Bottcherstrasse, una calle de 110 metros que mezcla edificios Art Deco y Art Neuvau (o como se diga). Yo la verdad que no soy mucho de este tipo de arte, pero es de reconocer que la calle, en medio mismo de la ciudad, resultaba muy pintoresca.

 

Pero bueno, aquí hemos venido a ver el Mundial, y ya son casi las cinco. Nos buscamos la vida para poder ver el partido (a esa hora hay bastante gente ya por todos sitios, aunque nada que ver con los pubs ingleses por ejemplo), y al final encontramos un sitio de nuestro gusto. Empiezan ganando los argentinos, pero aquí nadie se pone nervioso, al contrario. Conforme pasa el tiempo la gente cada vez sonríe más, y es que con los litrazos de cerveza que van cayendo sin parar, casi da igual como quede el partido (“hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”, que diríamos en Carranza). Sin embargo Alemania empata, y se desata la euforia y la alegría. Pasa la prórroga (no podemos resistir la tentación y vamos encargando cervezas y platos de patatas nosotros también), y llegamos a los penaltis. ¡La gente se vuelve loca, están en semifinales! Salimos a la calle, que está tomada por todos los que antes habían estado tres horas cociéndose al sol. Les van pegando a los tranvías que pasan, ondeando banderas, cantando “fínaleeeeee”, y algo parecido a “sí, sí, sí nos vamos a Berlín” (por lo que puedo deducir).

 

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Campo de batalla tras el partido

 

Nos tienta meternos en la fiesta de cabeza, pero no queremos dejar de ver una última cosa que nuestra guía nos aconseja. El peculiar barrio de Schoor. Se llega cogiendo la calle que va a la derecha según se mira la catedral de frente. Hay chapitas que lo indican, una vez has llegado. Es un pintoresco barrio de callejuelas estrechas, recovecos imposibles, donde reina la más absoluta calma…Imaginaos, reinaba aquel día, que andaba todo el mundo de algarabía, así que cualquier otro día…Eso sí, la tranquilidad había que pagarla. No veas si costaba caro comer!!!

 

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Barrio Schnoor

 

Se nos echa la noche encima, y volvemos a los bares, esta vez para ver el Italia – Ucrania. Los alemanes también le echan un ojo, serán sus rivales por un puesto en la final. Nos vamos a una pizzería de ambiente muy italiano, y la gente vibra con la paliza (3-0 y gracias). Los italianos, aunque son menos, casi arman más jaleo que los alemanes. ¡Estos sí que saben celebrar una victoria! Aunque ya se intuía, quien iba a decir que sería un anticipo de lo que harían nueve días después.

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